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Una liturgia para la Misión y en contexto

por Leonardo Álvarez

 

Introducción

Para la misión

Contexto teológico

Contexto histórico

Contexto cultural

Conclusión

Bibliografía

 

Ponencia presentada en la Consulta de Misión Integral "La Iglesia local: Esperanza de la comunidad", realizada por la Red del Camino (Concepción, CHILE, marzo de 2002).

 

Introducción

Para una mejor comprensión de esta propuesta, definamos dos conceptos claves de nuestro tema.

CULTO: Es el encuentro de la comunidad de Dios
LITURGIA: Es el conjunto de elementos y formas a través de los cuales se realiza ese Encuentro (1).

No cabe duda de que el culto constituye el centro de la espiritualidad cristiana de la iglesia latinoamericana. La mayor parte de su tiempo lo dedica a reunirse en un templo, y por lo general el tipo de culto que desarrolla expresa la clase de misión que vive y realiza en el mundo.

La masificación de nuestros cultos, donde el mayor número de personas asiste principalmente el día domingo, hace necesario revisar y reflexionar acerca de los contenidos de nuestra liturgia evangélica con el propósito de fortalecer su misión para que ésta sea más bíblica e integral y de acuerdo con el contexto que vivimos.
En un país como el nuestro, donde el tema Misión Integral aún suena extraño, la liturgia es una herramienta poderosa por donde comenzar nuestra tarea.


Para la misión

Nuestra sencilla propuesta versa de una "Liturgia para la Misión y en Contexto". Para la Misión, porque creemos que una liturgia separada de nuestra vocación no es más que distracción. El culto debe ser el encuentro de la comunidad de Dios que se prepara para cumplir su misión en el mundo. Cualquier otra motivación que no sea el "cumplimiento de todo el propósito de Dios para la vida humana y la totalidad de la creación..." (2) no constituye un culto agradable a Dios.

Una liturgia que no tenga en mente todos los contenidos de la Misión de Cristo no es integral y por tanto no cumple con su función de edificar y capacitar al pueblo de Dios para la obra del servicio (Efesios 4:12). Tendemos a olvidar que la adoración en el culto es esencialmente servicio, dar, entregarse y que esto está íntimamente relacionado con las necesidades del prójimo. La adoración parece ser el concepto de moda en nuestros cultos modernos. Se está hablando del "despertar de la adoración" o del "avivamiento de la adoración". Siendo este tema tan trascendente para la vida, porque constituye la esencia de todo culto a Dios, nos extraña que exista una teología tan débil acerca de la adoración. Ralph P. Martín la define como:

...la celebración dramática de Dios en su dignidad suprema, de manera que su "dignidad" se convierta en la norma e inspiración del vivir humano. (3)

Esta definición nos habla de las profundas implicaciones éticas que la adoración produce en el individuo que adora. En este sentido, las declaraciones de Jesús sobre el mandamiento más importante confirman este pensamiento:

"Ama al Señor tu Dios
con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente" -
Éste es el primero y el más importante de los mandamientos.
El segundo se parece a éste: "Ama a tu prójimo como a ti mismo".
De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas.

Mateo 22:37-40 NVI

De acuerdo a esto, la adoración está lejos de ser un acto individualista entre Dios y yo, sino que se expresa también en mi relación con el prójimo. Poco hablamos, por ejemplo, acerca del rol profético de la adoración. Juan Stam, en su comentario sobre Apocalipsis, nos relata el impacto que producen para el primer siglo la doxología y el himno de Apocalipsis 4 y 5.

Y día y noche repetían sin cesar:
"Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso,
el que era y que es y que ha de venir...
"
"Digno eres, Señor y Dios nuestro
de recibir la gloria, la honra y el poder,
porque tú creaste todas las cosas;
por tu voluntad existen y fueron creadas."...

Ap. 4:8 b, 11 NVI

"Digno eres de recibir el rollo escrito
y de romper sus sellos,
porque fuiste sacrificado,
y con tu sangre compraste para Dios
gente de toda raza, lengua, pueblo y nación.
De ellos hiciste un reino;
los hiciste sacerdotes al servicio de nuestro Dios,
y reinarán sobre la tierra."...
"¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado,
de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría,
la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!"...
"Al que está sentado en el trono y al cordero
sean la alabanza y la honra, la gloria y el poder,
por los siglos de los siglos!"

