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Gustav Doré: Eva es tentada por la serpiente

Pecado original y el Dios de la vida

por Felipe Elgueta Frontier

Transcripción de la prédica realizada el 26 de agosto de 2001
en el culto dominical de la comunidad "Puerta del Rebaño"

 

Introducción: Pecado original como desobediencia

1. La orden:
1.1 ¿Un Dios autoritario? 1.2 El que sirve 1.3 El mandamiento

2. La pena:
2.1 ¿Dios de la muerte? 2.2 ¿Temor al castigo?

3. La tentación

Conclusiones: ¿Evangelio o muerte o evangelio de vida?


 

Introducción: Pecado original como desobediencia

Cuando me pidieron que predicara, inmediatamente pensé en los estudios que he estado realizando acerca de Génesis 2 y 3. De la tremenda riqueza que hay en estos textos que están al comienzo de nuestra preciosa Biblia, decidí tomar un aspecto, que es el llamado "pecado original" -aunque la Biblia nunca le otorga ese nombre.

Sin embargo, dada la riqueza de sentido que alberga este "pecado original", decidí no abordarlo directamente. Por ello, partí haciéndome la pregunta acerca de lo que NO es el "pecado original". Así podremos empezar a romper con algunas ideas muy arraigadas que nos limitan a la hora de extraer sentido a este texto.

He notado que en la iglesia evangélica está muy difundida la idea del pecado original como desobediencia. Por ello, decidí investigar cuáles serían las implicaciones de esa idea. ¿Qué pasaría si realmente pensáramos que el pecado original es la desobediencia?

Vamos a empezar nuestro recorrido leyendo Génesis 2:7-9, 16-17 & 3:4-7, porque son los pasajes que se relacionan más directamente con esta concepción.

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra
y sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente.
Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén al oriente
y puso allí al hombre que había formado.
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer.
También el árbol de la vida en medio del huerto y el árbol de la ciencia del bien y del mal.

Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo:
De todo árbol del huerto podrás comer
mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás
porque el día que él comieres ciertamente morirás.

Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis,
sino que sabe Dios que el día que comáis de él
serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer
y que era agradable a los ojos y árbol codiciable para alcanzar sabiduría.
Y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido el cual comió, así como ella.
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos;
entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.

Busqué a alguien que expusiera claramente la interpretación del pecado original como desobediencia. Así me encontré con un artículo del señor John Morris en el sitio del SEDIN ("La evolución y el salario del pecado"). La interpretación que nos ofrece es la siguiente:

Dios puso en aquel mundo una oportunidad para que el hombre y la mujer probasen su obediencia a su Creador y le manifestasen su amor. Como Creador, Él estableció (sólo por cuanto era el Creador, tenía autoridad de establecer) normas para la conducta apropiada y la pena por la desobediencia. "De todo árbol del huerto podrás comer mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque el día que él comieres ciertamente morirás".

Es decir, tenemos un Dios que actúa como general de ejército y dice: "Yo he creado todo esto y los he puesto aquí; por lo tanto, yo tengo la autoridad para establecer las normas". Luego dice: "Voy a probar si mis soldados me son obedientes; así que voy a ponerles un árbol ahí y voy a darles la ORDEN de que no coman de él".

Ésa es la interpretación. Es una orden militar que debe ser obedecida. Los soldados no tienen más alternativa que decir "sí, mi general". No tiene sentido que el soldado pregunte el por qué de la orden; el general sólo respondería: "porque yo tengo la autoridad para poner las reglas" o "porque yo soy el que manda".

"Sólo por cuanto era el Creador, tenía autoridad de establecer normas para la conducta apropiada y la pena por la desobediencia". Porque Él era Dios. Punto.

Según esta interpretación, Dios pone el fruto para probar si los seres humanos son o no obedientes y, además, decreta la pena por la desobediencia. "Ciertamente morirás" sería la pena: pena de muerte por desobedecer a la orden de no comer del árbol.

John Morris dice también que "la mentira de Satanás siempre ha incluido la idea de que no hay pena. Al tentar a Eva a desobedecer, la serpiente dijo a la mujer: 'No moriréis'. Como sabemos, se creyó la mentira, se negó la pena por el pecado y entró el pecado en el mundo".

Es decir, la orden dada por Dios fue desobedecida a raíz de una tentación que fue, simplemente, creer que no había pena de muerte. Eso es lo que dice la serpiente: "No moriréis".

Entonces, en este esquema de interpretación tenemos tres aspectos:

a. La orden: no comer del fruto
b. La pena: pena de muerte
c. La tentación: no hay pena de muerte.

