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La Venida de Cristo
por Juan Stam

 

1. Hechos de los Apóstoles: Venida de Cristo y misión de la iglesia

2. Primera de Tesalonicenses: Vivos y muertos al encuentro con el Señor

3. Evangelios: La señal del Hijo del Hombre

 

Este artículo corresponde a parte del segundo capítulo del libro "Escatología Bíblica y Misión de la Iglesia" de Juan Stam [1]. En este valioso libro, Stam nos demuestra que hay cuatro grandes verdades escatológicas [2]: la venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el juicio final y los nuevos cielos y nueva tierra. En estas cuatro verdades, vemos el futuro de Dios para este mundo, proyecto divino con claras implicaciones para la misión de la iglesia.

El presente artículo analiza las diversas descripciones de la venida de Cristo que se encuentran en Hechos, Primera de Tesalonicenses, los Evangelios y el Apocalipsis. Este estudio demuestra la urgencia de revisar la escatología escapista y sensacionalista que es tan común en las iglesias evangélicas de América Latina.

Puerta del Rebaño, marzo de 2003

 

1. Hechos de los Apóstoles: Venida de Cristo y misión de la iglesia

De los muchos pasajes que aluden al regreso de Cristo, veamos primeramente Hechos 1:1-11, cuyo contexto es precisamente la misión de la iglesia. El Cristo resucitado ha venido apareciendo a sus discípulos, según San Lucas, dándoles un "curso posgraduado" en tres ternas: teología del Reino (Hch.1:3; cf. Lc. 24:25-28,32; Mt. 28:16-20), teología del Espíritu Santo (Hch. 1:4s,8; cf. Lc. 24:48s) y misionología (Hch. 1:8). Los discípulos, mirando atrás al reino de David, quieren que Cristo restaure el pasado (1:6); pero Cristo les promete que recibirán el poder de lo alto para testificar a todas las naciones "hasta los fines de la tierra" (1:8). Lucas agrega que en el momento en que el Señor ascendió, dos "varones vestidos de blanco" terminaron el curso con "escatología", dándoles aclaraciones sobre el retorno de quien en esos momentos volvía a la diestra de su Padre (Hch. 1:11). Los discípulos también habían de ser testigos fieles "hasta el fin del tiempo".

Después de renovar la comisión misionera, el Señor fue alzado hasta una nube, la cual "lo ocultó de su vista" (1:9 NVI). El papel de la nube es importante. Cristo no ascendió hasta los mismos cielos, sino hasta una nube en la que volvió a incorporarse (humano pero, con cuerpo resucitado) en la vida eterna de la trinidad. Parece que esa nube, más que una nube meteorológica cualquiera, era la "nube de gloria", la Shekiná de la majestad divina. Y el mismo Lucas dice que Cristo volverá "en una nube" (Lc. 21:27; singular) [3]. Para Lucas, la nube que fue el punto de partida en la ascensión será el punto de inicio de llegada en la "parusía". Todo el pasaje de Hechos 1:6-11 constituye un estudio fascinante de diferentes perspectivas. La pregunta de los discípulos en 1:6 muestra una mirada nostálgicamente retrospectiva: ¿Cuándo restaurará Cristo el reino perdido de Israel? A eso Cristo responde que no les toca conocer el horario del plan divino sino, en el poder del Espíritu, ir hasta "lo último de la tierra" con las buenas nuevas. En lugar de mirar atrás, deben mirar alrededor con ojos misioneros. Dichas esas palabras, Jesús asciende a su Padre y los discípulos quedan "con los ojos puestos en el cielo" (1:11). En vez de esa mirada "verticalista" se les exhorta más bien a mirar hacia el futuro, cuando el mismo Jesús volvería como lo estaban viendo ir al cielo (1:11).

