Debemos pedir perdón a los hijos de divorciados
por Felipe Berríos, S.J.

 

Carta publicada en diario El Mercurio del 26 de septiembre de 2003 a propósito de la difusión de spots publicitarios contra la ley de divorcio.

 

"En unión con el Sínodo exhorto vivamente a los pastores y a toda la comunidad de los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad a favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza." (Juan Pablo II, Familiaris Consortio)

 

Si bien la intención de la Vicaría para la Familia ha sido promover el diálogo haciendo reflexionar sobre la experiencia de otros países por medio de un spot publicitario, como sacerdote me ha dolido profundamente constatar que muchos hijos de padres divorciados se han sentido estigmatizados por el spot. Pues se dice de ellos, entre otras cosas, que son más propensos a la mentira, a la agresividad, a beber más alcohol, a fumar más marihuana, en comparación con los hijos de matrimonios no divorciados. Como capellán de Un Techo para Chile y de algunos colegios, me toca conversar y conocer por dentro a muchos jóvenes, secundarios y universitarios, de distintas clases sociales, hijos de matrimonios unidos y separados. Puedo aseverar que es injusto estigmatizar a los hijos de papás divorciados con respecto a los otros jóvenes, atribuyéndoles en más proporción a ellos actitudes que lamentablemente se detectan en algunos jóvenes. Todos los que trabajamos con jóvenes sabemos que los padres ausentes son perjudiciales para el desarrollo de los hijos. Pero los padres ausentes no son algo propio ni exclusivo de los matrimonios divorciados.

Aunque la intención de la Vicaria para la Familia pretende ser la voz de tantos hijos que sufren por la separación de sus padres, ayudando a que los conflictos entre los esposos no se transformen en rupturas irreversibles; sin embargo, el spot televisivo aludido tiene mucho de blanco y negro. Aunque las motivaciones sean muy loables, pienso que no se debe hacer un reduccionismo tan simple de una realidad tan compleja, que tiene variables culturales muy profundas.

La Iglesia Católica tiene mucho que aportar en este tema, pues estamos juntos a los hijos que sufren la separación de sus papás, como también junto a sus padres, que sufren tanto el dolor del fracaso de su matrimonio como el dolor de dañar a sus hijos. La ley del matrimonio civil que contempla el divorcio es inminente en nuestro país. Se nos presenta una oportunidad única de iluminar una sociedad de hombres y mujeres que buscan casarse para toda la vida, que ven en esto un bien para ellos y para sus hijos, pero que la realidad muestra que no tienen las herramientas para vivir este ideal. Estamos empapados en una cultura que tiene mucho de divorcista. Debemos y podemos en esta cultura proponer los valores de la fidelidad, de la lealtad, del respeto, etcétera, que ayuden a llevar adelante el ideal de amarse para toda la vida. Pero debemos hacerlo con respeto y positivamente, de tal manera que la gente en general y especialmente los legisladores nos escuchen, incluso los que legítimamente no piensan como nosotros, y se pueda así buscar la manera de hacer la mejor ley posible, una ley que proteja al máximo la familia y el matrimonio.

No es mi intención, con este artículo, crear polémica ni mucho menos. Pretendo solamente contribuir con el diálogo que propone la Vicaría para la Familia, y para esto debemos pedirles perdón a los hijos de matrimonios cuyos padres se han separado, que además de lo que ya han sufrido, de alguna manera están siendo estigmatizados. Quiero decirles que como sacerdote católico no estoy de acuerdo y me duele lo que dicha propaganda dice de ellos y que estoy seguro no ha sido la intención de la Vicaría para la Familia dañarlos. Opino que tal vez ellos, que han sufrido como hijos la separación de los papás, saben más que nadie la importancia de la unión del matrimonio y la importancia de formarse bien en los valores necesarios para vivir mejor esta unión. Les pido que nada los haga sentirse como ciudadanos de segunda clase dentro de la Iglesia. Ustedes están llamados a la santidad como todos los hijos de la Iglesia.

Debemos pedir perdón también a los papás de estos hijos, que han sufrido la ruptura de su matrimonio y todo el dolor que esto conlleva. Especialmente el dolor de saber que pueden haber dañado a su tesoro más preciado, que son sus hijos. Que hayan fracasado en su matrimonio no significa que fracasen como mamás o papás. El dolor de su fracaso puede ser una oportunidad única de acercarse más a sus hijos y desde la humildad de quien ha sufrido educarlos aún mejor. La Iglesia quiere alentarlos en esto.

San Ignacio nos enseña a los jesuitas a "salvar la proposición del prójimo". Es decir,creer en la buena voluntad del otro y hacer el esfuerzo necesario para descubrir la recta intención que tiene. Creo sinceramente que no ha sido la intención de la Vicaría para la Familia estigmatizar a los hijos de divorciados, como lamentablemente ha sucedido con esta propaganda. Estoy seguro de que su intención ha sido iluminar el debate para que se haga la mejor ley que proteja a la familia y el matrimonio, aunque por la reacción de muchos creo que no lo ha logrado. Quisiéramos que por el bien de todos se corrija en algo el error y se retire el spot publicitario.-