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Anglicanos en Chile

por Mónica Perl
Publicado en "Artes y Letras" de El Mercurio, 18 de febrero de 1996

 

Introducción

1. Cerca del comercio e industrias

2. La misión entre los yámanas

3. La misión Araucana

4. Lo que queda por hacer

Anexo: ¿Qué es el Anglicanismo?

 

 

Introducción

Más que el "five o'clock tea", a los ingleses los distingue su religión. Aunque de su influencia laica en Chile se sabe mucho, ha habido también una poco conocida labor anglicana. De hecho, el año pasado fue el centenario de la Misión Araucana, y años antes un puñado de británicos fue protagonista de la trágica historia de la misión más austral del mundo, entre los yámanas.

Tenacidad, lucha contra un medio ambiente hostil, muerte, yámanas trasplantados a Inglaterra y comunidades inglesas son algunos de los aspectos que se conocen de los anglicanos en Chile. Pero hay más, y es eso lo que Barbara Bazley quiso relatar en el primer libro que se ha escrito sobre ellos.

La esposa del actual obispo anglicano en Chile intentó reconstruir los hitos poco divulgados, los que incluso no se encuentran en libros de historia de Chile.

Es un relato simple y orientado a los anglicanos que no conocen su historia en nuestro país. Por momentos, uno esperaría encontrar más análisis e interpretación y algo menos de sectarismo contra los católicos y las denominaciones más cercanas al catolicismo dentro de la Iglesia Anglicana.

Desde la Reforma, en 1534, la Iglesia de Inglaterra comenzó a dispersarse por el mundo de la mano de los exploradores, comerciantes, colonialistas, misioneros y pastores. Chile no fue la excepción.

La obra anglicana en nuestro país puede describirse a través de tres aspectos fundamentales: la acción entre los ingleses residentes y sus descendientes, la fallida misión de los yámanas y la Misión Araucana. Esta última cumplió el año pasado su centenario, y fue la motivación de Barbara Bazley para escribir el libro "Somos anglicanos".

1. Cerca del comercio e industrias

Durante el siglo XIX, grupos de ingleses se asentaron en puertos y ciudades industriales chilenas. Ahí intentaban practicar su culto a pesar de que no había libertad. Esto se traducía en la imposibilidad de celebrar matrimonios y entierros. Muchos esperaban que algún capellán de barco los casase en alta mar. Sus difuntos eran enterrados en quintas particulares, en los cerros o en la playa. A veces el féretro volvía días más tarde, pues había sido desenterrado por las olas.

"Curiosamente, no participaron en la lucha teológica que llevó a la libertad de culto", afirma Juan Guillermo Prado, autor de diversos libros sobre religiosidad en Chile.

Incluso muchas familias se convirtieron al catolicismo. En parte para poder casarse con católicos, pero también "porque las puertas en muchos ámbitos de la vida nacional estaban cerradas a los no católicos", explica Barbara Bazley; "para tener éxito en la política y en los negocios muchos optaron por la conversión".

La viajera María Graham relata que en Valparaíso, en 1822, los ingleses realizaban cultos en sus casas; lo mismo sucedía en sus barcos recalados en el puerto. Pero recién en 1841 se nombró un capellán consular en Valparaíso. La construcción de la iglesia "St. Paul's" comenzó en 1857 y fue inaugurada en 1869, cuando ya se había reformado el artículo quinto de la Constitución de 1833, lo que permitió hacer cultos de otras religiones en edificios de propiedad particular y fundar y sostener escuelas privadas.

En 1903 se inauguró el famoso órgano que la comunidad inglesa donó en memoria de la muerte de la reina Victoria en 1901.

Cuando los ingleses empezaron a trasladarse a Viña del Mar, se decidió la construcción de la capilla "St. Peter's", que quedaría más cerca de sus casas. Desde entonces "St. Paul's" comenzó a decaer, hasta que debió ser cerrada. Los anglicanos de Viña están intentando rehabilitarla juntando dinero en conciertos dominicales.

Lota y Concepción fueron dos centros urbanos con núcleos anglicanos importantes. La compañía explotadora de carbón, instalada por Matías Cousiño en 1852, atrajo mineros desde Cornwall, lo que llevó la población de ingleses en Lota a 5 mil. Al comienzo, un reverendo presbiteriano los atendía a todos, hasta que en 1860 llegó Allen Weare Gardiner -hijo de quien años antes intentó establecer una misión entre los yámanas-. Se instalaron escuelas, salas de culto y dispensarios a medida que la congregación crecía.

