Encuentro entre musulmanes y cristianos:

Entre la tensión y el enriquecimiento

por Aguswati Hildebrandt Rambe

Traducido del original alemán por Hannah Wirnsberger.

 

I. Experiencia personal

II. Trasfondo histórico

III. Reflexiones teológicas

 

 

Texto de la conferencia dictada por la pastora Rambe en la sede de la Comunidad Israelita de Concepción. Concepción, CHILE, 5 de noviembre de 2001.

 

 


GuDamai – Paz. El paraguas como el símbolo indonesio de la Paz, la palabra "Paz" en diferentes lenguas locales e internacionales. Autoadhesivo del foro "Baruga Damai"

I. Experiencia personal

Desde muy temprano en mi vida experimenté, siendo yo cristiana, el encuentro con musulmanes. Me crié en una familia grande que se caracterizaba por la convivencia de cristianos y musulmanes. La mayoría de mis parientes son musulmanes, ya que mi madre fue musulmana ella misma. De niña compartía la pieza con mis primas musulmanas que vivían con nosotros. La vida cotidiana en la casa nos brindaba la posibilidad de conocer la fe de los otros: cómo y cuándo rezaban, qué celebraban, etc. Además nos daba la posibilidad de celebrar en conjunto fiestas religiosas como la navidad e Idl'Fitr. Es costumbre en casa de mis padres orar en la mesa. Las primas musulmanas rezaban junto con nosotros antes de comer. Cuando mis primas estaban enfermas, a menudo nos pedían rezar por ellas. En el mes de ayuno, el Ramadha, cuando mis primas musulmanas se alistaban para interrumpir el ayuno en la madrugada, antes de la salida del sol, o al anochecer, yo les ayudaba a preparar la comida. Esta forma de convivencia basada en la relación familiar, posibilita el aprendizaje espiritual mutuo en un nivel práctico. Así crece la capacidad de ser tolerante frente a otros, de aceptarlos y comprenderlos, incluso renunciando a determinadas costumbres. Un pequeño ejemplo: como los musulmanes no deben comer carne de cerdo, nosotros en casa renunciamos conscientemente a la carne de cerdo en nuestra mesa.

Mi familia es una de millones de familias en Indonesia en el seno de las cuales este tipo de convivencia en una casa es posible. Sin embargo, esta convivencia entre musulmanes y cristianos en una familia no ha estado y no está libre de provocaciones. Influencias negativas desde fuera, la imagen del enemigo en ambos lados, la desconfianza mutua, amenazan a menudo esta convivencia pacífica. El hecho de que la historia de la evangelización cristiana en Indonesia haya estado estrechamente vinculada con el colonialismo, marca hasta hoy la imagen del cristianismo como una religión de dominadores, una religión occidental o incluso una religión propia de los señores coloniales (conquistadores). Este hecho determina también hasta hoy la opinión de muchos musulmanes de que todas las personas blancas son cristianas y todo lo que es occidental puede ser igualado con cristiano. El ataque de los EEUU a Afganistán como "venganza" por la tragedia del WTC el 11 de septiembre es experimentado e interpretado por muchos musulmanes como un ataque de los cristianos contra los musulmanes. Como consecuencia, las protestas y también acciones violentas aisladas (como barricadas o controles callejeros) de pequeños grupos musulmanes radicales en Indonesia se dirigen no sólo contra los americanos, sino a menudo contra los cristianos en general.

