El cuento de hadas de los Chicago Boys por Carsten Volkery
“Terapia de Shock o el paciente se muere”. Ése fue el diagnóstico de los Chicago Boys en Chile hace ya 30 años. Hoy en día Chile es el país superestrella de la economía latinoamericana. Pero los boys de Pinochet tienen en eso menos que ver de lo que se cree.
Introducción Cuando se defiende hoy al dictador Pinochet (1973-1990), normalmente es con las siguientes palabras: “¡Pero mira en lo que él convirtió a nuestro país!” La economía chilena es a todas luces el modelo más admirado de Latinoamérica. Se está orgulloso del sello de aprobación del foro económico mundial, del nivel de inversiones evaluado por las agencias norteamericanas y de la moderna capital Santiago. Con envidia miran los vecinos a este oasis de estabilidad. Para peruanos y bolivianos, Chile es un imán desde hace tiempo y, entre tanto, hasta los orgullosos argentinos emigran para conseguir empleo.
Friedman en persona le hizo su advertencia a Pinochet en 1975 y anunció su famoso diagnóstico: terapia de shock o el paciente se muere. El doctor cobró 30 mil dólares por su visita. Resultado: lo que la izquierda internacional presenta como un terrible ejemplo de desbocado neoliberalismo. Cientos de privatizaciones, bajos impuestos e impuestos aduaneros, anulación de los sindicatos, sueldo mínimo, desregularización del sector financiero. Se logró controlar la inflación, y Chile se ganó el título de “Jaguar de Latinoamérica”.
1. Recuento decepcionante Del Norte les llegó un aplauso. El Wall Street Journal le recomendaba al presidente de ese entonces, Ronald Reagan, llevar a “esos jovencitos” a “America”, para que aplicaran esa terapia de Shock en los Estados Unidos. Otros asintieron a coro: “La disposición de los Chicago boys para trabajar con un Dictador, es lo mejor que le pudo pasar a Chile”, escribió el premio Nóbel Gary Becker en 1997 en el Bussiness Week.
¿Pero realmente fue así? Para todos los retóricos de los números, los resultados son más bien decepcionantes: el promedio de crecimiento entre 1973 y 1990 fue un magro 2,9 por ciento- no mejor que el promedio internacional. Por si eso fuera poco, el sueldo promedio bajó durante la era Pinochet, y el porcentaje de la población bajo el límite de la pobreza aumentó dramáticamente desde un 20 a un 44 por ciento. “En democracia hemos logrado mejores resultados”, dice Ricardo Ffrench-Davis, ex economista político del Banco Central de Chile y hoy consejero para la comisión de la ONU para Latinoamérica (ECLAC). En los años dorados -desde 1990 a 1997-, la economía chilena creció en promedio un 7%. Luego llegó la crisis Asiática y desde ahí el porcentaje de crecimiento se ha detenido en un promedio de 2,5%- lo que, sin embargo, es el doble de lo que crece el resto de Latinoamérica.
2. Reformas Anti-Friedman Según Ffrench-Davis, fue exactamente la terapia de Shock lo que impidió que Chile creciera aún más en la época de Pinochet. “Causó extrema volatilidad”, aclara el economista. Después de fases de gran crecimiento, siguieron profundas bajas, que rebajan el promedio: sólo en 1982, la economía se encogió en un 14%. Recién ahí, después de esa crisis, cuando el régimen militar empezó un proceso de re-regulación y de intervenciones estatales, logró que la economía tuviera un crecimiento sostenido. Eso, empero, no tuvo nada que ver con las estrictas lecciones de los Chicago boys. Así, el gobierno repartió dinero a las empresas en bancarrota, lo que para los jovencitos de Friedman fue el absoluto sacrilegio. No había que hacer nada de eso: el mercado ya había condenado a muerte a las empresas. La coalición democrática,
que asumió el gobierno en 1990, remó entonces mucho más
atrás. Entre otras medidas, estableció vallas altas para
los capitales extranjeros y, así, ahuyentar a los especuladores,
una política que aseguró a Chile antes de la crisis del
“Tequila” en 1994 (la que empujó a México
a la bancarrota). “Estabilidad es el requisito más importante
para los buenos negocios”, dice Ffrench-Davis.
3. Los logros Neoliberales Por cierto, la marca de los Chicago boys no puede desconocerse en Chile. Empezó con una baja de un 20% en los impuestos y finalizó con los tratados de libre comercio con la Unión Europea, Estados Unidos y Sur Corea, los que fueron firmados con mucha alegría por el social-demócrata Ricardo Lagos.
“La coalición no ve otra posibilidad que proseguir con la apolítica económica liberal”, aclara el sociólogo Tomás Moulian, autor del Bestseller “El Chile actual: Anatomía de un mito”. Por un lado, no se quiere alabar a los militares; por otro, el modelo neo-liberal también tuvo grandes alcances. El triunfo de las nuevas industrias, como las vitivinícolas y las salmoneras, muestra que Chile puede “codearse” en el extranjero. Pero a pesar de esto, desde 1990 se han sido cambiado muchas reformas del tiempo de Pinochet. Una de las actuales metas es la reducción de las desigualdades, las que bajo el gobierno de Pinochet se habían agudizado. En 1973, la quinta parte más rica de la población ganaba per cápita 13 veces más que la quinta parte más pobre.
4. Todo a crédito Dice Moulian que no puede decirse que la vida de los chilenos haya desmejorado en los últimos 30 años. Tienen mayor acceso a los bienes de consumo (televisores, lavadoras, computadores, teléfonos celulares), pero el precio es todavía muy alto para ellos. Trabajar 12 horas es normal, tanto como las excesivas horas de viaje al trabajo. Normalmente el sueldo no les alcanza; por eso es que, desde las compras en el supermercado hasta las mascotas, son compradas a plazo. El segundo problema estructural que el gobierno trata de solucionar, es la dependencia de Chile del cobre. El régimen militar empezó a diversificar las exportaciones, pero a pesar de eso, el cobre cubre un 35% por ciento de las exportaciones. Las bajas en el precio del cobre tienen fuertes efectos en el crecimiento de la economía. Para Moulian, esto muestra que la autoimagen de las elites chilenas es falseada. “¿Cómo podemos creernos modernos, si sólo exportamos cobre y frutas?”, pregunta él. La muy alabada modernización bajo el régimen de Pinochet formó una nueva clase empresarial y volvió competitivas a algunas grandes empresas. Con todo, Chile aparece en el contexto latinoamericano como un ganador. Con el tratado de libre comercio, el país recibió un camino privilegiado hacia los grandes mercados mundiales. Pero la gran masa de empresas chilenas y de la fuerza laboral no está calificada y es ineficiente. Para aprovechar las oportunidades, deberían ponerse en pie otras reformas. Un estudio del Banco Central de Chile del mes de agosto pasado, pedía una mejor educación y la introducción de tecnología. Con eso podrían aumentar el crecimiento económico en un medio punto. El nombre de la nueva terapia: “El Shock de la productividad”.-
Más información: La herencia de los "Chicago boys" en BBC Mundo
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