Las Iglesias Evangélicas y el Servicio Militar Obligatorio
por Arturo Chacón Herrera

 

Entre mayo y junio del año 2000, tuvo lugar en Santiago de Chile el Foro Nacional sobre el Servicio Militar Obligatorio (S.M.O.). Entre los expositores se encontraban representantes de las fuerzas armadas, poder legislativo, partidos políticos, instituciones educacionales y organizaciones juveniles y religiosas. A continuación, reproducimos íntegramente la postura que representó a las iglesias evangélicas chilenas en este Foro Nacional. La exposición estuvo a cargo del sociólogo Arturo Chacón, a nombre de las Iglesias Evangélicas representadas en el COE (Comité de Organizaciones Evangélicas). La propuesta fue elaborada por una comisión donde participaron, además, la Comisión Nacional Juvenil Evangélica y el Grupo Bíblico Universitario, con la asesoría de la Facultad Evangélica de Teología (F.E.T.).

Puerta del Rebaño, mayo 2003

 

El Comité de Organizaciones Evangélicas (COE) fue invitado a participar en este Foro Nacional acerca del S.M.O. para expresar el punto de vista del mundo al cual representa. Como es sabido el mundo evangélico no es una organización homogénea que tiene un solo punto de vista frente a temas como el que estamos discutiendo. Por esto nos hemos hecho el propósito de hacer una presentación que sea representativa de las diferencias y acuerdos existentes.

En lo referente al S.M.O. existían posiciones distintas que expresaremos a continuación pero que en su objetivo final, buscan hacer realidad la contribución que el mundo evangélico tiene en lo referente a la Defensa Nacional.

Existen dos puntos que nos parecen importantes en esta discusión, y que representan perspectivas y niveles de compromiso con la comprensión de la fe cristiana en relación con la guerra y la paz.

En primer lugar la postura que corresponde al de la llamada guerra justa. Fue Agustín quien eliminó, en gran medida, los escrúpulos de los cristianos a participar en guerras, que fue la actitud prevaleciente en los primeros siglos. El compromiso Constantiniano, sobre el cual volveremos después, rompió con esta postura que Agustín articuló en el sentido de que la guerra podía darse cuando se hacía por el bien de la sociedad. Más tarde, Tomás de Aquino elaboraría las condiciones que debe reunir una guerra justa: a) basada en la autoridad soberana, b) debe ser una causa justa, c) los beligerantes deben tener una intención recta buscando el avance del bien y evitar el mal. A estas condiciones, Francisco de Vitoria agregó que la guerra debía llevarse a cabo por los medios apropiados, de lo cual se valen algunos hoy para decir que esto no es posible aplicarlo en la actualidad por la naturaleza que ha adquirido la guerra en el mundo contemporáneo. Al llegar el siglo XVI la Reforma tomó partido por esta posición, lo que vemos en los Artículos de Religión de la Iglesia de Inglaterra (nº 37) que desarrolla el papel de la autoridad civil (entendida como la distinta a la eclesial), donde establece que es legal para los hombres cristianos, bajo el mando de la autoridad, portar armas y servir en las guerras.

Hay que recordar aquí, que hasta el surgimiento de los llamados estados nacionales la iglesia, en Europa Occidental, fue el Estado. La Reforma y el Renacimiento dieron lugar al desarrollo de estados nacionales, donde la nueva autoridad civil (que fueron monarcas o príncipes) podía disponer de hombres en armas para avanzar sus propósitos. Los cristianos se sujetaron a ellos dentro de los estados nacientes, lo que dio surgimiento a las conocidas guerras religiosas que han sido, hasta tiempos recientes, las más horribles que hemos conocido. Si a este hecho agregamos el punto culminante de cristianos haciendo la guerra, las Cruzadas, tenemos un desarrollo histórico en que la llamada guerra justa sufrió grandes embates.

