Citar como: http://www.puertachile.cl/cine/2005_cruzada_ww4.htm

 

¡Ayayay, Jerusalén!

Kingdom of Heaven ¿Por qué los fundamentalistas religiosos la odian?

por Shlomo Svesnik

Publicado originalmente por World War 4 Report, 10 de mayo de 2005

Traducción y subtítulos por Felipe Elgueta Frontier

¿No les parece estupendo? Cuando Ridley Scott estaba filmando su épica Cruzada (Kingdom of Heaven) en el Sahara marroquí, le llovieron amenazas de muerte de parte de militantes islámicos, lo que llevó al rey Mohammed VI a ofrecer 1.000 soldados para resguardar el set. Aquellos sin la osadía suficiente como para hacer amenazas de muerte, atacaron a Scott en la prensa local por hacer una pieza de propaganda bélica para la “nueva cruzada” de George Bush contra los árabes en Irak. Ahora que el filme está en cartelera, los derechistas de nuestro lado del Atlántico embisten contra ella calificándola de propaganda “anticristiana” favorable al enemigo musulmán. ¡Imagínense!


Scott y Bloom en el rodaje de Kingdom of Heaven en Marruecos. Foto: Orlando Multimedia

Es evidente que, si la intención de Scott hubiera sido hacer una película que advirtiera sobre los peligros del fanatismo religioso, estos zoquetes claramente le estarían ayudando a cumplir su cometido. Pues sí, el filme se desvía notoriamente de los detalles históricos. Pero parece hacerlo más en beneficio de la taquilla que por adhesión a alguna agenda política. Si Scott está tratando de entregar algún mensaje aquí, éste no es anticristiano ni antimusulmán, sino anti-fundamentalista, y el hecho de que él esté siendo blanco de ataques tanto de los fundamentalistas cristianos como de los musulmanes sólo puede interpretarse como una prueba de ello.

Cruzada narra la historia de la toma de Jerusalén en 1187 de manos de los cruzados, realizada por Saladino, el guerrero kurdo que se convirtió en sultán de Egipto y unió al descaminado y humillado pueblo islámico en una nueva yihad para la conquista de Tierra Santa. La historia está narrada desde la perspectiva de Balián de Ibelín, el noble franco que organizó la defensa de Jerusalén contra el ejército invasor de Saladino.

Para los estándares de su tiempo, tanto Saladino como Balián eran moderados, y alcanzaron un acuerdo para evitar un asedio prolongado y la masacre indiscriminada de la población de Jerusalén. Ambos actuaron de esta manera desafiando a los miembros de línea dura de sus propias filas. Ambos son retratados favorablemente por Scott. El asedio de Jerusalén es el clímax del filme, pero después de secuencias de batalla talvez aún más realistas y extravagantes que las de su última producción histórica épica, Gladiador, el fin llega no por medio de la gloriosa victoria, sino con un acuerdo de paz. Balián –el héroe y protagonista, encarnado por el actual chico dorado de Hollywood, Orlando Bloom– rinde la ciudad a los musulmanes a cambio de un compromiso de que no habrá represalias contra los habitantes cristianos. En lugar de ello, se les ofrece una escolta para que lleguen a salvo hasta el mar.

Aquellos son los puntos principales del filme y son históricamente precisos. También lo es el torneo que se muestra, entre las “palomas” unidas en torno a Balián y al rey leproso del Jerusalén cristiano, Balduino IV, y los “halcones” liderados por Guido de Lusignan, Reinaldo de Chatillon y los fanáticos caballeros templarios. La muerte de Balduino en 1185 y el ascenso de su cuñado Guido al trono, prácticamente garantizaban un reinicio de la guerra contra los musulmanes. Jerusalén había estado cerrada para los peregrinos musulmanes durante generaciones después de que los cruzados tomaran la ciudad por primera vez en 1099, y Balduino la había vuelto a abrir en un gesto para mantener la paz. Los templarios, a su vez, estaban conspirando para romper la paz con ataques (ilegales) contra peregrinos y mercaderes musulmanes.

