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Génesis 2: Una historia de amor

por Felipe Elgueta Frontier

 

Introducción

Los hijos de la tierra

Ciertamente morirás

Se busca ayuda idónea

Carne de mi carne

Conclusión: Y... ¿fueron felices?

 

 

Introducción

En este estudio, iniciaremos nuestro recorrido por algunas de las páginas más famosas e incomprendidas de la Biblia. Se trata del relato ubicado entre los versículos 2:4 y 4:26 del libro de Génesis. En el centro de este relato, se encuentra la famosa "caída" relacionada con el fruto del "árbol de la ciencia del bien y del mal", para la que varias religiones han dado las más diversas interpretaciones a lo largo de la historia.

Si queremos entender el significado de la "caída" y del fruto, debemos revisar el relato de Génesis 2-4 en su conjunto. Como veremos, Génesis 2 nos muestra la esencia de lo que se pierde como consecuencia de la "caída", mientras que Génesis 3 y 4 básicamente se dedican a detallar las múltiples secuelas de este hecho.

Para iluminar nuestra lectura, necesitaremos tener presentes algunas consideraciones con respecto a la naturaleza del relato y de sus personajes.

 

Génesis 2-4 como mito

Este subtítulo asustará a más de algún lector. Sin embargo, el temor proviene del uso (común pero inadecuado) de la palabra "mito" casi como un sinónimo de "falso" o "irreal". Por el contrario, una buena definición de mito podría ser la que sigue:

"El mito es un relato sobre una acción o acontecimiento de los dioses, que tiene lugar al principio y manifiesta el sentido de una realidad, una institución o costumbre presente" (1).

Hay pocas cosas más verdaderas que un mito. Representan los principios esenciales que sustentan la cosmovisión de un grupo humano en un momento histórico. Mediante los mitos, estos principios se presentan como establecidos por Dios (o los dioses) en el comienzo del tiempo, lo que los convierte en intocables e inalterables.

Al igual que sus vecinos, el pueblo de Israel elaboró muchos mitos, los que se encuentran principalmente en Génesis 1-11 y que nos enseñan los principios aprendidos a lo largo de siglos de caminatas y tropiezos junto a Dios.

 

La especie humana

En Génesis 1:27, al igual que en todo el Antiguo Testamento, la palabra hebrea "adam" significa "especie humana".

Y creó Dios al hombre (adam) a su imagen,
a imagen de Dios lo creó;
macho y hembra los creó.
(2)

Nosotros tradujimos "macho" y "hembra", porque son las mismas palabras hebreas que se usan para las especies animales (3).

En las traducciones de la Biblia, muchas veces encontramos que en Génesis 2, la palabra "adam" es traducida como "hombre" hasta el versículo 18 y, de pronto, empieza a traducirse como "Adán". Esto crea la ilusión de que se está hablando un ser humano que se llamaba "Adán", cuando en realidad el texto original nunca le otorga un nombre.

El narrador se refiere a él simplemente como "ser humano" porque, de este modo, su personaje se convierte en símbolo de toda la especie. Una especie creada por Dios, íntimamente relacionada con la tierra y los animales y cuyos individuos no pueden vivir en soledad.

 

Los hijos de la tierra

Nuestro relato se inicia con este versículo:

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra
cuando fueron creados,
el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos.
Gén. 2:4

El sentido de este texto nos queda más claro al revisar la traducción de la palabra hebrea "toledoth" que, en lugar de "orígenes" significa más bien "historia de los descendientes". Es la misma palabra que se usa en los siguientes pasajes.

Estas son las generaciones de Taré:
Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán ...
Gén. 11:27

Estos son los descendientes de Isaac hijo de Abraham...
Gén. 25:19

Así como estos versículos nos anuncian el inicio de las historias de Abraham (hijo de Taré) y de Jacob (hijo de Isaac), Génesis 2:4 nos anuncia el inicio de la historia de la humanidad: los hijos de la tierra. La íntima conexión y pertenencia entre tierra y humanidad se reitera una y otra vez en los versículos siguientes.

Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra
cuando fueron creados,
el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos,
y toda planta del campo antes que fuese en la tierra,
y toda hierba del campo antes que naciese:
porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra,
ni había hombre para que labrase la tierra,
sino que subía de la tierra un vapor,
el cual regaba toda la faz de la tierra.
Gén. 2:4-6

Esta sección describe el escenario en que ocurre la creación del ser humano. Se describe una tierra ya preparada por Dios para el surgimiento de la vegetación. Sin embargo, aún no hay vida en ella. De no ser porque se menciona un "vapor" que humedece el ambiente, el escenario sería un perfecto desierto. La vegetación aún no nace, puesto que no se dispone de dos elementos esenciales para ello: el agua en abundancia (la lluvia) y el labrador (4). La relación entre estos tres elementos (agua-tierra-labrador) es esencial en los versículos siguientes.

