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¿Qué es el "New Age"?

por Aidan Nichols, o.p.

Publicado en "Artes y Letras" de El Mercurio, 29 de agosto de 1993

Aparecido originalmente bajo el título
"The New Age Movement" en The Month, marzo de 1992

 

Introducción

La era de Acuario

La conciencia crea todo

Paganismo reconstruido

Una crítica

 

 

Introducción

"New Age" es el movimiento religioso actual (o quizás pseudorreligioso) que está adquiriendo mayor auge en el mundo occidental. No consiste en una organización unitaria, no profesa un solo credo, y muchos de los adeptos suscriben sólo parte de sus ideas. Sin embargo, parece tener miles de seguidores, pertenecientes a una amplia variedad de sociedades y organismos: desde negocios de comida dietética y grupos de meditación hasta partidos políticos y asociaciones como el partido Ecológico Humano, los Ciudadanos Planetarios y Buena Voluntad Mundial.

Si bien muchas de estas actividades han surgido independientemente, y sin un plan determinado, es característico de los "New Agers" fomentar la puesta en contacto de individuos y grupos de ideologías similares. Parte de la razón de este tipo de trabajo deriva de una creencia característica del "New Age": si un número suficiente de personas se abre a un nuevo tipo de conciencia, cambiará el esquema general de la mente humana; así se iniciará el nuevo estado del proceso evolutivo, ya profetizado en el último siglo por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, con el nombre de Übermensch, el superhombre.

Actualmente, el "New Age" consiste en un conjunto desordenado de submovimientos, grupos e individuos con algunas ideas, prácticas e intereses comunes, la preocupación por un gobierno mundial, la actitud mística ante la naturaleza, la brujería y aun el culto satánico. Por esto es difícil describir en poco espacio todo lo que el movimiento "New Age" representa. Lo más que se puede hacer es delinear su figura a grandes rasgos. De todas formas, este carácter impresionista del "New Age" no implica que sea algo inconsistente y, por esto, con pocas posibilidades de ser efectivo.

Comentando el modo en que sus ideas han irrumpido en los más variados grupos y sectores de la sociedad, desde seminarios de preparación empresarial hasta centros de creación artística, pasando por asociaciones de tipo sanitario, el teólogo evangélico William Burns escribe: "Mientras sus creencias y prácticas continúen siendo asimiladas por la cultura general, mezclándose con corrientes compatibles y acomodándose a las naturales inclinaciones del corazón humano, no hará más que crecer".

 

1. La era de acuario

Hasta aquí la introducción ¿Qué puede decirse de los principios del movimiento "New Age"?

La "inteligencia" del "New Age" habla de una metafísica vista como sustitutivo del humanismo secular y de la cultura judeocristiana. Se trata de un monismo evolutivo -del griego monos, uno-, en cuanto que no admite una distinción última entre Dios y el mundo. El cosmos es una energía universal, impersonal, que se manifiesta a sí misma, no sólo en la naturaleza, sino también en las conciencias. El término "Dios" (o quizás "diosa") sería el modo básico de hablar de este campo de energía. La expresión adoptada por la ciencia ficción en "La Guerra de las Galaxias": "¡La fuerza esté contigo!" es la manera "New Age" de traducir algunas expresiones clásicas de la liturgia católica. Los seres humanos son una extensión de la esencia divina del mundo y, por ello, tienen un potencial infinito.

Desgraciadamente, según ellos, bajo la perniciosa presión judeocristiana y del racionalismo occidental, los seres humanos han llegado a creer en un ser ilusoriamente diverso, y han suprimido el ser superior -dios/diosa- escondido en ellos. Como afirma la teórica del "New Age" Marilyn Ferguson, autora del best seller "La Conspiración de Acuario": "El mito del Salvador allí fuera está siendo reemplazado por el mito del héroe aquí dentro. Su última expresión es el descubrimiento de la divinidad dentro de nosotros".

El problema de la humanidad no es el pecado, sino la amnesia metafísica. Pero, como el título del libro de Ferguson indica, está naciendo una nueva era: la de Acuario, el portador de agua que satisface los deseos humanos, bajo cuyo signo del zodíaco los hombres descubrirán su infinito potencial. Despertados por fin del largo sueño de la ignorancia de su propia divinidad, caerán en la cuenta de que poseen los atributos divinos, y verán el mundo que los rodea como un todo, no dualísticamente; se supera así el pernicioso contraste de espíritu y materia, Dios y mundo, mundo y ser. Sin embargo, la frase "el mundo que nos rodea" no podría, curiosamente, ser una expresión "New Age", porque este movimiento no cree en la intrínseca pluralidad de la creación, de la cual en la cristiandad ortodoxa (no gnóstica) cada uno es un miembro constitutivo.

