Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/2005_peacemakers.htm

 

Hiroshima, 1996: 30.000 personas se congregan en el
Parque de la Paz en el 51° aniversario del bombardeo
nuclear. Foto: TV Asahi / CNN

Pacificadores en todas las situaciones

Una meditación sobre el amor y la no resistencia

por Kazuhiro Enomoto

Publicado originalmente en Direction (1998), vol 27/1, pp. 14-19

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

Cada verano, Japón conmemora las experiencias de la Segunda Guerra Mundial. Las bombas atómicas destruyeron Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. Poco después de los bombardeos, el emperador Hirohito le anunciaba a la nación, a través de la radio, que Japón se había rendido a los aliados. Desde entonces, el recuerdo de la guerra nunca se ha borrado de las mentes de millones de japoneses.

 

Como ciudadano japonés, apoyo la redacción del Artículo 13 del borrador de la revisión de la Confesión de Fe de los Hermanos Menonitas, puesto que define inequívocamente el rol de los cristianos en nuestro mundo de violencia. Habiendo vivido en los Estados Unidos durante unos cuatro años, ocasionalmente he quedado perplejo ante algunos aspectos del cristianismo norteamericano. Algunas veces tengo la impresión de que ser cristiano en Estados Unidos significa ser patriota y un leal partidario del ejército de EE.UU.

 

Las tragedias de la Segunda Guerra Mundial

El año pasado visité por primera vez Hiroshima y Nagasaki. En ambas ciudades vi a grupos de escolares visitando los sitios de los bombardeos atómicos. En Hiroshima, estaban entonando una canción de paz ante una estatua. En Nagasaki vi a algunos niños mirando absortos unas fotos horribles de las víctimas y de la devastada cuidad. Hoy en día, Japón parece ser una nación que ama la paz y que lamenta lo que ocurrió en el año 1945. Sin embargo, una cosa es destacar todas las trágicas experiencias por las que ha atravesado Japón, y otra, totalmente distinta, es admitir el sufrimiento que Japón infligió a China, Corea y otras naciones asiáticas. Mientras que los EE.UU. y Japón nunca han olvidado Pearl Harbor e Hiroshima, el dolor de otros civiles asiáticos no se recuerda como es debido.


Jóvenes depositan flores en el memorial que recuerda
a los 300 mil civiles chinos masacrados por el ejército japonés en Nanking en 1937. Foto: China Daily

Los seres humanos tienden a tener recuerdos selectivos que a menudo son de naturaleza subjetiva. Además, la política, la cultura y los medios de comunicación moldean nuestra cosmovisión, la cual es muchas veces irracional y prejuiciada. En este sentido, muchos cristianos no son mejores que los no cristianos. Muchos cristianos alemanes apoyaron al gobierno nazi que causó el Holocausto judío. Muy pocos cristianos de otras naciones adoptaron el antisemitismo. En EE.UU., el ataque a Pearl Harbor llevó a muchos norteamericanos, cristianos y no cristianos, a realizar acciones discriminatorias contra un grupo minoritario (compuesto también por ciudadanos norteamericanos), a quienes apodaron los “japs”.

Mientras tanto, en Japón, un puñado de personas de bien protestó contra la política del gobierno imperial pese a las constantes amenazas de tortura y muerte, mientras que los cristianos japoneses se mantuvieron mayoritariamente en silencio, apoyando de modo generalizado la guerra que se libraba en nombre del emperador. La falta de discernimiento y de disposición para el arrepentimiento hacen que estos errores se repitan generación tras generación.

 

Pacificadores en todas las situaciones

A la luz de todo esto, podemos preguntarnos: ¿Tiene algo que ver la fe cristiana con la paz y la justicia en este mundo? ¿Qué implica dar testimonio en un mundo de violencia y prejuicios? ¿El mensaje del evangelio es lo suficientemente poderoso como para cambiar la forma en que percibimos nuestras experiencias en el mundo?