Las palabras del hebreo original que significan "hombre" y "tierra" son casi iguales: "adam" y "adamá", respectivamente. Una parece brotar de la otra. Así, en el versículo siguiente, el hombre brota de la tierra.

Entonces Jehová Dios formó al hombre (adam)
del polvo de la tierra (adamá),
y sopló en su nariz aliento de vida,
y fue el hombre un ser viviente.
Gén. 2:7

El hombre no sólo es creado a partir del polvo de la tierra sino que es tierra. El original hebreo no dice del polvo de la tierra, sino "formó al hombre: polvo de la tierra"; esta misma tierra de la que aún no ha brotado la vida vegetal. Nótese que el hombre no es creado a partir de un humus o una fértil tierra llena de materia orgánica, sino del polvo de un desierto en el que aún no hay vida. Este aspecto es importante para comprender el pasaje que cierra Génesis 3.

El "método de creación" de los animales es similar. En los versículos siguientes se dice que es también a partir de la tierra. El "aliento de vida" no se refiere a un espíritu inmortal, sino simplemente a la vida que tiene este cuerpo hecho de tierra (5). Los animales también tienen "aliento de vida" (6). Sin embargo, como veremos más adelante, Génesis 2 deja en claro la posición especial del ser humano dentro de la creación de Dios.

 

Hogar, dulce hogar

Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente;
y puso allí al hombre que había formado.
Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra
todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer;
también el árbol de vida en medio del huerto,
y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
Y salía de Edén un río para regar el huerto,
y de allí se repartía en cuatro brazos.
El nombre del uno era Pisón;
éste es el que rodea toda la tierra de Havila,
donde hay oro; y el oro de aquella tierra es bueno;
hay allí también bedelio y ónice.
El nombre del segundo río es Gihón;
éste es el que rodea toda la tierra de Cus.
Y el nombre del tercer río es Hidekel;
éste es el que va al oriente de Asiria.
Y el cuarto río es el Eufrates.
Gén. 2:8-14

Dios prepara el hogar para el ser humano, un huerto en un lugar geográfico específico (Edén) y que está ubicado al oriente del sitio de su creación. Esta tierra recibe abundante agua de un río que se ramifica irrigando un extenso territorio, generoso en recursos minerales.

Se cree que el nombre Edén significa "bien regado". La descripción de los versículos 10-14 confirma esta idea, así como su uso en otros libros del Antiguo Testamento como antónimo de "desierto" (7).

Tomó, pues, Jehová Dios al hombre,
y lo puso en el huerto de Edén,
para que lo labrara y lo guardase.
Gén. 2:15

Al poner al hombre en Edén, Dios lo separa de la tierra desolada en la que nació y le asigna una tarea: labrar y guardar el huerto. En Edén se completa el trío agua-tierra-hombre, en el que el hombre se nutre del fruto de la tierra y éste, a su vez, depende del agua y del trabajo del hombre.

 

Ciertamente morirás

Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo:
De todo árbol del huerto podrás comer;
mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás;
porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.
Gén. 2:16-17

Hasta ahora, todo parecía seguro. Sin embargo, Dios hace su primera advertencia.

En Génesis 2:9 se había mencionado la creación de una variedad de árboles "buenos para comer", pero también de otros dos árboles: el de la vida y el de la ciencia del bien y del mal. Este último reaparece en la advertencia de los versículos 16 y 17: comer de él acarreará, como consecuencia, la muerte.

Nótese la libertad que denota esto. Dios no sólo pone árboles "buenos para comer", sino también uno que puede acarrear consecuencias fatales. El acceso al árbol de la ciencia del bien y del mal no está vedado; de lo contrario, Dios no lo habría puesto dentro de Edén. El fruto de este árbol aparece como una opción para el ser humano, quien debe decidir responsablemente si come o no de él. Mientras él confíe en Dios, escuchará su advertencia y no comerá; pero si esta confianza se rompe, la muerte acecha.

