Citar como: http://www.puertachile.cl/articulos/nuevaera.htm

 

El impacto de la "New Age"

por Carlos Mendoza Álvarez, o.p.

Artículo publicado en el desaparecido diario "La Época"
Santiago de Chile, domingo 24 de septiembre de 1995

 

1. Características principales de la Nueva Era
1.1 Comunidades emocionales  1.2 La conspiración de la Nueva Era
1.3 El paso iniciático  1.4 La espiritualidad de la Nueva Era
1.5 Una religiosidad posmoderna  1.6 Lo desconocido y lo incognoscible


2. Sobre la fe cristiana en tiempos de crisis
2.1 ¿Una nueva religión?  2.2 El diálogo ecuménico en estos tiempos
2.3 Necesidad de un replanteamiento cosmológico  2.4 El problema de la trascendencia

3. Ética y comunicación de ágape
3.1 La imaginación poética  3.2 La credibilidad del mensaje
3.3 Aprendiendo a dialogar  3.4 La fuerza poética y política de la encarnación

 

1. Características principales de la Nueva Era

Síntoma de la reconstrucción de la experiencia de modernidad en Norteamérica parece ser el plural concepto de verdad que se traduce, sobre todo en el ámbito religioso, en la coexistencia de todas las tradiciones engullidas como bien de consumo por el individuo urbano según su percepción del mundo, sus emociones profundas y sus deseos vitales. Este fenómeno parece ser directamente proporcional al grado de urbanización en esta aldea planetaria en que vivimos actualmente.

Un cierto equivocismo de la verdad subyace a muchas de las propuestas de nuevos movimientos religiosos (NMR) en expansión en todo el orbe. La propuesta de un movimiento religioso es que posee una verdad sagrada, revelada por la divinidad e intocable, que redimirá a los iniciados. Y al mismo tiempo, los bienes religiosos han pasado a tomar parte del mercado de consumo en el que cada cual hace su mejor marketing. El pluralismo se hace mercado.

1.1 Comunidades emocionales:

Danièle Hervieu-Léger analizó en Francia, desde una perspectiva de sociología de la religión, el fenómeno de los NMR como expresión del retour des certitudes que caracteriza este fin de milenio. Según la hipótesis de la autora, estas comunidades emocionales son favorecidas por el clima de aislamiento provocado por la tecnificación del trabajo en las ciudades o el fenómeno más reciente de la marginalidad social producida por la técnica. El sujeto urbano industrial busca así establecer un equilibrio de relación, apertura, bienestar y belleza que corresponden exactamente a aquello que no le ofrece el trabajo -o el desempleo- de la red producción-consumo.

Desde otra perspectiva más antropológica, Juan María Mardones ha analizado en Cataluña este fenómeno como una de las expresiones mayores de la posmodernidad, en los tiempos del desencanto de la razón y de las utopías colectivas, que vienen a sustituir precisamente los NMR con su sentido de comunidad, de apertura a la trascendencia y de relación neo romántica con la naturaleza.

1.2 La conspiración de la Nueva Era

Un fenómeno religioso reciente en la zona de los nuevos mestizajes culturales (sur de los Estados Unidos y norte de México) es la autodenominada Nueva Era o conspiración de Acuario. Según el análisis de Rausis, que presentamos a continuación, la lógica interna de este difuso y extenso movimiento religioso a escala planetaria radica en su poder de dar respuesta a las expectativas del ser masificado de las metrópolis. Su problema será, como lo veremos, la confusión entre el orden psicológico y el espiritual. El código de lenguaje utilizado por la New Age es una mezcla heterogénea de espiritualidad judeocristiana medieval, gnosticismo, sabiduría oriental, conciencia ecológica y esoterismo. Veamos algunos antecedentes.

Paul Lecour, autor de "La era de Acuario", primer libro que trata de la Nueva Era, escribe:

En 1936 entendí que la era de Acuario vería el retorno de Cristo anunciado por el signo de Acuario, así como el signo de Piscis anunció su primera venida. El zodíaco (zo-diáconos significa "servidor de la vida") me pareció, desde aquel entonces, como un libro Profético, revelando la historia pasada, presente y futura de la vida en la tierra.

