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Juan de Castro y Raquel Correa (foto: El Mercurio)

Juan de Castro, Vicario de la Solidaridad
La siembra de la discordia
por Raquel Correa

Publicado originalmente en El Mercurio, 21 de junio de 1981

 

Prólogo

Introducción

La tierra y el cielo

División evangélica

La Vicaría en acción

Abusos de poder

Prólogo

En el mes de octubre de 1973, el Cardenal de la Iglesia Católica y Arzobispo de Santiago, Monseñor Raúl Silva Henríquez constituyó en colaboración con otras iglesias del país el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, organismo que tenía como misión prestar asistencia legal y social a las víctimas de las gravísimas violaciones a los derechos humanos que se produjeron a raíz del Golpe Militar del 11 de septiembre de ese mismo año.

A fin de proseguir la labor del Comité -prohibido en 1975-, Monseñor Silva Henríquez creó en 1976 la Vicaría de la Solidaridad, cuyos tres objetivos fundamentales permanecieron invariables: defender la vida de los perseguidos, obtener la libertad de los detenidos y socorrer a los indigentes. Esta enorme tarea impuesta por la urgencia requirió la dedicación de especialistas (juristas, abogados, médicos, psicólogos), religiosos, seglares y miembros de asociaciones sociales de todas las confesiones. Ante la multiplicación de las violaciones del estado de derecho, la Vicaría tuvo que tener una inmensa red de defensa jurídica y de acción cultural y social en favor del pueblo chileno sin ninguna discriminación confesional o política, con excepción del autor de un acto "terrorista", es decir, que hubiera causado la muerte de un ser humano.

Todos los casos tramitados por la Vicaría fueron archivados. Por tanto, un fragmento de la historia nacional y una parte de la memoria colectiva del país se conservan de manera que en el futuro nadie podrá decir "yo no lo sabía".

La Vicaría, reconocida como la "conciencia de Chile", recibió de la UNESCO el Premio Simón Bolívar en 1988 debido a su lucha incesante en favor de la defensa de las libertades y del respeto de los derechos humanos. Este galardón también ha sido otorgado a personalidades tan destacadas como Nelson Mandela, Vaclav Havel y Muhammad Yunus.

La Vicaría también recibió el Premio de las Naciones Unidas en la Esfera de los Derechos Humanos en 1978, junto a la Cruz Roja, Amnistía Internacional y Martin Luther King (póstumo).

La tarea humanitaria de la Vicaría respondió en primer lugar a un deber pastoral de la Iglesia católica (teología de la liberación) y a una misión educativa. A partir de 1992, la Vicaría se convirtió en la Pastoral Social, que se consagra a la tarea de la promoción y la enseñanza relativas a los derechos humanos.

Publicada originalmente en 1981, la entrevista que reproducimos a continuación es un valiosísimo documento histórico. Con gran claridad y convicción, el Vicario Juan de Castro realiza su denuncia profética de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen dictatorial de Augusto Pinochet. La publicidad dada a estas declaraciones fue excepcional, ya que aparecieron en el "El Mercurio" -diario afín al gobierno militar- en una época en que los organismos represivos estaban en plenas funciones, mientras el gobierno pretendía pasar por democrático basándose en los resultados favorables obtenidos en el cuestionado plebiscito de 1980.

Puerta del Rebaño, 2002

 

Introducción

Como "un cura muy cura" lo definió una periodista amiga suya. Moreno, delgado, de aspecto más bien asceta e intelectual, cuando sonríe -sólo cuando sonríe- se parece bastante al Ministro José Piñera.

Vicario General de Santiago -al igual que el Obispo Hourton- lleva una carga extra: es Vicario de la Solidaridad. La palabra "gente" está con frecuencia en sus labios. La dice con respeto, con afecto, a veces también con ira. Dice que todas las mañanas le pide a Dios que le mantenga la cabeza fría. Por cierto, no siempre lo consigue. Es objeto de críticas cruzadas. Un grupo de familiares de desaparecidos me interceptó en la calle. "¿Cuándo nos va a entrevistar a nosotros?", me preguntó una señora. "Acabo de entrevistar al Vicario", le respondí. "Ah -dijo otra-. El Vicario está a años luz de nosotros". Y, entretanto, muchos -católicos también- se sienten a años luz del Vicario, pero desde el otro firmamento.

Con cinco años de estudios de medicina -"dejé la carrera para irme al Seminario"-, titulado psicólogo clínico en la U. Católica y teólogo con mención en moral en Europa, tiene una vocación entusiasmada.

