Salvador Dellutri

¿Hagamos males para que vengan bienes?
por Salvador Dellutri, pastor

 

Enviado por: Carlos Alberto Crena.
Notiomega.com, cacrena@sion.com, 20 de abril de 2003

 

Entre las noticias que llegan sobre la agresión de Estados Unidos a Irak desde Washington se informa que muchos soldados estadounidenses se convierten o redescubren su fe en medio de la batalla. Agradecemos a Dios por aquellos que encuentran a Cristo en tan difíciles circunstancias, porque su gracia es infinita y la acción del Espíritu Santo maravillosa. Sin embargo, no podemos desconocer que la noticia –por su origen y contenido– aun siendo veraz, forma parte de una engañosa propaganda política que pretende santificar la guerra. Como cristianos, forma también parte de nuestra responsabilidad desactivar estas bombas informativas que de diferentes formas quieren convalidar aquello condenado taxativamente por las Sagradas Escrituras cuando el Apóstol Pablo escribe a los Romanos: "¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): «Hagamos males para que vengan bienes»?" (Ro 3.8)

Desde los albores de la fe los cristianos tuvieron que fijar su posición sobre la guerra y siendo coherentes con la enseñanza recibida por el Señor se opusieron a tomar las armas. Celso acusó duramente a los cristianos por esta postura sosteniendo: "... si todos los demás hiciesen como vosotros, nada impediría que el Emperador se quedase en solitario y abandonado y el mundo entero se tornaría presa de los bárbaros más salvajes y más groseros". A esto contestó Orígenes diciendo que, si todos fueran cristianos, también los bárbaros lo serían y que los cristianos hacían más por el imperio con su trabajo y oración que todo el ejército romano.

Ambrosio y Agustín comenzaron a estudiar el tema de la "guerra justa" para compatibilizar las ideas cristianas con las del imperio. Agustín fue quien estableció las bases teóricas que justificarían una guerra diciendo que el único propósito era la legítima defensa, no para expansión territorial, ni por belicosidad o venganza y que en todas las acciones debía primar el amor... (?)

Las reflexiones posteriores sobre el tema, sobre todo las realizadas durante el siglo veinte –belicoso en extremo– concluyeron afirmando que sólo se justifica si la acción es emprendida por una autoridad legítima como respuesta a una agresión grave y verdadera, pero luego de comprobar que todas las instancias para poner fin a tal agresión son impracticables o ineficaces y que el uso de las armas no debe producir males y desórdenes más graves que el mal que pretende eliminar.

En el caso de la actual guerra con Irak, los Estados Unidos inicia lo que calificó como "guerra preventiva" por unas presuntas armas de destrucción masiva que finalmente no aparecieron. En el año 1953 Dwight Eisenhower dijo: "La guerra preventiva es un invento de Adolf Hitler, francamente yo no me tomaría en serio a nadie que me viniera a proponer una cosa semejante". La opinión pública internacional está en contra de esta guerra, los argumentos presentados ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas resultaron infantiles, y Francia y Alemania propusieron opciones para evitar el derramamiento de sangre que fueron desoídas. Sin embargo, luego de la masacre en Irak, nuevamente con el argumento de la guerra preventiva y las armas de destrucción masiva, los misiles "santificados" apuntan hacia Siria. No sabemos hacia donde seguirán apuntando en el futuro. El "fundamentalismo cristiano" de las antiguas cruzadas y los tribunales de la inquisición ha revivido en el siglo XXI.

Más del 95% de los muertos son civiles indefensos y el Presidente Bush, que obtuvo el voto del mundo cristiano de los Estados Unidos por su prédica antiabortista, no tiene ningún reparo en masacrar niños iraquíes. Los mismos que ayer nos proponían orar por la ventana 10/40 y enviar misioneros para evangelizar, son los que ahora mandan misiles presuntamente bendecidos. Todo se hace para derrocar a Sadam Hussein, cuyo régimen despiadado y dictatorial fue gestado por los Estados Unidos que en el momento en que le convenía le brindó el apoyo necesario para afirmarse en el poder y desarrollar su capacidad bélica, como lo ha hecho con otros muchos dictadores del mundo.

Como cristianos invocamos todos los días al Príncipe de Paz quien desarmara a Pedro en Getsemaní diciendo: "Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán". Y tenemos que reprobar a todos los que invocan el nombre de Jesucristo para matar y destruir, porque esa tarea es privativa de Satanás (Juan 10.10)

No me impresiona que alguien haga su devocional diario y ore a Dios. El Señor dijo: "Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis." (Mateo 14.16-20)

Tampoco me extraña que en una guerra se invoque el nombre de Jesucristo, porque muchas veces ha sucedido, ni me asombra que las acciones bélicas se quieran justificar con grandes palabras como libertad, justicia o verdad, porque siempre los intereses económicos más mezquinos quisieron legitimarse a través de ellas.

Pero como cristiano cuyo compromiso es sólo con la Verdad de Dios, no sólo milito por la paz, sino que estoy contra la guerra y repudio todo intento de legitimar bastardos intereses económicos y geopolíticos con el nombre de Jesucristo queriendo mostrar a esta guerra como una bendición que abre puertas a la evangelización.-

 

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