El pasaje deja fuera de toda duda de que el regreso de Cristo será real, personal y visible: "este mismo Jesús ... así vendrá como lo habéis visto ir al cielo" (1:11). Así como su resurrección fue real, corporal, tangible y visible, lo fue también su ascensión y lo será su regreso. También enseña una perspectiva misionera (1:8) y escatológica (1:11). Entre la ascensión y la "parusía", los discípulos del Señor han de ocuparse en la tarea misionera global. Por eso la venida de Cristo figura también prominentemente en los sermones evangelísticos de los Hechos (3:19-21; 10:42).

 

2. Primera de Tesalonicenses: Vivos y muertos al encuentro con el Señor

En I Tesalonicenses 4, el contexto pastoral es decisivo para la descripción de la venida de Cristo. Cada pasaje bíblico tiene su problema y su temática, y este pasaje muy importante hay que entenderlo en el contexto de los funerales. Esta epístola es casi seguramente el primer escrito del Nuevo Testamento, quizá del 51 d.C. (mucho antes del primer evangelio). Naturalmente, faltaba madurez y claridad en la fe de los tesalonicenses. Pablo les había predicado acerca de la vida eterna y había anunciado la venida de Cristo, con la expectativa de que fuera pronto. Pablo se fue, pasaron los meses y morían las hermanas y los hermanos. Eso fue un problema grande para ellos; cada funeral fue un problema de fe. ¿Cómo relacionar la vida eterna y la muerte de algunos creyentes? Tal vez lo entendían teóricamente, pero no lo entendían emocionalmente. Y más difícil era el problema de la esperada "parusía": éstos que han muerto ¿perderán la alegría de encontrarse con Cristo en su venida? Ése era el problema que angustiaba a la congregación de los tesalonicenses. Hay que tornar eso muy en cuenta al interpretar el pasaje.

A este problema, Pablo responde que
"nosotros que vivimos ... no precederemos a los que durmieron. Porque...
los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos
seremos arrebatados juntamente con ellos..."
(4:15ss)

La clave a la respuesta está en la secuencia de los sucesos: ellos primero, no nosotros; luego nosotros que vivimos; después arrebatados juntos y juntas para siempre con el Señor.

Una primera enseñanza de este pasaje es la simultaneidad de las tres fases de la "parusía". La venida gloriosa de Cristo, la resurrección de los fieles muertos, y nuestro encuentro con él en las nubes, serán todos simultáneos y constituyen un solo evento en tres pasos. Eso es muy importante, porque todo el argumento de Pablo dependía de la secuencia inmediata de los tres aspectos. A la luz de esa simultaneidad, es decisivo el hecho de que ni el discurso apocalíptico de Jesús (Mt. 24) ni el Apocalipsis señalan ninguna venida de Cristo ni ninguna resurrección de creyentes sino hasta después de la última tribulación; y la "primera resurrección" de Apocalipsis 20:4-6 incluye las víctimas de la bestia, por lo que tampoco podría ser antes de la tribulación. Ningún pasaje bíblico ubica ninguno de los tres aspectos de I Tesalonicenses 4:17 antes de la tribulación.

Debe notarse que este pasaje nada tiene que ver con la gran tribulación, ni el "rapto" como escape de ella [4]. El problema era más bien la muerte de creyentes. La respuesta de Pablo es la prioridad preferencial de los creyentes ya muertos y, en esa respuesta, como un momento secundario, Pablo agrega que juntos, los muertos y los vivos, seremos ascendidos a la nube para "nuestra reunión con él" (cf. II Ts. 2:1). La referencia pasajera al "rapto" es un aspecto secundario de esta respuesta [5]. Pero el pasaje no hace la más mínima referencia a la gran tribulación, ni tampoco dice nada de ir de la nube ("el aire") [6] al cielo, ni de estar siete años en el cielo. Pero además del silencio del pasaje sobre una ida de la nube al cielo, el texto da otra clave muy importante que se pierde en la traducción [7]. La palabra "encuentro" aquí es clave: "seremos arrebatados al encuentro ("apántesis") con el Señor" (4:17). Esa expresión se usaba como término técnico para un aspecto importante de cualquier "parusía" (4:15; venida gloriosa, entrada triunfal). Cuando un emperador o un general llegaba, por ejemplo a Efeso, sus partidarios le salían al encuentro para unirse como escolta o cortejo a la procesión y entrar con él a la ciudad (Bruce 1977:859). Eso se llamaba "salir al encuentro" (Mt. 25:6; Hch 28:15), Es tan inconcebible que la "parusía" se interrumpiera después del encuentro ("apántesis") como que el Emperador llegara al puerto de Efeso pero que, después del "encuentro" con los que vienen a unirse con él, abandonara su "parusía" y llevara a sus adeptos de regreso a Roma en vez de entrar a la ciudad por la avenida de mármol que tenían para su recepción majestuosa.