En el Norte Grande, los anglicanos también se hicieron presentes; su historia estuvo vinculada a los ferrocarriles y el salitre. En Iquique, de una población total de 30 mil personas en 1900, 6 mil eran británicos. Muy pronto formaron congregaciones en Antofagasta, Iquique, Tocopilla, Taltal y otras ciudades.

En el norte, la iglesia anglicana focalizó su acción entre los ingleses; no hubo misiones, salvo quizás en Chañaral. "La actividad estaba orientada a mantener el culto para los extranjeros. Nunca he visto nada que muestre que los pastores hubieran exhortado a los empresarios a una determinada conciencia social hacia sus trabajadores", explica Barbara Bazley.

El fin del auge del salitre en los años treinta disminuyó la colectividad inglesa y, con ella, los pastores anglicanos.

A Punta Arenas fueron llegando agricultores, ovejeros, ingenieros y comerciantes británicos. Se decidió enviar a un pastor para atender sus necesidades. Pero ninguno se presentó al llamado. El obispo de Malvinas, de quien dependían los anglicanos de Chile, decidió enviar a John Williams. Según Barbara Bazley, éste tenía espíritu misionero, por lo que no se pudo contener y predicó entre los chilenos, formando una congregación que hablaba en castellano. Es una de las pocas capellanías que han tenido una historia continua hasta hoy.

En Santiago, la presencia inglesa fue por mucho tiempo menor que en otras ciudades. Curiosamente, el incendio de la iglesia de la Compañía en 1863 impulsó a la Sociedad Misionera a enviar un pastor. En 1870 llegó el primero, quien hizo los cultos iniciales en la Compañía de Gas, cuyo gerente era anglicano.

En Santiago, antes de que existiera un cementerio para disidentes, los anglicanos eran enterrados en el cerro Santa Lucía.

Cuando Vicuña Mackenna decidió transformar éste en parque, los ingleses pidieron que los restos fueran trasladados al nuevo cementerio.

En 1904 se construyó una capilla en calle Santo Domingo; mientras tanto, el culto dominical se realizaba en otras iglesias protestantes. Cuando las familias inglesas comenzaron a trasladarse hacia los barrios altos de la capital, se construyó una capilla en avenida Holanda.

2. La misión entre los yámanas

Las misiones en Chile fueron más bien intentos particulares de personas imbuidas en un fervor evangélico. Sus historias relatadas en "Somos anglicanos" por momentos parecen epopeyas.

Aunque hasta 1925 las misiones anglicanas en Chile no tenían en realidad autorización, los mayores obstáculos no venían de las autoridades, sino del medio ambiente.

En 1827 llegó al Estrecho de Magallanes el "Beagle", comandado por Fitz-Roy. Tres años más tarde, una ballenera del barco fue robada por yámanas de la isla Navarino. Para intentar recuperarla, los ingleses tomaron a 4 indígenas como rehenes; luego de una situación confusa éstos debieron seguir a Inglaterra. Uno murió de viruela; los demás vivieron un año en la casa de un pastor anglicano, donde estudiaron inglés, doctrina cristiana, trabajos manuales, herrería, carpintería y horticultura.

El "Beagle" volvió a Sudamérica en 1832 con los tres yámanas a bordo y un joven misionero para iniciar juntos una obra evangélica.

Fitz-Roy visitó el lugar donde los había dejado, Wulaia, y vio que la obra no había resultado, por lo que decidió que el reverendo volviera a Inglaterra.

Ante este fracaso, la Iglesia de Inglaterra rehusó involucrarse en otro intento misionero en Sudamérica.

Una figura fundamental fue Allen Francis Gardiner, quien en 1821 llegó a Chile como marinero, pero sin ninguna inquietud religiosa. Cuenta Barbara Bazley que aquí se sintió conmovido por el estado de los indígenas. En Inglaterra no logró convencer a la Sociedad Misionera de Londres de apoyar una misión entre ellos.

