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New Age, fe cristiana y modernidad

por Julien Ries

Publicado en "Artes y Letras" de El Mercurio, 6 de febrero de 1994

Aparecido originalmente en italiano en La Nouva Europa

 

1. El fenómeno New Age
1.1 Introducción 1.2 El fenómeno gnóstico
1.3 La formación del movimiento llamado New Age 1.4 Los precursores del New Age

2. La doctrina de la New Age

2.1 Una antropología holística 2.2 Una visión inmanentista de Dios
2.3 El hombre es el salvador de sí mismo

3. Fe cristiana y New Age
3.1 La gnosis antigua y los padres de la Iglesia 3.2 Ante el año 2000
3.3 El discernimiento de la fe cristiana

 

1. El fenómeno New Age

1.1 Introducción

Hemos visto en Europa una primera gran expansión de sectas tras la Segunda Guerra Mundial. Esta difusión siguió al desembarco de las tropas americanas que estaban acompañadas por misioneros de grupos religiosos, principalmente Testigos de Jehová y mormones. Los Testigos de Jehová, movimiento milenario fundado por el presbiteriano americano Charles Russel (1852-1916), predican una renovación del mundo dominado por Satanás. Esta renovación se inspira en ciertos textos bíblicos. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, fundada por el pastor metodista Smith (1805-1844) pretende referirse a Mormón, rey de Israel, y anuncia el retorno de Cristo. Este anuncio se hace por medio de una fraseología bíblica.

La segunda ola de sectas es la de las Jugendreligionen, religiones de los jóvenes, cuyo origen se sitúa también en los Estados Unidos pero después de 1968, en el ámbito de la respuesta al reto de la sociedad occidental. Se trata, sobre todo, de la Conciencia de Krsna, del gurú-Maharaj Ji, de los Neosannyas, de la Meditación Trascendental, de los Hijos de Dios, de la Iglesia de la Cienciología. Hay que añadir a éstas la Iglesia de la Unificación del Cristianismo Mundial, de Moon.

Estas nuevas religiones tienen una estructura especial: un maestro divino, el gurú, es el que detenta la autoridad, el jefe, el guía. Él conoce la fórmula de la salvación, la verdad sobre el hombre, el modo de transmitir el mensaje (llamado también "principios divinos"). Todo se lleva a cabo a través de la iniciación, en grupos que unen a los jóvenes, dándoles una seguridad y prometiéndoles un mundo mejor. La libertad es sustituida por la fascinación y la manipulación. La inspiración es oriental: India, Corea, China, Japón. Las doctrinas derivan del hinduismo, del budismo, del taoísmo, con algún elemento tomado del Evangelio. Estos últimos sirven, sobre todo, para que la mercancía (no tenga que pagar la aduana) traspase la aduana a su paso por occidente.

Alguna de estas nuevas sectas constituye una microsociedad, en la que la familia es sustituida por el grupo, y los padres por el líder. La secta desarrolla su propaganda sobre el tema de la inmanencia del peligro en un mundo en crisis, de la guerra y de la aniquilación, del peligro nuclear, del mundo dominado por Satanás. A todo esto se añade una metamorfosis de lo sagrado. Lo nuevo sagrado llena el vacío dejado por la secularización de nuestras sociedades occidentales.

 

1.2 El fenómeno gnóstico

El gnosticismo de los primeros siglos de nuestra época tiene tres raíces: el judaísmo apocalíptico de después de la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70; las religiones místicas del mundo helénico y, sobre todo, los ritos de Orfeo y de Osiris; algunas corrientes cristianas. El gnosticismo ha nacido en un mundo en plena transformación política social y religiosa: conquista de Alejandro el Grande, encuentro de las culturas de Asia y del mundo mediterráneo, encuentro de las teologías solares, de los dioses de oriente y de occidente y búsqueda de la salvación para el hombre. Es el mundo helénico de principios de nuestra era.

La gnosis, gnôsis, es una conciencia que procura la salvación: iluminación que procede del mundo superior, revelaciones e iniciaciones. La gnosis preconiza la existencia de dos mundos: el mundo superior, luminoso, espiritual, armonioso; y el mundo inferior, mundo de la materia, de los cuerpos, del cambio, de la violencia, de las tinieblas, de la muerte. Para explicar este mundo perverso y del mal, los maestros gnósticos han recurrido a los mitos dualistas de Irán y del próximo oriente.