La frase "ciertamente morirás" no es una sentencia de muerte, como se ha interpretado muchas veces. La muerte no es impuesta por Dios a quien desobedece su mandato de no comer del fruto. Por el contrario, Génesis 2 nos muestra a un Dios que sólo genera vida en sus múltiples manifestaciones (vegetal, animal, humana individual y social). "Ciertamente morirás" sólo puede ser una advertencia: "si comes del fruto, destruirás lo que he creado para ti: la vida plena en el huerto". De este modo, la advertencia de Dios se relaciona con la función conferida al ser humano en Génesis 2:15: si desea "guardar el huerto" y con ello, asegurar su propia subsistencia, el ser humano debe abstenerse de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.

 

Se busca "ayuda idónea"

En el relato de Génesis 1, se dice reiteradamente que todo lo que crea Dios es bueno; su creación no contiene errores ni omisiones. Esto contrasta con el pasaje siguiente:

Y dijo Jehová Dios:
no es bueno que el hombre esté solo;
le haré ayuda idónea.
Jehová Dios formó, pues, de la tierra
toda bestia del campo, y toda ave de los cielos,
y las trajo al hombre para que viese cómo las había de llamar;
y todo lo que el hombre llamó
a los animales vivientes, ése es su nombre.
Y puso el hombre nombre a toda bestia y ave de los cielos
y a todo ganado del campo;
mas para el hombre no se halló ayuda idónea.
Gén. 2:18-20

Dios ha creado las condiciones que aseguran el sustento del ser humano. El agua y el alimento, representado por los frutos "buenos para comer", abundan en Edén. La creación parece completa. Sin embargo, Dios se detiene y reflexiona: hay algo que NO ES BUENO en su creación: la soledad del hombre. Entonces despliega todo su poder creador para darle una "ayuda idónea". Crea todos los animales domésticos y salvajes (que son innumerables) y se los presenta al hombre ... ¡pero qué fracaso! Ninguno es adecuado.

Más adelante, veremos que Dios ensaya otra estrategia: hace una mujer a partir de una costilla del hombre ¡y funciona! Este pasaje presenta una imagen muy humana de Dios, semejante a la de un artista que trabaja en su obra, retocándola una y otra vez hasta obtener el resultado deseado. De este modo, el narrador nos muestra un elemento esencial del carácter de Dios: su preocupación constante por las necesidades del ser humano.

Recordemos que hasta el versículo 20 sólo se ha hablado de "adam", el individuo que simboliza la humanidad. Por lo tanto, Gén. 2:18 enseña que ningún ser humano (varón o mujer) debe estar solo, porque necesita de la compañía de una "ayuda idónea".

El lector puede pensar que la palabra "ayuda" denota algún elemento accesorio. Sin embargo, el Antiguo Testamento demuestra lo contrario (8). La palabra "ayuda" se utiliza 21 veces, la mayoría de las cuales se refiere a la acción salvadora de Dios hacia su pueblo (9). De hecho, la palabra hebrea que se usa aquí (ezer) proviene de dos raíces, una que significa "rescatar" o "salvar", y otra que significa "ser fuerte", lo que en conjunto expresa "un poder o fuerza que puede salvar". Vemos, entonces, que se trata de algo de gran relevancia dentro de la vida humana. Pero ¿quién podrá prestar semejante ayuda?

Al examinar el hebreo original, vemos que la palabra "knegdwo", traducida habitualmente como "idónea", no es un simple calificativo, sino que está formada por varios elementos. El primero es una preposición que indica semejanza, como en Génesis 3:5 ("seréis como Dios") y Génesis 3:22 ("he aquí el hombre es como uno de nosotros"). El otro es un elemento que significa "frente a él", como en Josué 5:13 ("vio un varón que estaba delante de él").

Es decir, en lugar de "ayuda idónea", deberíamos traducir "ayuda de un semejante delante de él", es decir, de alguien que está en su presencia como un igual. ¡Es la ayuda de otro ser humano! El hombre no puede estar solo, sino que necesita vivir en una comunidad especial: una comunidad de iguales. La traducción al griego realizada en la Septuaginta confirma esta interpretación: en el versículo 18 usa la preposición "kata" (comparación entre iguales) y en el versículo 20 usa la palabra "homoios" (igual fuerza o rango).

 

Para señorear ... y cuidar

Tal como hiciera con el ser humano, Dios crea los animales a partir de la tierra, pero ninguno de ellos resulta ser la "ayuda idónea". Tanto el hombre como los animales son de la misma materia prima (tierra), lo que determina una estrecha conexión entre ellos. Sin embargo, el ser humano no se reconoce en ninguna de estas nuevas criaturas; ninguno de ellos es su semejante.