Esta intuición de una conclusión de la historia humana o, al menos, de la época que estamos viviendo, es muy común. "¿Cómo dudar que hemos llegado a uno de los momentos más patéticos de nuestra historia? Vivimos una crisis sin comparación desde el diluvio", escribe el Papa Pío XI. Muchos dicen que estamos por llegar al final de una era, de un gran capítulo del libro de la historia humana: el final de un reino en el cual la mayor parte de las instituciones parecen ya agotadas. Los signos de esta conclusión son numerosos, y numerosas también las personas que se dan cuenta, por varias razones, de este cambio profundo que nos toca vivir en los próximos años: situación económica catastrófica, crisis políticas, pérdida de la fe por muchas personas, fenómenos naturales como terremotos o erupciones volcánicas, ruidos de guerra, epidemias, corrupción, multiplicación de las sectas y de los falsos profetas, sueños y visiones impresionantes, etcétera.

No se necesita mirar a las estrellas para darse cuenta de que un cambio drástico se está dando en el mundo entero. Esta toma de conciencia fue la que provocó la investigación de Marilyn Ferguson, a quien podemos considerar la "gran sacerdotisa" de la Nueva Era. Su libro "La dulce conspiración de Acuario" fue el principio de un movimiento cuya fuerza nadie esperaba. Como lo constata Ferguson, esos cambios intervienen en todos los campos: culturales, científicos, espirituales, políticos, etcétera. En enero de 1976, Ferguson publicó un editorial titulado: "El movimiento que no tiene nombre". En este artículo trata de captar el Zeitgeist muy paradójico que determina este movimiento. Al mismo tiempo es pragmático y trascendental; busca la iluminación y el ocultismo, el poder y la humildad, la interdependencia y la autonomía. En pocos años, el movimiento "contaminó" la medicina, la educación, las ciencias sociales, las ciencias exactas y hasta las instituciones gubernamentales en los Estados.

Este movimiento se caracteriza por ser una cadena de "organizaciones fluidas", es decir, ni jerárquicas ni dogmáticas. Su meta es la facilitación del cambio de era que estamos viviendo. Pero presupone que este cambio nunca se puede provocar, sino sólo acompañar y facilitar. Por lo tanto, no se trata de una organización política. En su pensamiento, trata de integrar la ciencia y la magia, el arte y la tecnología.

Otra cosa que es necesario especificar es que el cambio, por lo general, no es provocado por una reflexión de tipo intelectual, sino más bien por una experiencia de tipo emocional, aunque venga enseguida la reflexión. La mayoría de los defensores de este cambio de paradigma dicen haber vivido tales experiencias provocando cambios interiores drásticos en ellas. Las causas de eso pueden provenir de una práctica contemplativa, una enfermedad grave, una excursión en regiones salvajes, una emoción paroxística, un esfuerzo creativo, una técnica de meditación, un uso de drogas, una lectura, un concierto, un sueño, etcétera.

La conspiración de Acuario se enlaza con los mitos, las metáforas, las profecías y la poesía del pasado. Dentro de los grandes precursores de esta revolución cultural hay que citar, primero, a las grandes corrientes religiosas (budismo, taoísmo, cristianismo, gnosticismo, sufismo, etcétera) y sobre todo los místicos como Maestro Eckhart (siglo XIV), el más citado, por su concepción a medio camino entre Oriente y Occidente.

1.3 El paso iniciático

Para entrar verdaderamente a la Edad Nueva, tenemos que cruzar un paso, un pórtico. Después, la realidad cambiará por completo. Esta experiencia puede manifestarse de muchas maneras. Ferguson describe algunas de las técnicas que pueden provocar este cambio. El biofeedback, la oración encantatoria, la música, la pintura, el teatro, la contemplación de la naturaleza, la hipnosis, las técnicas de meditación como el zen, el yoga, etcétera, la psicosíntesis, la danza sufí o la de los concheros, las historias como los koanes japoneses o los cuentos místicos, las técnicas chamanistas, la teosofía, la terapia primal, la Gestalt Therapie, el Tai chi, el rolfing, los deportes solitarios, los retiros, los seminarios, etcétera.

Ferguson distingue cuatro etapas generales. La primera es la "introducción" o el medio de acceso capaz de sacudir la vieja concepción del mundo. Puede sencillamente ser un libro, un curso, un encuentro, etcétera.