El gnóstico, es decir, "el que sabe", está motivado por un ánimo que es una partícula divina caída en un cuerpo tenebroso. Esta partícula debe ser reanimada por un mensaje divino que provenga de un revelador. En la gnosis más perfecta, fundada por Mani (216-277), el revelador es una encarnación del Paráclito celeste anunciado por Jesucristo. Hemos conservado los nombres de algunos célebres maestros gnósticos: Valentín en el siglo II, Teodoto, Eracleón, Marción, Bardesanes, Basílides en el siglo III. El reciente descubrimiento de una biblioteca copta del siglo IV en Nag-Hammadi en el Alto Egipto, nos permite volver a encontrar verdaderamente las doctrinas gnósticas. Con Mani, la gnosis se ha convertido en una iglesia que su fundador presenta como la verdadera Iglesia de Jesucristo, institución de salvación para la humanidad. Las distintas doctrinas gnósticas y maniqueas son auténticos y verdaderos sincretismos.

Tras la desaparición del Imperio Romano, las doctrinas gnósticas y maniqueas prosiguieron su camino. Las volvemos a encentrar en los Paulicianos llegados de Armenia, en los Bogomilos, en los Cátaros, los Albigenses; en una palabra, en aquellos movimientos dualistas de la Edad Media que tuvieron la ocasión de implantarse en la época de las cruzadas. Algunas de estas doctrinas han experimentado una renovación a partir del siglo XIX, en otro contexto de sincretismo religioso, en la teosofía de Hélene Blavatzky y de Annie Besant, y en la antroposofía de Rudolf Steiner, dos movimientos aún muy vivos hoy día.

 

1.3 La formación del movimiento llamado New Age

En 1980 en Estados Unidos, Marilyn Ferguson publica un libro que será todo un acontecimiento, "Los hijos del Acuario", para un nuevo paradigma. Hacia finales del siglo XIX, los astrólogos habían anunciado la era del Acuario para fines del siglo XX. Ferguson habla de la puesta en marcha de una revolución planetaria. Sueña con un nuevo milenio, una época de liberación del espíritu. De la misma forma que el descubrimiento del fuego, de la rueda, de la escritura y de la imprenta han cambiado la cultura, la civilización y al hombre; también los espectaculares descubrimientos modernos cambiarán el mundo, al hombre, al espíritu humano. Será un nuevo marco, un nuevo paradigma (paradeigma, según el término griego). Estos nuevos individuos serán los hijos del Acuario, transformados por la ciencia y por la mística, por los hechos biológicos, por la sociología y por lo sagrado. Esta transformación del hombre viejo en hombre nuevo será rapidísima, si el movimiento continúa y se amplía. Los medios de comunicación y distintas fuerzas ocultas actúan en este sentido. Las ideas son difundidas por círculos ocultistas, por sectas orientales, por teósofos y por antropósofos, por grupos ecologistas, por movimientos de religiosidad pagana. Estos sueños, difundidos en primer lugar en el crisol californiano, han conquistado profundamente los Estados Unidos y han pasado rápidamente a Europa, donde son muchos los adeptos de la reconciliación de la razón y el corazón, de la inteligencia y la emoción. La lista de grupos, de asociaciones y de publicaciones que actúan al servicio del New Age aumenta continuamente. En 1990, existían en Francia 25 periódicos, 15 grupos y un centenar de libros.

 

1.4 Los precursores del New Age

Se ha dedicado un importante libro a los precursores: Marie France James, "Los precursores de la era del Acuario", aparecido en Montreal en 1985. Entre estos precursores está, en primer lugar, el movimiento esotérico-ocultista del espiritualismo y del teosofismo y el orden rosacrociano Amorc. Citemos dos personajes: Allan Kardec (1804-1869), Eliphas Lévi (1810-1875). Hay que pensar también en René Guénon (1886-1951), fundador del esoterismo en la perspectiva de una tradición primordial.