Sencillo y cordial, no se declara duro, "pero sí firmote", y está convencido de que su tarea es inspirada por Cristo. Más aún: que si Jesús viviera hoy en Chile, trabajaría en la Vicaría de la Solidaridad.

-¿Cómo entiende usted la misión sacerdotal?

-Hay una gran pluralidad de formas de ejercer el ministerio.

-Pero, ¿qué distingue esencialmente al sacerdote?

-Una dedicación exclusiva al Evangelio y a lo que el Evangelio implica. Es Dios que agarra tan fuerte que uno empieza a mirar todas las cosas con el mismo prisma: lo que Él quiere para el hombre. Con ese prisma uno trata de realizar al teje y maneje de todos los días.

-¿Ahí se complica la cosa?

-¡Ahí se complica! -ríe.

 

La Tierra y el Cielo

-El obispo Hourton dice que a él le parece extraño hablar de salvación de las almas, que él no se identifica con ese lenguaje. ¿Usted tampoco?

-Ya en el Seminario nos daba risa eso, y tengo más de veinte años de sacerdote. Se hablaba de "sacerdotes celosos por las almas", "la salvación de las almas". Y en la Facultad de Teología no faltaba nunca el que paraba la mano para preguntarle al profesor "¿y dónde están los cuerpos?". Yo hablaría de la salvación de las personas, de los hombres, con sus condicionamientos sociales, culturales.

-Entre los términos caridad y solidaridad, ¿cuál prefiere?

-Ambos no se excluyen; se complementan. La caridad es un término técnico en el Nuevo Testamento para significar el amor de Dios, que es de una riqueza inagotable. Solidaridad es caridad con algunas connotaciones a las cuales somos hoy particularmente sensibles, porque la historia nos interpela a serlo. La solidaridad es la caridad aterrizada.

-Entonces, aterricemos en su Vicaría. Algunos sectores sostienen que la Iglesia Católica Chilena, especialmente la jerarquía eclesiástica de Santiago, ha asumido un papel más terrenal que sobrenatural, más político que religioso.

-No estoy de acuerdo con ese diagnóstico. Creo que es muy terrenal porque es sobrenatural y que ha entrado en el terreno de la política porque es muy religiosa. Jesús entró en esta tierra, y quién más sobrenatural que el Hijo de Dios. Y Cristo tenía un mensaje que produjo el rechazo del poder político de su época. ¿Cómo hablar del Evangelio y de salvación de los hombres y no hablar de todo el contexto -político económico, social, cultural- en que estos hombres están viviendo?

-Pero, ¿no cree que el rol del sacerdote está mucho más cerca de lo sobrenatural -aunque a usted le dé risa- que de lo terreno, para lo cual existen muchas otras vocaciones?

-Los sacerdotes somos elegidos de entre los hombres para servir a los hombres en aquellas cosas que miran a Dios, como dice la carta a los hebreos. "Padre, no quiero que los saques del mundo, sino que los preserves del mal", dijo Jesús en la oración sacerdotal.

-¿Cuándo dijo Jesús eso?

-San Juan, Capítulo 17. Si quiere le busco el versículo -dice sin ironía, y añade-: Partiendo del supuesto de que no somos seres etéreos, desencarnados, nuestra misión fundamental es el ministerio de la palabra, y el congregar al pueblo de Dios en torno a esa palabra. Pero puede haber sacerdotes que tengan una vocación especial para servir al mundo, y hay miles de ejemplos -desde muy antiguo- de sacerdotes científicos, sacerdotes políticos, sacerdotes técnicos.

-Pero cuando el Papa les dijo "vosotros no sois técnicos ni políticos" les estaba diciendo que no se metieran en eso...

-Y verdaderamente no somos dirigentes políticos.

-En Nicaragua hay sacerdotes en cargos de gobierno. En El Salvador...

-Sí, pero es bastante extraordinaria la situación de Nicaragua y El Salvador.

-¿Le parece que en esos casos se justifica?

-Creo que en algunos casos -y no sólo cuando hay revoluciones, sino cuando hay vocaciones especiales- se justifica.

-Pero la Iglesia les ha pedido que no ejerzan cargos políticos.

-La Iglesia está en su derecho al pedírselos. Pero yo desconozco el contexto en que se está dando ese caso y no juzgaría livianamente. Los cables llegan tan distorsionados muchas veces.

-Estos días han informado que en El Salvador se está creando una "Iglesia popular".