Ap. 5:9,12, 13 NVI

Las declamaciones de los seres vivientes, y el posterior himno de toda la compañía de los veinticuatro ancianos y la multitud de los ángeles son una denuncia explícita intentando descalificar las pretensiones idolátricas del emperador y señalar que sólo Dios es merecedor de tales atributos y alabanzas. Las implicaciones políticas y sociales de la doxología apocalíptica son reveladoras. Por este motivo, Juan Stam nos previene acerca de la adoración diciendo: "¡Mucho cuidado! ¡La Adoración puede ser Peligrosa!" (4):

¡Ningún error más fatal que pensar que la adoración es un placentero pasatiempo espiritual para el deleite sublime del alma! El Apocalipsis nos enseña la asombrosa seriedad, la solemnidad y la peligrosidad de la verdadera adoración. En las categorías de Sören Kierkegaard, la "adoración" a un nivel meramente estético, por bella que sea, no es más que una blasfemia y una abominación delante del Señor. La verdadera adoración tiene que llevarnos al nivel ético y existencial. Estar delante del Señor de la historia, que está sentado en el trono, significa tener que comprometernos históricamente con su voluntad.

Cuando nos hallamos frente al ocupante del trono, cuando nos hemos arrodillado delante del Señor del universo, se nos transforma nuestra visión de todas las cosas. Es imposible adorar verdaderamente sin comprometernos en el acto con los valores del Reino y la voluntad de aquel que está sentado en el trono. De lo contrario, no es adoración sino hipocresía. Nuestro Dios es el Señor del universo, de la historia y todas las naciones: adorarlo es ponernos incondicionalmente a su disposición hasta las últimas consecuencias para ser colaboradores con Él en sus propósitos. La adoración y la oración son los actos más revolucionarios que podemos realizar.

La adoración verdadera nunca puede ser históricamente escapista ni políticamente neutral. En las doxologías de estos capítulos, como en todo su libro, Juan de Patmos declara explícitamente y sin titubeos sus opciones ideológicas. Entre alabanza y alabanza van fuertes denuncias de la idolatría, del sistema imperialista, y no por eso hay menos adoración sino todo lo contrario, una adoración auténtica. Una adoración espiritualoide y etérea, por muy piadosa que parezca, no tiene nada que ver con aquel que está sentado en el trono y con su Reino de Justicia.

Aunque se hallaba prisionero por su fe, Juan de Patmos no tenía miedo, en su adoración como en todo su libro, de declarar su compromiso con el Señor de señores y de denunciar las idolatrías, injusticias y opresiones de su época. Su adoración era un auténtico acto de fe y compromiso a los pies del Señor de la historia. Una adoración de este tipo siempre parecerá subversiva y será peligrosa. En todo su libro Juan está llamando a los fieles a ser consecuentes con su fe y su adoración, aun cuando para unos significaría una muerte segura." (5)


Tenemos una deuda con el culto y la adoración a Dios, a causa de nuestros modelos de cultos individualistas y puramente devocionales. Nuestro compromiso debe comenzar por revisar nuestra liturgia y sugerimos hacerlo a la luz de tres contextos o lentes: Teológico, histórico y cultural. Sugerimos un orden natural, considerando en primer término la necesidad de un fundamento teológico sólido.


Contexto teológico

Cuando hablamos de contexto teológico, nos referimos a la necesidad de que nuestra liturgia provenga de una reflexión profunda de toda la Palabra de Dios, todo el propósito de Dios para todo el mundo. En relación a esto, una de las falencias más dramáticas de nuestros cultos en Chile se refiere la carencia de contenidos; y no nos referimos sólo a la predicación, sino también a los demás elementos del culto. La superficialidad de las letras en los cánticos, la ausencia de participación de los miembros, cultos con fuerte énfasis en la adoración y la exaltación, pero que se han olvidado de la humillación, de la cruz, de la identificación con el necesitado. Énfasis desmedido en lo emocional. Los contenidos de la liturgia deben estar de acuerdo con la Misión Integral. La liturgia debe incorporar elementos comunitarios, las necesidades de la comunidad. Debe ser una herramienta pedagógica y teológica donde cada discípulo de Jesucristo pueda asimilar los contenidos de la misión redentora de Cristo. Otro elemento descuidado han sido los símbolos, como lo fue el Tabernáculo en el desierto, que constituía una especie de drama teológico, en donde el pueblo de Dios podía conocer acerca del carácter de Dios. Toda la liturgia veterotestamentaria estaba llena de símbolos que tenían la función de dejar profundas huellas en la mente y corazones de los receptores del mensaje.