A la inversa, la imagen del Islam importada a las iglesias cristianas indonesias es una imagen occidental o europea surgida del encuentro de los cristianos europeos con el Islam a la sombra de la conquista, de cruentas luchas por el poder y de las cruzadas: el Islam no sería, en este concepto, una verdadera religión, sino una religión que -en contraste con la enseñanza cristiana del amor hacia el enemigo- propugnaría violencia y odio; los musulmanes serían infieles, incivilizados, gustarían de la violencia, etc. Serían, entonces, nuestros enemigos a quienes debemos vencer. Serían el objetivo estratégico de las misiones cristianas. La imagen del Islam como enemigo en Indonesia es también herencia de una teología occidental surgida de grupos que se habían mantenido relativamente aislados de las comunidades islámicas; es decir, esta imagen es producto del desconocimiento y la arrogancia. Tales prejuicios, la desconfianza y las representaciones del enemigo en ambos lados constituyen un gran peligro y amenazan la convivencia pacífica de musulmanes y cristianos tanto en el ámbito familiar como en el público. La religión se convierte así en un símbolo exclusivo de identidad grupal que fácilmente se deja instrumentalizar y cargar emocionalmente en relación con conflictos que en realidad obedecen a causas muy distintas (sociales, económicas, políticas, étnicas). Esto ha quedado en evidencia en algunos cruentos conflictos regionales de los último años en Indonesia (Ambon, Sulawesi central, entre otros).

Pese a las informaciones predominantemente negativas en los medios de comunicación, la convivencia de cristianos y musulmanes en Indonesia es pacífica y determinada por un Islamismo tolerante (a menudo los cristianos son incluso más excluyentes que los musulmanes). Indonesia se caracteriza por su pluralismo religioso y cultural, a pesar de que casi un 90% de sus habitantes son musulmanes, constituyendo así la mayor población islámica del mundo. La mayoría de los musulmanes se opone al fanatismo religioso en sus propias filas. En los últimos años, como docente de la universidad teológica-evangélica he tenido muchas experiencias positivas con iniciativas tendientes al diálogo y actividades interreligiosas.

 

II. Trasfondo histórico

El Islam como religión surgida después del Cristianismo, a saber, a comienzos del siglo VII, tuvo muy pronto sus primeros encuentros con el Cristianismo. Cuando los comerciantes descendientes de la tribu Qurays decidieron expulsar al profeta Mahoma y a sus seguidores -o sea, al primer grupo islámico- de la Meca, Mahoma envía a sus discípulos a Abisinia (actual Etiopía), para buscar allí la protección del rey bueno y justo Negus. El rey Negus era cristiano. Este acontecimiento es, en mi opinión, un suceso clave para el encuentro pacífico entre musulmanes y cristianos basado en la confianza mutua. Los musulmanes ponen su vida en manos del rey Negus, un "extraño". El rey recibe a los fugitivos, les brinda seguridad e, incluso, les otorga la libertad de ejercer su fe. Los fugitivos musulmanes se mantienen en Abisinia como musulmanes. Cuando Mahoma encuentra un lugar seguro para los musulmanes en la ciudad llamada Yatsrib (Medina), éstos abandonan Abisinia y se unen a los otros musulmanes en Medina.

La confianza nacida de este encuentro marca la actitud del profeta Mahoma hacia los cristianos que en ese tiempo vivían en la península arábica, principalmente en el sur. Cuando Mahoma logra poner la península arábica bajo su mando, los cristianos árabes (al igual que los judíos) obtienen un estatus especial como ahl kitab, la gente del libro, a diferencia de las otras personas no musulmanas que fueron tildadas de kafir, los infieles. El estatus de ahl kitab, la gente del libro, implica el reconocimiento de la fe cristiana como verdadera religión; implica reconocer que los cristianos creen en Dios, es decir, en el Dios uno (Allah) que les ha otorgado el libro (la Biblia) como revelación divina.

La relación amistosa entre la primera Umma (congregación) islámica y los cristianos, es narrada también en una Hadits (una tradición/narración sobre Mahoma): un grupo de cristianos de la tribu sudárabe de Najran llegó a Medina (donde vivía Mahoma como líder político y religioso de la comunidad). La tradición (Hadits) cuenta que estos cristianos fueron acogidos amigablemente por Mahoma en la mezquita en Medina e incluso obtuvieron el permiso del profeta Mahoma de celebrar su culto al interior de la mezquita.