En segundo lugar, se desarrolla en forma paralela una postura contestataria a la guerra, en los círculos cristianos evangélicos. Dentro del movimiento de la Reforma Radical aparecen comunidades eclesiales que, andando el tiempo, conforman denominaciones que colocan en el centro de su quehacer y de su misión el luchar contra la guerra y por construir la paz sobre bases que consideran más afines con el evangelio. Estas iglesias (menonitas y cuáqueros entre las más conocidas) se consideran herederas directas de los cristianos de los primeros siglos que, como sabemos, prefirieron ser mártires (testigos) antes que formar parte de las legiones romanas. Su postura fue radical como lo atestiguan los escritos de líderes de la iglesia en esa época: Ignacio de Antioquía, Clemente de Roma, Atenágoras, Clemente de Alejandría, Tertuliano, Justino, Orígenes, entre otros, expresaron que los cristianos deben ser gente de paz y no de guerra y que la visión mesiánica de paz se estaba cumpliendo en su tiempo. La unidad del Imperio se hizo posible porque los pueblos, de distinto origen, al convertirse al cristianismo, no hacían la guerra unos contra los otros. Además, los cristianos rechazaban el juramento al emperador - dios que se exigía al participar en las legiones romanas. Esto era para los cristianos una idolatría y prefirieron morir antes que realizarlo. Convencidos de estar viviendo una vida basada en el amor, al ser seguidores de Jesús, no podían inclinarse a ídolos que los hacían traicionar su fe. Llegamos así a un punto en que el avance del cristianismo dentro del Imperio, precipitó acontecimientos políticos. La discutida conversión de Constantino al cristianismo en el siglo IV, cambió las condiciones bajo las cuales los cristianos servían en las legiones lo que hizo aminorar, como hemos dicho, los escrúpulos que tenían de participar en estas tareas.

En los tiempos de la Reforma, los sectores que abrazan una postura contraria a la guerra, sufren las consecuencias de su accionar por lo que su vida no se hizo fácil, ni en los estados nacionales donde predominaba el protestantismo evangélico, ni en los estados donde el Obispo de Roma era considerado como el conductor de las almas. Su existencia estuvo marcada por la discriminación y la intolerancia, con constantes migraciones, hasta llegar a lo que hoy llamamos EE.UU de Norteamérica y también a Canadá. Son ellos, con esta historia, y este legado, los que postulan que el cristiano no está obligado, en conciencia, a servir al Estado a través del porte de armas, y el entrenamiento para su uso. Inician un movimiento por la hoy llamada objeción de conciencia, que consistía en eximirse de esta obligación pero no así de servir al Estado y la sociedad en otra capacidad. En casi todos los estados donde se ha establecido como causal de excepción al S.M.O. la objeción de conciencia, se ha creado un servicio social que sustituye al militar. Es importante, dejar establecido que la objeción de conciencia implica prestar un servicio al Estado y la sociedad que no sea el militar. No entra, entonces, dentro de lo que se denomina "desobediencia civil", que objetaría todo tipo de servicio al Estado por considerar que atenta contra la libertad de las personas, tema que no está en discusión aquí.

La objeción de conciencia es hoy una opción que va más allá del cristianismo, ya que diversas posiciones filosóficas de carácter humanista, la han adoptado por consideraciones éticas, pura y llanamente.

Por responder a esta tradición evangélico-protestante, podemos decir que hoy se ha legitimado dentro de esta rama del cristianismo, especialmente a partir de la década de los años treinta. Esto debido a que el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, y la secuela de la primera, crearon las condiciones para rescatar la tradición del cristianismo de los primeros siglos, al mismo tiempo que se hacía evidente que la guerra había asumido características distintas a las conocidas en siglos anteriores. La Conferencia Mundial acerca de la "Iglesia, Comunidad y Estado", celebrada en Oxford, Inglaterra (julio 12-16, 1937) elaboró una crítica de la guerra como fruto y manifestación del pecado con el cual la iglesia no puede congeniar, legitimando, para los tiempos modernos, una postura cristiana contraria a la guerra, la que hasta ese momento había sido mantenida en la marginalidad. Desde entonces se ha ido haciendo cada vez más difícil, en círculos cristianos, justificar la legitimidad de la guerra como opción válida. De aquí que la objeción de conciencia ha ido adquiriendo mayor legitimidad en el quehacer de los cristianos, y es por esta razón que consideramos que debe ser incluida como una de las excepciones al S.M.O.; naturalmente, entendida en los términos descritos, y no como excepción de prestar un servicio al Estado y la sociedad. Podemos afirmar que esta opción ha ido avanzando en su apoyo en los medios cristianos, como lo pueden atestiguar sectores católico-romanos también.

Sin embargo, queda claro que la opción de realizar el S.M.O. por parte de la juventud evangélica-protestante queda abierta y, de hecho, es todavía la que tiene más adeptos. Pero, por respecto a la otra opción, que consideramos válida y legítima, hacemos la solicitud.

En términos prácticos, creemos que no va a afectar a la existencia y alcance que el S.M.O. tiene en la actualidad, por lo que su inclusión, como causal de excepción, ayudaría a que la juventud lo vea desde otra perspectiva, ya que no se pretende condenar a los que buscan contribuir a la paz mediante el servicio de las armas. Creemos que hay que entender que la objeción de conciencia no tiene el carácter radical que algunos le asignan sino que es parte del desarrollo de la conciencia de las personas en la sociedad contemporánea.