El segundo precursor es el movimiento francés Atlantis, de Paul Le Cour (1871-1954) que publica en 1937 "La era del Acuario", y que anuncia una nueva gnosis y una edad de oro, así como la próxima venida de Cristo, con el fenómeno del esoterismo cristiano y gnóstico.

Tercer precursor: la sociedad teosófica y la sociedad antroposófica. Aquí nos encontramos con el mismo fondo de religiosidad del New Age, con los fundamentos de una nueva religión mundial. Recientemente, algunos de los líderes que han abandonado este movimiento han alertado seriamente contra el New Age, porque rechaza la historia, y, por lo tanto, cierra los ojos ante numerosos peligros; porque es un movimiento que orienta a la apostasía de todos los creyentes; porque pretende construir una nueva raza humana a imagen del proyecto de Hitler y del nazismo, cuyo punto inflexible de un gobierno mundial estaba constituido por el orden negro de las SS.

 

2. La doctrina de la New Age

En oposición a todos los dogmas de las demás religiones, el New Age vehicula doctrinas que sus adeptos consideran como dogmas a los cuales adherirse.

 

2.1 Una antropología holística

La palabra "holístico" indica la totalidad de las actitudes humanas, o sea, de la psique, del cuerpo y del ambiente. El término "holismo" es usado con frecuencia. Según los adeptos, la aproximación holística del ser humano es indispensable para llegar a un cambio de vida. Para los que apoyan el New Age, el cuerpo del hombre no es nada más que un vestido, ya que el hombre esencialmente es un espíritu o principio divino inmortal que posee un alma sutil que une el espíritu al cuerpo.

Las distintas técnicas de educación giran en torno a la adquisición de una nueva toma de conciencia para comprender al hombre y la vida. Se parte de la primacía del espíritu sobre la materia. El espíritu es el dominio del Ser absoluto y de la inteligencia creadora. El espíritu es creador y fuente de todo que procede de él. El espíritu es la parte interior de las cosas.

En esta visión holística, es fundamental la conciencia cósmica universal de la que participa la conciencia individual. En efecto, todo se basa en la conciencia: el hombre, la naturaleza y el cosmos forman un todo. El hombre se reconoce como un fragmento de la conciencia cósmica, una parte del todo cósmico. En esta perspectiva, la educación es una "educación transpersonal" que se dirige a la capacidad trascendente del ser humano: se trata de un "despertar" como en el budismo. Se nos podría preguntar, por otra parte, si la doctrina budista de la momentaneidad no es el aspecto fundamental de la antropología del New Age.

Esta antropología tiene una particular visión de la función del cerebro del que deriva el potencial humano. Cada uno de los hemisferios cerebrales -se dice- puede trabajar y desarrollarse independientemente como un centro de conciencia separado. El cerebro derecho es el del corazón, el del instinto, el de la fantasía, de los sueños y de las percepciones totalizantes. El cerebro izquierdo es el de la razón, el del lenguaje, el de la organización. Está mucho más desarrollado en los occidentales. El New Age preconiza la armonía de los dos cerebros gracias a la meditación, a los encantamientos, a la poesía, a la espiritualidad que proviene de India.

La antropología del New Age opta por un cuerpo sacralizado, lugar de exploración de una dimensión que va más allá del cuerpo. Se considera que más de 500 terapeutas hacen de grandes sacerdotes de las técnicas terapéuticas. Se trata de una terapia verdadera y apropiada, pero que se prevé onerosa para quien se compromete en ella. El engranaje es sutil. A estas terapias se sobreponen ponen técnicas para conocerse mejor y para vivir mejor: bioenergía, psicoterapia, gimnasias de relajación orientadas a la plenitud, sofropsique o búsqueda de la armonía de la conciencia, meditación zen y disciplinas orientales. El yoga se usa como método que favorece el equilibrio y la concentración. Los estados místicos serían explicables por el mero funcionamiento del cerebro. Para algunos protagonistas, el acceso a la dimensión mística puede realizarse a través de la droga, considerada como medio de iluminación. Con esto se explica la moda del LSD en los Estados Unidos.