-Pero según he sabido, todos los sacerdotes que conforman ese movimiento están fuera de El Salvador; no son los que están adentro, evangelizando, sufriendo con la gente, siendo verdaderamente sacerdotes junto a su pueblo. Yo me pregunto cómo será, en verdad, lo de Nicaragua. Conozco a D'Escoto, ahora Ministro de Relaciones Exteriores nicaragüense; vivió muchos años en Chile, fue el fundador de Techo, Hogar de Cristo Vivienda. Es un hombre muy de Iglesia y me gustaría conversar con él antes de dar una opinión.


División Evangélica

Juan de Castro dice que el papel de su Vicaría es "sembrar humanidad en un ambiente donde ha faltado humanidad; hacer presente el mundo de los pobres evangélicos: todo aquel que es abandonado por los hombres, tanto los pobres materiales como los perseguidos políticos y los que en algún momento no tienen voz en el mundo". Y asegura: "Eso es lo que ha representado la Vicaría y eso es muy de Dios".

-Otros, en cambio, piensan que la Vicaría es un factor de división...

-Siempre el Evangelio produce divisiones. Jesús produjo divisiones muy hondas. Él dijo "no he venido a traer paz sino división. A separar al padre de su hijo, a la hija de la madre, a la nuera de su suegra". Son palabras de Él. San Mateo...

-Vicario, ¿cómo puede entenderse que altas autoridades eclesiásticas como el Cardenal Silva Henríquez y el Obispo de Valparaíso, don Emilio Tagle, enfoquen una misma situación en forma tan diametralmente opuesta; que mientras uno opina que este gobierno es democrático y constitucional, el otro sostenga que es dictatorial y totalitario?

-No me extraña en absoluto. En un mundo donde se tiende a clasificarlo y masificarlo todo, encuentro maravilloso que haya gente que disienta. Ellos no disienten en lo fundamental de la fe, disienten en cómo vivirla. Si lee el Primer Concilio de Jerusalén -Hechos de los Apóstoles, capítulo 15-, se encontrará con que San Pedro y San Pablo se "agarraron", y muy fuerte. Después se peleó San Pablo con San Marcos.

-Ante un caso específico como el que le cité, la gente se siente desconcertada, se pregunta quién tiene la razón.

-¿Qué quiere que le diga yo? Mi obispo es uno. En la forma de vivir la fe estoy más cerca de mi propio obispo. Adhiero a su modo de ver las cosas. Pero no me escandaliza que haya división; lo encuentro una lástima, malo, un mal ejemplo. No debiera ocurrir eso entre nosotros; pero sucede. Muchas veces hemos hablado de la Iglesia en forma triunfalista, y la Iglesia, igual que los hombres, se está salvando, de a poquito, con mucho esfuerzo.

-Sectores católicos chilenos creen que la Iglesia se está hundiendo por culpa de gente como usted, que la está politizando, permitiendo que la instrumentalicen.

-Me gustaría saber si la gente que piensa que yo estoy haciendo daño lo piensa porque realmente le estoy haciendo daño al Señor o a sus puntos de vista particulares. Si le estoy haciendo daño al Señor, pregúntenle al obispo por qué tiene esta institución; pregúntenle al Papa por qué la aprueba. Si están en la primera situación podemos dialogar, encontrarnos en un plano fraterno. En el otro plano estamos fritos; estamos en distintas esferas.

-Vicario, ¿en qué esfera cree usted que estaría Jesús si fuera un chileno hoy?

-No me cabe la menor duda de que Jesús trabajaría en la Vicaría de la Solidaridad. Estaría aquí, defendería a los pobres, estaría en medio del pueblo pobre. Y no me cabe la menor duda de que sería rechazado, tildado de loco, acusado de dividir a los católicos. Defendería a los perseguidos. Hablaría de humanidad; de las entrañas de la misericordia que hay tener con la gente. En un mundo tan estratificado, diría que todos somos hermanos; hablaría contra el poder mal entendido, que no es servicio sino abuso. Y, tal vez, sería crucificado de nuevo.

 

La Vicaría en Acción

-¿Es efectivo que su Vicaría es lo más costoso que la Iglesia soporta en este momento?

-Es efectivo. Pero no hay que escandalizarse por eso: es lo más importante y de mayor trascendencia que la Iglesia tiene.

-Si es tan importante, ¿por qué la van a desarticular?

-¿Quién dijo eso? No se va a desarticular la Vicaría. Vamos a entregar la ejecución de algunos de sus programas, vamos a compartir nuestra tarea con instituciones, grupos y personas de base. Se trata de aliviar un poco la estructura, el tamaño, pero la tarea se va a hacer mucho más comprometida, bajo la orientación de la Vicaría.

