Citar como: http://www.puertachile.cl/articulos/nowar.htm

 

Carta desde Irak

Textos y fotografías por Thorne Anderson

Traducción de R. Castillo S. publicada originalmente en el
Centro de Medios Independientes, 26 febrero 2003

Versión original en inglés: Letter from Iraq en Trifecta Press
Fotografías extraídas de Thorne Anderson: Iraq on the Edge

 

 

Esta carta fue enviada por Puerta del Rebaño a los medios de comunicación y autoridades chilenas antes de la invasión norteamericana a Irak. Poco después, recibimos una carta de agradecimiento del autor.

 

Belgrado, 12 de julio de 2002

 

Siento descargar una sola carta larga para todos ustedes. No era mi intención, pero esto es lo que se derramó al escribir. Escribo para informarles a los amigos y a la familia que estoy en casa en Belgrado después de pasar un mes en Irak. Kael estuvo en Belgrado conmigo la semana pasada. Ella acaba de volver de 10 días en Albania con el NY Times. Antes de eso, estuvo en Bosnia con US News. Tuvimos suerte de poder coincidir en casa. Esta semana, ella está de vuelta en Bosnia con el NY Times.

Algunos de ustedes me han escrito con preocupación por mi seguridad en Irak, pero ésta fue fácilmente una de las asignaciones más seguras que me han tocado. En todo mi tiempo en Irak, a pesar de la conciencia intensa de la amenaza de un ataque inminente de los EEUU, no conocí ni un solo iraquí que tuviera palabras duras conmigo. Los iraquíes saben distinguir muy bien entre el gobierno de los EEUU y un ciudadano de los EEUU. Algunos amigos y parientes ya se preguntan también por qué quiero volver a Irak, como estoy comprometido y ansioso de hacer. Es que me parece que como fotógrafo, Irak es donde mejor puedo tener un rol que haga una pequeña contribución. Trabajé para Newskweek y Time mientras estuve en Irak, pero ese tipo de trabajo se ha hecho realmente secundario para mí. Hago lo que puedo para influir (de maneras pequeñas, bien lo sé) en qué tipo de historias publican esas grandes revistas, pero en última instancia sus reportajes no valen casi nada cuando se trata de confrontar lo inhumano de la política externa norteamericana en Medio Oriente. Voy a seguir trabajando para Newsweek y Time (y con otros medios corporativos) en historias que no considero ofensivas, pero la mayor parte de mis esfuerzos voy a dedicarlos ahora a alcanzar medios alternativos y a apoyar grupos anti-guerra en los EEUU. Espero poder tener tiempo pronto para ir a los EEUU a un tour de conferencias o algo así.

El 13 de febrero de 1991, una bomba norteamericana de precisión abrió un agujero en el techo del refugio anti-aéreo de Ameriyya en Bagdad. Una segunda bomba de precisión pasó a través del agujero y explotó matando a 408 civiles, incluidos casi 100 niños, que se protegían en su interior. Ahora el refugio está abierto al público, como un recordatorio de las bajas civiles de la guerra de 1991.

Se habla mucho acerca de si los EEUU van a ir a la guerra con Irak o no. De lo que mucha gente no se da cuenta es que los EEUU ya está en guerra con Irak. Hice dos viajes el mes pasado a la zona de vuelos restringidos creada por los EEUU con Gran Bretaña y Francia en el sur de Irak. De hecho sería mejor rebautizar la zona como "zona donde nosotros solamente volamos" o "zona donde bombardeamos". Ese "nosotros" se refiere a los EEUU, que es el que mayormente vuela y bombardea (Francia dejó de hacerlo hace años y Gran Bretaña es solamente un participante nominal). Hay otra zona restringida en el norte, que los EEUU dice mantener para proteger a los kurdos, pero si bien los EEUU impide que entren aviones iraquíes a la región, no hace nada para impedir o siquiera criticar a Turquía (aliado de los EEUU) cuando ha volado en el norte de Irak en numerosas ocasiones para bombardear comunidades kurdas.