La propagación del Islam como religión después de la muerte del profeta Mahoma, se realizó en el marco de la extensión del reino islámico. Los gobernantes islámicos no mostraban mayor interés en la conversión, o sea, la islamización de los cristianos o de las comunidades cristianas que vivían en el reino islámico. En el ámbito político, los cristianos ostentaban el estatus de "millet" (minoría protegida) o individualmente el de "dhimmi" (un protegido). En retribución, tenían que pagar un impuesto (una capitación = gizya). Este impuesto constituía una importante fuente de ingresos para el Estado; también por esa razón los gobernantes dejaban a los cristianos con su fe. La conversión de la comunidad cristiana al Islam habría significado, para los gobernantes, la pérdida de esta fuente de ingresos.

La relación tensa entre musulmanes y cristianos en Europa data de la Edad Media, cuando el Islam fue visto como una amenaza para el cristianismo: El reino islámico conquistó provincias del reino bizantino en Siria, Tierra Santa y Egipto y ocupó territorios europeos como Sicilia y España. La ocupación militar de dichos territorios iba de la mano con numerosas conversiones. Como reacción, la iglesia en Europa, con el apoyo de los caballeros y los soberanos occidentales, declaró la guerra a los musulmanes en nombre de la defensa del poder cristiano, de la cultura occidental y de la fe. Pero esto no se limitó a una guerra defensiva, sino que se convirtió en crueles campañas de exterminio. La cruz -símbolo cristiano de la vida y la paz- fue usada para justificar el asesinato y la violencia, con el fin de legitimar la guerra como "guerra santa", o sea, guerra cristiana. Las guerras, que duraron más de 100 años, tuvieron consecuencias y efectos negativos en ambos lados, sobre todo en lo que respecta a la relación entre musulmanes y cristianos. Muchos musulmanes en el mundo vieron a los cristianos como agresores que habían conquistado y destruido su país en forma violenta y que habían hecho sufrir a su gente. Independientemente de cómo se expliquen las causas y los motivos -complejos- de las cruzadas, aquí los musulmanes fueron víctimas de la violencia y arrogancia de la religión cristiana. En esos tiempos, los musulmanes no conocieron la enseñanza cristiana del amor hacia el enemigo; en su lugar, llegaron a conocer el símbolo de la cruz como símbolo de violencia y asesinato. Sobre el trasfondo de esta experiencia traumática, no sorprende que muchos musulmanes reaccionen susceptiblemente cuando Bush iguala su guerra contra el terrorismo con una "crusade", es decir con las cruzadas históricamente dirigidas contra el Islam.

Estos fenómenos se repitieron durante la época colonial. A pesar de que no hubo entonces una guerra "santa" declarada oficialmente por la iglesia contra los musulmanes, el hecho de que los países con una población mayoritariamente musulmana se convirtieran en colonia de los colonizadores occidentales, hizo que se repitiera el mismo esquema: los países occidentales, o bien los cristianos, conquistaban y reprimían a los musulmanes. A esto se suma el hecho de que la evangelización de estos países islámicos se realizó en el tiempo del imperialismo occidental, lo que implica que a menudo misión y colonialismo coincidían. El imperialismo occidental significaba, para muchos musulmanes, la conquista de su país en un sentido político, económico, cultural y religioso: conquista y destrucción de la fe islámica, simultáneamente.

No obstante, el encuentro entre musulmanes y cristianos se produjo también de otra manera más fructífiera, como a través del intercambio científico y comercial. Las obras árabes de Filosofía, Ciencia y Medicina, por ejemplo del gran doctor medieval Ibn Sina, fueron traducidas al latín y utilizadas en las escuelas europeas. A pesar de este enriquecimiento mutuo, un tono de guerra y odio sigue dominando en muchas relaciones entre musulmanes y cristianos.

