Dios: De vuelta a la política
por Jim Wallis
Traducido del inglés por Felipe Elgueta Frontier
Publicado originalmente en el New York Times, 28 de diciembre de 2003

 

Para demasiados Demócratas, la fe es privada y no tiene consecuencia alguna para la vida política. Pero ¿qué clase de fe es ésa? ¿Dónde estaría Norteamérica si el Reverendo Dr. Martin Luther King Jr. se hubiera guardado su fe para él solo?

 

Mientras los candidatos presidenciales Demócratas asisten a los servicios religiosos de estas fiestas, sus celebraciones pueden verse enfriadas por un incómodo hecho: los norteamericanos que asisten regularmente a la iglesia tienden a votar por los Republicanos.

En una aplastante mayoría, los norteamericanos se consideran a sí mismos personas religiosas. Además, según el Centro de Investigaciones Pew para la Prensa y el Pueblo, un 63 por ciento de las personas que asisten a la iglesia más de una vez a la semana votan por los Republicanos, mientras que un 62 por ciento de las personas que nunca o rara vez asisten, votan por los Demócratas.

Esta disparidad debe llamar la atención de los Demócratas (si no como un asunto de fe, entonces como un tema político). Lo que es aún más importante, debe incumbirle a cualquier persona que se preocupe por el rol de la religión en la vida pública. Al no involucrar a los Republicanos en este debate, los Demócratas nos empobrecen a todos.

Está claro que el Presidente Bush y los Republicanos tienen una ventaja entre las personas de fe cuando que se aproxima un año de elecciones. Los Republicanos se sienten más cómodos cuando hablan sobre valores y temas religiosos, y están prestos a prometer que su fe afectará su quehacer político (aun cuando, al igual que sus colegas Demócratas, no siempre cumplen sus promesas electorales).


Bush junto a representantes de las iniciativas comunitarias y basadas en la fe. foto: Casa Blanca

El Presidente Bush es tan público y expresivo acerca de su fe como cualquier otro morador reciente de la Casa Blanca. Una de sus primeras acciones como presidente fue el establecimiento de la Oficina de Iniciativas Comunitarias y Basadas en la Fe, que ayuda a los grupos comunitarios y religiosos a obtener financiamiento federal para realizar parte de su trabajo. Aunque la “iniciativa basada en la fe” ha resultado ser más simbólica que concreta, el simbolismo importa (tanto en religión como en política).

Los candidatos Demócratas, por el contrario, parecen sentirse incómodos con el tema de la religión (la excepción es Joseph Lieberman, aunque incluso él parece estar menos cómodo ahora que en el 2000). Se enredan solos cuando le aseguran a los votantes que, aunque sean personas de fe, nunca permitirán que sus creencias religiosas afecten su orientación política.

 

Para demasiados Demócratas, la fe es privada y no tiene consecuencia alguna para la vida política. Pero ¿qué clase de fe es ésa? ¿Dónde estaría Norteamérica si el Reverendo Dr. Martin Luther King Jr. se hubiera guardado su fe para él solo?

Howard Dean, el principal contrincante del Presidente Bush, refleja fielmente el problema de los Demócratas. El Dr. Dean dijo recientemente que dejó su iglesia en Vermont durante una disputa acerca de una ciclovía, y explicó que su fe no guía su política. También ha dicho que la carrera presidencial debe apartarse de discusiones acerca de “armas, Dios y homosexuales” (“guns, God and gays”, juego de palabras en inglés) y debe centrarse en los temas de empleo, salud y política exterior.

Al plantearlo de este modo (rechazando discutir públicamente los temas “religiosos”), el Dr. Dean cede el espacio para que los Republicanos definan los términos del debate. Los “temas religiosos” en esta elección se restringirán a los Diez Mandamientos en los tribunales públicos, las enmiendas matrimoniales, la oración en las escuelas y, por supuesto, el aborto.

Estos problemas son importantes. Pero la fe también orienta la política en otras áreas. ¿Qué hay de las demandas bíblicas de justicia social, del Dios que levanta a los pobres, del Jesús que dijo “bienaventurados los pacificadores”?

La forma en que un candidato aborda el tema de la pobreza es un asunto religioso, y el fracaso de la administración Bush en apoyar a las familias trabajadoras más pobres debe ser considerado como un fracaso religioso. El deterioro del medioambiente es un problema religioso. Pelear guerras preventivas y unilaterales basadas en argumentos falsos, es un problema religioso (hecho que no ha cambiado con la captura de Saddam Hussein).

Tales temas podrían plantear dificultades para la administración Bush, tanto entre las personas religiosas como entre las que no lo son (si alguien las definiera en términos morales). El fracaso de los Demócratas en el logro de esto, no es sólo un mal cálculo político. Demuestra, además, que ellos no aprecian los aportes que la religión ha hecho a la vida de los norteamericanos.

Los Estados Unidos tienen una larga historia que muestra a la fe religiosa apoyando y, literalmente, conduciendo causas y movimientos progresistas. Desde la abolición de la esclavitud hasta el sufragio femenino y los derechos civiles, la religión ha marcado la pauta para el cambio social.

La separación de iglesia y estado no implica que desterremos los valores morales y religiosos de la escena pública. El tejido social de Norteamérica depende de dichos valores y visiones para conformar nuestra política; una dependencia que nuestros fundadores reconocieron.

En verdad es posible (y necesario) expresar la fe y las convicciones personales acerca de la política pública y, al mismo tiempo, mantener el respeto por el pluralismo de la democracia norteamericana. En lugar de sugerir que no hablemos de “Dios”, los Demócratas deberían estar defendiendo –por motivos morales y también religiosos- que todos los norteamericanos tengan seguridad económica, salud y oportunidades educacionales, y que la fe verdadera da como resultado una preocupación compasiva por los marginados.

Los demócratas deberían estar declarando que una política exterior y militar justa no sólo funcionaría mejor, sino que también sería más consecuente con nuestros valores democráticos y espirituales. Y deben ofrecer una alternativa moral a una política de seguridad nacional basada principalmente en el miedo, y decir lo que la mayoría de los norteamericanos intuitivamente sabe: que la derrota del terrorismo está conectada de manera práctica y espiritual con el trabajo -más profundo- de enfrentar la pobreza global y resolver los conflictos que siembran las amargas semillas de la desesperación y la violencia.

Muchas de estas opciones políticas pueden ser guiadas y moldeadas por la fe de los candidatos y de los ciudadanos, sin transgredir los importantes límites entre iglesia y estado.

Dios siempre es personal, pero nunca privado. Los Demócratas se equivocan al restringir la religión a la esfera privada, así como los Republicanos se equivocan al definirlo solamente en términos de ética sexual y opciones morales individuales. Permitir que la derecha decida cuáles son los temas religiosos sería una tragedia moral y política.

No todos tenemos los mismos valores religiosos en Norteamérica, por supuesto. Y muchas enseñanzas morales están abiertas a interpretación. Pero, al retirarse hacia el secularismo, los Demócratas privan a los norteamericanos de un importante debate.-