El bombardeo turco de Irak palidece en comparación con el norteamericano. Los EEUU han estado bombardeando Irak semanal y a veces diariamente por los últimos 12 años. Hubo siete muertes civiles en estos bombardeos hace 2 semanas, y me dicen que murieron más civiles la semana pasada, pero estoy seguro de que no aparecieron mucho -o nada- en la prensa de los EEUU. Se calcula que el bombardeo norteamericano ha matado 500 iraquíes sólo desde 1999. De hecho, creo que el número sería mayor si se toman en cuenta los efectos del uso masivo de uranio agotado (DU) en los bombardeos. Los EEUU han dejado caer mucho más de 300 toneladas de este material radiactivo en Irak (30 veces la cantidad que se tiró en Kossovo) desde 1991. Parte de este uranio está contaminado aun más con otras partículas radiactivas de neptunio y plutonio 239, quizás el más carcinogénico de todos los materiales radiactivos, y esas partículas se están empezando a encontrar en las muestras de agua subterránea. He pasado un montón de tiempo en los atestados pabellones de cancerosos de hospitales iraquíes. Desde que comenzó el bombardeo, las tasas de cáncer han aumentado cerca de seis veces en el sur, donde el bombardeo norteamericano y los niveles de uranio son más severos. Los aumentos más pronunciados se dan en leucemia y cáncer pulmonar, renal y de tiroides, asociados con envenenamiento por metales pesados como el uranio.

Un depósito de chatarra tóxica en las afueras de la aldea de Safwan en el sur de Irak está lleno de restos de vehículos destruidos con las municiones de uranio agotado usadas en los ataques norteamericanos y británicos.

Pero el arma más letal es el intenso régimen de sanciones. El costo de estas sanciones es una de las historias menos reporteadas de la última década en la prensa norteamericana. He visto unas pocas referencias a las sanciones recientemente en la prensa de los EEUU, pero invariablemente ellas desacreditan sutilmente las preocupaciones humanitarias al usar declaraciones del gobierno iraquí y no las estadísticas de agencias internacionales. Mi descuidado colega de Time, por ejemplo, reporteó hace poco que "el gobierno iraquí culpa a las sanciones por la muerte de miles de niños de menos de 5 años de edad". Eso simplemente no es verdad. El gobierno iraquí, de hecho, culpa a las sanciones por la muerte de más de un millón de niños menores de 5 años. Pero dejemos de lado esta cifra, porque no hay necesidad de confiar solamente en el gobierno iraquí, y refirámonos en cambio a informes de la UNICEF y la OMS, que culpan directamente a las sanciones por la muerte de aproximadamente medio millón de niños menores de 5 años y de cerca de un millón de iraquíes de todas las edades. Todos tenemos una idea del duelo de los Estados Unidos después de los ataques del 11 de septiembre. Usando las crudas matemáticas de las cifras de víctimas, multipliquen uds. ese dolor por 300 y ubíquenlo en los corazones de un país que tiene la décima parte de la población de los EEUU, y ahí quizás podremos tener un idea general de qué tipo de sufrimiento se le ha inflingido al pueblo iraquí en la década pasada.

El mayor asesino de los niños iraquíes es la deshidratación por diarrea causada por enfermedades que se transmiten por medio del agua potable, las que son amplificadas por la destrucción intencional de plantas de tratamiento y sanitación hídrica por parte de los EEUU. El plan de los EEUU de destruir estas instalaciones y de suprimir su reconstrucción fue esbozado justo antes de la guerra del Golfo de 1991. El documento de enero de 1991 del Departamento de Defensa, "Vulnerabilidades del Tratamiento de Aguas en Irak" detalla detenidamente cómo la destrucción de estas instalaciones y su posterior inhabilitación como consecuencia de las sanciones llevará a "incidencia de aumentos, si no epidemias, de enfermedades". Lo que puedo reportar por mi estadía en Irak es que todo está saliendo de acuerdo al plan. El cólera, la hepatitis, la tifoidea (antes casi desconocida en Irak) son ahora muy frecuentes. La malaria y por supuesto la disentería son rampantes, y la inmunidad a todo tipo de enfermedades es extremadamente baja. Incluso los niños suficientemente afortunados de tener un insumo diario suficiente de calorías, corren el riesgo de perderlo todo con la diarrea. Cerca de 4000 niños mueren al mes de inanición y de enfermedades prevenibles en Irak, un aumento de 6 veces con respecto a mediciones pre-sanciones.


