Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/jesus_2003.htm

 

¿Quién eres Tú, Jesucristo, para nosotros hoy?

por el grupo de jóvenes de "Puerta del Rebaño", noviembre de 2003

 

Hacer esta pregunta significa confrontar nuestra existencia con la suya y sentirse desafiado por su persona, por su mensaje y por el sentido que se desprende de su comportamiento... Sentirse afectado y tratar de vivir aquello que Él mismo vivió: intentar siempre salirse de sí, buscar el centro de la humanidad no en uno mismo, sino fuera de sí, en el otro y en Dios, tener el valor de arriesgarse por los demás, como hizo Él, que prefirió a los marginados.

Cristo supo poner un “y” donde nosotros solemos poner un “o”, con lo cual consiguió reconciliar a los contrarios y ser el mediador de los hombres y de todas las cosas. Él es la permanente e incómoda memoria de lo que deberíamos ser y no somos, la conciencia crítica de la humanidad que hace que ésta no se contente jamás con lo que es, con lo que se ha logrado conquistar, sino que debe caminar y hacer realidad aquella reconciliación, alcanzando un grado de humanidad capaz de manifestar la insondable armonía de Dios, todo en todas las cosas (I Corintios 15:28). Sin embargo, mientras esto no suceda, Cristo sigue injuriado, sigue agonizando y muriendo por cada uno de nosotros.

Es en este sentido que podemos recitar el siguiente “Credo para un tiempo secular” (*):

Creo en Jesucristo,
que siendo un hombre solo que nada podía realizar,
que es como también nosotros nos sentimos,
sin embargo luchó para que todo cambiara,
por lo cual precisamente fue ejecutado.


Que es el criterio para verificar
cuán esclerotizada está nuestra inteligencia,
cuán sofocada nuestra imaginación,
cuán desorientado nuestro esfuerzo,
porque no somos capaces de vivir como el vivió.


Que nos hace temer cada día
que su muerte haya sido en vano,
porque lo enterramos en nuestras iglesias
y traicionamos su revolución
con nuestra cobardía y nuestra obediencia a los poderosos.


Que resucitó en nuestras vidas
para que nos liberemos
de los prejuicios y de los despotismos,
del miedo y del odio,
y llevemos adelante su revolución,
siempre en dirección al Reino.

 

* D. Gelle, “Un credo para un tiempo secular” en “A oraçâo no mundo secular”
(L. Boff, A. Spindeldreir, H. Harada), Petrópolis, 1971, p. 110.