Se le llama una "visa para Xanadu". Aparecen los signos, a lo largo del camino, y cuanto más se les pone atención, se multiplican. Pero interviene también el miedo. La aventura siempre es imprevista y son muchos los que prefieren tener lo que ya tienen que arriesgarse en un camino poco seguro.

La segunda etapa es la "exploración", la búsqueda de un medio para lograr la verdadera transformación. Muchas veces, después de una experiencia transformadora, uno se vuelve a los reflejos antiguos: consumista, quiere probar todas las técnicas; competitivo, quiere comparar su progresión a la de los demás. Este sujeto todavía no ha salido del viejo paradigma.

La tercera etapa es la "integración". Poco a poco cambia el ser profundo. Uno puede referirse a un gurú (o upaguru), pero es el maestro interior el que tiene que manifestarse. De repente aparecen nuevos amigos, nuevas relaciones, nuevas posibilidades. Todo se organiza en función del nuevo cuadro. Se presentan nuevos sistemas para acceder a los conocimientos. La intuición se adelanta a la comprensión racional. Por lo tanto, la necesidad de convalidar lo experimentado se vuelve siempre más grande.

La cuarta etapa es la "conspiración". Se descubren allí nuevas fuentes de poder y nuevos medios para utilizarlos con la meta de su propio desarrollo y del servicio a los demás. El conspirador se da cuenta de que su propia historia es parte de otra mucho más amplia. Descubre poco a poco, a través de lo que vive, un proyecto cósmico. Como lo dice Dag Hammarskjöld: "Tengo la impresión de no escoger, sino más bien de ser escogido" (Ya lo habla escrito San Juan evangelista mucho siglos antes).

El "crecimiento de la conciencia" que resulta de este paso se traduce en una aprehensión más global, una percepción más aguda, un gusto por el riesgo, una confianza en la vida, un sentido del humor, una atracción por el juego de las circunstancias, una fascinación por el misterio, etcétera. La intención de incrementar su poder personal ("el Poder justo") no consiste en el deseo de la propia valorización, sino en una mejor capacidad para jugar su papel en la sociedad. El sistema político promovido por los conspiradores es la autarquía, es decir, el gobierno por sí mismo.

1.4 La espiritualidad de la Edad Nueva

Se puede decir que el único dogma de la Edad Nueva es la primacía del espíritu sobre la materia. Este rasgo fundamental nos permite colocar este movimiento en la línea gnóstica en la cual se encuentra la mayoría de las sectas o movimientos llamados heterodoxos desde hace dos mil años. Por el contrario, la Nueva Era es una dulce conspiración contra la violencia del paradigma mecanicista. Enseña que para salir de este mal paso, hay que invertir los valores y volver a poner lo espiritual encima de la materia. George Trevelyan escribe:

Una civilización materialista es extrovertida (...) Admite que la materia es, si no la única, al menos la primera realidad. La percepción espiritual nos enseña lo contrario. Dice que el universo del Espíritu creador es primero. De allí proceden la materia y los fenómenos del mundo material. En una comprensión espiritual del mundo, entender es mirar la faz interna de las cosas y moverse en la esfera de la Conciencia que siempre se agranda.

Este acrecentamiento de la conciencia es sumamente importante para los discípulos del nuevo paradigma. Dicho movimiento empieza por una concentración cuya práctica nos lleva a la conciencia de nuestra propia conciencia (conciencia trascendental). Poco a poco, llegando a esta interiorización máxima de su conciencia, el hombre alcanza el punto extremo en el cual su conciencia ya no se distingue de la conciencia del universo (conciencia cósmica). En fin, el conocimiento extático con la conciencia del universo se identifica como experiencia mística, es decir, como encuentro amoroso con la realidad última, el Espíritu de Dios (conciencia divina).

1.5 Una religiosidad posmoderna

El nuevo paradigma se inscribe en la dinámica de la posmodernidad. Favorece siempre la aprehensión personal e individual de la realidad y, por lo tanto, valoriza lo interior. Se rechazan las prácticas religiosas basadas sobre un acto de fe comunitario y una ritualidad determinada. Ya no se trata de someterse a la doctrina impuesta por una jerarquía poseedora de la verdad. Al contrario, la nueva espiritualidad acentúa la experiencia, la comprensión interior y existencial de los valores y favorece el sentimiento subjetivo de la presencia del Espíritu.