Llama la atención la escena en que el ser humano le pone nombre a los animales.

... No temas porque yo te redimí;
te puse nombre, mío eres tú.
Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo;
y si por los ríos, no te anegarán.
Cuando pases por el fuego, no te quemarás,
ni la llama arderá en ti.
Isaías 43:1-2

Tal como se expresa en este texto, poner nombre implica señorío. Y esto significa supremacía ... pero también responsabilidad por la vida de otros; en Génesis 2, la responsabilidad del ser humano de velar por el futuro de los animales que Dios ha creado. La historia de Noé nos recordará lo entrelazados que están el futuro de la humanidad y el de los animales (10).

Además de la responsabilidad que asume, hay otra razón por la que Génesis 2:18-20 destaca el carácter especial del ser humano. Como explicábamos anteriormente, la "ayuda idónea" se refiere a la compañía de otro ser humano. En el pasaje en cuestión, el narrador expone que ni siquiera Dios mismo puede volver a crear un ser humano a partir de tierra. Aparece como un evento tan especial que es único e irrepetible hasta para el propio Creador. Por eso, la única forma de crear un nuevo ser humano es reproducirlo a partir de otro ya existente.

 

Carne de mi carne

Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre el hombre,
y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas,
y cerró la carne en su lugar.
Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre,
hizo una mujer, y la trajo al hombre.
Dijo entonces el hombre:
Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne;
ésta será llamada esposa, porque del esposo fue tomada.
Gén. 2:21-23

Dios recurre a una nueva estrategia. Crea a la mujer a partir de la materia misma del hombre. Esta vez, el hombre sí se reconoce en la nueva criatura: es de su propia carne y su propio hueso. Es su semejante. Tanto es así, que le pone su propio nombre (Ish = esposo) en versión femenina (Ishá = esposa). No es éste un nombre que implique dominio, como en el caso de los animales; sino, por el contrario, denota igualdad.

Sin embargo, resulta paradójico que ahora le falte algo al hombre ("la costilla"), que es precisamente lo que posee la mujer. De ahí la complementariedad, que se resalta luego en el versículo 24: al unirse vuelven a formar una sola carne, un solo ser.

Por tanto, dejará el esposo a su padre y a su madre,
y se unirá a su esposa, y serán una sola carne.
Gén. 2:24

Nótese que sólo en esta complementariedad surgen el varón y la mujer como tales. No antes. Por esto, en sentido estricto el personaje de Génesis 2:7-20 no es un varón, sino simplemente un ser humano. El varón surge sólo cuando se crea su complemento. Por lo tanto, Génesis 2:21-23 no relata sólo la creación de la mujer, sino también la del varón.

 

Para vivir en desnudez

Génesis 2 nos enseña que el ser humano no debe estar solo, sino que debe vivir en una comunidad de semejantes. Luego, nos describe las características que deben tener las relaciones entre los miembros de dicha comunidad: igualdad, complementariedad y, ahora, la confianza absoluta de la desnudez. Entre ellos, no hay nada que ocultar, nada de qué avergonzarse.

Y estaban ambos desnudos,
el hombre y su esposa,
y no se avergonzaban.
Gén. 2:25

Éste es el clímax de la creación, la vida plena para la cual Dios creó al ser humano. La pareja de Génesis 2 representa la vida en una comunidad de iguales; una comunidad salvífica, el ambiente seguro en donde no hay nada que temer porque ninguno pretende señorear sobre los demás y donde todos cuentan con la "ayuda idónea" que necesitan.

 

Conclusión: Y... ¿ fueron felices ?

Llegamos al final de esta historia que nos habla acerca del amor de Dios hacia sus criaturas. Un amor que lleva al Creador a convertirse en siervo de aquellos sobre quienes señorea (11).

Vemos a Dios pendiente en todo momento de las necesidades del ser humano y proporcionando todo lo necesario para satisfacerlas. Pero Dios no sólo se limita a satisfacer la necesidad de sustento; no quiere que el ser humano meramente sobreviva en un medio ambiente adecuado. Dios quiere que tenga una vida plena, compartiendo con sus semejantes el amor que Él le ha prodigado, sirviéndoles como Él ha servido.

Por eso, en Génesis 2, Dios mismo nos da el ejemplo de cómo debemos vivir. Es en esto que desea que seamos a su "imagen y semejanza" (12). Como contraste, Génesis 3 y 4 nos enseñan qué es lo que sucede cuando somos imitadores de los falsos dioses (13).

