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Anuncio de buenas nuevas por boca de mujer
1. Anuncio que surge desde el poder de la vida 2. Danza de Unidad de los Cuerpos 3. Palabras nacidas del deseo y la nostalgia 4. Posibilidad de resignificar el nombre de Dios en medio del mundo |
Quisiera comenzar mi reflexión a partir de una experiencia personal muy concreta, como es la de ser habitante de esta gran y convulsionada ciudad llamada Santiago, una ciudad que a menudo suelo llamar “la gran selva” y en la que me toca habitar, trabajar y desplazarme cotidianamente. · Se trata de una ciudad con una creciente explosión migratoria, de grandes construcciones, edificios comerciales, fábricas, oficinas que llenan cada vez más el espacio haciéndolo reducido e inhóspito. Por si fuera poco, cada día aumenta más y más el parque automotor, llenando nuestro espacio respirable de gases tóxicos y ruidos contaminantes. · Los cordones de miseria ya no son algo que encontramos en los márgenes de la ciudad, sino que la pobreza se nos ha instalado en diversos barrios. Con su nuevo rostro, hace que los pobres ya no sean algo aislado y pintoresco, sino que también incluye a señores de planchado traje y corbata y a señoritas de cartera y tacones altos quienes, enfrentando largo tiempo de cesantía, transitan con un currículum bajo el brazo en busca de un trabajo que les permita, al menos, la sobrevivencia de cada día. · Por las calles de barrios y poblaciones, deambulan también los jóvenes atrapados por la pasta base, el neoprén y el alcohol. En las rotondas, semáforos y nocturnas calles céntricas, numerosas niñas se prostituyen en busca de unas pocas monedas. “Los jóvenes son el futuro de nuestro país”, se escucha por ahí, pero ellos/as no son más que cuerpos olvidados, flagelados por la miseria y el dolor; desprovistos de todo derecho, dignidad y esperanzas. · El consumo voraz y el endeudamiento económico dan origen, cada día, a ciudadanos/as trabajólicos/as, sin tiempo, estresados, depresivos y al borde del suicidio. · Eufemismos tales como “Parque del Recuerdo”, “Seguros de Vida”, “Cuenta Años Dorados”, son las formas en que comercialmente se pretende disfrazar y sacar dividendos económicos del dolor, la muerte y un futuro incierto. · El acceso a la nueva tecnología nos tiene llenos de aparatos de computación conectados al mundo como jamás antes imaginamos: internet, e-mails, chateo, celulares por doquier; pero, paradójicamente, tanta soledad y tantos seres incomunicados. · Vivimos en una ciudad dividida, con seres también cada vez más fragmentados: ricos-pobres, mapuches-chilenos, hombres-mujeres, jóvenes-viejos; mentes en las escuelas, universidades, cuerpos en el gimnasio, almas en los templos, etc., etc. · En el ámbito de iglesia, la nueva urbanización y los extensos horarios de trabajo producen una nueva membresía que es la de creyentes de paso. Por otro lado, Dios y la fe son un asunto que se convierte en algo irrelevante para muchos, o de 3ª o 4ª importancia entre otras preocupaciones u opciones. La creciente secularización, la pluralidad de opiniones y visiones acerca del mundo con que hoy contamos, hace que el cristianismo tenga que existir, ya no como exclusividad, sino compartiendo la presencia de nuevas formas de religiosidad. Elegantes malls en diversos puntos de la ciudad constituyen el nuevo espacio de espiritualidad dominical para muchas familias santiaguinas. Runas, tarot, regresiones y otras muchas respuestas a los problemas de la gente compiten en este mercado de lo religioso. En este contexto, nos preguntamos entonces: ¿De qué buenas nuevas hablar? ¿Cómo hacer que el nombre de Dios en medio de este convulsionado mundo vuelva a recuperar su significado? Como iglesia, sabemos que esto nos es un deber imperativo; pero lo que aquí está en juego es el cómo, es decir, ¿qué posibilidades tenemos en medio de esta situación? Más aún como mujeres, con tanta exclusión eclesial. 1.