El primer encuentro de los musulmanes con el cristianismo en Indonesia ocurrió en un marco de violencia y guerra, cuando misioneros cristianos (católicos y evangélicos) llevaron a cabo su labor a la sombra del imperialismo occidental y el colonialismo. Por una parte, los misioneros cristianos enseñaban la "regla de oro" del amor hacia el enemigo y el establecimiento de la paz; por otra, los indonesios experimentaban la represión y el uso de la fuerza del poder colonial. Estas contradicciones pesan sobre el trabajo de los misioneros y, hasta hoy, sobre la relación de los cristianos nativos con sus conciudadanos musulmanes. Los cristianos en Indonesia son considerados muchas veces colaboradores de Occidente. Nació la desconfianza contra los cristianos, poniéndose en duda que pudieran ser solidarios con el destino de los indonesios en su conjunto. Los cristianos nadaban entre dos aguas: los hermanos musulmanes desconfiaban de ellos y los señores coloniales cristianos sospechaban de ellos. Esta historia de las misiones tiene cierto efecto sobre la convivencia con los musulmanes en Indonesia. La identificación de la cultura y el poder occidentales con el cristianismo es una de las consecuencias de esta historia misionera. La iglesia nativa en Indonesia debe llevar hasta hoy esta carga. Pero es importante que lleguemos a comprender esta perspectiva histórica, para corregir así la imagen occidental del enemigo en que el Islam es visto siempre como el malo.

 

III. Reflexiones teológicas

¿Qué aprendo yo del encuentro y la convivencia con los musulmanes? La experiencia cotidiana al interior de mi familia musulmana me produjo la inquietud de saber más sobre su fe. Abrió muchas preguntas que me preocuparon y me motivaron posteriormente a seguir conociendo el Islam en un nivel académico. Resulta sorprendente descubrir cuántos fundamentos religiosos comunes existen en la fe cristiana e islámica. El estudio del Islam a menudo me ayuda incluso a percibir más conscientemente y comprender mejor mi propia fe. En la profesión de fe de los musulmanes (la illaha illa' llah wa muhammad rasulu' llah: no hay otro dios fuera de Dios y Mahoma es el enviado de Dios) se perciben dos elementos fundamentales; el primero, la fe en el Dios único, vivo, verdadero, el todopoderoso y misericordioso, que creó todo el mundo y lo gobierna. El segundo elemento es el reconocimiento de Mahoma como enviado de Dios. El primer elemento de la profesión de fe islámica muestra una estricta prohibición de creer en otros dioses (la illaha illa'llah, no hay otro dios fuera de Dios).

En la profesión de fe en el Dios trino y uno (aunque a menudo ha sido malinterpretada por los musulmanes como la profesión de fe en tres dioses), los cristianos profesan con igual vehemencia su fe en un solo Dios verdadero, el Creador de todo el mundo, que actúa en la historia de toda la humanidad. Este Dios ha creado a todos los hombres y mujeres -a cristianos, musulmanes o personas sin religión. La fe en Dios como Creador del mundo implica el reconocimiento de que este Dios es y actúa para con todas las personas y que su misericordia y su amor valen para todos. Aquí hay un punto de partida común del cristianismo y el Islam (y también del judaísmo) como religiones monoteístas universales.

El Dios uno en el que creen los musulmanes es aquel que no permanece oculto, sino que se manifiesta en el mundo a través de su palabra (su mensaje), es decir el Corán. Este Dios quiere que los hombres vivan con dignidad en este mundo, y es por eso que envió su mensaje como fundamento y orientación para una vida mejor y más digna de la humanidad. Este Dios -así lo creen los musulmanes- no se ha revelado recién en el tiempo de Mahoma. Ya se había revelado antes de Mahoma a grandes profetas como Abraham, Moisés, David y Jesús. Es el mismo Dios que ha enviado su mensaje a Mahoma. Esta fe implica la convicción de que el origen del Islam se encuentra en una larga tradición profética.