Vamos a analizar estos tres aspectos a la luz del texto bíblico.

 

1. La orden

1.1. ¿Un Dios autoritario?

Según el esquema de la "desobediencia", el Dios de Génesis 2 sería un Dios bien autoritario y egoísta. Da una orden que debe ser obedecida sin ninguna explicación. Sólo le interesa que sus criaturas le obedezcan a Él. Simplemente les ordena no comer del fruto, sin darse la molestia de advertirles acerca de posibles consecuencias negativas.

No dice: "Oye, estoy preocupado por ti. No comas del árbol porque te puede hacer mal: tiene gusanos, acaban de fumigarlo, está lleno de insecticida... ". Oh, no. Dice, simplemente: "¡No comas, porque tienes que obedecerme A MI!". Es lo que diría un Dios centrado en sí mismo.

Entonces, vamos a ver si este Dios autoritario y egoísta es el que se describe en Génesis 2.

Vemos, por ejemplo, que en el versículo 7 crea al ser humano, le da vida; en 2:8 pone un huerto, y en 2:9 pone frutos que van a ser el alimento del ser humano. Luego, vemos que del huerto salía de un caudaloso río. Es decir, Dios está asegurándose de que estos árboles, este sustento, estén siempre en abundancia y que no les falte el agua para crecer. Entonces, un versículo bien bonito dice: "Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase" (2:15). Es decir, la función del ser humano es labrar y guardar el huerto. Mientras haga eso, el huerto le va a dar el sustento que necesite. Todo lo que ha hecho Dios ha sido para eso. Ha creado al ser humano y, asimismo, ha creado las condiciones para que ésta, su criatura, tenga absolutamente asegurado el sustento. Un Dios muy preocupado por el ser humano.

No vemos aquí a un Dios egoísta ni autoritario, que viva pensando en sí mismo. Es un Dios muy atento a las necesidades del ser humano. Y es, como veremos ahora, un Dios terriblemente humilde.


1.2. El que sirve

En Génesis 1 se reitera insistentemente la frase "y vio Dios que era bueno". Cada vez que Dios crea algo, el texto bíblico inmediatamente declara: "y vio Dios que era bueno". No es una valoración moral, sino más bien estética, como si Dios dijera: "¡Que me quedó bien esto! ¡Qué bonito, qué perfecto!". Sin embargo, aquí en Génesis 2 vemos que dice "Y dijo Jehová Dios: NO ES BUENO..." (2:18).

Capacidad de autocrítica. Dios hace su creación, pone en ella al ser humano y le asegura el sustento. Luego mira y dice: "No, me faltó algo; la obra está inconclusa". Se preocupa tanto por el ser humano que se dice: "No, no es suficiente. Necesito hacer más POR ÉL". Servirle más.

Y... ¿qué más necesita? Ayuda idónea. Entonces, le crea un semejante: la mujer. El hombre la ve y dice: "hueso de mis huesos, carne de mi carne" (2:23). Es un semejante, su igual ante Dios. Entonces, ¿qué está haciendo Dios? Le está dando al ser humano la vida en comunidad, como si dijera: "Está bien, su subsistencia está asegurada; pero necesita más: necesita compartir su vida con sus semejantes".

Entre la preocupación de Dios por el sustento del ser humano (2:8-2:15) y la humilde autocrítica de "no es bueno, falta algo" (2:18), resulta difícil hacer calzar la frase "del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás" (2:16) como si fuera una orden; una isla de autoritarismo, ahí en medio de todo este servicio al ser humano.

El carácter servicial de Dios es el mismo que se describe explícitamente en Lucas 22:27. Recordemos que, para nosotros, Jesús es quien representa verdaderamente el carácter de Dios:

¿Cuál es el mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve?
¿No es el que se sienta a la mesa?
Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.

Jesús viene y se presenta como el que sirve... y Génesis 2 nos muestra al mismo Dios: está sirviendo al ser humano, con absoluta humildad y entrega.

 

1.3. El mandamiento

La frase "Y mandó Jehová Dios al hombre, etc..." nos recuerda los mandamientos. Verdaderamente es un mandamiento de Dios. Es interesante ver el resumen de todos los mandamientos que nos dejó Jesús (Mateo 22:36-40):

¿Cuál es el gran mandamiento en la ley?
Jesús le dijo:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente.
Éste es el primero y grande mandamiento.
El segundo es semejante.
Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
De estos dos mandamientos depende TODA la ley y los profetas.