Por lo tanto, se entiende muy bien por qué la Edad Nueva se involucra mucho con la mística y más con el chamanismo. El chamán viaja en los niveles inferiores y superiores del universo, comunicándose con los difuntos, con los espíritus de todo tipo y con las potencias invisibles.

En la tierra, dos fuerzas se juntan para alimentar al hombre despierto: la fuerza cósmica y la fuerza telúrica. En el mundo existen puntos neurálgicos (cosmotelúricos) en los cuales esas dos fuerzas se manifiestan con una gran intensidad. Son los chakras de la tierra, la cual se considera como un ser vivo. La mayoría de ellos se sitúa en antiguos lugares sagrados como Teotihuacán, el monte Saint-Miguel en Bretaña, Nuestra Señora de París, el templo de Angkor, Machu Picchu, el Tadj Mahal, el Potala de Lhassa o las pirámides de Giza.

1.6 Lo desconocido y lo incognoscible

La gran confusión de la Nueva Era se resume, a nuestro juicio en una confusión entre lo psicológico y lo espiritual, tomando, muchas veces, el uno por el otro. Es evidente que no existe una pura espiritualidad: toda vida espiritual, incluso la de los más grandes santos, se manifiesta en un cierto contexto psicológico. No podemos separar las dos cosas. Sin embargo, sí hay que distinguirlas.

En cuanto a los fenómenos sicológicos, no son negativos en sí mismos, pero sí pueden desvirtuarse y dar la espalda a muchas desviaciones. Hay que mencionar los dos principales riesgos: la alucinación y la inflación del ego. La experiencia mística, como encuentro con la realidad divina, es la confrontación, cara a cara, de un sujeto (aquel que tiene esta experiencia) y de un objeto (la realidad apuntada). En este encuentro, cada una de ambas partes sigue siendo ella misma, aunque hundida en la relación mística y amorosa. Podemos hablar de alucinación cuando desaparece el sujeto, quien se absorbe en la realidad apuntada y pierde toda capacidad para controlar lo que pasa. Al contrario, se puede hablar de inflación cuando se oculta el objeto espiritual y se diviniza el ego.

 

2. Sobre la fe cristiana en tiempos de crisis

La actitud de las iglesias históricas frente a los nuevos movimientos religiosos (NMR) está más bien marcada por la desconfianza y el prejuicio de poder. Desde su óptica, se denomina "sectas" indistintamente a todos esos movimientos, cuando ese fenómeno sociológico podría muy bien aplicarse a grupos pertenecientes a esas mismas iglesias históricas pero que ejercen un control de opinión, de rito y de moral sobre sus miembros.

Este miedo proyectado en los NMR refleja, a mi modo de ver, dos cosas importantes: la dificultad para aceptar un mundo plural y laicizado incluso en lo religioso; y, por otra parte, la dificultad para expresar comprensiblemente el mensaje de la fe al ser urbano industrial, producto de la modernidad científico-técnica.

El problema de la ideología sectaria es subsidiario de esta problemática más fundamental porque ésta toca precisamente la cuestión de la significatividad del discurso religioso para el sujeto moderno.

 

2.1 ¿Una nueva religión?

Estadísticas recientes afirman que el 92 por ciento de los conspiradores de la Nueva Era en los Estados Unidos rechaza las Iglesias y que el 78 por ciento rechaza no solamente las Iglesias sino todo tipo de enseñanza cristiana sobre Dios. Un porcentaje muy bajo del 2 por ciento dice identificarse con las Iglesias y la fe cristiana. Sin embargo, el 95 por ciento de los mismos se definen como seres espirituales.

Es interesante contemplar el esquema propuesto por Massimo Introvigne para plasmar la evolución del pensamiento cristiano durante estos últimos siglos. Primero, en el siglo XVI viene la reforma protestante que apunta al lema: "Cristo sí, Iglesia no". Después, en los siglos XVII y XVIII, pasamos a la Ilustración con la aparición del deísmo y su lema: "Dios sí, Cristo no". En el siglo XIX, aparecen los maestros de la sospecha: Freud, Nietzsche y Marx, con su lema: "Religión sí, Dios no". En fin, en el siglo XX, la Nueva Era inaugura su lema: "Espiritualidad sí, religiones no". Es muy notable el movimiento de empobrecimiento en el cual se van perdiendo, sucesivamente, los términos Iglesia, Cristo, Dios y religión. ¡Pero ahí estamos! No hay que taparse los ojos, sino tratar de guardar, en el nombre del Evangelio, el diálogo con este mundo así como es.