En su "parusía", Cristo vendrá a la tierra, no sólo hasta las nubes, en el aire. Su viaje no es "de una vía", por decirlo así, pero el nuestro, para nuestra "apántesis" con él, será obviamente "un viaje de ida y vuelta" para venir con él desde la nube a la tierra. La idea de que nosotros fuéramos con él desde la nube al cielo, como si Cristo hiciera un "viaje de ida y vuelta" (cielo-nube-cielo), no sólo está totalmente ausente del pasaje sino que queda excluida por el sentido natural de su "venida" y nuestro "encuentro con él" para acompañarle a la tierra.

Con todo, lo enfático y claro es que Cristo volverá a esta tierra. "El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán...". En términos muy parecidos lo describe I Corintios 15 en su descripción de la resurrección de los creyentes en la venida de Cristo (15:23): "en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados". Cristo volverá personalmente en poder y gloria y los muertos resucitarán, igual que en I Tesalonicenses 4.

 

3. Evangelios: La señal del Hijo del Hombre

En Mateo 24 (Mr. 13; Lc. 21) el contexto es totalmente distinto a los dos pasajes anteriores. Aquí se trata de la crisis de la ciudad de Jerusalén. Según los evangelios sinópticos, los discípulos, mirando al templo y preocupados por las señales de que Jerusalén va a rechazar a su Mesías, preguntan qué va a pasar con el templo. Parece que ellos, como también Jesús, percibían el "kairós" escatológico que venía sobre el pueblo y la ciudad (cf. Lc. 13:34; 19:44; Mt. 23:37). Según Marcos y Lucas, los discípulos le preguntan a Jesús cuándo sería la destrucción del templo y cuál señal avisaría que la ciudad estaba por ser destruida. Pero Mateo cambia la segunda parte de esa pregunta. En Mateo 24:3, los discípulos preguntan más bien en cuanto a "la señal de tu venida y del fin del siglo" (Mt. 24:3). Las tres versiones del discurso, sin embargo, culminan con la venida del Hijo del hombre "con poder y gran gloria" (Mt. 24:29s; Mr. 13:24s; Lc. 25).

Es importante observar que, en los tres evangelios sinópticos, la venida de Cristo ocurre después de la gran tribulación, cuando todas las tribulaciones habidas y por haber ya se habrán realizado (Mt. 24:29). Sólo entonces vendrá el Hijo del hombre. Aquí no hay ninguna venida de Cristo ni "rapto" de la iglesia antes del final de la tribulación (tampoco en otros pasajes del Nuevo Testamento). No está de más señalar también que en este discurso de Jesús no aparece la resurrección por ningún lado, simplemente porque no tenía nada que ver con el futuro de la ciudad de Jerusalén. Ningún autor bíblico trata de hacer un sistema completo de las profecías predictivas ni darnos una cronología, un dibujo esquemático para ubicar todo en su lugar. Simplemente no se les ocurrió pensar de tal manera.