-Se asegura que la Vicaría de la Solidaridad fue infiltrada primero y luego prácticamente colmada de elementos marxistas, no de gente de Iglesia. Si eso ocurrió bajo el alero de la Iglesia, ¿qué puede esperarse al descentralizarla?

-Tampoco estoy de acuerdo con ese diagnóstico. Porque la Iglesia no hace política; no se le ha pedido nunca a nadie el carné; si bien se respeta profundamente que los laicos tengan posturas políticas. La política jamás ha sido la lepra que hoy se quiere decir que es. El Papa Pío XII decía que es una de las formas más notables del ejercicio de la caridad. Lo único que la Vicaría pide a sus colaboradores es que no instrumentalicen la Iglesia. Y nunca lo han hecho.

-¿Va a negar que la mayoría de la gente de la Vicaría es de oposición?

-Es cierto que la gente que hay aquí, en general, es de mentalidad política de izquierda, pero eso no ocurre porque los hayamos buscado a ellos o ellos hayan venido a infiltrar la Iglesia, sino porque hay una vergüenza: los cristianos de derecha no se interesan por los derechos humanos, ni por los pobres. Me consta que mi hermano, Cristián Precht, salió a buscar gente de todas las tendencias cuando se formó la Vicaría, y no la pudo encontrar. Se encontró con gente miedosa que no quería comprometerse con su fe en esta tarea. En los dos años y medio que llevo aquí, jamás he visto uso político de la Vicaría.

-¿Cómo se financia?

-Con la ayuda de agencias que tienen las iglesias, en los países desarrollados -como Suiza, Alemania, Francia, Holanda- para la promoción humana.

-¿A renovar de flujo de dinero fue a Europa recién?

-Claro.

-¿Y están dispuestos a seguirlo ayudando, aunque la Vicaría desmonte su estructura?

-Porque la prensa dio la versión que usted ha repetido ahora -que la Vicaría se cerraba, etc.- fuimos a explicar la verdad. Sólo hay un cambio de estructura en la ejecución de algunos programas. Nada más. Aquellos programas con una experiencia adquirida a través de los años o con una especialización muy grande -como el Departamento Jurídico- no serán descentralizados.

-¿Cree necesario el funcionamiento de ese departamento habiéndose aprobado una nueva Constitución y estando el país en transición?

-Desgraciadamente sigue siendo necesario. Se sigue deteniendo gente y, en la mayoría de los casos, los organismos de seguridad detienen sin órdenes de detención, sin identificarse, llevando a la gente a lugares secretos, produciendo la incomunicación de hecho -incluso por más de 20 días- y, en algunos casos, con malos tratos. La gente no tiene dónde ir y recurre a la madre, la Iglesia. Vienen a pedir ayuda, y nosotros los ayudamos porque es su derecho ser ayudados.

-Sinceramente, ¿no cree que la Vicaría utiliza situaciones, las magnifica, reitera los mismos casos en su boletín, número tras número, año tras año, sigue siempre pegando en el mismo dedo, aunque ya se haya cambiado hasta la mano?

-¿Se habrá cambiado la mano? Si así fuera, no le quepa la menor duda de que nosotros estaríamos cantando otra canción... Siguen produciéndose muertes por abuso de poder. Acabamos de saber lo de Calama. Nosotros creemos que no se consigue paz en una sociedad sino a base de respeto, justicia, libertad, verdad, fraternidad. Y son esas cosas las que están siendo atropelladas. Ahora, se han institucionalizado, con rango constitucional, todos los decretos que permiten la represión, debido al famoso artículo 24 transitorio.

-Ese artículo pretende impedir el terrorismo...

-Los terroristas son muy pocos, y los detenidos son varios cientos. Cuando yo entré a esta Vicaría, en 1979, se recurría a los Tribunales de Justicia por Ley de Seguridad Interior del Estado y, en la mayoría de los casos, los tribunales decretaban la inocencia del inculpado. Ahora se buscó el camino de castigar a la gente por vía administrativa. Además, como ahora el Gobierno tiene más poderes que antes de la nueva Constitución, existen más razones que antes para mantener el departamento jurídico de la Vicaría. Una cosa le puedo asegurar: nunca esta Vicaría ha amparado el terrorismo. Y esta Vicaría no ha defendido nunca terroristas. En cuanto a que seguimos recordando los mismos hechos, creo que el olvido, prescindiendo de la justicia, no es humano ni es posible. Yo espero que la sociedad -a través de los canales que tiene para eso: los Tribunales de Justicia- pueda hacerse justicia. De otra manera no hay paz.