El monismo "New Age" es, como ya se lo señalado, un monismo evolutivo. Consecuentes con su creencia en el nacimiento de la nueva era de Acuario, los "New Agers" no consideran la unidad total como algo estático. Todo es uno, todos somos uno; todo es dios, y nosotros somos dios. Pero la segunda y cuarta aseveración adquieren su verdad por el desarrollo interno de la historia humana. La caída del hombre consistió en creer en un mundo distinto de sí mismo, en un creador distinto del mundo y en una naturaleza humana con capacidades limitadas.

Es verdad que los sabios y "gurúes" siempre han cuestionado estos errores. Así ha sucedido en el hinduismo, en el budismo y en formas esotéricas judeocristianas, como la cábala judía -una mezcla de misticismo y ocultismo-, o en el gnosticismo combatido por los padres cristianos en la Iglesia primitiva. Sin embargo, sólo ahora, gracias a la revolución de la tecnología informativa y del transporte, y al advenimiento de un órgano gubernativo mundial -las Naciones Unidas-, hay posibilidad de que la humanidad descubra el último principio unificador que suprime las distinciones entre Dios y el mundo, el alma y el cuerpo, el ser propio y el de los demás, el hombre y la naturaleza.

El jesuita francés Pierre Teilhard de Chardin, cuyo misticismo sobre la evolución cósmica fue criticado en Roma, estaba en lo cierto cuando hablaba de la capacidad de la especie humana de dirigir como quiera, a través de la cultura, el proceso evolutivo de la naturaleza. O todavía más, añadirían los "New Agers": es capaz de permitir al dios/diosa interno a él, dirigir este proceso a través de la humanidad.

En lo que respecta al individuo, cada persona puede actualizar la naturaleza divina y alcanzar la unión con el Uno, aun antes de que el Punto Omega de la historia humana haya sido alcanzado. Esto se conseguirá aplicando alguna de las técnicas de cambio de mente recomendadas por los portavoces del "New Age" y denominadas por ellos "psicotecnologías".

La variedad de actividades y métodos "New Age" es amplísima. Uno de sus éxitos ha sido unir gran variedad de movimientos antecedentes o contemporáneos, asumiendo sus prácticas: el yoga, la meditación trascendental, el tarot, el espiritismo y la magia negra. Todas estas prácticas pueden ser consideradas armas psicotecnológicas útiles, que tienen como meta la obtención de los objetivos "New Age", y, como base, la filosofía "New Age".

A ellas puede añadirse la relajación mediante música, la hipnosis, las drogas, ayunos o usos vegetarianos, las artes marciales y -tomados de la iglesia cientológica y la iglesia de la unificación- seminarios planeados para ridiculizar los antiguos valores e inculcar el estilo mental del "New Age".

Estas psicotécnicas tienen en común su peculiar visión del cerebro humano: según el "New Age", la energía que nos permite alcanzar la trascendencia se almacena en el hemisferio derecho del cerebro. Como es sabido, este hemisferio se relaciona con la respuesta intuitiva, y el izquierdo con el razonamiento. Según los "New Agers", para poder ser dios deben suprimirse las limitaciones impuestas por el hemisferio izquierdo, que han sido las responsables del racionalismo y del intento de someter a la naturaleza por medio de la tecnología. Para pensar de un modo puro es necesario hacerlo con el hemisferio derecho, asiento del conocimiento intuitivo y de la creatividad. La habilidad para discernir lo verdadero de lo falso, lo que es real y la que es ilusorio, es considerado por los "New Agers" como una pseudo-habilidad.

 

2. La conciencia crea todo

La conciencia conlleva la verdad y la realidad, ya que la naturaleza cambia de acuerdo a cómo sea pensada por la mente. Aquí apelan nuevamente a algunos descubrimientos de las ciencias naturales, sobre todo al principio de indeterminación del físico Werner Heisenberg, para quien la posición y la velocidad de ciertas partículas subatómicas nunca pueden ser determinadas con precisión, ya que el observador, lo mismo que los aparatos que emplea, pueden variarlas. Los "New Agers" extienden esta idea a la proposición de que la conciencia crea lo que es verdadero y real. Como escribe uno de sus representantes: "El entero universo físico no es más que las pautas de energía neuronal, disparándose dentro de nuestra cabeza. No hay un mundo físico ahí fuera. La conciencia lo crea todo".