 

2.2 El diálogo ecuménico en estos tiempos

La discusión es apasionada entre discípulos y enemigos de la Nueva Era. Los primeros afirman su apertura a Cristo, reconocido como el mayor Maestro de todos los tiempos. Los segundos les reprochan una reinterpretación del cristianismo que ya no tiene nada que ver con la religión tradicional. Cada una de las dos facciones en presencia acusa a la otra de traicionar el verdadero espíritu de Cristo: los cristianos clásicos con su dogmatismo petrificado, su moralismo culpabilizante y su clericalismo autoritario; los partidarios del nuevo paradigma con su espiritualismo gnóstico, su sincretismo confuso y su ocultismo sospechoso. La batalla que se desarrolla en una literatura considerable no contribuye sino a desorientar más al público. La información se vuelve desinformación. Como lo dice Emmanuel Levinas, la impresión de absurdo, que muchos comparten, no viene de una ausencia de sentido, sino más bien de la multiplicación de los sentidos posibles dentro de los cuales uno ya no sabe escoger. Ya llegó el tiempo del ecumenismo, no solamente con las grandes religiones mundiales, sino también con los NMR que representan, de hecho, una nueva gran religión del mundo (alrededor de 97 millones de personas). A esos elementos, Raúl Berzosa agrega los siguientes:

El sentido de fraternidad universal, de paz, de armonía; de toma de conciencia, de esfuerzo para mejorar el mundo, de movilización de fuerzas para el bien, de nuevas formas de meditación. (...) Otros rasgos positivos: la denuncia del totalitarismo empírico y científico, el redescubrimiento de lo simbólico, la valorización de la complejidad de lo real, una visión antropológica del hombre integral, el rechazo tanto del materialismo y consumismo como del cinismo y escepticismo, y el renacimiento de las utopías en los campos culturales, feministas, ecológicos, económicos, de salud y de equilibrio sociocultural.

 

2.3 Necesidad de un replanteamiento cosmológico

Los conspirantes de la Edad Nueva lamentan la ausencia de una verdadera Weltanschaung, o sea una cosmovisión, en la doctrina cristiana. Los cristianos la tenían todavía en la Edad Media, pero ya se perdió. Es claro que el núcleo de la vida cristiana es la fe; sin embargo, el núcleo no es nudo, sino que se envuelve en un contexto: una totalidad capaz de unir al mundo, al hombre y lo divino.

Últimamente, varios teólogos han intentado paliar esta carencia (Moltmann, Fox). Sin embargo, cabe recordar, al respecto, algunos puntos esenciales del pensamiento cristiano. Como lo escriben Karl Lederberger y Peter Bieri:

En oposición a la ecuación mítica entre visión religiosa y visión cósmica, en la vida de fe cristiana el yo religioso del hombre se libera de su inserción en lo colectivo y lo cósmico. Es claro que el hombre sigue siendo un ser natural ligado, en parte, al cosmos, pero puede y debe tomar sus distancias frente a la Madre Naturaleza, así como el niño frente a su madre, para alcanzar la toma de conciencia de su propio ser. Su relación con el origen divino, tiene que encontrarla de otra manera que por el sentimiento de su fusión cósmica, es decir por una decisión libre de la fe es parte integrante de su madurez (...) en relación con un "partenaire" personal situado más allá del universo creado.

 

2.4 El problema de la trascendencia

Sin embargo, la cuestión más grave de las nuevas corrientes espirituales es la de la trascendencia. Ya hemos señalado algunos rasgos de este problema; sin embargo, queremos volver a subrayarlo. En el discurso de varios profetas de la Nueva Era, la terminología puede parecer similar a la cristiana. Sin embargo, escudriñando los conceptos, nos damos cuenta de que traen consigo una significación totalmente ajena a la doctrina cristiana. El cielo no es sino el espacio intersideral, el lugar de las influencias astrológicas; Dios no es personal sino una fuerza indeterminada sin rostro ni identidad; la gracia es una pura energía que, con buenas técnicas, se puede controlar y manejar; en fin, la vida eterna se concibe como la simple proyección de una existencia mundana, movida por la búsqueda del placer.

