Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/matrimonio_friesen.htm

 

El matrimonio es un acto subversivo

por Tom Friesen

Pastor de la Iglesia de los Hermanos Menonitas de la Calle Scott
en Saint Catharines, Ontario, Canadá

Publicado originalmente en inglés en el Mennonite Brethen Herald, 6 de febrero de 2004

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

Por fin ha sido aprobada una ley de divorcio en Chile, luego de un acalorado debate. Pero, leyes más o leyes menos, lo esencial será siempre el sentido que la pareja y su comunidad le den al matrimonio. Presentamos aquí un extracto del mensaje que predicó el joven pastor menonita Tom Friesen en la boda de un amigo íntimo, en el que toca algunos aspectos esenciales del matrimonio para las comunidades cristianas anabaptistas.

 

Puerta del Rebaño, 12 de marzo de 2004

< La pareja, representada en
   una pintura de Carlos Salazar,
   fundador de la "Puerta del Rebaño".

El matrimonio en nuestra sociedad se ha convertido en una mercancía. Se ha convertido en un mecanismo para llenar el vacío creado por el individualismo. Somos personas solitarias y por eso esperamos la aparición del Príncipe Encantado o de la Cenicienta que venga a llenar nuestro vacío. Esto es, hasta el momento en que resolvamos que el elegido no era quien creíamos que era y lo desechemos para cambiarlo por un modelo más nuevo y flamante.

O, temiendo que el matrimonio no funcione, tenemos planes de contingencia. El matrimonio fallido es casi una expectativa. El número de parejas que simplemente viven juntas se ha disparado dramáticamente en los últimos años, y la tendencia no parece estarse revirtiendo.

Sin embargo, muchos cristianos todavía se casan con una genuina convicción de que será de por vida. ¿Qué les da esta intrepidez? ¿Es sólo ingenuidad, acaso?

Cuando el apóstol Pablo hablaba de matrimonio, era en el contexto de una comunidad cristiana. Eso es muy diferente de la situación en que dos personas simplemente se unen con la esperanza de pasar sus vidas juntos. La comunidad siempre ha sido central para la iglesia menonita y es necesario seguir recalcando su rol.

Nosotros no somos individuos dejados a nuestra suerte. ¡En lugar de eso, somos co-dependientes! El matrimonio involucra a la comunidad cristiana entera, sobre todo a los miembros de la comunidad local de la pareja: la iglesia en que ellos participan, sus amigos cercanos y su familia. Estos individuos están llamados a apoyar, alentar y edificar a la pareja. Están llamados a estar allí para ellos cuando los tiempos sean difíciles. Es su deber apoyar a la pareja en oración, financiera y emocionalmente. En una comunidad así, cuando la pareja dice “acepto”, la comunidad también dice “¡aceptamos!”

Talvez esto no sea lo típico en nuestras iglesias; pero es esto lo que nuestras parejas que deciden casarse deberían esperar. Sus matrimonios deben ser nuestra responsabilidad. Si ellos fallan, entonces nosotros también hemos fallado en nuestro rol, al ser la comunidad de su pacto.

¿Pero qué significa el matrimonio para la pareja misma? ¿Por qué casarse? ¿O por qué permanecer solteros? El cristiano no ve la soltería como un refugio para librarse de los compromisos, sino que la considera un don de Dios, porque así se puede servir más a Dios y a la iglesia. Es estar sujeto a una vida de servicio a la iglesia.

Entonces ¿por qué casarse? Como cristianos, sostenemos que el sexo sólo es aceptable dentro del matrimonio; pero el matrimonio no debe verse simplemente como una salida para la frustración sexual. En lugar de ello, debe verse como un don de Dios. Dios pone en nuestras vidas a alguien a quien deseamos consagrar todo nuestro ser. El matrimonio es un acto de servicio. En palabras de Stanley Hauerwas, es “el acto último de subversión”. En el matrimonio cristiano, un hombre y una mujer hacen lo inconcebible: ellos declaran, en una sociedad donde nada es para siempre, que se comprometen el uno con el otro de por vida. Ésta es la razón por la cual no se debe llegar al matrimonio a la ligera. Las personas que están pensando casarse deben pedirle orientación a Dios; pero también deben pedirle la opinión a su comunidad.

El matrimonio es el acto último de auto-renuncia. En el matrimonio cristiano, un hombre y una mujer ponen sus propias necesidades en segundo lugar tras las de su cónyuge. Cada uno de ellos se compromete a satisfacer las necesidades del otro.

Al recibirse el uno al otro como un don de Dios, la pareja, a su vez, usa aquel regalo para servir a la comunidad. ¡Al igual que la persona soltera que entiende la soltería como un don a ser usado para Dios y la iglesia, así también el matrimonio entiende su matrimonio y su hogar como un don para Dios y la iglesia!

El matrimonio cristiano es un acto subversivo porque socava la noción que tiene nuestra sociedad de la persona como “individuo libre”; se hace dentro del contexto de una comunidad. También es subversivo porque declara que una pareja estará unida para toda la vida.-