Las aguas servidas se acumulan en las calles del vecindario de Jurnurriyah en Basra. El régimen de sanciones ha obstruido la reconstrucción de las instalaciones sanitarias deliberadamente destruidas por las fuerzas de la coalición durante la guerra de 1991.

El tratamiento de las enfermedades en Irak se complica por la incapacidad de los hospitales de conseguir los medicamentos que necesitan a través del muro de sanciones. En un hospital de Bagdad me encontré con una madre de un niño muy enfermo de 1 año de edad. Después de la ceremonia de circuncisión, se supo que el niño tenía una enfermedad congénita que inhibía la capacidad de coagulación de su sangre, con el resultado de hemorragia excesiva. El caso se complicó al sufrir el niño una caída y una lesión en la cabeza que lentamente anegaba el cerebro en su propia sangre. En cualquier otro país el niño simplemente tomaría dosis regulares de una droga llamada factor VIII, y podría llevar una vida relativamente normal. Pero un envío de Factor VIII fue "suspendido" por los EEUU (prohibido importarlo), por lo que el médico, la madre y yo, sólo pudimos mirar cómo moría el niño.

Mucho se habla de la supuesta posesión de armas de destrucción masiva por parte de Iraq, pero las armas de mayor destrucción allí son las sanciones, el uso de uranio agotado, y la destrucción de la infraestructura sanitaria y de salud. La situación es tan mala, que Dennis Halliday, antiguo coordinador de ayuda humanitaria para la ONU en Irak, tomó la dramática decisión de renunciar a su cargo en protesta por las sanciones. "Estamos destruyendo una sociedad entera", escribió Halliday. "Es tan simple y tan terrorífico como eso. Es ilegal e inmoral". Y Halliday no está solo. Su sucesor, Hans Von Sponeck, también renunció en protesta y más aún, describió las sanciones como genocidio. Estos no son extremistas de izquierda. Son funcionarios de carrera que optaron por tirar por la borda sus carreras en la ONU antes que dar apoyo tácito a las políticas poco éticas impulsadas por los EEUU.

Estar en Irak me mostró la devastación extrema que la política de los EEUU (guerra y sanciones) ha causado allí, y me ha dado una idea de los horrores que traería otra guerra. Y, por supuesto, un ataque a Irak sería sólo el comienzo de una terrible reacción en cadena en el Medio Oriente y el resto del mundo. Con mi experiencia de trabajo en Afganistán, Pakistán, Israel y Palestina el año pasado, tengo una conciencia muy clara de cómo la frágil política y equilibrio de poderes fuera de Irak podrían ser afectados por una invasión norteamericana. Es fácil imaginar la tragedia inminente de enormes proporciones que nos enfrenta, y me pregunto quién debe dar un paso adelante y tomar la responsabilidad de impedirla. Claramente el actor más poderoso es el gobierno de los EEUU, pero es igual de claro que no podemos dejar de participar y esperar realistamente que el gobierno de los EEUU vaya a revertir el impulso que ha creado para la guerra. Así que siento encima de mí el peso de la responsabilidad, mía y de los ciudadanos de los EEUU, de hacer lo que podamos por nuestros medios individualmente pequeños pero colectivamente poderosos para cambiar el curso de la política de nuestro gobierno. Trato de imaginarme a mí mismo 10 ó 20 años a futuro, y no quiero verme reflexionando sobre las enormes tragedias del principio de siglo y admitir que no hice nada para denunciarlas o impedirlas.

Natham Nasen, un niño de nueve años que recientemente perdió su vista por el cáncer de piel, se oculta del doloroso contacto de los rayos solares sobre su rostro. El área de la aldea de Safwan, donde vive Natham, está envenenada con una alta concentración de desechos de uranio agotado.