Anuncio de buenas nuevas por boca de mujer: Las mujeres constituyen el 50% de la población mundial, el 60% de la fuerza laboral. Sin embargo, reciben el 10% de los ingresos del mundo y tan sólo el 1% de la propiedad de la tierra está en sus manos. El trabajo de las mujeres en nuestro país, al igual que en todo el mundo, no es considerado, reconocido, ni valorado. El pan simple, amasado por sus manos o ganado con la fuerza de su trabajo, constituye el símbolo del sustento mínimo de millones de pobres en el tercer mundo. Es un pan buscado por las mujeres en tachos de basura, en las sobras de las mesas de los grandes señores y que, con amor y cariño, busca saciar el hambre de los hijos. Las mujeres son estimuladoras y portadoras de los desarrollos en los países del tercer mundo, las fuerzas vivas detrás de las organizaciones sociales y populares. Trabajan en los comités de ayuda, en las comunidades de base; se levantan cada día contra la opresión y la explotación. Actúan a través de una fe indestructible en la vida y en el futuro. Ellas trabajan en el anonimato, desde dentro, pero con una incorruptible fuerza en pro de la vida. La mujeres por doquier son las que amasan el pan de la esperanza, agregan con su propia vida el fermento para la vida y constituyen un verdadero símbolo del crecimiento del Reino de Dios en medio del pueblo. Ellas son como la araña del cuento de Rubem Alves: La araña... salta, salta al vacío, pero no cae, flota suspendida en el aire por medio de un fino hilo que ella ha tirado desde dentro de su propio cuerpo. Ella no cuenta con nada más que aquello que fue tirado de su propio cuerpo para el trabajo fantástico de construir su tela sobre el vacío... (Rubem Alves, A Plaíce e o Abismo, Ed. Paulinas, Sao Paulo, 1991) Las mujeres van, pues, tejiendo esta tela; una red tejida por el amor que brota desde sus entrañas y que, saltando una y otra vez en el vacío, va construyendo y cambiando nuestro mundo. 2. Buenas Nuevas por boca de mujer: Danza de Unidad de los Cuerpos En nuestra sociedad, las mujeres celebran a pesar del dolor, los sinsabores y los límites que la vida y la historia les imponen. Las mujeres juntan sus cuerpos, forman círculos de amistad, dejando fluir su solidaridad y amor mutuo que expresan a otros en la sociedad. En todo el mundo, los hombres tienen el poder. Sus nombres y sus hechos son inmortalizados desde hace siglos en libros, imágenes, monumentos y placas recordatorias. Pocas son las mujeres reconocidas como heroínas, mártires o mujeres que con su ejemplo de vida y de fe son recordadas en la historia y por nuestras iglesias. Sin embargo, su invisibilidad no ha sido impedimento para que desde las calles y las bancas dejen oír su voz, participando de la lucha cotidiana, de la adoración a Dios y de su compromiso de anuncio de las buenas nuevas en el mundo. Como mujeres de nuestra tierra, ellas resisten cada día; creen en la posibilidad de la libertad, de la paz, la justicia; creen y trabajan por una tierra y un mundo en el cual mujeres, hombres, niños/as, jóvenes, ancianos/as puedan ser valorados humanamente en sus capacidades y potencialidades. En los países pobres, las mujeres asumen nuevas formas de solidaridad, formas que los hombres por mucho tiempo han desconocido y desvalorado. Las mujeres se unen a pesar de las fronteras familiares, de raza, de cultura, religiosidad. Se unen para luchar comunitariamente por un trozo de tierra, viviendas dignas, el derecho al alimento, la educación y la salud. A través de esta unidad, ellas se ven fortalecidas, aprenden a descubrir la chispa de la fuerza, el entusiasmo, la creatividad y el poder que puede sobrepasar el pesimismo y los límites impuestos desde afuera y desde el mundo de poder de los hombres. 