Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/2006_sojo_cpt.htm

 

Rehenes en Irak

Por fin libres

por Rose Marie Berger

Publicado originalmente en inglés en SojoMail, 23 de marzo de 2006

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

Desperté a las 5:30 a.m. con el anuncio de la BBC de que los tres pacificadores cristianos que aún permanecían en cautiverio en Irak finalmente habían sido liberados. Me arrodillé junto a mi cama y lloré; lloré de alegría por la liberación, pero también de pesar por el sufrimiento que han padecido estos hermanos por amor a la cruz.

Durante casi cuatro meses, nuestra comunidad global ha recorrido en oración esta via dolorosa. Hemos orado por la seguridad y protección de Jim Loney, Norman Kember, Harmeet Sooden y Tom Fox. Hemos orado por la condición del alma de sus captores. Hemos llorado y clamado a Dios cuando el cuerpo quebrantado de Tom fue encontrado en el camino hacia el aeropuerto de Bagdad. Hemos orado y trabajado por los miles de iraquíes detenidos, desaparecidos, secuestrados, abusados y torturados. Y ahora, en tiempo de Cuaresma, rompemos nuestro ayuno del mensaje de resurrección y decimos “¡Aleluya, aleluya! ¡Nuestros hermanos por fin están libres!”.

A medida que se vayan difundiendo las noticias de su experiencia, no hay duda de que será polémico el hecho de que la liberación de estos pacifistas haya sido catalizada por una fuerza militar multinacional. Sin duda, algunos usarán esto como prueba de que la no violencia y la pacificación no armada practicada por los cristianos son cosa de locos. Nada podría estar más alejado de la verdad. Sin jamás empuñar un arma, los Equipos de Pacificadores Cristianos han hecho más por fomentar la “libertad y justicia para todos” que todas nuestras campañas de “conmoción y pavor”.

Todo cristiano recibe la misión de resistir el mal, pero a ninguno se le otorga el derecho a matar. Jesús no mató a nadie, ni amenazó con matar a ninguno por no seguir sus mandamientos. Su fortaleza y capacidad de persuasión radicaban en su autoridad espiritual, no en las armas.

La “paz” que se alcanza a través de acciones militares es una criatura débil que se desarrolla gracias a la sumisión y el temor, no es la profunda paz de Cristo enraizada en la rectitud y la justicia. Por el contrario, la “espada de justicia” empuñada por el pacificador cristiano es una metáfora de la Palabra de Dios, la cual penetra la gasa de las costumbres mundanas. Una espada para aguijonear la conciencia; una decisión necesaria para tomar la cruz de Cristo.

Oramos por los soldados que arriesgaron sus vidas para liberar a Jim, Norman y Harmeet. Damos gracias a Dios porque, con su excelente trabajo de inteligencia y hábil accionar, manifestaron un respeto sin precedentes hacia el compromiso de los CPT con la no violencia, al rescatarlos sin disparar un solo tiro y sin heridos de ningún bando. Como el soldado de Mateo 8:5-13, ellos también pudieron participar en el momento en que Dios obró su liberación. Oramos para que sean persuadidos por la autoridad espiritual de estos valerosos pacificadores cristianos y por la sabiduría y conocimiento de Cristo, que dijo “amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan”.

Sería fácil enfrentar al soldado con el pacificador; pero también sería un error hacerlo. Hay soldados que sirven “a los más pequeños de éstos” en Irak. Fue un soldado estadounidense desconocido quien decidió cubrir el ataúd de Tom Fox con una bandera para honrar su sacrificio. Y hay pacificadores que se nutren más de su propia ira, arrogancia moral y pureza personal que de un auténtico y profundo amor sacrificial.

“En la tradición éxodo-sinaítica”, escribe el teólogo negro de la liberación James Cone, “Yavé se revela como el Dios de la historia, cuya revelación es indistinguible de su poder [de Dios] para liberar a los oprimidos. No hay conocimiento de Yavé sino a través de la actividad política [de Dios] en beneficio de los débiles e indefensos de la tierra”.


Tom Fox junto a refugiados en la frontera
siria de Irak. Foto: CPT

Nos regocijamos de que nuestros hermanos hayan sido sacados y liberados de su cautiverio por el Dios de la historia, obrando a través de nuestras capacidades humanas. Celebramos junto a sus familias, amigos y colegas de todo el mundo. Damos gracias por todos aquellos que arriesgaron sus vidas para alzar la voz a favor de los pacificadores cristianos, especialmente a quienes pertenecen al mundo musulmán. Ahora, también, podemos afligirnos libremente por Tom Fox, quien dio su vida por sus amigos.

Nos alegramos en nuestro conocimiento de un Dios que “actúa en beneficio de los débiles e indefensos de la tierra”; un Dios vivo de la historia. Es este Dios vivo quien nos da la fortaleza y el compromiso para continuar nuestra defensa de unos 14 mil iraquíes que permanecen encarcelados por las fuerzas multinacionales, pues, según los oficiales de inteligencia de la propia coalición, “entre el 70 y 90 por ciento de las personas privadas de su libertad en Irak han sido arrestadas por error”.

Jim, Harmeet y Norman. Bienvenidos a casa.

 

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