La prioridad del amor, así como la estrecha relación entre el amor a Dios y el amor al prójimo, también se expresa en el "nuevo mandamiento" de Juan 13:34:

Un mandamiento nuevo os doy:
Que os améis unos a otros;
como yo os he amado, que también os améis unos a otros.

Todos los mandamientos se cumplen en el amor. Todos los mandamientos están orientados hacia el amor, y su cumplimiento es una manifestación de amor hacia Dios, como respuesta ante el amor que Dios ha profesado primero hacia su pueblo. Entonces, los mandamientos no son órdenes, porque no puedo ordenarle a nadie que ame. Para que el amor sea amor debe surgir de un compromiso que uno toma libremente. Por eso, los mandamientos son opciones; son consejos y enseñanzas de Dios para una vida buena. Ante ellos, nosotros siempre podemos decir sí o no.

Entonces, "Y mandó Jehová Dios al hombre, etc..." no puede ser una orden. Esto desarticula el primer aspecto del esquema de interpretación en el que hay una orden, una pena y una tentación que es "no hay pena".

 

2. La pena

2.1. ¿Dios de la muerte?

La pena sería "morirás", algo así como "yo te sentencio a muerte por desobedecerme". De este modo, se establecería una relación entre Dios y la muerte. Sería un Dios listo para generar muerte.

Veamos el contexto. Dios crea al ser humano (vida humana); crea el huerto (vida vegetal) para que se sostenga la vida humana; pone un río que se divide en cuatro ramas, llenas de agua para que florezca la vida, la vida en abundancia; luego, crea la vida animal, y finalmente la vida humana en comunidad. Un Dios que crea vida, en cada versículo crea vida y más vida... ¿Y en el centro de esto aparece una sentencia de muerte? No parece plausible.

El verbo "morirás" solamente calzaría en este contexto si no lo tomamos como una pena, sino como una advertencia frente a las consecuencias que pueda acarrear comer del fruto. Si Dios está creando vida, vida plena y en comunidad, y dice "no comas del fruto porque morirás", significa "no comas del fruto porque vas a destruir la vida". Por eso es que entra la muerte. De este modo, vemos que existe una relación entre comer del fruto y aquello que es ANTI-VIDA. El fruto es el elemento que aparece representando la anti-vida.

Vemos cuán fácil es que nosotros mismos destruyamos la vida en comunidad. Vemos, por ejemplo, la vida que tenemos en nuestra congregación y nos asombra y decimos: "Dios mío, esto es terriblemente frágil". Así como, al examinar con atención nuestro cuerpo podemos ver cuán frágil es; es muy fácil matar a un ser humano. Y también es fácil acabar con la vida animal. Todo el tiempo estamos extinguiendo especies animales y vegetales por el saqueo y la contaminación del medio ambiente, que además provoca muertes humanas por todo el mundo.

Pero eso no lo hace Dios. Son consecuencias de nuestros actos contra la vida. Ésa es la advertencia: "no coman del árbol porque van a destruir la vida". Es una advertencia, no una pena. No hay una orden que deba cumplirse ni una pena de muerte por no cumplirla. Hay una enseñanza para que cuidemos la vida que Dios ha creado.

Éste es un Dios de la vida. No hay relación posible entre este Dios y la muerte. Es un Dios anti-muerte. Está advirtiendo del peligro de que pueda entrar la muerte a este lugar en donde Él creado sólo vida. Y toda vida ha sido creada en función del ser humano: vida vegetal, animal y comunitaria para servir al ser humano. Por eso, la advertencia de Dios es también "no comas del árbol porque te vas a destruir a ti mismo como consecuencia". Es una advertencia para que nos cuidemos a nosotros mismos. El ser humano tiene que asumir la responsabilidad de decidir si come o no del árbol. El mensaje de Dios es: "Yo te enseño cómo cuidarte, pero la decisión final es tuya". No es una orden. Parece imposible decirle a alguien: "Cúidate a ti mismo, es una orden".


2.2. ¿Temor al castigo?

Después de la transgresión, se ve que el hombre y la mujer se asustan y se esconden. ¿Tenían miedo porque Dios los iba a castigar por su desobediencia? Veamos Génesis 3:7-9:

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos;
entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día;
y el hombre y la mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios
entre los árboles del huerto.
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo:
¿Dónde estás tú?
Él respondió: "Oí tu voz en huerto y tuve miedo porque..."

¿ ...me ibas a matar o a castigar porque infringí la ley? ¡No! Dice "porque estaba desnudo y me escondí".