3. Buenas Nuevas por boca de mujer: Palabras nacidas del deseo y la nostalgia Las mujeres son anunciadoras de una buena nueva de fuerza que también da vida a la iglesia, a los distintos movimientos de solidaridad y denuncia que surgen dentro de ella y que quieren romper los límites y derribar las barreras sexistas, clasistas, racistas y cualquier otra que signifique opresión y deshumanización. Ellas saben que el potencial de toda liberación esta contenido en la posibilidad de una nueva conciencia que permita a los pobres y oprimidos de este mundo ir descubriendo, a la luz de la Palabra, su propio valor y dignidad como seres humanos, como creaturas de Dios. Sus palabras, gestos y acciones son esas buenas nuevas llenas de poder, un poder que llama de vuelta lo olvidado, lo perdido, lo que ya nadie espera a fin de hacerlo posible en el marco de lo imposible. Buenas nuevas llenas de deseo y nostalgia de cosas amadas, perdidas o que han sido arrebatadas para convertirlas nuevamente en esperanzas. El deseo y la esperanza sólo existen ante la ausencia. ¿Cómo podemos sentir nostalgia de algo que existe, que está allí, al alcance de nuestra mano? El deseo y la esperanza son siempre testimonio de lo ausente. Por eso, las buenas nuevas por boca de mujer desde la fe, son la nostalgia de Dios, un Dios que se percibe, no como señal de una presencia obvia, sino como una ausencia, un vacío inmenso, un entrañamiento infinito por la plenitud del sentido del amor en medio de los gemidos de este mundo. 4. Buenas Nuevas
por boca de Mujer: Friedrich Nietzsche, en uno de sus libros habla de un loco con una linterna que busca a Dios “¿No escuchasteis hablar del loco que encendió su linterna en las horas más brillantes de la mañana, corrió hacia el mercado y comenzó a gritar sin parar ¡ busco a Dios¡ ¡busco a Dios¡ ¿adónde se ha ido Dios? Yo se lo voy a decir. Nosotros lo matamos. Tú y Yo. Todos nosotros somos sus asesinos. Pero ¿cómo es que hicimos esto? ¿Cómo fuimos capaces de beber el mar? ¿quién nos dio el borrador para borrar el horizonte entero? ¿qué fue lo que hicimos para quebrar la cadena que prendía la tierra a su sol? ¿hacia dónde va ella ahora? ¿hacia dónde vamos nosotros ahora? ¿no estamos sumergiéndonos sin cesar? Hacia atrás, hacia el costado, hacia delante, en todas las direcciones, ¿vamos hacia la cima o hacia el abismo? ¿No estamos errando en una nada sin fin? ¿No sentimos el hálito del vacío?..." (The gay science) Quizás las palabras del temido e incomprendido Niesztche sean las que mejor reflejan la ausencia y muerte de Dios en medio de este convulsionado mundo de hoy. Tanta ciencia, tanta técnica, tanto avance y, sin embargo, tanta necedad humana, tanto vacío y sinsentido, tanto dolor por curar, tanta búsqueda y camino por hallar. La invitación a la experiencia de Dios es la invitación al encuentro con un vacío, un vacío y un silencio que habla, que invoca y provoca, que verbaliza los gemidos y lo ausente. Sólo en el umbral del silencio, de las experiencias límites puede haber posibilidad para que nazca la palabra sobre lo que no está presente, la pregunta por Dios, el deseo de lo ausente, entrañamiento de una presencia que se busca. Por eso la teología y el hablar acerca de Dios no pueden ser otra cosa que un esfuerzo por dar cuerpo a esta sinfonía de gemidos de la humanidad, despertar el deseo de convertir lo imposible en posible y hacer que Su nombre vuelva a ser pronunciado otra vez, recuperando su verdadero sentido: la última palabra en el límite del silencio y de la experiencia humana. La teología desde la perspectiva de la mujer, toda vez que se constituye en un esfuerzo por un hablar desde el límite del silencio y la experiencia de opresión y exclusión humana, se constituye en la posibilidad de una buena nueva que coloca la pregunta por Dios de otro modo y resignifica Su nombre en medio del mundo. “Sabemos que el universo creado gime en todas partes como si sufriera dolores de parto... esperando que Dios nos vuelva sus hijos e hijas y libere nuestros cuerpos...” (Rom 8.22-23) Por eso, nuestra tarea como anunciadoras y proclamadoras de buenas nuevas no cesa jamás. Nos sabemos enviadas para dar testimonio de aquel que ha resucitado de la muerte y a través del cual lo imposible se hace posible, a pesar de que muchos no nos han creído.- Santiago, noviembre 11 del 2000 Dora Canales en "Puerta del Rebaño" : Sexualidad, corporalidad y religión (artículo) Sexualidad, corporalidad y religión (charla) Aporía y futuro de la iglesia, la fe y la teología en el marco de un mundo postmoderno
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