 

No tan buena como la historia real


Ciudadela de Saladino, El Cairo. Foto: www.knoware.co.uk

El filme se desvía predeciblemente de los hechos históricos, de la misma manera en que Hollywood siempre lo hace, lo que en este caso tiene consecuencias esencialmente inocuas. En el filme, Balián empieza como un humilde herrero francés, el hijo bastardo de su padre cruzado “Godofredo de Ibelín”, a quien sigue a Jerusalén en busca de redención luego de una tragedia personal. Nada en los libros de historia sugiere este humilde origen, y el famoso Godofredo (de Bouillon, no Ibelín) fue un rey de la Jerusalén cristiana que vivió tres generaciones antes que Balián. En realidad, el padre de nuestro héroe también se llamaba Balián y era el señor de Yebna (cerca de Rafa en la Gaza contemporánea), desde donde derivó la supuesta y afrancesada “Ibelín”. La familia en realidad procedía de Italia, no de Francia (Balián padre empezó su vida como Balián de Nápoles), y Balián hijo casi con total seguridad nació en Palestina (y dentro de un matrimonio).

Tampoco hay mucha evidencia que sugiera que Balián haya tenido un romance ardiente (y ni siquiera tibio) con la princesa Sibila, hermana del rey Balduino y esposa de Guido de Lusignan, aunque ella había rechazado al hermano de Balián, Balduino de Ibelín, para irse con Guido cuando quedó en claro que éste se convertiría en rey (¿me captan?).

En el filme, Balián sabiamente se niega a marchar contra las fuerzas de Saladino en una incursión aventurera y mal concebida a cargo del rey Guido y Reinaldo, y en lugar de ello prefiere quedarse a defender Jerusalén del inevitable ataque. De este modo, se ahorra la humillante derrota en la desastrosa batalla de Hattin, donde los cristianos recibieron una buena paliza. En realidad, él sí peleó en la batalla, pero escapó (Guido y Reinaldo fueron capturados, siendo éste último liquidado personalmente por Saladino, tal como muestra el filme).

Habiendo falseado estos detalles iniciales, a continuación Scott se ve obligado a falsear el clímax, la batalla por Jerusalén, lo que es una lástima, porque es casi indiscutible que la historia real es mejor que la versión cinematográfica. Después de la derrota de Hattin, Balián regresó a Jerusalén para sacar a su esposa, quien era en realidad María Comnena, sobrina nieta del emperador bizantino y reina viuda de Jerusalén (había estado casada con Amalarico, el rey anterior a Balduino IV). Balián pretendía huir con ella al territorio cristiano de la costa, y consiguió el permiso de Saladino para entrar a la ciudad siempre y cuando hiciera el juramento de quedarse sólo una noche. Y eso fue lo que hizo; pero, cuando llegó a la ciudad, la gente acudió a él en masa y le pidió que se quedara para liderar la resistencia. Balián decidió que accedería sólo después de ser liberado oficialmente del juramento hecho a Saladino. La petición le fue concedida y, días después, el honor mutuamente guardado entre estos dos hombres resultó provechoso para ambos, cuando Balián ofreció la paz a cambio de clemencia. Saladino, al ver rechazadas sus anteriores ofertas de paz, había prometido tomar la ciudad por la fuerza. Se retractó de su propia promesa, y la ciudad se salvó de un baño de sangre.

Finalmente, en el filme, Balián regresa a Francia con Sibila y ambos viven felices para siempre, rechazando una oferta a unirse a Ricardo Corazón de León en la tercera cruzada para recuperar Jerusalén. En realidad, huyó con María Comnena al estado cruzado de la costa, donde siguió siendo un señor importante y luchó junto a Ricardo.

El entendimiento alcanzado entre Balián y Saladino sería emulado dos veces más en los posteriores períodos de guerra. Primero, en 1191, Saladino estableció un acuerdo de paz con Ricardo Corazón de León que le concedió a los peregrinos cristianos el acceso a Jerusalén. Este acuerdo persistió hasta la muerte de Saladino en 1193, y luego se lanzaron nuevas cruzadas, iniciándose nuevamente el ciclo sangriento. El segundo ocurrió en 1229, cuando la frustrada sexta cruzada se vio interrumpida por un acuerdo entre el sacro emperador romano Federico II y el sucesor de Saladino, el sultán Al-Kamil, que establecía un control conjunto cristiano-musulmán de Jerusalén bajo la autoridad oficial pero distante de Federico. Debido a este acuerdo, Federico fue excomulgado por el Papa, y los mulás de línea dura acusaron a Al-Kamil de traición al Islam (otro Balián de Ibelín, señor de Sidón y nieto del héroe de Ridley Scott, se convirtió en regente de este Jerusalén multicultural). Esta paz se vio interrumpida en 1249, cuando Luis IX de Francia (San Luis) lanzó la séptima cruzada por mandato papal e invadió Egipto, desencadenando otra vez la guerra en Tierra Santa. ¿Quedó claro, verdad? ¡Excomunión para los pacificadores, canonización para los que hacen la guerra!