Mateo y Marcos (Mt. 24:15; Mr. 13:14) anuncian "la abominación de la desolación" de que habló Daniel (Dn. 9:27; 11:31; 12:11). En su contexto original, la frase de Daniel alude al abominable sacrilegio cometido por Antíoco Epífanes cuando sacrificó un cerdo sobre el altar del templo judío (Jos Ant 12.5.4). Ahora Jesús anuncia otra abominación blasfema, que cometerá el general romano Tito en 70 d.C. al introducir efigies idólatras en el lugar santísimo [8]. Por una coincidencia histórica, ambos ataques a Jerusalén (de Antíoco y de Tito) duraron aproximadamente tres años y medio, lo cual aclara el uso de esta periodización en el Apocalipsis. Juan de Patmos, sin emplear los mismos términos, vio el mismo sacrilegio blasfemo en el culto al emperador romano (Ap. 13:3-6). También de II Tesalonicenses 2:4, entendemos que la misma "abominación" caracterizará la actuación del último anticristo al final de los tiempos [9]. Aquí también Cristo viene con gloria y poder, aunque su venida se describe en términos algo distintos a los pasajes anteriormente analizados. Este pasaje, que no parece contemplar ningún intervalo entre la caída de Jerusalén y la "parusía", comienza con la descripción de convulsiones cósmicas (Mt. 24:28; Mr. 13:24 cf. Lc. 21:25). Eso responde a la pregunta de los discípulos, especialmente como la formula Mateo, por "la señal de tu venida y del fin del siglo" (Mt. 24:3). Cristo no les ofrece ninguna "señal" antes de su misma venida, excepto las señales falsas de los seudo-mesías (24:24). Los terremotos, guerras y hambrunas que menciona Jesús no anuncian su venida, pues con ellos "aun no es el fin" (24:6,8,14); esos fenómenos no son la "señal" que ofrecía mucha literatura apocalíptica y que pedían los discípulos [10]. Aquí, igual que en Mateo 16:1-4, Cristo se niega a darles alguna señal que no sea su propia persona y su misma venida. Por la misma razón, la venida de Cristo se describe aquí como "la señal del Hijo del hombre" (Mt. 24:30; la frase no aparece en los paralelos de Marcos y Lucas). Aquí también la "señal" es Cristo mismo en su venida, no algún fenómeno aparte de la persona y el hecho de su venida. Por eso Mateo, junto con Marcos y Lucas, afirma que "verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria". Igual que en los pasajes anteriores, la venida de Cristo es personal, visible, gloriosa y victoriosa. Y esa misma venida es la única "señal" que hemos de estar esperando.

Este discurso, que comenzó con el problema del futuro de Jerusalén, termina con la promesa divina de reunir a todo el pueblo de Dios cuando vuelva el Señor (Mt. 24:31; Mr. 13:27). Se basa en el lenguaje clásico de los antiguos profetas hebreos que prometían el regreso del cautiverio a Palestina. No debe confundirse ni con el rapto (no tiene nada de "vertical", hacia arriba) ni con la formación del moderno estado israelí (es realizado por ángeles, después de la gran tribulación cuando Cristo vuelva). Significa la unidad total del pueblo de Dios, probablemente en la Nueva Jerusalén (Ap. 21).

 

4. Apocalipsis: La victoria final

El libro del Apocalipsis, desde el primer capítulo, anuncia la pronta venida de Cristo (1:1,3,7). Sin embargo, las referencias explícitas a la venida de Cristo (empleando el verbo "érjomai") aparecen exclusivamente en los capítulos 1-3 (en efecto, un prólogo) y el capítulo 22 (el epílogo) [11]. Analizando con cuidado, encontramos que estos pasajes usan el verbo "venir" en dos sentidos distintos. Textos como 1:7 y 22:7, 12, 17, 20 se refieren claramente a la venida de Cristo al final de la historia. Pero, dentro de los siete mensajes (Ap 2-3), la mayoría de las veces el verbo "vengo" no parece referirse a la venida final, pues se presenta como condicional, dependiente de lo que hagan los cristianos de cada congregación. La "segunda venida" del Señor no depende del arrepentimiento de los cristianos de Efeso (2:5), de Pérgamo (2:16) o de Sardis (3:3). En esos textos, el "vengo pronto" se refiere claramente a "visitaciones" del Señor a una congregación específica, en juicio o en bendición, y no a la "segunda venida".