No tenía miedo de ningún castigo, porque no había ningún castigo implicado. Como consecuencia de comer del fruto, el hombre y la mujer se dieron cuenta de que estaban desnudos. Por eso se escondieron. Es una consecuencia de comer del fruto. No es un castigo.

En Génesis 2:25 vemos el clímax de la creación. La creación ya está completa, y el broche de oro es "y estaban desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban". He ahí la perfección de la creación. En la desnudez. La confianza absoluta del uno hacia el otro sin nada que esconder. Es precisamente esto lo que se rompe como consecuencia de comer del fruto. Inmediatamente después de que ella come del fruto, el texto dice:

...y él comió, así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos y conocieron que estaban desnudos.

Inmediatamente. No hay una pena de por medio. No hay una intervención de Dios. Es simplemente la consecuencia de comer del fruto. La consecuencia de la que Dios había advertido: "no vayas a comer del fruto porque vas a destruir tu vida". Es el corazón mismo de la creación el que se destruye. De aquí en adelante, la vida del hombre y la mujer empezará a convertirse en un desastre.


3. La tentación

Recordemos el modelo orden-pena-tentación que estamos analizando. En este modelo, la supuesta tentación sería "no hay pena". Desde nuestra perspectiva, esta idea ya parece insostenible puesto que no hemos encontrado la supuesta pena en el texto bíblico. Verdaderamente "no hay pena".

Indaguemos por un momento en busca de pistas que nos muestren cuál es verdaderamente la "tentación" de Génesis 3. Efectivamente, la "tentación" presentada por la serpiente empezaría con la afirmación "no moriréis". Sin embargo, ofrece además todo un menú de posibilidades (Génesis 3:5-6).

...sabe Dios que el día que comáis de él
serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer
y que era agradable a los ojos y árbol codiciable para alcanzar sabiduría.

Aquí hay cuatro aspectos a destacar, más otros tres aspectos que son la serpiente (¿qué es lo que representa la serpiente?), por qué dice que la serpiente es astuta (¿se necesitaba astucia para vivir en Edén?) y por qué dice que es un animal del campo y no un animal del huerto. Es decir, tenemos siete aspectos -que espero analizar en prédicas posteriores-, que nos pueden orientar en la búsqueda de la verdadera "tentación". El texto nos deja muchas pistas para que nos quede claro de qué se trata esta "tentación", que no es simplemente "no moriréis", sino una serie de otros aspectos mucho más profundos.

 

Conclusiones: ¿Evangelio de muerte o evangelio de vida?

A estas alturas, nos parece completamente insostenible el esquema orden-pena-tentación que se desprende de la interpretación del "pecado original" como desobediencia. Esto podría parecer una simple volada teológica, exegética... pero resulta que no es así. Eso es lo terrible, porque esta idea que hemos refutado impregna nuestra forma de predicar el evangelio.

Nuestro concepto del pecado original necesariamente está relacionado con cómo entendemos el pecado en general y, por lo tanto, con nuestra idea de salvación del pecado y el rol de Jesús. Por ello, influye directamente sobre el evangelio que predicamos y el evangelio que vivimos.

Entonces, si decimos que el pecado original es desobediencia, seguida de una pena de muerte. El evangelio que predicamos es el siguiente:

"Arrepiéntete, pecador, porque estás condenado por la pena muerte que Dios impone sobre ti. Dios te ha condenado a muerte y la única forma de que te salves es que te aferres al sacrificio de Cristo, que pagó en tu lugar con su sangre".

O sea, es un canje. Dios quiere matarnos por ser pecadores; pero, en nuestro lugar, Dios pone a su propio hijo, lo mata y, con eso, sacia su sed de sangre. Y ahí queda. Ése es todo el evangelio. La resurrección no entra para nada. Si creemos que el pecado original es desobediencia, tenemos que quedarnos con ese evangelio, cuyo Dios es juez y verdugo.

Por otro lado, si decimos que "mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás porque el día que de él comieres ciertamente morirás" es una enseñanza para que el ser humano cuide de sí mismo y del resto de la creación, nuestra imagen de Dios cambia radicalmente. Es un Dios de vida, un Dios salvador que no quiere que caigamos en las garras de la muerte. Esto nos lleva a un evangelio que se predicaría de la siguiente manera:

"Amigo, Dios quiere salvarte. Estás muerto como consecuencia de los pecados del mundo y de tus propios pecados; pero Dios te invita a formar parte de un nuevo proyecto, una nueva humanidad iniciada con Cristo, aquel que venció a la muerte".

