El pasado cuatro de abril se cumplieron 35 años de su trágica muerte en Memphis, Estados Unidos. Martin Luther King (MLK) nació en Atlanta, Georgia, el año 1929 en el seno de una familia de color muy religiosa. Tal como él, su padre también fue pastor bautista. Martin estudió en una escuela elemental para negros. A los 17 años sitió el llamado del Señor para dedicarse al ministerio pastoral. Inició estudios teológicos en el Seminario de Crozer, Pennsylvania, los que continuó más tarde en la Universidad de Boston, donde obtuvo su doctorado en teología. En el año 1953 contrajo matrimonio con Coretta Scott, de cuya unión nacieron cuatro hijos. Como todos los afroamericanos, MLK conoce desde niño la segregación racial, ya que siente el rechazo de los niños blancos. Lo sabe a través de la ingenuidad de los mismos niños que le expresan la imposibilidad de juntarse con él por ser de color. Esto lo hace tomar conciencia desde muy pequeño de la esclavitud de su raza y lo lleva a rebelarse contra una realidad amarga. Esta rebelión se entremezcla con la confusión, ya que nadie puede explicarle a un niño por qué es malo ser negro. Más tarde, al ingresar a la escuela, experimenta que se acentúa más la diferencia entre negros y blancos, puesto que van a diferentes colegios, no por causa del dinero, sino por el color de la piel. No obstante todo esto, hay hechos concretos importantes que marcan al joven King y despiertan su vocación libertaria. Uno de ellos es la muerte de la cantante negra Bessie Smith. El niño tenía sólo 8 años de edad cuando su padre volvió a casa con el rostro entristecido. Bessie Smith, la cantante preferida del niño, había sido víctima de un accidente automovilístico. La ambulancia había recorrido todos los hospitales del Mississipi en busca de una transfusión de sangre: en ninguno la dejaron entrar. Eran hospitales para blancos. Bessie Smith se desangró en la camilla. Estos y muchos otros hechos provocan en MLK una rebelión contra la segregación racial que se manifiesta a lo largo de toda su vida; pero nunca pagando con la misma moneda. Su alma generosa y su espíritu fraterno no fueron mordidos por el odio. Tampoco cometió el error de ser sólo un espectador de la injusticia social. 2. Salvación y acción no-violenta Él comprendió que ser cristiano era actuar, pero actuar impulsado por motivaciones superiores: el amor, la libertad, la igualdad y la fraternidad entre los hombres. En su anhelo de ser un fiel seguidor de Jesucristo, optó por la "no violencia" y por la "resistencia pacifica". En cierta oportunidad dijo: "Cristo me ha dado el espíritu y Gandhi el método". Con espíritu indomable y con la filosofía de la resistencia pacífica, luchó incansablemente por la igualdad entre sus hermanos. En un poderoso sermón basado en el texto del sermón del Monte que dice: " tengan amor para sus enemigos, bendigan a los que les maldicen, hagan bien a los que les odian, oren por los que les insultan y maltratan". MLK da las tres siguientes razones de por qué debemos amar a nuestros enemigos: 1. EL ODIO ENGENDRA EL ODIO. Pese a la solidez de estas razones, el predicador bautista añade que hay una razón que supera a todas las demás y es que sólo así se concreta nuestra relación filial con Dios. Dice: "Debemos amar a nuestros enemigos porque sólo amándoles podemos conocer a Dios y experimentar la belleza de su santidad". Miles de personas lo siguieron. Su fidelidad a Jesucristo y su vocación libertaria lo llevaron tanto a la muerte como a la gloria. La comunidad internacional le entregó el Premio Nobel de la Paz a este pastor evangélico bautista el año 1964. Cuatro años más tarde, un día 4 de abril de 1968, fue asesinado por un fanático. ¿Se podría decir que este fiel ministro de Jesucristo, ya a los 39 años, había cumplido la misión de su vida? Quizá MLK no estaba satisfecho, pero sí podía estar tranquilo ante el Juez que "pesa los espíritus". Él había hecho todo lo que estaba a su alcance. Su plataforma de servicio fue un hecho teológico: la salvación. Él se supo y se sintió salvado por la gracia admirable del Señor. Sin embargo, se preguntó ¿para qué fui yo salvado por el Señor? Entendió que la salvación es liberación de absolutamente todas las cadenas, las internas y las externas. Entendió que la miseria y la injusticia eran fruto del pecado. A partir de ese hecho, tomó conciencia de la poca influencia que estaban teniendo los cristianos en el mundo. Más de una vez lee a Gandhi cuando éste dice: "Creo en Jesucristo pero no en los cristianos". El pastor bautista interpretó muy bien a San Agustín cuando dijo: "Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti". Tomó en serio la salvación asumiendo un compromiso integral con Dios y con su prójimo. Su servicio hunde sus raíces en el hecho salvífico de Dios. MLK no es un activista, es un actor social que basa su acción en la reflexión teológica. Él conjuga cuatro elementos muy necesarios en toda acción pública: 1. ENTREGA. El amor lo entendió en términos
de entrega. Fue una luz que se gastó para alumbrar a los demás.
Aún 35 años después de su muerte, su testimonio
ilumina a los hombres amantes de la paz, la igualdad y la fraternidad. 3. La eficacia de la acción no violenta Muchos activistas de la lucha social optan por la violencia porque consideran que ésta es la única vía que asegura el cambio. Argumentan que, si el amor ha de ser eficaz, no puede detenerse en consideraciones "moralistas"; debe echar mano de cualquier medio que dé paso a la justicia. O mantienen que lo cambios logrados por la acción no violenta son demasiado lentos e imaginan que, escalando la presión sobre el poder establecido mediante la violencia, se acelerará el proceso de liberación. Por el contrario, King reconoce que para cumplir con las exigencias del amor, el poder es necesario. Para él, "el amor sin poder es sentimental y anémico"; pero considera, a la vez, que la búsqueda del poder no puede prescindir de lo moral. La acción no-violenta es la mejor opción, no sólo porque responde a los más altos ideales éticos, sino además porque ofrece mayores ventajas prácticas: 1. Da lugar a la participación de las masas.
Un ejército no violento, dice King, "es un ejército
dispuesto a actuar pero no a destruir, dispuesto a cantar pero no a
matar". En síntesis, para MLK la acción no-violenta no es sólo el método más consecuente con la ética cristiana, sino el método más práctico para alcanzar la libertad y la justicia. Su magno ejemplo debe inspirarnos a un compromiso impostergable e ineludible con el Reino de Dios en América Latina. Este compromiso con el Reino de Dios debe traducirse en acciones concretas en pro de la paz y la justicia social en nuestro país. Trabajar por el Reino de Dios significa trabajar por hacer de este mundo un lugar donde reine la justicia la paz, la igualdad y la libertad. "Vosotros sois la sal de
la tierra y la luz del mundo" Más sobre Martin Luther King, Jr.: The Martin Luther King, Jr. Papers Project de la Universidad de Stanford Discurso "Yo tengo un sueño" (formato .PDF)
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