 

2.2 Una visión inmanentista de Dios

En el New Age no existe teología, es decir, discursos sobre Dios. Dios no es una persona, sino la "suma de la conciencia que existe en el universo", el Espíritu universal e impersonal. Dios es conciencia cósmica y cada hombre posee un potencial divino. El hombre debe conquistar una conciencia interior de su propia divinidad. Dios, el hombre y el mundo tienen el mismo origen. Presentándose como la era del Acuario, época no sólo poscristiana sino que acaba con el reinado de todas las religiones, el New Age elimina el yugo de Dios y hace libre al hombre. La conciencia divina de la que se beneficiará el hombre debe asegurarle el amor fraterno, la felicidad y la paz.

Así, según el New Age, la futura religión es una universal, en la que cada uno sigue su camino en un proceso de transformación personal. Cada uno tiene su despertar místico que es prolongación de la conciencia. Algunos hablan de conciencia crística, de despertar de la energía universal, de la unidad. Dios es el principio unificador que reúne a los seres y a las cosas. Los seres excepcionales como Buda, Krishna, Jesús, son grandes portadores de lo divino.

En una tal visión inmanentista, el culto es la meditación. Se prevén algunas fiestas: por ejemplo, la fiesta de Navidad. Se mantienen lugares de peregrinación, como Delfos, Chartres, Stonehenge, Carnac.

 

2.3 La salvación: el hombre es el salvador de sí mismo

En el New Age no se trata ni de pecado, ni de perdón de los pecados, ni de salvación, sino de "despertar". Este despertar es una nueva cualidad de la conciencia. Volvemos a encontrarnos con el vocabulario budista (el satori) e hindú (el samadhi). Se trata de la experiencia de una vida nueva, de una fusión con el Ser universal, con la conciencia cósmica. Es una experiencia de felicidad, de belleza, de amor que viene del descubrimiento del propio yo. Después se emprende el viaje hacia la conquista de la libertad interior. Se ve la influencia del budismo. El yo en transformación es un arquitecto y un visionario que busca un nexo directo con lo espiritual. Esta espiritualidad decreta el fin de todas las religiones organizadas y de todas las iglesias. El contacto directo con lo divino es una gnosis, puesto que el saber sustituye a la creencia y a la fe, y para el hombre no existe interlocutor divino. La salvación está en la conquista de un nuevo saber que permita la expansión de la conciencia. Paralelamente a la vía budista, algunos de los que apoyan el New Age insisten en la vía del tao, que es también un despertar y una técnica del renacimiento.

Por tanto, no hay huellas de la verdad de una revelación o de la certeza de la fe: el New Age es un saber sin doctrina(s). La única certeza sostenida por el New Age es la incapacidad de las distintas religiones de acceder y de posibilitar el acceso a la verdad.

El sincretismo inherente al New Age lleva consigo una herencia inevitable: la doctrina de la reencarnación transmitida por la gnosis y por las religiones orientales, pero también por el espiritualismo, por la teosofía, por la antroposofía y por las distintas corrientes esotéricas y exotéricas (públicas). Esta doctrina se ve reforzada por la insistencia en la energía cósmica y en la idea de retorno a la edad de oro que conducen directamente a la concepción del tiempo cíclico, fundamento de la reencarnación. La transmigración de las almas, heredada de la India, y los temas reencarnacionistas constituyen la trama del New Age, cuyos seguidores comparten la idea de una vida anterior a la actual, una vida -puede ser- vivida a otro nivel, ya que plantas, animales y seres humanos tienen en suerte la misma energía cósmica. En torno de la antropología del movimiento se dan numerosas especulaciones misteriosas.

Para algunos -como ya se ha dicho- el hombre considerado como microcosmos está compuesto por un cuerpo que es sólo vestido, una envoltura del Espíritu divino inmortal, ligado a este cuerpo por un alma. Para otros adeptos, esta religiosidad sería la del hombre moderno o posmoderno. En efecto, se trata de una religiosidad elemental, cercana a la religiosidad del hombre primitivo. El sincretismo del New Age está formado por vestigios procedentes de las religiones antiguas, o bien tomados prestados de las grandes religiones, o de las sectas y de los movimientos religiosos recientes. Podemos decir que constituye un caso extremo en el campo del sincretismo religioso.