Es un evangelio centrado en la resurrección. Es un Dios que da vida, como el Dios que está en Génesis 2. La muerte de Cristo sólo tiene sentido por la resurrección, la victoria de Dios sobre la muerte y, con ese poder, Él nos invita a formar parte de una nueva humanidad que se llama Iglesia o Cuerpo de Cristo. Es un proyecto de vida. De este modo, el evangelio de muerte, centrado en la cruz, se nos convierte en un evangelio de vida; una invitación a formar parte de un proyecto de vida que vence al pecado, que vence a la muerte, una muerte que es consecuencia del pecado y no castigo de Dios.

Esto nos lleva a revalorar los sacramentos: el Bautismo y la Santa Cena. En el Bautismo, el creyente da testimonio a su comunidad de que ha renacido junto a Jesús. En la Santa Cena, la carne y la sangre de Cristo pasan, simbólicamente, a formar parte de nuestra propia carne y de nuestra propia sangre. Así, representamos nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo, la iglesia, la nueva humanidad. Por eso Pablo dice: "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados" (I Co 15:22). Se refiere al contraste entre la vieja humanidad que está muerta a consecuencia del pecado, representada en Adán, y la nueva humanidad que funda Cristo y que tiene vida eterna junto a Él.

Y eso implica un trabajo enorme a lo largo de nuestra vida. No tiene nada que ver con la otra visión. Si tomamos el pecado original como desobediencia y nos quedamos con ese evangelio de muerte, entonces aceptamos el sacrificio expiatorio de Cristo... ¡y listo! Se fueron los pecados mágicamente y, como están todos condenados en este mundo gris, terrible, en el que no vale la pena vivir, clamamos "¡Señor, ven pronto!". Y ahí nos quedamos, cantando coritos mientras viene el Señor y rogando que se "cumplan" lo más pronto posible todas las profecías del Apocalipsis.

En cambio, en este otro evangelio -es OTRO evangelio-, vemos que dan ganas de vivir porque hay mucho trabajo por delante... ¡y para eso tenemos al Espíritu Santo con nosotros! Estamos llamados a reconstruir el mundo, hacer una nueva humanidad.

Por eso Jesús decía: "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Juan 17:15). Podríamos agregar: ¡Déjalos en el mundo porque tienen harto trabajo que hacer!

Y por eso tan importante, en la Santa Cena, discernir el cuerpo de Cristo (I Co 11:29). ¿Quién es el cuerpo de Cristo? Nosotros somos el cuerpo de Cristo. Pablo dice hartas cosas sobre el cuerpo de Cristo, que se parecen harto a las analogías que hacían en la época entre el cuerpo humano y organizaciones políticas y sociales; pero el detalle que agrega Pablo es que las partes menos dignas son las que se cubren con más decoro (I Co 12:23). ¿Cuáles son las partes menos dignas del cuerpo de Cristo? Los que para el mundo son motivo de vergüenza, los que hay que esconder: los pobres, los marginados. Entonces, en la iglesia debe ser al revés: cubrir con más decoro las partes más vergonzosas, otorgar la mayor importancia y dignidad a los más pobres, los más necesitados, los más sufridos.

Eso es lo que implica discernir el cuerpo de Cristo. Es vivir de una forma diferente. Y para eso tenemos que aprender a analizarlo todo y a seleccionar lo que sí calza con el proyecto de la nueva humanidad que estamos construyendo permanentemente de generación en generación.

Éste es un proceso muy dinámico, que implica no sólo crecer numéricamente, sino crecer cada uno de nosotros: ser más a la imagen de Jesús.

Y voy a terminar insistiendo en el evangelio de la resurrección y la vida, leyendo Efesios en versión popular:

Pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, al glorioso Padre,
que les conceda el don espiritual de la sabiduría y se manifieste a ustedes,
para que puedan conocerlo verdaderamente.
Pido que Dios les ilumine la mente,
para que sepan cuál es la esperanza a la que han sido llamados,
cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da al pueblo santo,
y cuán grande y sin límites es su poder, el cual actúa en nosotros los creyentes.
Este poder es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia
cuando resucitó a Cristo
y lo hizo sentar a su derecha en el cielo,
poniéndolo por encima de todo poder, autoridad, dominio y señorío,
y por encima de todo lo que existe, tanto en este tiempo como en el venidero.
Sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo,
y a Cristo mismo lo dio a la iglesia como cabeza de todo.
Pues la iglesia es el cuerpo de Cristo, de quien ella recibe su plenitud,
ya que Cristo es quien lleva todas las cosas a su plenitud

Efesios 1:17-23

 

 

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Hans de Wit (1988). He visto la humillación de mi pueblo