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Asesino global

por Felipe Elgueta Frontier

Reflexión escrita en octubre de 2001

 

Vivimos tiempos paradójicos. Es, precisamente en estos días de comunicaciones globalizadas, cuando parece más difícil enterarse de lo que realmente pasa en el mundo.

Mientras nos siguen bombardeando con imágenes de la caída de las Torres Gemelas, todavía no nos damos cuenta de que ese mismo día se estaba cometiendo un crimen de proporciones aún mayores... y que se repite cada día. La Biblia denuncia reiteradamente este crimen, que por primera vez se describe en el cuarto capítulo del libro de Génesis.


Escena de hambre en Etiopía

Caín y su hermano Abel participan en un mismo acto litúrgico. Ambos llevan sus ofrendas ante Dios. Contrariamente a la interpretación tradicional de este pasaje, no hay nada en el texto original que indique alguna diferencia en cuanto a la calidad de las ofrendas: ambas son equivalentes (1).

Sin embargo, Dios mira a Abel y no a Caín (2). ¿Por qué?

La respuesta es muy sencilla: Abel es el hermano menor. En la cultura hebrea, el primogénito se quedaba con todos los privilegios, en desmedro de sus hermanos menores. Por eso, en el mismo libro de Génesis se ve que Jacob decide robar la primogenitura a Esaú (3).

Ayer como hoy, los ojos de Dios están puestos sobre los hermanos menores de este mundo, los que no gozan de ningún privilegio: los marginados, los desposeídos, los hambrientos.

Frente a esto, los Caínes optan por la indiferencia. Bajan su mirada (4). No quieren ver lo que Dios ve. No quieren ver la necesidad de su hermano porque, al hacerlo, se comprometen con una causa que no les conviene: una causa que amenaza su situación privilegiada en este mundo.

"¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?" (5)

La frase resuena a través de los tiempos, con matices diferentes:

¿Acaso somos guardianes de los 800 millones de hambrientos de este planeta?

¿Acaso los escasos billonarios de este mundo son guardianes de los 10 millones de personas condenadas a muerte por hambre cada año?

La respuesta de Dios es clara: al dejar morir a su hermano, Caín se condena a sí mismo (6).

Los medios masivos de comunicación nos muestran lo que queremos ver. Ciertamente es fácil aceptar un mundo dividido en cristianos occidentales buenos y musulmanes fundamentalistas malos. Resulta mucho más difícil aceptar un mundo trastocado en el que dos bandos invocan el nombre del Dios de Abraham para matarse entre sí, contraviniendo flagrantemente la voluntad de este mismo Dios.

Mientras tanto, Su mirada sigue donde ha estado siempre. A Sus ojos no escapan las decenas de miles que mueren de hambre cada día. Su Palabra es clara. Sobre nosotros recae la responsabilidad de luchar contra ese asesino global que es nuestra propia indiferencia.

 

-Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

-De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Mateo 25:37-40

 

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Notas

(1) Hans de Wit (1988). La tierra y sus hijos (II). Capítulo 4 de "He visto la humillación de mi pueblo".

(2) El original hebreo dice "mirar"; no "mirar con agrado", como indica la traducción Reina de Valera.

(3) Génesis 25:27-34

(4) Génesis 4:5-6

(5) Génesis 4:9

(6) Génesis 4:10-12