De este modo, vemos cómo este antiguo texto bíblico nos entrega claves para entender el propósito de nuestra propia vida hoy.

Frente a la explotación implacable de los recursos naturales, que no mira las consecuencias que ya se hacen notar en tantas regiones del mundo, el relato de Génesis 2 nos recuerda que somos responsables de cuidar de los recursos que Dios nos ha entregado -entre ellos, los animales, los vegetales y la tierra, con quienes estamos íntimamente relacionados-, con el fin de asegurar el sustento para todos en el futuro.

Por otra parte, la actual cultura dominante nos enseña a valorar la acumulación individualista de riquezas sin mirar la terrible pobreza en que viven millones de nuestros semejantes. Frente a esto, Génesis 2 nos enseña otro camino.

El ser humano de Génesis 2:15 era tremendamente rico: todas las riquezas de Edén eran sólo para él. Sin embargo, éstas no tenían sentido mientras no pudieran ser compartidas con otros, en una relación igualitaria. En el texto bíblico, la disponibilidad de los recursos es tan importante como la capacidad de compartirlos: por eso, el relato tiene dos partes de igual extensión, una antes de Génesis 2:15 (creación de los recursos) y una después de ese versículo (creación de la comunidad).

Ambos aspectos de la creación se ven amenazados al comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Como veremos en Génesis 3, al comer del fruto la plenitud de la creación -la desnudez- ya no es posible (14). Surge la desconfianza y, con ello, la agresión (15). No sólo eso, sino que la pérdida de la desnudez amenaza también el sustento del ser humano (16).

Así, vemos como el idílico cuadro que se nos presenta en Génesis 2 se invierte en Génesis 3 y 4. Por ejemplo, Génesis 2 nos enseña que la igualdad surge cuando puedo reconocerme a mí mismo en el rostro de quien está frente a mí; surge cuando miro a mi semejante y soy capaz de decirle "eres carne de mi carne", reconociendo nuestra mutua pertenencia e igual dignidad ante Dios. Como contraste, Génesis 3 y 4 nos mostrará que la desigualdad entre los seres humanos, reflejada en el trabajo forzado, el machismo y el asesinato del débil, surge como consecuencia de la pérdida de confianza y del afán de ejercer poder los unos sobre los otros.

Sin embargo, Génesis 2 no es un libro de historia que nos habla nostálgicamente de un pasado irremediablemente perdido. Es un mito que nos muestra la esencia de una realidad posible hoy en día, siempre que nos abstengamos de comer del fruto funesto y, con la ayuda de Dios, luchemos juntos por sanar al mundo del daño causado por quienes una y otra vez a lo largo de la historia han comido de ese fruto.

Los seres humanos podemos vivir en Edén. Ésa es la invitación que nos entrega Jesucristo: la invitación a hacernos parte de la comunidad de Su Reino, donde podemos habitar desnudos porque nadie se enseñorea de los demás y donde no hay por qué afanarse por el mañana.

Los que son tenidos por gobernantes de las naciones
se enseñorean de ellas,
y sus grandes ejercen sobre ellas potestad.
Pero no será así entre vosotros,
sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros
será vuestro servidor.
Marcos 10:42-43

Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer,
ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.
Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
Lucas 12:29,31

 

 

 

Notas

(1) Hans de Wit (1988). Aprender a negociar. Capítulo 1 de "He visto la humillación de mi pueblo".

(2) Las citas bíblicas fueron extraídas de la traducción Reina-Valera, versión 1960, pero introduciendo algunas modificaciones que se explican en el transcurso del artículo.

(3) Génesis 7:3,9

(4) Isaías 55:10

(5) Por ejemplo, la palabra hebrea que en Génesis 2:7 se traduce como "aliento", se traduce habitualmente como "vida" (véase Josué 10:40, 11:11 & 11:14).

(6) Génesis 7:21-22; Eclesiastés 3:19

(7) Isaías 51:3; Ezequiel 36:35

(8) Margarita Muñiz (1997). "La interpretación bíblica y el rol de la mujer". Revista Alétheia N°12, España. Disponible en http://www.geocities.com/teologialatina/mujer.html

(9) Éxodo 18:4; Salmos 20:2, 33:20, 70:5, 89:19, 115:9, 115:10, 115:11, 121:1-2, 124:8, 146:5

(10) Véase, por ejemplo, Génesis 6:17-20 & 9:9-11

(11) Lucas 22:27

(12) Génesis 1:26-27

(13) Génesis 3:5

(14) Génesis 3:7

(15) Génesis 4

(16) Génesis 3:17-19