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Carta a Diogneto

 

La Carta a Diogneto es considerada
la obra más bella y mejor escrita de la literatura apologética.

Esta antigua obra es una exposición de la vida de los primeros cristianos, dirigida a un cierto Diogneto (nombre puramente honorífico, según la opinión más difundida) y redactada en Atenas, en el siglo II. Investigaciones recientes sugieren que podría tratarse de la Apología de Cuadrato al emperador Adriano, que durante siglos se creyó perdida.

Talvez lo único rebatible de este escrito sean algunas líneas donde se evidencia una visión gnóstica del cuerpo y el alma ("el alma invisible está en la prisión del cuerpo visible..." o "el alma se mejora con los malos tratos en comidas y bebidas…"). Pese a ello, la lúcida descripción del autor acerca de la postura de los cristianos en el mundo se ha mantenido vigente hasta hoy.

A continuación, reproducimos un pequeño resumen de la carta. La versión completa puede encontrarse en este sitio.


"Los cristianos no se distinguen de otros hombres por su nacionalidad, ni su idioma, ni por sus observancias. Porque no habitan ciudades propias, ni emplean un vocabulario especial, ni llevan una vida marcada por alguna singularidad...

Viven en sus países, pero como transeúntes. Como ciudadanos, comparten todas las cosas con otros; sin embargo, no se sujetan a ellas, como si fuesen extranjeros. Toda tierra extranjera es como su propio país, y toda tierra de nacimiento, como país de extranjeros...

Ellos habitan en la carne, pero no viven en pos de ella. Pasan sus días en la tierra, pero son ciudadanos del cielo. Obedecen las leyes prescritas y, al mismo tiempo, las superan con sus vidas. Aman a todos los hombres y, a su vez, son perseguidos...

Ellos son pobres; sin embargo, a muchos hacen ricos... Para resumir todo en una palabra: lo que el alma es para el cuerpo, eso son los cristianos para el mundo".-

 

Ha escogido Dios lo débil del mundo para confundir lo fuerte.
Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios;
lo que no es, para reducir a la nada lo que es.

Pablo de Tarso
1 Co 1:27-28