No vamos aquí a proponer, o elaborar, los alcances legales o reglamentarios que tendría al incluir esta causal de excepción al S.M.O. Consideramos que existe la flexibilidad y la capacidad para llevarlo a cabo sin alterar los propósitos de paz que encierra el tener que trabajar por la Defensa Nacional.

Habiendo expuesto someramente las líneas entrecruzadas de la tradición evangélico-protestante en lo referente a su postura frente a la guerra, queremos también expresar lo que consideramos relevante para los propósitos de modernización que están entre los puntos de la convocatoria a este Foro Nacional.

Diferentes presentaciones han ido mostrando la necesidad de replantear la Defensa Nacional en un mundo que se internacionaliza cada vez más y, además, con una rapidez sorprendente. No hace falta repetir que esta rapidez de los cambios sociales, producto del desarrollo tecnológico y que se percibe mayormente en lo que llamamos la economía, ha ido creando un mundo distinto que requiere respuestas diferentes a las que estábamos acostumbrados. Además, en lo referente a los que hacen el S.M.O., se ha afirmado que no va más allá del 30% de los inscritos para ello, con la agravante, por todos reconocida, que este porcentaje corresponde a los estratos sociales más modestos de la población. El resto no recibe instrucción de ningún tipo en lo referente a la Defensa Nacional, lo que no contribuye a la integración social de la población chilena. Entendemos que la Defensa es nacional por definición, pero si un alto porcentaje no incluye dentro de su formación lo atingente a este aspecto de la vida que desarrollamos en común, se forja una debilidad en lo que se denomina el ser nacional.

Si el objetivo final de todos es construir la paz, no en forma precaria, sino sobre bases más sólidas consideramos que todo el que arriba a la mayoría de edad, hombres y mujeres, debe compenetrarse del significado y alcance de la Defensa. Menciono aquí lo que se ha venido diciendo respecto a la vulnerabilidad en la Defensa por el tipo de territorio aún no integrado físicamente, la profundización del mismo en relación a sus fronteras, la mala distribución de la población con una alta concentración en algunos puntos y la existencia de vacíos y otros. Lo que esto implica en términos de la discusión frente a posibles conflictos y otras consideraciones al respecto, que todos hemos venido escuchando. Nos hacemos eco de lo expresado, especialmente por personeros de las Fuerzas Armadas, ya que denotan una preocupación respecto al futuro que todos debemos asumir. Se ha venido hablando de Servicio País, por ahora reducido al mundo universitario, pero que debería incluir al resto en taras de voluntariado que permitiera practicar el acto de servicio en forma ordenada y sistemática. Esto fortalecería la llamada sociedad civil, afirmando las organizaciones sociales existentes y la proliferación de otras. Todo esto lo vemos precedido por un ejercicio concentrado de la juventud, por un período relativamente corto, en el sentido y alcance de la Defensa. Consideramos esto como una práctica consciente, asumida como una necesidad real y no como una oportunidad de mero adoctrinamiento por parte de unos sobre otros.

Sugerimos esta posibilidad como una oportunidad de encuentro y reconocimiento de la juventud chilena para los efectos de tener una comprensión más acabada de su realidad como país, y lo que puede aportar en caso de movilización general ante cualquier emergencia. Hacemos esta propuesta a partir del conocimiento que da el hecho de que hoy no existe rincón poblado en el país donde no haya una congregación evangélico-protestante. Las necesidades de orden material, espiritual y de conocimiento real acerca del país del que somos parte, pasarán a ser parte integral de una experiencia efectiva por parte de todos y no de unos pocos. Indudablemente sabemos que esta propuesta va más allá de los alcances de esta convocatoria pero creemos que es oportuno expresarla ahora para futuras reuniones de la misma índole. Sólo así podremos contribuir a que las Fuerzas Armadas realicen su misión integradora, integrándose a su vez en una sociedad capaz de realizar una movilización general que va más allá de lo estrictamente militar pero que, en los tiempos actuales, tendría un carácter disuasivo, además de contribuir a la construcción de la paz en nuestro medio.

En este contexto, y con este propósito, no habrían excepciones posibles, ya que lo que se está practicando es un servicio que haría crecer la integración social con todas las ventajas que ello implica para la fortaleza social, material y espiritual de la sociedad chilena. Nos alejaríamos de concepciones consideradas como militaristas haciendo que la noción de Defensa Nacional adquiriera ribetes distintos a los actuales.