Cuando murió su primera esposa prometió dedicarse a la prédica del Evangelio. Luego de varios periplos e intentos fallidos en Chile, Sudáfrica, Nueva Guinea, Estrecho de Magallanes y Bolivia -además de haber creado la Sociedad Misionera de la Patagonia-, Gardiner se embarcó en 1850 y descendió en Puerto Español, en el Estrecho de Magallanes, junto a seis hombres. Había organizado la llegada de provisiones desde Inglaterra y Montevideo, pero ambas estrategias fallaron. Puerto Español estaba fuera de las rutas de navegación y nunca más salieron de allí, pues fueron derrotados por el escorbuto, el frío y el hambre.

A su muerte, Gardiner se transformó en héroe y, en 1854, partió una goleta con su nombre rumbo a las Malvinas. Las donaciones a la Sociedad Misionera de la Patagonia permitieron arrendar la isla Keppel, donde se estableció un fundo que con los años permitió abastecer de víveres a los misioneros. Allí se llevaban grupos de seis a ocho yámanas, que recibían instrucción. A su vez, los misioneros intentaron aprender el idioma.

La obra fracasó nuevamente, luego de que los yámanas mataran a un grupo de misioneros que había comenzado un servicio religioso en tierra.

A pesar de esto, Waite Hockin Stirling, quien de joven había escuchado charlas de la Sociedad Misionera de la Patagonia, partió en 1862 junto a su esposa y otros osados hacia Keppel. El fundo estaba bien cuidado y un joven inglés ya dominaba el idioma yámana.

Luego de que, en 1868, un asentamiento cristiano en Navarino prosperara, Stirling decidió vivir entre ellos. Eligió Ushuaia, donde se instaló en 1869. Logró entablar amistad con los yámanas, entre quienes vivió siete meses, cuando supo que debía volver a Inglaterra para ser ordenado obispo de las Malvinas, diócesis de la que dependía toda Sudamérica.

Con la llegada de argentinos y chilenos a la Patagonia, cundieron las enfermedades entre los yámanas. En poco tiempo murió la mitad y la otra estaba tan débil que ni siquiera podía enterrar a sus muertos.

Según el historiador Gonzalo Vial, en el exterminio de los fueguinos "tuvo parcialmente la culpa una intención buena, aunque homicida: la de civilizarlos. Misioneros y funcionarios compitieron en hacerlos vivir como europeos. Los congregaron, pues, y les dieron vestidos, alimentos y costumbres occidentales. Mas por allí llegaron, también, los desconocidos vicios y enfermedades del hombre blanco". Los últimos misioneros ingleses y sus descendientes intentaron protegerlos, pero en vano pues su fin fue inevitable.

3. La misión Araucana

Barbara Bazley escribió el libro "Somos anglicanos" como parte de la celebración de los cien años de la Misión Araucana.

"Si bien los conversos han sido pocos", escribe Gonzalo Vial en su "Historia de Chile", "la labor social ha resultado inapreciable. La misión, aparte de sus templos y centros para el culto, ha mantenido cinco escuelas primarias, un liceo mixto, un internado también mixto, una escuela agrícola, un hospital y una policlínica".

Antes de morir Gardiner en Puerto Español, escribió una última carta a su esposa, pidiendo que se instalara una misión en tierra araucana. Su hijo Allen Weare Gardiner llegó a Chile en 1860 para predicarles, sin lograrlo. Se estableció entonces como capellán de ingleses y galeses en Lota.

Pero cuando se celebraron los 50 años de la Sociedad Misionera de la Patagonia, la Sociedad Misionera de Sudamérica decidió hacer una nueva campaña. El obispo Stirling promovió la causa entre los mapuches y esta vez la Iglesia de Inglaterra entregó fondos. Cinco misioneros se dirigieron a Chile, quienes comenzaron a llegar en 1895. Entre ellos Carlos Sadleir, quien defendió a los mapuches de las usurpaciones de tierras.

Decidió que el lugar más apropiado para la misión era Chol-Chol, que con Temuco y Maquehue fueron los centros de expansión. Esta vez, uno de los mayores problemas estaba resuelto, pues Carlos Sadleir traía un diccionario mapuche. Comenzó a traducir himnos y la Biblia con la ayuda del cacique Paillalef.