En relación a los énfasis de los cultos evangélicos, se distingue un fuerte énfasis en la exaltación, como si quisiéramos estar permanentemente en un estado glorificación o de éxtasis, quizá como una forma de ausentarnos de las crisis cotidianas que nos rodean. En las Escrituras en cambio, encontramos un equilibrio único entre lo de arriba y lo de abajo. El salmo 93 es uno de mis preferidos. Comienza exaltando:

"El señor reina, revestido de esplendor;
el Señor se ha revestido de grandeza
y ha desplegado su poder.
Ha establecido el mundo con firmeza;
jamás será removido.
Desde el principio se estableció tu trono,
y tú desde siempre has existido". (NVI)

Pero de pronto cambia el escenario del salmista, baja la mirada acá abajo, aquí donde las pasiones se desbordan y las aguas tienden a salir de su cauce y exclama:

"Se levantan la aguas, Señor;
se levantan las aguas con estruendo;
se levantan las aguas y sus batientes olas". (NVI)

Pero no se queda allí deprimido por las realidades terrenales y vuelve a levantar la vista a las alturas, al trono soberano del Dios que reina y dice:

"Pero el Señor, en las alturas, se muestra poderoso:
más poderoso que el estruendo de las muchas aguas,
más poderoso que los embates del mar.
Dignos de confianza son, Señor, tus estatutos;
¡la santidad es para siempre el adorno de tu casa!". (NVI)

Maravilloso equilibrio litúrgico. Es como si el salmista nos enseñara que la grandeza de Dios se hace evidente cuando manifiesta su poder, su santidad y su misericordia en la turbulencia y pobreza de abajo. Las crisis y problemáticas de la ciudad no pueden estar ausentes de nuestras cultos, es allí donde Dios puede glorificarse. Fui invitado el año pasado a una iglesia del sur y luego de cantar una canción que cuenta la historia de una mujer que sufre de violencia intrafamiliar, un hermano me grita desde el fondo del templo: "Pastor, ¿por qué no nos habla de Jesús, mejor?". Su crítica a la canción refleja el concepto que predomina en nuestros cultos. Es como si nos dijeran que Jesús no tiene nada que ver con las realidades de injusticia, pobreza o discriminación social. Es una especie de evangelio autista, ausente del mundo, que huye, que utiliza el culto para una especie de catarsis donde olvidarse de los problemas con el jefe, la familia o el vecino. Pedro Stucky lo dice en su artículo "La Iglesia como Esperanza en Colombia", basado en su propia realidad de violencia.

"La iglesia es esperanza cuando su experiencia de adoración o culto llega a ser el lugar donde la comunidad de fe de exiliados y peregrinos en el mundo encuentra la fuerza que hace posible que viva y trabaje en pro de la libertad y la esperanza en un contexto donde éstas son negadas y reprimidas". (6)

 

Contexto histórico

Otro aspecto a considerar en una liturgia que sea equilibrada es el respeto por la historia y las tradiciones. Un concepto muy de moda en la actualidad es el del cambio. Predomina la idea que debemos cambiar a toda costa, que los viejos métodos ya no sirven. Muchos parecen decir oísteis que fue dicho, pero yo os digo. También se repite el dicho: "al que no le guste, la puerta está abierta...". Frente a esto, vale la pena recordar que el culto es el encuentro de la comunidad, donde las personas cuentan, valen y participan. En este sentido, en una liturgia que presuma de ser espiritual, deben predominar el amor y la tolerancia, y no podemos soslayar nuestro pasado, nuestra historia litúrgica. Quienes gusten de los nuevos ritmos y armonías musicales, por ejemplo, deben respetar a quienes disfrutan con las viejas melodías, y viceversa. Por otro lado, nos hace bien estudiar la historia de la liturgia, para que continuamente estemos volviendo a las fuentes, a los fundamentos que muchas veces perdemos en busca de la modernidad. Siguiendo este principio, no nos sentiremos tentados a cambiar por cambiar, especialmente porque no estamos autorizados a cambiar nada, sino más bien somos llamados continuamente a recuperar los fundamentos que como iglesia solemos perder en el tiempo. "...las grandes espiritualidades en la vida de la iglesia se mantienen volviendo una y otra vez a sus fuentes" (Gutierrez 1984:52).

La historia nos proveerá de un sentido de juicio y respeto para usar los mejores métodos, estilos y formas que no contradigan los principios fundamentales de un culto bíblico, santo, racional y agradable a Dios. Un culto que contenga la exaltación de Dios, el sentido de comunidad, de compromiso, de entrega, sacrificio, adoración.

La historia litúrgica debe remontarse necesariamente al pueblo de Israel para no perder la riqueza de su experiencia en su culto a Dios. Toda la liturgia hebrea era tremendamente teológica y didáctica. Sus experiencias en el éxodo, en el desierto en el exilio, nos proveen de profunda inspiración para nuestra época.