El uso de la neuropsicología y de la física subatómica permite a los "New Agers" proclamar que su movimiento ha unido la ciencia y la religión, separadas desde Darwin o incluso desde Galileo. También se basan en esto para proclamar que la humanidad puede pensar en la existencia de dioses, de diosas, y en una variedad de entidades diversas, consideradas como desarrollos o mutaciones del alma. La creencia en la reencarnación es casi universal entre los "New Agers", y se considera científicamente legitimada por el procedimiento conocido como "terapia de la vida pasada", que apunta a verificar la reencarnación en casos individuales.

¿Cómo, en una civilización que huye de la ortodoxia cristiana, esta serie de conceptos ha sido arrojada a las playas de nuestra cultura? El movimiento "New Age" es el resultado de la convergencia de diversos elementos y movimientos contraculturales, surgidos en Europa Occidental y en Norteamérica en los últimos cien años.

En el curso del siglo XIX, especialmente durante sus últimas décadas, los textos místicos de las religiones del Lejano Oriente se tradujeron al alemán, francés e inglés. En el taoísmo, el "New Age" encontró su doctrina de los principios inmutables ocultos por el mundo de la apariencia. Del hinduismo y del budismo tomó sus enseñanzas sobre la reencarnación. Sin embargo, difiere del hinduismo en que el "New Age" cree sólo en la reencarnación progresiva hacia formas físicas más altas. Y difiere del budismo, en que reconoce un sustrato idéntico a sí mismo -y no simplemente un conjunto de cualidades que cambian-, que perdura a través de las transformaciones sucesivas.

Del espiritismo -que se considera surge en 1848, en Hydesville, Nueva Jersey, a raíz de ciertos episodios misteriosos que tuvieron lugar para descifrar los mensajes de un vendedor ambulante asesinado y enterrado en un sótano-, el "New Age" extrajo su entusiasmo por el contacto con los espíritus a través de "mediums", lo que llaman "canalización del trance". Defiende en el campo de la pseudociencia informática, que cualquier parte del ser uno puede irse haciendo más consciente, y acceder así a cualquiera de nosotros.

De la ciencia cristiana, el "New Age" toma la noción de la superioridad de la mente sobre la materia; de la teosofía y la antroposofía -dos amalgamas sincréticas de fuentes orientales y occidentales- cogió la idea de un cuerpo astral o aura, que manifiesta la identidad espiritual de cada persona y hace posibles experiencias extracorporales, viajes en el tiempo y el espacio, etc.

En la teoría de la relatividad y en la mecánica cuántica -en la nueva física-, el "New Age" descubrió su base científica: el mundo ha de ser visto como un todo indiviso, donde los distintos objetos son en realidad facetas de una misma totalidad.

Por influencia del feminismo, el "New Age" ha caracterizado el principio último del mundo como una diosa. La ecología y el resurgimiento del interés (en los Estados Unidos) por una religión americana autóctona, inspiró su programa a favor del aprovechamiento de las energías naturales contenidas en los animales y aun en formas no-animadas como los cristales, llegando así a revivir ciertas formas de brujería.

Del movimiento hippie de los años sesenta tomó la noción de conciencia dilatada y la experimentación con drogas alucinógenas, como clave de una nueva era de paz y de gozo. Los movimientos emotivistas de los años setenta proporcionaron al "New Age" uno de los rasgos básicos de su psicología: la bondad original del hombre y su autorrealización, como objetivo de la psiquis.

En los últimos años de la década de los ochenta se añadió la idea de un nuevo orden mundial, gracias al fin de la guerra fría entre el comunismo y Occidente. El "New Age" se comprometió con ideas ético-políticas tales como el desarme nuclear universal y el fin del hambre mundial, que los gobiernos del mundo podrían solucionar al estar dotados de poderes nucleares -de ámbito universal- y con la posibilidad de recaudar impuestos para eliminar las diferencias entre países pobres y ricos. Todo ello inspirado en una religión mundial ecléctica: el "New Age".