Sabemos que las sociedades que se modernizan pierden el carácter consensual y tradicional que hacían prevalecer las costumbres heredadas. Se trata, entonces, de desarrollar aquellos aspectos que lleven a establecer una sociedad responsable, justa y equitativa, donde se reconoce conscientemente que lo que nos une no son principios abstractos, o nociones creadas para tal efecto, sino el hecho de que somos interdependientes los unos de los otros como no lo ha sido nunca antes en la historia humana. Este carácter de interdependencia el cristiano lo realiza a través de su comprensión y práctica del amor (agape) que ha conocido por el evangelio. En la sociedad secular más amplia, esta interdependencia se desarrolla a través de una práctica responsable y eficiente del papel que a cada uno le corresponde desempeñar. Esto es lo que se denomina el desempeño cabal de los roles en la sociedad moderna. Un ejemplo, en la relación con la posición que hemos venido desarrollando. Hacen falta centros dedicados a estudios para la paz como existen en otros países. En estos centros se podría discutir y contribuir a establecer mecanismos y prácticas que ayudarán a construir la paz en el ámbito en que nos toca actuar. Lo estrictamente militar tendría que ser incorporado para los efectos de una comprensión más cabal de lo que está en juego. Creemos que las capacidades existen en nuestro medio, falta la disposición de la voluntad para llevar a cabo una tarea sostenida en el tiempo que sea un aporte eficaz en la dirección que hemos venido señalando.

Finalmente, y retomando lo pertinente al S.M.O. como tal, queremos agregar dos observaciones que de alguna manera ya han sido mencionadas en otras intervenciones, pero que consideramos deben ser consideradas ya sea para llevarlas a cabo reglamentariamente o para su estudio. La primera, continuando en la preocupación por dar una organización más acorde con los tiempos que corren al S.M.O., debería instalarse una oficina que atienda directamente lo atingente a los derechos de los reclutas, corrigiendo así la cadena de mando existente para estos efectos. No creemos que esto vaya a afectar la jerarquía de mando ya que de lo que se trata es de inculcar lo militar en forma consciente y no bajo el prisma de una obediencia ciega. Esto dado a que cada vez habrá mayor exigencia en la capacitación de conscriptos con mayor educación formal y con acceso a grupos más sofisticados.

La segunda es una consideración que requiere mayor examen ya que exige replantear el actual estado de cosas en lo referente a la carrera militar. Esto es buscar la democratización de la carrera militar. Por esto queremos decir que accedan a ella los que demuestren vocación y capacidad a través de las diferentes etapas comenzando con el S.M.O. Somos un país pequeño, con una población limitada (no más del 2% de la población de las Américas y alrededor de un 0,3% de la población mundial). No podemos desperdiciar lo más importante de la preocupación que nos ha reunido aquí, la capacidad humana que poseemos y que debemos usar y mejorarla en todos sus aspectos. Si de partida se limita el acceso por consideraciones de corte tradicional la institución militar se percibirá siempre como algo ajeno a la ciudadanía en su conjunto, lo que la despoja en gran medida de lo que hemos llamado su capacidad de integración social.

Las Iglesias Evangélicas, representadas en el COE (Comité de Organizaciones Evangélicas) con la más amplia representatividad nacional, ha elaborado esta propuesta con una comisión donde participaron organizaciones de la juventud en general, Comisión Nacional Juvenil Evangélica, y de la universitaria en particular (Grupo Bíblico Universitario), y la asesoría de la Facultad Evangélica de Teología (F.E.T.), todas las cuales han hecho su aporte a lo expresado. Lo sometemos a consideración de ustedes con el ofrecimiento de seguir colaborando para un Chile mejor.-

 

Texto publicado por el Ministerio de Defensa: Las Iglesias Evangélicas y el Servicio Militar Obligatorio

 

Más sobre el Foro Nacional y la Modernización del S.M.O:

Presentación de la Iglesia Católica en el Foro Nacional sobre el S.M.O.

Adiós al servicio militar en Revista Qué Pasa, 29 de abril del 2000

Gobierno envía proyecto para Servicio Militar Voluntario en Primera Línea, 13 de diciembre de 2001

Modernización del Sistema de Servicio Militar en Dirección General de Movilización Nacional

 

Objeción de conciencia:

Ni Casco Ni Uniforme: Movimiento de Objeción de Conciencia

Red de Objeción de Conciencia Latinoamericana y del Caribe