No sé cómo les va a sonar esta carta a mis amigos y a mi familia que viven en los EEUU, donde los medios hacen muy poco para cuestionar de manera efectiva la política norteamericana, y casi nada para estimular a los ciudadanos a que participen para poder hacer cambios. Me imagino que esta carta les puede sonar como el discurso vociferante de algún extremista o de un disidente anti-americano. Pero yo no la siento así. No lo siento tanto como un asunto político, sino como un asunto personal. Me siento apabullado a una nivel muy humano ante el sufrimiento que la política de los EEU ya está causando, y me aterra el prospecto de un futuro aún más caótico y violento. Y seamos honestos acerca de las metas de la política de los EEUU. Los que en el gobierno están empujando la guerra, dicen que lo hacen para promover la democracia, para proteger los derechos de las minorías, y para sacar de la región las armas de destrucción masiva. ¿Pero acaso los EEUU está amenazando con atacar Arabia Saudita o la hueste de otros aliados de los EEUU que tienen sistemas antidemocráticos? ¿Cuántos de nosotros estarían a favor de ir a la guerra con Turquía por la brutal represión de su minoría kurda y de los kurdos de Irak? ¿Y acaso esperamos que los EEUU bombardee Israel o Pakistán, que tienen cientos de armas nucleares? Recordemos que jefes del anterior equipo de inspectores declararon que el 95% de las capacidades iraquíes de armas de destrucción masiva habían sido destruidas. Y no olvidemos que en los 80, cuando Irak estaba usando de hecho armas químicas contra los kurdos y el ejército iraní, los EEUU no tenían nada que decir al respecto. Al contrario, en esa época el Presidente Reagan envió un delegado a Irak para normalizar relaciones diplomáticas, para apoyar su guerra con Irán, y para ofrecer subsidios de comercio preferencial para Irak. Ese enviado llegó a Bagdad el mismo día en que la ONU confirmó el uso de armas químicas por parte de Irak, pero no dijo absolutamente nada al respecto. Ese enviado, a propósito, era Donald Rumsfeld.

Mientras que Irak probablemente tenga poco armamento para amenazar los EEUU, lo que sí tienen es petróleo. Según un estudio reciente de los campos petroleros de Qurna occidental y de Majnoon en el sur de Irak, puede que tengan las mayores reservas de petróleo, superando las de Arabia Saudita. Seamos honestos sobre las metas de la política norteamericana y preguntémonos si podemos, a conciencia, apoyar la destrucción continuada de Irak con el fin de controlar su petróleo. Creo que la mayoría de los norteamericanos -republicanos, demócratas, verdes, morados, lo que sean- estarían igual de horrorizados por los efectos de las sanciones sobre la población civil de Irak si tuvieran la ocasión simplemente de ver el lugar, como lo he visto yo, en sus dimensiones humanas. Si pudieran ver Irak como una nación de 22 millones de madres, hijos, hijas, profesores, doctores, mecánicos y limpiadores de ventanas, y no simplemente como un solo villano de caricaturas. Creo genuinamente que mi visión de Irak coincidiría con comodidad con la opinión mayoritaria si la mayoría de los norteamericanos pudiera ver Irak por sus propios ojos y no simplemente a través de la mirada de un establishment mediático que se ha acostumbrado sin más a ignorar la muerte y la destrucción que perpetúan la política exterior de los EEUU. Mientras los medios norteamericanos se quedan pegados en los males del "régimen represivo de Saddam Hussein", que son reales y a la vez muy exagerados, ¿con qué frecuencia se nos recuerdan los horrores de la primera guerra del Golfo, cuando murieron más de 150.000 (el ex ministro de Marina, John Lehman, calculó 200.000)? Simplemente no creo que la mayoría de los norteamericanos pudiera conocer cara a cara al pueblo iraquí y declarar de todo corazón que se merecen otra guerra.

Creo en los valores fundamentales de la democracia: la protección de los que menos tienen poder ante los caprichos de los más poderosos. Creo en los ideales de la ONU como un foro donde resolver conflictos internacionales sin violencia. Estos son valores de centro, y son exactamente los valores que más se ven amenazados por la actual política de los EEUU. Es por eso que, como ciudadano de los Estados Unidos y como miembro de la humanidad, no puedo estar tranquilo mientras haya algo, cualquier cosa, que pueda hacer para hacer una diferencia. Con amor, Thorne.

 

Sitios y documentos relacionados:

Saludos desde Irak (agradecimiento de Thorne Anderson)

Voices in the Wilderness, Campaña para terminar con las sanciones económicas contra el pueblo de Irak

Thorne Anderson: Iraq on the Edge

Peter Turnley: The unseen Gulf War (Lo que no se vio de la Guerra del Golfo) en The Digital Journalist

¿Y los cuerpos de la Tormenta del Desierto? en Clarín.com

Irak: la mortalidad infantil se dispara en El Mundo, 3 de enero de 2003