 

3. Paganismo reconstruido

El primero y más importante resultado de "New Age" hasta ahora ha sido el revivir del paganismo, o más concretamente del neo paganismo. Una de sus formas populares es el culto a la madre Tierra. La Tierra, dicen, es una diosa herida por el desarrollo de la civilización, que amenaza con vengarse de la humanidad mediante explosiones volcánicas, terremotos y fenómenos meteorológicos. Es considerada un ser consciente que participa en la mente cósmica o universal y cuyo nombre es Gaia. Así lo expresaba -en el libro de C. Spretnak "Ecofeminism. Our Roots and Flowering"-, una feminista:

No nos hubiera interesado un Yahvé con faldas: un distante, circunspecto, dominante dios que resultara ser fémina. Lo que fue cosmológicamente saludable y salvador fue el descubrimiento de lo divino como inmanente dentro y en torno a nosotros. Lo atrayente es el vínculo sagrado de la diosa -en sus distintas variaciones- con animales totémicos y plantas, con arboledas sagradas, con cavernas como vientres; la sangre menstrual con ritmo de la Luna, la danza de éxtasis, la experiencia de conocer a Gaia, sus contornos voluptuosos y llanuras fértiles, su flujo de aguas que dan la vida, sus animales como maestros.

Otros han propugnado el resurgimiento de paganismos más específicos tales como el de los griegos, los egipcios y el druidismo.

Una segunda consecuencia del "New Age" ha sido el florecimiento de la brujería, la astrología, el ocultismo y el satanismo. Son elementos depravados de la cultura occidental moderna, de tinte lunático, que pujan por un puesto central en la sociedad, ya que presentan una aparente respetabilidad, respaldada por la metafísica del "New Age", de carácter místico y cuasi científico.

Utilizando la brecha que con el documento Nostra Aetate abrió el Concilio Vaticano II, al reconocer los elementos buenos y verdaderos que se hallan en las distintas religiones (incluyendo las primitivas), los representantes de la brujería "New Age" (Wicca) han afianzado su situación en las instituciones católicas. Estoy pensando en el Instituto de espiritualidad del sacerdote Matthew Fox en el Holy Names College, en Oakland, California, donde un tal Starhawk extiende el culto al dios Pan y a una triple diosa -a la vez virgen, gran madre y crone (anciana sabia)- que aparece en la portada de la última publicación de Fox, "La Espiritualidad de la Creación".

Tercero, el movimiento "New Age" ha propagado la idea de que la religión no consiste ni en la adoración de un Creador ni en la redención del hombre por un Salvador ni en la santificación por el Espíritu Santo, creencias que presuponen que el hombre es una criatura, y no sólo una criatura, sino una criatura caída, incluso profana. Estas ideas son consideradas como una afrenta al humanismo cósmico que el hombre moderno está buscando; de ahí el veneno peculiar que Fox reserva al dogma del pecado original. La religión debería consistir, según ellos en el autopoderío, en la satisfacción de nuestro potencial divino, para así alcanzar la mejor condición posible de ser y de felicidad, unidos con el resto de la humanidad y del cosmos, con quien ya somos por nuestra dimensión divina.

De esta forma, el "New Age" ha contribuido a marginar a la Iglesia cristiana. Como Petra Kelly, cofundadora del Partido Verde Alemán, antes católica, afirma: "No necesito una institución masculina autoritaria que me ayude a observar mi propia verdad interior o a buscar dioses o diosas de energía cósmica y luz de amor".

Tal marginación incluye a Jesucristo mismo: el Jesús de la historia y el Cristo de la ortodoxia son apartados por los "New Agers" en favor de un fantástico Jesús esotérico. Por otro lado, apoyan a teóricos modernos como Elaine Pagels, que consideran el gnosticismo -con su dios andrógino y su ecuación de "conocimiento propio-conocimiento de Dios"- la legítima interpretación del Evangelio original. Los mismos que especulan sobre los dieciocho años perdidos de Jesús: los trascurridos entre que fue encontrado en el templo y el inicio de su ministerio público, de los que no habla el Nuevo Testamento, y afirman que viajó al Este (Persia, India o Tibet), donde aprendió los misterios esotéricos del Uno, que fueron transmitidos más tarde por sus seguidores gnósticos. El interés del "New Age" por Jesús se centra, de todas maneras, en considerarlo uno entre los gurúes o maestros superiores en cuyas conciencias los vivientes pueden introducirse.