 

3. Fe cristiana y New Age

3.1 La gnosis antigua y los padres de la Iglesia

El New Age es un sincretismo gnóstico que no tiene ya el mismo valor que el gnosticismo antiguo. A este último los Padres de la Iglesia le han dado una respuesta que los cristianos de hoy pueden retomar. Nosotros rescatamos la de Ireneo, obispo de Lyon, lugar donde, hacia el año 180, redactó su obra, Adversus haereses.

Él opone la teología y la cristología de San Pablo a la gnosis. Y, para concluir, desarrolla la antropología cristiana. Muestra que el hombre es creado a imagen de Dios y está destinado a la perfección. Los gnósticos valentinianos pretendían oponer al hombre material el hombre espiritual. Ireneo señala la unidad espiritual de la humanidad en el centro de la cual se encuentra Cristo, Verbo de Dios encarnado, acontecimiento central de la historia. A los mitos gnósticos opone los documentos fundantes de la fe cristiana. Cristo recupera y reasume en sí al hombre en su totalidad y toda su historia desde Adán. El primer hombre ha sido modelado por Dios y ha salido virgen de las manos de un Dios Creador. Cristo, nuevo Adán, es el Verbo divino nacido de la Virgen María a fin de ser la cabeza de una nueva humanidad que gracias a Él alcanza su perfección. De esta forma, al sincretismo gnóstico, que pretendía recuperar el estado original perfecto del hombre espiritual y divino caído en la materia, Ireneo contrapone el acontecimiento cristiano de la encarnación y de la redención y el hombre nuevo que, a imagen de Cristo y a través de Él, recupera la dignidad primordial y el propio cumplimiento de criatura de Dios.

 

3.2 Ante el año 2000

Estamos en los umbrales del año 2000 y esta fecha ejerce una auténtica fascinación sobre nuevos aspectos contemporáneos: miedo, tensión, viraje del mundo, catástrofe ecológica o nuclear, angustia generalizada. El New Age se presenta como una respuesta tranquilizante para el hombre moderno aterrorizado.

Se trata de un modo y de una necesidad nueva de religiosidad, de una nueva sacralidad. El New Age presenta la unidad transcendente de las religiones, una espiritualidad creada por la prolongación de la conciencia, de la meditación, de la terapia, las aspiraciones místicas, el encuentro con lo divino, por una sagrada emoción. Prevé la realización de la personalidad, una psicología dinámica, experiencias de luz, de amor, de energía, de paz. El New Age se presenta como una nueva fascinación del mundo y del hombre, y defiende la causa de una visión holística, es decir, unificada de los seres y de las cosas. Trata de oponerse al mundo desarticulado de la ciencia y del racionalismo y propone al hombre moderno descubrir su yo transpersonal, uniéndose a la energía cósmica y divina. En otras palabras, el New Age piensa en una transformación artificiosa de todos los niveles de la realidad. Incluso la ciencia debe hacerse gnóstica y mística. Este vasto proyecto fascina al hombre moderno desilusionado por las desagradables experiencias del siglo XX.

 

3.3 El discernimiento de la fe cristiana

El New Age es un movimiento milenario que ha tomado su impulso en la crisis de la sociedad occidental. Su interés por la religiosidad, por la espiritualidad, las medicinas alternativas, las místicas, así como por la simbología, constituye una reacción contra las taras de nuestra civilización tecnológica y materialista. Por desgracia, su desarrollo sincretista representa un inmenso peligro que conduce al desprecio y al rechazo de los grandes valores de la religión y de la cultura.

La vuelta a lo sagrado exige un serio discernimiento a causa del amalgamiento que existe en el sincretismo de espiritualidad oriental y de huellas de sacralidad pagana.

Esta amalgama puede conducir a una manipulación ideológica a través de las sectas y de sus emisarios. La vuelta a lo sagrado puede convertirse en un retorno al paganismo. La divinidad sin rostro de la gnosis representa un peligro que corre el riesgo de transformar al hombre a su imagen. Los métodos de la meditación zen, del sofisma, del yoga, del taoísmo, pueden suponer seducciones peligrosas. No olvidemos que para el cristiano el discernimiento constituye un acto de higiene espiritual. La espiritualidad oriental debe provocar e invitar al cristiano occidental a descubrir un patrimonio bimilenario de experiencias religiosas.