Más discutido es el sentido de la misma frase en Apocalipsis 3:11. Buenos argumentos sugieren que la "hora de prueba" de 3:10 podría ser la gran tribulación escatológica, y la venida de 3:11 sería el regreso definitivo del Señor. Otros buenos argumentos indican que la protección prometida específicamente a la congregación de Filadelfia debe ubicarse en alguna crisis generalizada en la antigüedad, y el "vengo pronto" sería una visitación igual a la de los demás usos en Apocalipsis 2-3. Lo más probable es que ambos referentes estén presentes en el texto sin que el autor hiciera una separación entre lo penúltimo (el "ya") y lo escatológico (el "todavía no"). Con su grito de "maranatha" (¡Ven Señor!), la iglesia apostólica clamaba por una "visitación" del Cristo resucitado, en muchas formas (la celebración eucarística, la proclamación de la Palabra, un avivamiento, etc.), además de la "esperanza bienaventurada" (Tit. 2:13) de su venida final. Entre su ascensión y su retorno, Cristo no está ausente. Quizá por eso, el Nuevo Testamento nunca emplea el término "segunda venida", como si el Señor nunca viniera en ninguna forma antes de su "parusía".

En el Apocalipsis, la venida de Cristo se realiza por primera y única vez cuando desciende con los ejércitos celestiales para la gran batalla escatológica que conocemos como Armagedón (19:11-21; cf. 14:20; 16:16-21) [12]. Aquí, el contexto es totalmente distinto a los pasajes anteriores (Hch. 1; I Ts 4; Mt. 24), pues tiene que ver ahora con la victoria final del Cordero sobre la bestia. La historia del dragón, que comenzó en Apocalipsis 12-13 y siguió en Apocalipsis 17, terminará con la derrota total de todos los enemigos del Cordero y del pueblo de Dios (17.16; 19:20s; 20:10,14). Aquí, igual que en Mateo 24:29 y II Tesalonicenses 2:1-3, la venida de Cristo ocurre después de la tribulación, inmediatamente antes de Armagedón, el reino milenial y la condena final del dragón y todo su nefasto equipo.

Igual que en I Tesalonicenses 4, aquí también están coordinadas la venida de Cristo y la resurrección de los creyentes. Es probable que "los ejércitos celestiales" que lo acompañarán a la batalla (19:14) incluyan a los santos resucitados (17:14; Col 3:3s) junto con los ángeles (Mt. 24:31; Mr. 8:38). Es muy discutido si el Armagedón debe entenderse como una confrontación en algún sentido literal (los buitres comen cadáveres, 19:18,21) o simbólico (los mata por la espada de su boca 19:15,21). En cualquier caso, es la batalla más desigual de toda la historia. Un ejercito de inmortales (ángeles, santos resucitados) será dirigido por el Señor resucitado. La otra banda, mortales todos, está dirigida por un dragón y una bestia a los que nada les sale bien nunca.

Juan deja la mención específica de la resurrección hasta 20:4-6, sin duda porque quiso describir primero el Armagedón (asociado con el regreso del Señor del cielo) y después el reino milenial, inaugurado por la resurrección de los mártires. De lo que no queda duda es que aquí la venida de Cristo y la primera resurrección (que según I Ts. 4:16s están sincronizadas con el arrebato) se presentan después de la tribulación. Es más, de la primera resurrección los que se mencionan específicamente son las víctimas decapitadas por la bestia (20:4). Juan destaca la presencia de ellos, porque quiere animar a todos los creyentes a ser fieles hasta la muerte. Sin embargo, en el 20:6 es evidente que esta resurrección incluye a todos los creyentes puesto que de otro modo los creyentes no-mártires estarían sujetos a la segunda muerte. Puesto que ésta es "la primera resurrección" (20:5s), y de hecho no aparece otra antes en el libro, sería muy ilusorio pretender decir que esta resurrección, y por eso el "rapto", fuesen anteriores a la gran tribulación.