Los anglicanos apoyaron su misión sobre dos pilares: la educación y la salud. Pensaban que letrando a los mapuches estarían en una posición más fuerte para evitar usurpaciones de tierras. Además, se debían combatir las enfermedades y vicios, especialmente el alcohol.

Las escuelas comenzaron a funcionar con pocos alumnos, pues los padres mapuches consideraban a sus hijos fundamentales en las labores del campo.

Carlos Sadleir en una ilustración de la Sociedad Misionera para Sudamérica

A medida que algunas alumnas iban terminando la escuela y volvían a sus hogares, instalaban escuelas, las que en 1925 alcanzaban unas 40.

En general fue difícil acceder a las mujeres, que estaban más influenciadas por las machis. Todas sus creencias acerca del cuerpo, lactancia, enfermedades, parto, etc., las encerraban en un mundo de ideas, costumbres y creencias difíciles de romper. Dado el poder de la machi y de su rol como médico, los ingleses intuyeron con razón que las enfermeras cristianas tendrían un rol fundamental en la obra misional.

Los ingleses se daban cuenta de que una de las debilidades de la obra era que dependiera absolutamente de misioneros extranjeros. Por esto, en 1937 fue ordenado diácono Juan Antinao, primer diácono indígena de Sudamérica, y al año siguiente Segundo Cayul.

La Segunda Guerra Mundial significó una crisis para la misión. Recién en los años cincuenta comenzaron a llegar nuevos misioneros y enfermeras que hicieron renacer la obra ayudados por cada vez más diáconos y pastores mapuches.

4. Lo que queda por hacer

En 1958 la Iglesia Anglicana cambió de rumbo y se abrió más a los elementos locales. Decidió dirigir su atención a Sudamérica, especialmente a los hispanoparlantes de las ciudades.

Como muchos sureños habían migrado a Santiago, se estableció allí una nueva capilla. Actualmente en la capital funcionan diez iglesias, que intentan alcanzar todos los grupos sociales.

Además, se está desarrollando el Plan Norte, que enviará misioneros a La Serena y Antofagasta, y más tarde a otras ciudades.

Uno de los desafíos más complejos para la Iglesia Anglicana de Chile es asumir sus gastos de administración, ya que desde Inglaterra los aportes se han hecho cada vez menores. Y también queda por delante reemplazar el obispo extranjero por un chileno.

Anexo: ¿Qué es el Anglicanismo?

Definir esta confesión, que nació en 1534 cuando Enrique VIII decidió rebelarse a la autoridad del Papa que no le permitía divorciarse para seguir intentando tener un heredero, no es fácil pues en ella conviven diferentes corrientes.

Existen 28 denominaciones con matices de pensamiento y práctica, desde aquellas y cercanas al catolicismo hasta las que comparten la doctrina protestante de la justificación por la fe. Algunas son la Iglesia Alta, Anglo-católicos, Iglesia Baja y Evangélicos.

La Comunión Anglicana desciende de la Iglesia de Inglaterra. Es una familia de iglesias unida por lazos intangibles de lealtad común al arzobispo de Canterbury, a quien ven como su líder titular, y por la aceptación de las doctrinas y prácticas contenidas y definidas en el Libro de Oración Común, un libro litúrgico del siglo XVI. El liderazgo del rey o reina de Inglaterra es más bien protocolar ( * ).

Frecuentemente se considera al anglicanismo como un punto intermedio entre el catolicismo y las iglesias protestantes. Es flexible en cuestiones de doctrina y culto, pero siempre manteniendo la lealtad hacia el Libro de Oración Común.

Posiblemente las diversas iglesias de la Comunión Anglicana tomaron conciencia de sí mismas como una familia con la primera conferencia de Lambeth en 1867, lugar en el que se reúnen cada cierto tiempo para tomar decisiones importantes.

La unidad base es la diócesis y varias de éstas forman una provincia autónoma. Es así como, por ejemplo la conflictiva decisión de ordenar mujeres no se ha adoptado en Sudamérica. "El tema lo hemos discutido", dice Barbara Bazley, "pero no se ha decidido llevarlo a los sínodos. En este aspecto coincidimos con la enseñanza católica que privilegia el rol de madre y esposa. Pero en el culto las mujeres tenemos bastantes libertades, no sólo podemos administrar la santa cena, a veces incluso predicamos y dirigimos el culto".-