Frente a todos estos mesianismos del New Age, el cristiano es invitado a redescubrir en profundidad las riquezas del verdadero Mesías, Jesucristo, Salvador del hombre. El cristiano no necesita el LSD u otros alucinógenos para descubrir el rostro de Cristo, para aspirar a la beatitud evangélica o a la felicidad y a la paz.

El New Age habla de un Cristo-cósmico, de un Cristo-energía, del Espíritu crístico universal encarnado en Buda, en Krishna, en Mahoma y considera las religiones particulares como manifestaciones de la única Verdad.

Sobre esta base, se trataría hacer de la gnosis la nueva religión de la nueva humanidad.

Frente a este Cristo-cósmico, el cristiano ve su fe en el Jesucristo histórico que sigue respondiendo a las súplicas del hombre moderno. En los ámbitos de una búsqueda confusa de espiritualidad, de un mensaje y de un itinerario nuevo, el cristiano se encuentra seguro cerca de Cristo que es el Camino, la Verdad y la Vida. El camino cristiano sobrepasa cualquier vía oriental. El patrimonio espiritual de los Padres de la Iglesia, de las catedrales y de los santos, de los místicos y de los teólogos representa para nosotros una riqueza capaz de colmar todas nuestras aspiraciones.

La experiencia de la religiosidad del New Age está fundada en la emotividad: se canta y se danza, a menudo sin conciencia alguna del divino en el que se encuentran mezclados misticismo, ecología, astrología, terapias sexuales, culto a la naturaleza; y todo con el fin de aumentar la conciencia espiritual. Al cristiano se le invita a descubrir el sentido de la fiesta en la liturgia, la alegría de vivir en la Iglesia, la belleza de los símbolos, de la oración y del culto, el agua, la luz, el incienso, los iconos, la riqueza del Evangelio y del Credo, la realidad de la comunión de los santos, pero también la cruz de Cristo y el valor del sufrimiento redentor para el hombre moderno.

El New Age se presenta como un nuevo paradigma, como un intento de cultura mundial nueva que es, en algún modo, una contracultura.

¿Cómo hacer penetrar el Evangelio en este aerópago heteróclito? El Papa uno Pablo II ha afrontado la cuestión en su Encíclica Redemptoris Missio el 7 de diciembre de 1990.

Nuestra época es al mismo tiempo dramática y fascinante. Tanto que si, por un lado, los hombres parecen buscar ardientemente la prospectiva material y se sumergen cada vez más en el materialismo del consumismo, por otro lado, se ve surgir una angustiosa búsqueda de sentido, una necesidad interior, un deseo de aprender de las formas y de los nuevos métodos de concentración y de oración. En las culturas impregnadas de religiosidad, pero también en las sociedades secularizadas se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización. El fenómeno que se conoce como "vuelta a lo religioso" no carece de ambigüedad, aunque contiene su invocación. La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual que ofrecer a la humanidad en Cristo que se proclama "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn. 14:6). La vía cristiana es la que lleva al encuentro con Cristo, a la oración, a la ascesis, al descubrimiento del sentido de la vida. He aquí ahora un aerópago por evangelizar (RM, n.38).

En muchas circunstancias cotidianas nos encontramos frente a los adeptos o frente a las ideas del New Age. ¿Qué hacer? Hay que comenzar por escuchar, para poder comprender la invocación y discernir entre el grano y la cizaña. En un diálogo que no debe ser ni polémico ni negativo, sería bueno subrayar la importancia de la búsqueda de lo sagrado, sabiendo que el "homo religiosus" del New Age es un interlocutor pagano, pero un interlocutor válido. Después, a esta búsqueda de sabiduría es necesario responder con la valoración de la sabiduría cristiana, un inmenso patrimonio hecho de hombres, simbología, obras de arte, estética, música, que la valoran a los ojos de los seguidores del New Age. En fin, en un diálogo constructivo, hay que presentar la persona de Cristo y su mensaje, en respuesta a los mensajes de Buda, Mahoma, Krishna, y de los gurúes orientales, sabiendo que el interlocutor New Age está acostumbrado a la emotividad y al lenguaje simbólico.-

 

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