 

4. Una crítica

Hay que partir de que no es cierto que el "New Age" tenga cabida dentro de la referencia que el Vaticano II hizo a las religiones tradicionales: éstas defienden la creencia en un Ser Supremo y en una Revelación, cosa que no es admitida en manera alguna por los "New Agers". Sin embargo, pueden señalarse algunos aspectos positivos de este movimiento, como son el rechazo del materialismo, la admiración del orden creado (aunque no bajo ese nombre), su defensa de la paz mundial, el interés por la meditación, la confianza en la creatividad del espíritu y su deseo de transformación del ser humano.

En su contra debemos mencionar la negación de un Dios creador, redentor, santificador y la encarnación del Verbo de Dios, cuya misión continúa en la Iglesia fundada por Él.

Una segunda crítica recae sobre la doctrina "New Age" del hombre prometeico o titánico, de la cual deriva el utopismo sobre el esfuerzo humano; su principal manifestación sería la creación de un solo estado mundial omnicompetente, guiado por una elite "New Age". Un comentador cristiano ha hecho notar que la torre de Babel, el símbolo del intento fallido de autodeificación del hombre, pudo ser un templo cósmico conectado con la astrología.

En tercer lugar, el irracionalismo del "New Age", que rechaza todo pensamiento que sea producto del hemisferio izquierdo del cerebro. También su apoyo -o al menos tolerancia- a una extraña gama de ocultismo de creencias astrológicas y espiritistas, así como el favorecer que las personas confíen sus decisiones vitales a invenciones como los eneagramas: un símbolo de nueve líneas, supuestamente descubierto por un matemático del siglo XV en Asia central, considerado con poder de interpretar la personalidad y el futuro.

Por último, está el "pequeño asunto" del relativismo ético "New Age", y su indiferencia hacia importantes cuestiones morales. Los "New Agers" permanecen imperturbables ante el suicidio -es simplemente la decisión de reciclarse en otro cuerpo- y el aborto, porque, después de todo, el alma siempre puede entrar en otro feto. Más aún, en materias de moralidad sexual confirman el permisivismo contemporáneo, pero desde un nuevo ángulo. Como explica una fuente del "New Age", el "Welness Workbook" "Elegiremos tener relaciones sexuales unos con otros si esto eleva nuestra experiencia de unificación con todo lo que es".

¿Es el "New Age" el Anticristo? Es ésta una pregunta que los conservadores de las iglesias protestantes se han planteado. Si se acepta que el Anticristo es una realidad analógica, de la cual varios movimientos o figuras pueden participar en diversos grados, la cuestión no deja de tener su importancia. Lo interesante del Anticristo es que, aunque totalmente opuesto a Cristo y dirigido contra la obra salvadora, en algunos aspectos se le asemeja, de manera que pueda ser admitido y creído por los fieles.

El panorama que el "New Age" presenta se resume en querer hacer consciente al hombre de la importancia de que todas las religiones (salvo la fe dogmática) se reconcilien, y de que todos los hombres y mujeres se unifiquen en una armonía cósmica, bendecidos con poderes psíquicos y organizados por un solo gobierno mundial que solucione todos los problemas sociales. Esto hace recordar al apocalíptico libro moderno "El Señor del Mundo", escrito en 1907 por el sacerdote de Cambridge Robert Hugh Benson.

A modo de conclusión, citaré mi propio resumen del contenido de este libro que se encuentra en "Imaginative Echatology: Bensons's Lord of the World", publicado en "New Blackfriars 72" de 1991. Allí se señala: "El gran tema de esta novela es el desafío a lo sobrenatural de una civilización puramente natural. El futuro que describe es aquel en que la unidad de la humanidad es alcanzada sin la referencia a un Dios personal. El naturalismo humanista no necesita ser confirmado, porque ya se asume en todas partes... El hombre del futuro es la coronación de un mundo donde la divinidad es inmanente, y evoluciona de modo panteísta a través de la naturaleza. Este hombre del futuro reconoce en el Anticristo su propio Dios-cabeza y adora a quien encarna la divinidad humana... Según Benson, la más exitosa forma del mal toma una apariencia sutil: la oposición a la gracia, en nombre de la autosuficiencia de una perfección natural. La advertencia de Benson es que si no somos capaces de distinguir la felicidad de la santidad, caeremos en el Anticristo.

Sin embargo, también se trata con ecuanimidad la perspectiva de una apostasía neo pagana masiva de la Iglesia Católica, ya que la única victoria duradera de la Iglesia reside en... la segunda venida de Cristo".

Misterioso ¿no?.-

 

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