Ninguno de esos conceptos desemboca en lo trascendente. El mundo queda cerrado sobre sí mismo. Para escapar a la soberbia del "cientismo", en el cual se divinizaba la razón, ¿no hemos caído en la ilusión de la "cientología", en la cual se hace la Divinidad sola emoción? A fin de cuentas, ¿no será la filosofía de la Nueva Era un puro "materialismo psicologizado"? Y, por lo tanto, una pregunta se forma, en el fondo de nuestro corazón: En un mundo así cerrado sobre sí mismo, ¿cuál puede ser la esperanza de la humanidad?

 

3. Ética y comunicación de ágape

El problema mayor de los NMR está ubicado, sin duda, en la idea de experiencia religiosa. Para ellos se trata de una experiencia de bienestar espiritual, un mundo soft, estético, en el que las personas encuentran un cierto desarrollo armónico. Pero los elementos de la negatividad del proceso de la experiencia se hallan ausentes. En efecto, las experiencias límite de la condición humana no son asumidas por este paradigma. La experiencia religiosa judeocristiana, en concreto, asume la percepción de Dios precisamente desde la negatividad: el sufrimiento del inocente o de la víctima inmolada. Por eso estas confesiones afirman que la religión es más que iluminación, porque su principal virtud consiste en suscitar en el creyente una experiencia original de trascendencia en tanto acción de Dios interpretada como "inspiración". Tanto el judaísmo como el cristianismo comparten esa misma intuición fundacional.

Muy probablemente los NMR están marcados por una intuición gnóstica que pervade las prácticas de meditación, el rechazo de las iglesias institucionales y de los valores epistémicos y éticos que proponen para el grupo. En el marco de referencia cristiano -que afirma la relativa autonomía de la creación-, el reto está en poder asumir la secularización incluso de la experiencia religiosa, manifestada en los NMR que son portadores de valores y experiencias significativas (insisto, distingamos los NMR de la mentalidad sectaria), antes de prejuzgarlos con los criterios del propio discurso.

El desafío más tremendo se encontrará justamente en poder responder -mediante el testimonio y la creatividad agápica- a este desafío. Me explico. En un mundo polisémico como el de los NMR, la identidad cristiana no puede querer controlar las experiencias religiosas de todos los que buscan una experiencia de trascendencia. Las iglesias han de renunciar al afán de poder religioso -restauración, neocristiandad, y hasta ciertas interpretaciones de la nueva evangelización- si quieren aportar su horizonte propio de comprensión a partir del amor de Cristo (que antes llamamos amor de ágape para distinguirlo del amor-eros).

Vivir la experiencia original del cristiano, es decir, el dinamismo de vida nueva a la que ha nacido el creyente al recibir la palabra de Cristo, ése será el mejor puente de diálogo con los NMR. Superando el miedo a la diferencia, el cristiano podrá así vivir -pacífica aunque tensionalmente- su presencia en medio de la búsqueda religiosa plural y autorregulada que caracteriza a las sociedades de nuestro tiempo.

3.1 La imaginación poética

Esta subversión de valores (yendo del poder religioso al testimonio de la fe) es posible gracias a la virtud de lo que Ricoeur llamó la "poética generativa" que desencadena un proceso de lectura-recepción-creatividad-testimonio en el hermeneuta creyente. A partir de esta experiencia fundante -que Alison ha interpretado como imaginación escatológica a partir de la teoría mimética de René Girard- si es posible para el cristiano situarse en el multiverso de los NMR, sin miedo a perder su identidad crística, el talante profético de la palabra que anuncia y la vocación escatológica de la humanidad que conlleva su mensaje.

Pero lo que para el filósofo Girard es la efervescente subversión de la víctima sacrificada, para el teólogo Schillebeeckx será "historia humana narrada en relatos de Dios". Es decir, obra humano-divina en la trabazón de la historia común de mundos de la vida de las identidades en diálogo (Dios y la humanidad).