La veneración de Abraham como gran profeta y modelo, no sólo se encuentra en la fe judía. También los musulmanes veneran a Abraham como su profeta, cuya fe en el Dios uno constituye la raíz de la fe islámica. Ya en el primer período profético de Mahoma (período de la Meca), él menciona a Abraham como modelo de la enseñanza islámica de Dios. En el Corán, Abraham es mencionado frecuentemente como padre de la fe islámica. Los musulmanes se consideran, por tanto, descendientes, o sea hijos, de Abraham y con eso entienden que participan de las promesas y se encuentran bajo la bendición que le fueran transmitidas a él.

La invocación de Abraham como padre de la fe, es también un fundamento importante de la fe cristiana. En la carta de San Pablo a los Gálatas, por ejemplo, se afirma que la fe de Abraham es la medida de la verdadera fe. Al que tiene una fe como la de Abraham se le tomará en cuenta esa fe para considerarlo justo y será llamado hijo de Abraham. En base a la imagen de Dios y el modelo común de fe, debería hacerse posible el encuentro entre las tres religiones llamadas abrahamitas o abrahámicas: entre judíos, musulmanes y cristianos, en el que la experiencia respectiva con el Dios todopoderoso, misericordioso, o sea, lleno de amor, pueda ser reflexionada en común.

Un encuentro tal no llevará a una fe uniforme o una religión única, donde se reniegue de la identidad de la fe respectiva con sus componentes también exclusivos; un encuentro así posibilitará que los creyentes reconozcan una y otra vez el camino nuevo y dinámico de su Dios. En el diálogo entre las diferentes religiones no debería imponerse ni la sobrevaloración de sí mismo a costa del otro ni tampoco la negación de sí mismo a costa de la propia identidad (o fe). Todo diálogo interreligioso necesita tanto de la sensibilidad frente a la fe del otro como del conocimiento de la propia fe; se requiere de la disposición a percibir la otra fe sin prejuicios y la capacidad de reflexionar sobre la propia fe y la propia práctica de la fe en forma crítica; se necesita franqueza y honestidad frente al otro y fidelidad a la propia fe.

En mi opinión, es importante asimismo volver a aprender a reconocer desde la perspectiva de la teología cristiana que el Dios trino y uno también actúa fuera de las fronteras estrechas de la iglesia y las agrupaciones cristianas. Nuestra profesión de fe en Jesús como el camino, la verdad y la vida no significa que podamos encerrar a este Jesús y la acción del Espíritu Santo dentro de los muros de nuestra iglesia. Debemos admitir al menos la posibilidad de que Dios incluya también a los creyentes de otras religiones en su sacra historia y que la verdad única se refleje también en la fe de ellos. Como cristianos debemos aprender a lograr un entendimiento más incluyente y pluralista de la verdad y la salvación en Cristo. Jesús mismo dijo: "No todos los que me digan ¡Señor! ¡Señor! entrarán en el reino de los cielo, sino los que hagan la voluntad de mi padre celestial!" La palabra de Jesús que dice: "Lo que han hecho a uno de mis hermanos más pequeños, me lo habrán hecho a mí", no pregunta por la religión o la confesión, sino que pregunta acaso estamos dispuestos a realizar en conjunto la misión divina de la caridad, la paz, la reconciliación y la justicia. La evangelización en un entorno religioso pluralista no puede, por tanto, significar proselitismo y cristianización en el sentido tradicional de la palabra, sino testimonio cristiano en un diálogo y en colaboración con hombres y mujeres de otras religiones, en pos de justicia, paz y conservación de la creación -sin que por ello tengamos que renunciar a nuestra identidad respectiva y a nuestra reivindicación de la verdad.

El encuentro nos permite superar la desconfianza; se trata del encuentro en la convivencia diaria, en el diálogo oficial y en la acción conjunta en pos de una convivencia pacífica, humana y digna.-

 

Saludo navideño de Ati Rambe:

Nacimiento en un campo de arroz  Navidad del 2001