En resumen, de los pasajes que hemos analizado, Hechos 1 plantea la venida de Cristo paralelamente con su ascensión y en el contexto de la misión (Hch. 1:8-11). El mensaje de esperanza a los tesalonicenses ofrece la "parusía", la resurrección de los fieles y nuestro encuentro con Cristo en el aire como respuesta esperanzadora a las angustias de los tesalonicenses por los creyentes que habían muerto (I Ts. 4:13-18). En su sermón apocalíptico, Jesús introduce el tema de su venida en el contexto del futuro de la ciudad de Jerusalén (Mt. 24), y Juan de Patmos describe la venida victoriosa del Verbo de Dios como desenlace final del conflicto entre el Cordero y el dragón. En cada caso, el contexto es definitivo para la interpretación del pasaje correspondiente. Ninguno de los pasajes lo relaciona de manera alguna con "escape" al inicio de la gran tribulación.

 

Conclusión: La venida del Reino

La tierra siempre ha sido central en el actuar de Dios. Apenas crea a Adán y le prepara una finca, para que no sea "un Adán sin tierra". Muy central a la promesa que Dios hizo a Abraham, fue la promesa de una tierra propia para su descendencia. El castigo por el pecado de Israel fue la pérdida de su tierra, y la promesa de los profetas destacaba su recuperación. Para salvarnos, Jesucristo vino a esta tierra, y para culminar su obra, volverá otra vez. Y al final habrá nuevos cielos y nueva tierra. El regreso de Cristo a nuestro planeta es una prueba clara de la importancia de la tierra en los planes de Dios.

El esquema general para la mayoría de los cristianos y de los evangélicos en particular, es que se acepta a Cristo y se va al cielo. Pero el esquema bíblico tiene otra dirección: Cristo vuelve a la tierra. Si los cristianos van al cielo, no es necesario que Cristo vuelva aquí a la tierra. Los creyentes mueren y están con Cristo en el cielo, sin que Cristo tenga que volver a este planeta. Bien podría ocurrir igual después de la resurrección: simplemente iríamos, con cuerpo resucitado, a la patria celestial, y Cristo no tendría necesidad de volver a la tierra. Entonces, ¿cuál es la razón y la lógica del retorno de Jesús a este mundo?

Él vino la primera vez a traer el reino. Cuando volvió al Padre, el reino ya había venido entre nosotros por medio de su vida, muerte y resurrección. Vino humilde, doliente y aparentemente débil, como Siervo Sufriente. Su segunda venida llevará a la culminación final lo que inauguró con su primera venida. Vino a reinar la primera vez, pero desde una cruz. Ahora vendrá como Rey de Reyes y Señor de señores (Ap. 19:11-16) para reinar en majestad y gloria. Entonces se cantará que "el reino del mundo ha pasado a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos" (Ap. 11:15).

Ahora, la pregunta importante es ¿cómo anda nuestra teología del Reino? El Reino es el mensaje central de la primera venida de Cristo y el secreto del sentido de su misión, según los evangelios sinópticos. Él nos exhorta a "buscar primeramente el reino de Dios y su justicia" (Mt. 6:33) y orar para que el reino venga y se haga la voluntad de Dios en nuestro país (Mt. 6:10).

Pero muchas veces el mensaje central de Jesús es el mensaje olvidado de su iglesia. Por eso no sabemos qué hacer con la venida, porque no tenemos una teología del reino. Entonces, para llenar el vacío, echamos mano al rapto como propósito de la venida ("él viene a levantar a su iglesia", dice un canto). Con eso le damos a la "parusía" un sentido que nunca tiene en las escrituras. Así cambiamos la enseñanza bíblica de que él viene para estar aquí y reinar en la tierra, por una especulación de que viene para sacarnos a nosotros de la tierra. Pero su venida no será "Operación Rescate" sino "Operación Reinado", porque el Rey de reyes tomará el poder.-


Escritos de Juan Stam en "Puerta del Rebaño"

Historia de salvación y misión integral de la iglesia
Los siete mundos de Juan de Patmos
Apocalipsis y el imperio romano
El lenguaje religioso de George W. Bush
Entrevista a Juan Stam: Un desafío al compromiso profético

 

 

Notas:

[1] Juan Stam. "Escatología Bíblica y Misión de la Iglesia". Ediciones Semilla, Guatemala 1999, pp. 20-29.