La versión peruana de esta misma intuición, es lo que Gutiérrez pensó como la revelación de Dios en el sufrimiento del inocente: llamada a la praxis y al seguimiento de Cristo. Esta manifestación de Dios viene de y vuelve a la caridad política, lugar por excelencia de la teofanía del Justo.

La imaginación poética es, en suma, el dinamismo de la "fe que obra por la caridad" y el horizonte de comprensión creyente que abre nuevos derroteros de sentido. Esa misma imaginación suscita renovado ardor de caridad, fidelidad al mensaje de un Padre común, experiencia de salvación y apertura esperanzada en la resurrección de la carne realizada por Cristo Jesús, sobre todo desde su fondo más radical, la carne que ha sido prostituida o victimada.

3.2 La credibilidad del mensaje

Perdón y promesa abiertos a la natalidad -según lo proponía Arendt- están en la base de la experiencia de la polis en la que seguirá viviendo el sujeto mientras mantenga la vigilancia de su identidad. Es precisamente en el seno de esta vita activa que aparece la necesidad de la vita contemplativa a la que formalmente responde la práctica religiosa. Pero la "existencia confesante" abarca ambos correlatos para ser, al fin, acción y pensamiento, vida del ser humano de cara a la trascendencia de Dios manifestada en el Hijo.

Los "signos de credibilidad" que busca el sujeto moderno se expresan muy probablemente en esta doble vertiente: interpretativa y práxica. Una interpretación de la creación como primer lugar de "religación a la trascendencia" (Tomes Queiruga) que valora positivamente todo fenómeno religioso, articulándose con una interpretación de la fe cristiana vitalizada por su experiencia fundacional de resurrección. La vertiente práxica, siendo la ética de la misericordia aplicada a las nuevas y antiguas miserias de la condición humana, suscitando experiencia de perdón, reconciliación y creación de comunidad en el seguimiento del crucificado y resucitado en quien está nuestra paz.

3.3 Aprendiendo a dialogar

El aprendizaje del "diálogo de identidades", a partir de la ontología de la relación y del lenguaje, aparece pues como el verdadero desafío que lanza hoy a las iglesias la modernidad en crisis. Diálogo que será posible mientras haya sujetos distintos, diferenciados y abiertos a la alteridad. Diálogo que no es solamente tenis de palabras, sino capacidad de hacer juntos la verdad (cf. Jn 3:18), o mejor, de recibir juntos la verdad que se manifiesta como "Infinito que nos llama" (Descartes, Levinas) a vivir el dinamismo de Dios cuyo acto único es creación-revelación-redención (Rosenzweig).

3.4 La fuerza poética y política de la encarnación

Por último, señalemos la piedra angular de la arquitectura existencial del cristiano, a saber: la confesión de la plenitud de la manifestación del Dios vivo en el acontecimiento de la "encarnación de su Logos" para rescatar y dar vida a lo que estaba caído. Ese es, para la comunidad de creyentes, el acontecimiento fundacional de experiencia, de su imaginación poética y de su praxis de discípulo.

A partir de ahí se establece, pues, una criteriología de conocimiento y de acción que justifica las dos actitudes fundamentales del creyente, a saber: 1) la percepción de Dios en la historia de la experiencia del ágape, fuente de la fe y de la teología; 2) la relación ética de transfiguración del mundo en Reino-que-adviene por gracia de Dios y acogida gozosa del pueblo creyente, en el seno de los conflictos de su historia, y en la espera escatológica del retorno del Mesías glorioso.

El desafío perenne para los cristianos se manifiesta entonces como una ruptura con la violencia de este mundo condenado a la vanidad, gracias a la fuerza de la experiencia fundacional del Crucificado y Resucitado, en Quien el universo tiene su consistencia y El que es destino de comunión universal. Sin olvidar que el testimonio de los creyentes ha de ser presencia vivificante para todas las víctimas de la historia.

Los modelos sociales y religiosos por los que se configura históricamente esta esperanza del creyente son, por lo tanto, vocación y tarea de amor de ágape para todos los que "tengan sus ojos puestos en las cosas de arriba" (Col 3:2).-

 

Artículos relacionados:

¿Qué es el "New Age"?

New Age, fe cristiana y modernidad