En total, serían 12 cruzadas y dos siglos de guerra. Y los chiflados que ahora atacan a Scott parece que quisieran empezar toda esta maldita cosa de nuevo, sólo que ahora tenemos bombas nucleares y no sólo catapultas que arrojan bolas de brea ardiente. ¡Ayayay!

 

Lo que Ridley no hizo

Si Scott realmente hubiera querido hacer un filme de propaganda “anticristiana”, la historia de las cruzadas le habría aportado todo el material necesario. Podría haber hecho un filme sobre la caída de la ciudad ante los ejércitos cristianos en 1099, que fue seguida por una masacre al por mayor en la cual musulmanes y judíos fueron asesinados y quemados vivos en mezquitas y sinagogas, y un relato franco (de Raimundo de Aguiles) se vanagloriaba de que en el Templo de Salomón “los hombres cabalgaban en sangre hasta sus rodillas y hasta los frenos de los caballos”. El canibalismo generalizado entre los primeros cruzados es casi universalmente aceptado por los historiadores, puesto que los relatos provienen tanto de fuentes árabes como francas.

Scott podría haber hecho un filme en el cual el héroe y el protagonista fueran el propio Saladino (¿todavía andará por ahí Omar Sharif para que le demos el papel?). Podría haber hecho que Saladino dijera el versículo del Corán que efectivamente invocó para justificar la clemencia para los cristianos: "Combatid por Alá contra quienes combatan contra vosotros, pero no os excedáis. Alá no ama a los que se exceden. Matadles dondequiera que los encontréis, y expulsadles de donde os hayan expulsado, porque la opresión es más grave que la matanza. No combatáis contra ellos en la Mezquita Sagrada, a no ser que os ataquen allí. ... Pero, si cesan, Alá es indulgente, misericordioso. Combatid contra ellos hasta que no haya más opresión y prevalezcan la justicia y la fe en Alá. Si cesan, no haya más hostilidades..." (Corán 2:190-3).

Podría haber mostrado cómo le fue a los judíos en aquellos dos siglos que los cristianos y los musulmanes pasaron matándose mutuamente; no sólo la masacre de judíos de Tierra Santa en manos de soldados cristianos, sino las matanzas que se desencadenaron por toda Francia e Inglaterra en el mismo paroxismo de celo religioso que impulsó a las cruzadas, o cómo los cruzados destruían sin motivo alguno los poblados judíos en su camino a Jerusalén.


De camino a la escuela en Nablus. Foto: www.hamdden.co.uk

 

Finalmente, si Scott fuera menos tímido para hacer analogías contemporáneas explícitas, podría haber mencionado que el feudo de Balián como señor cruzado era nada menos que Nablus, actualmente un pueblo de la ocupada Ribera Occidental, donde, en una perversa ironía histórica, los judíos están actuando como cruzados. Y Yebna, donde gobernaba el padre de Balián, es hoy un campamento de refugiados palestinos en la ocupada Franja de Gaza. Irak, la Ribera Occidental y Gaza son los tres territorios ocupados que llevan a los yihadistas contemporáneos a hablar de una “alianza sionista-cruzada”. Esta alianza es un fenómeno relativamente nuevo y probablemente no durará mucho. Debido a todos los reclamos y resentimientos nutridos durante siglos y que mantienen vivo el actual conflicto en el Medio Oriente, musulmanes y judíos parecen haber olvidado que ninguno de los dos bandos lo pasa muy bien cuando los cristianos entran en “modo de cruzada”.-

 

Más sobre las cruzadas:

Cruzada (Kingdom of Heaven): El cielo aquí en la tierra

López, C., y Cortés, O. Por el poder de la cruz. Edición cibernética, 2003