Abusos de Poder

-Quienes defienden organismos como la CNI argumentan que gracias a ellos la mayoría de los chilenos puede vivir en paz. ¿Usted no lo ve así?

-No. Rotundamente, no. Para eso están los Tribunales de Justicia; para eso están los jueces y las leyes. Incluso, la Constitución señala, como fuerzas de Orden, a Carabineros e Investigaciones, organismos serios, que tienen una tradición y cuya misión es tutelar el orden y la seguridad de los ciudadanos. Los organismos de Inteligencia son para reunir y analizar información, jamás para ser órganos de represión. Ni siquiera para aplicar la ley... ¿Cómo una sociedad sana puede tener un servicio de seguridad secreto, cuyos agentes nadie conoce, que actúan con nombres cambiados, sustentado por un presupuesto enorme y secreto, con lugares de detención secretos, que usan vehículos sin patentes o con patentes falsas y que son impunes?... Cuando cometen abusos de poder, se le echa tierra encima. Ésta es la primera vez -y de eso me alegro profundamente- que se "destapa la olla", y que se hacen ver las cosas como son. Pero éste no es un caso puntual.

-El Gobierno ha condenado esta situación y ha sostenido que es un hecho policial; incluso, la Ministra de Justicia pidió la pena máxima para los funcionarios de la CNI responsables de esos crímenes.

-Respetuosamente, yo difiero. No creo que éste sea un mero problema policial, ni un mero problema de personas. Son personas que, por sentirse impunes frente a la ley y por haber sido capacitados para hacer lo que hicieron...

-El padre Hasbún dijo que este asunto no debía utilizarse políticamente sino que sirviera para mejorar un servicio que, a juicio de él, es necesario.

-No soy político ni me interesa la política. Creo que Hasbún no habría hecho las mismas declaraciones si hubiera esperado un poco. Cuando él hizo su comentario, se sabía que había sólo dos personas de la CNI comprometidas y resulta que son varias más, incluso jefes de servicio. Y yo no creo que ese organismo sea necesario. Si los tribunales tuvieran el poder que tiene la autoridad administrativa y pudieran ejercer la justicia conforme lo establecen los códigos...

-Hay una labor preventiva que los tribunales no pueden llevar a cabo.

-Para eso están Investigaciones y Carabineros.

-Todos los países tienen servicios de Inteligencia.

-Nadie niega la necesidad de investigar y analizar información para mantener el orden dentro de una sociedad, pero eso no implica detener, interrogar incluso con apremios ilegítimos, estar al margen de los tribunales.

En estos esquemas individualistas que estamos viviendo -continúa lentamente, como si estuviera en meditación-, todos nos sacudimos de responsabilidad en algún grado. Y se hacen distinciones como "pertenecen a un organismo de seguridad pero, como los echaron, son ex funcionarios" o "actuaron en forma particular, son unos delincuentes". Yo creo que no podemos tan fácilmente sacudirnos responsabilidades. Yo me siento responsable de las cosas que hace la CNI porque si mi sentido de la justicia y del respeto a las personas fuera mayor, si yo hubiera luchado con más fuerza por impedir las cosas que sabemos se han producido -porque esto no es un caso aislado- tal vez se habrían podido enderezar un poco las cosas. Hechos como el de Chuquicamata son símbolo de algo más complejo de descomposición. Y si no entendemos que aquí hay una quebrazón de valores más profunda, la conciencia se va atontando, se pierde el sentido del asombro y, por ese camino, se producirán cosas aún peores.

Yo quisiera -concluye- que en este país se recuperaran valores muy fundamentales, como el acceso a una justicia imparcial, que se defienda la fama de las personas, que se crea en la inocencia hasta que no se pruebe lo contrario. Yo quisiera que la gente tenga el derecho a hablar sin miedo. Que haya más sensibilidad efectiva con los humildes. Que se legisle a partir del ser humano y sus necesidades. Que se estimule el diálogo, la apertura del oído y del corazón. Que no se obtenga la paz por la fuerza y la opresión, sino que los conflictos se canalicen, como en un hogar. Con reglas objetivas que se cumplan, con acusación y derecho a defenderse. Para eso está la ley. Y para eso está la palabra de Dios.-

 


Juan de Castro

Más sobre la Vicaría de la Solidaridad:

Fundación de Documentación y Archivos de la Vicaría de la Solidaridad

Resumen del Libro "En la huella del Buen Samaritano"

El retorno de la Vicaría. Revista "Qué Pasa", 9 de julio de 2000

Cristián Precht: "Me sentí incómodo con El Vaticano". Diario "La Tercera", 25 de abril de 1999