Mediante la práctica de la adoración comunitaria regular, procesamos nuestra experiencia usando la poesía, la historia, las memorias y esperanzas del pueblo bíblico, para renovar nuestro compromiso y permanecer en el camino que nos hemos propuesto.

En otras palabras, la razón por la cual se reúne regularmente la comunidad de fe es recoger las heridas y los acontecimientos de nuestra vida diaria y leerlas a la luz del éxodo y el exilio de Israel, y de la crucifixión y la resurrección de nuestro Señor. Y al hacer esto descubrimos que nuestras vidas son transformadas porque se desata una energía que no teníamos antes de leer nuestra experiencia a la luz de la esperanza.

...Para que la adoración a Dios tenga integridad, tiene que estar enraizada en la vida, los sufrimientos, anhelos, sueños y logros de la comunidad de fe, y en los del pueblo latinoamericano del cual esa comunidad forma parte. (7)

 

Contexto Cultural

La importación de modelos litúrgicos a nuestro medio latinoamericano ha sido otro error de nuestros tiempos. Esto ha dado como resultado una falta de identidad cultural, propia de cada localidad. Estamos viendo esto especialmente en lo musical. Los ritmos, los estilos y casi todas las letras de las canciones están siendo comercializadas de acuerdo a los estándares del mercado, sacrificando muchas veces la teología a favor de la poesía o el sentimiento. El modelo de canción sentimental, dulzón, de tonos altos, es la moda. La idea es que sean pegajosas y muy repetitivas.

Creo que nos estamos olvidando del respeto que merece toda cultura y sus tradiciones musicales y que, por lo tanto, es necesario motivar la creatividad local. Por supuesto se hace necesario un estudio serio de nuestras raíces musicales chilenas y también de otros aspectos de la cultura de cada región que puedan servirnos como material dentro de nuestros cultos. No debemos olvidar a nuestro Dios que no viene a intervenir en nuestro mundo sino que a habitar entre nosotros... compartiendo con nosotros, identificándose con la cultura de su pueblo.


Conclusión

Tenemos un largo camino que recorrer en nuestro país para corregir la superficialidad de nuestra liturgia evangélica. Difícilmente nos pondremos de acuerdo sobre cuál modelo litúrgico debemos utilizar y creo que éste no es el problema de base. No debemos buscar uniformidad litúrgica, y no podemos juzgar un modelo como incorrecto mientras no lo miremos por el lente teológico, histórico y cultural. Esta forma de mirar nos enseñará que hay cosas que son eternas, principios que no pueden estar ausentes, ni se pueden transar: son el lente teológico del fundamento de la Palabra de Dios. Pero también hay elementos que son temporales, hablamos de métodos y formas que deben mirarse por el lente de la historia y la cultura local.

Por último, no debemos olvidar que una liturgia sin misión es pura ilusión. Que la reflexión teológica ausente de nuestra liturgia no llegará a encarnarse en la iglesia de Cristo. Nuestros cultos constituyen la mejor puerta de entrada para enseñar sobre Misión Integral en una cultura evangélica de carácter cultocéntrico.-


Bibliografía adicional

1. Alonso, Horacio A. (1991). El Tabernáculo y el Sacerdocio del Creyente, Editorial Clie, Barcelona.

2. Escobar, Samuel (1999). Tiempo de Misión, Ediciones Clara Semilla, Colombia.

3. Esquilín, Mizraim (1995). El Despertar de la Adoración, Editorial Caribe, Miami.

4. Padilla, René (2000). El Proyecto de Dios y las Necesidades Humanas, Ediciones Kairos, Colombia.

5. Sorge, Bob (1987). Exploración de la Adoración, Editorial Vida, Deerfield.


Notas

(1) Oliveira, Armando. Profesor Seminario Teológico Bautista, Santiago de Chile. Material Recopilado sobre Liturgia.

(2) Padilla, René. "La Espiritualidad en la Vida y Misión de la Iglesia", Documentos de Trabajo CLADE 4, p. 36.

(3) Martín, Ralph P. (1993). La Teología de la Adoración, Editorial Vida, Deerfield, Florida, p.11

(4) Stam, Juan (1999). Apocalipsis, Tomo I, Ediciones Kairos, Buenos Aires, p.195. Véase también Los 7 mundos de Juan de Patmos y Apocalipsis y el imperio romano.

(5) Íbid.

(6) Stucky, Pedro (2000). "La Iglesia como Esperanza en Colombia", Iglesia y Misión, Buenos Aires, Número 71-72 (Vol. 19, Nº 1 y 2), p. 49

(7) Íbid.