[2] Escatología: doctrina de las últimas cosas, popularmente (pero inexactamente) conocida como "profecía". Se trata de la visión bíblica de la historia a la luz de su meta y fin.

[3] Los demás autores bíblicos suelen usar el plural, "con las nubes", viéndolas más bien como un medio de transporte celestial (cf. Dn 7:13). Lucas parece dar a "la nube" un significado más teológico.

[4] II Tesalonicenses introduce el tema de la tribulación (el "hombre de pecado") pero corno tema nuevo, ante el prolongado malentendido de los tesalonicenses. Además, II Tesalonicenses 2:1-12 afirma categóricamente que "la venida de nuestro Señor Jesucristo" (2:1) no puede ocurrir sino hasta después del Anticristo y la gran tribulación (2:3).

[5] El sustantivo "rapto" no es bíblico; viene más bien de la vulgata latina. Pablo afirma que seremos llevados por la fuerza del Espíritu al encuentro con Cristo; el "arrebato" en sí no es más que "transporte". Ni este pasaje ni ningún otro trata al "rapto" como un tema independiente. Aunque muchos han visto en Mateo 24:38-41 y Juan 14:3 otras referencias al terna, de hecho no hablan de ser "alzados" y pueden ser interpretados mejor sin referencia al arrebatamiento.

[6] Para los antiguos, "el aire" se extendía desde la tierra hasta la luna. Era el espacio donde estaban las nubes.

[7] La Nueva Versión Internacional y la Reina Valera 1960 traducen mal la frase "eis apántesin" con un infinitivo verbal "para recibir al Señor" (4:17). El griego es un sustantivo, "al encuentro con el Señor" (cf. II Tes 2:1). Curiosamente, la escatología tradicional cambia el verbo "ser arrebatado" en sustantivo ("el rapto") y cambia el sustantivo "el encuentro" en verbo ("para recibir"). Ambos errores afectan el sentido del pasaje.

[8] La versión de Lucas, posiblemente escrita después de 70 DC, es mucho más explícita sobre el sitio y la destrucción de Jerusalén (21:20-24). Anuncia un período de control extranjero hasta "la plenitud del tiempo de los gentiles" (21:24), a lo que sigue la venida de Cristo (21:25ss). Escritores judíos describían la blasfemia de Antíoco Epífanes como "la abominación de la desolación" (I Mac. 1:54). Es obvio también que todas las exhortaciones de Mateo 24:16-20 se refieren a la destrucción de Jerusalén en 70 DC y no puede de ninguna manera aplicarse al "rapto" con la venida de Cristo.

[9] Es importante tomar siempre en cuenta la perspectiva de I Juan 2:18, de que ya para fines del primer siglo habían surgido muchos anticristos. Seguirán surgiendo agentes precursores del Anticristo hasta el final, cuando el último anticristo será destruido en la venida de Cristo (II Ts. 2:7-9).

[10] En Mateo y Marcos los fenómenos celestiales (Mt. 24:29; Mr. 13:24s) tampoco se llaman señales, aunque Lucas (en un enfoque distinto) habla de "señales" en el cielo (Lc. 21:25).

[11] La única excepción en el resto del libro (cap. 4-21) es Apocalipsis 16:15, "vengo como ladrón".

[12] En realidad, Apocalipsis 19 no describe una "venida" de Cristo del cielo; Juan simplemente dice que de repente vio un caballo blanco. Pero toda la escena presupone que Jesucristo ha vuelto a la tierra para la batalla final.