Niños esperan la inspección de equipaje
antes de ser confinados junto a otros descendientes de japoneses en Turlock,
California, 1942. Foto: Dorothea Lange

En mi opinión, el Artículo 13 de la Confesión de Fe de los Hermanos Menonitas responde a estas preguntas. En nuestro mundo de violencia y prejuicios, los cristianos deben ser “pacificadores en todas las situaciones”. En muchos casos, eso nos requerirá actuar de una manera radicalmente distinta del resto de nuestra sociedad. Promover la justicia puede traer como consecuencia que seamos perseguidos por un mundo que está lleno de ira y rencor.

Invito al lector a imaginar qué habría pasado si él o ella hubiera sido un norteamericano blanco que defendió pública y categóricamente la causa de los japoneses americanos cuando el odio nacional contra los “japs” estaba en su apogeo. En una línea similar, se nos ha hablado de algunas historias de heroísmo de aquellos que buscaron justicia para los afroamericanos durante la segregación. Muchas de estas personas de bien fueron objeto de insultos, ridiculizaciones e incluso amenazas de muerte. No creo que nos sea difícil imaginar una situación en la cual el acto de promover la justicia nos convierta en objeto de persecución. Bajo tales circunstancias. ¿seríamos capaces de permanecer fieles a nuestra confesión de fe y estar dispuestos a ser “pacificadores en todas las situaciones”?

 

La postura de paz menonita

Históricamente, los anabaptistas comprendieron con claridad que el hacer el bien les acarrearía sufrimiento. Aún así, en su obediencia a la Palabra de Dios, escogieron hacer lo correcto y sufrir, en lugar de comprometer sus creencias. Cuando los perseguían, practicaban la no resistencia. Los menonitas de hoy atesoran el legado de Dirk Willems, quien extendió sus manos para salvar a su perseguidor que se estaba ahogando. Él salvó la vida de su perseguidor, pero perdió la suya al hacerlo. Él es uno de los numerosos ejemplos de los cuales aprendemos el principio del amor y la no resistencia.

Por el contrario, nuestra sociedad valora el principio de la autodefensa. ¿Cuántos de nosotros nos habríamos regocijado por la muerte de nuestro enemigo si hubiéramos estado en una situación similar? ¿Cómo puede entenderse la historia de este mártir en una nación como Estados Unidos, donde un ciudadano común puede poseer legalmente un arma de fuego para defenderse?

Se ha señalado que la postura de paz menonita se ha debilitado en este siglo en América del Norte:

Muchos Hermanos Menonitas de Canadá y EE.UU. adoptaron una escatología dispensacionalista. En los EE.UU., esto llegó a través de grupos fundamentalistas militantes y patrióticos. Los principios de no resistencia de los Hermanos Menonitas que asistían a estas escuelas fundamentalistas se vieron amenazados y, a menudo, debilitados. (1)

La debilitada postura de paz menonita que resultó de ello, afectó no sólo el carácter de la iglesia, sino también su misión en el extranjero. En el corazón de la misión menonita en el extranjero había un evangelismo que se mantenía separado de la justicia social.

En ese aspecto, los Hermanos Menonitas y otros menonitas parecían ser similares cuando llegaron a Japón después de la Segunda Guerra Mundial. James Juhnke registra las palabras de algunos japoneses que llegaron a apreciar la postura de paz menonita pero lamentaban la falta de énfasis en este tema en el trabajo de los misioneros menonitas:

“Si los menonitas hubieran articulado claramente su postura de paz”, dice Gan Sakakibara, “podrían haber ganado al pueblo japonés para su iglesia”. Lo que ocurrió fue que los menonitas dejaron pasar el momento de mayor receptividad sin formular ni proyectar claramente el testimonio de paz evangélico menonita de una manera que se relacionara con las necesidades y aspiraciones de los japoneses en la posguerra. Hiroshi Yanada lo expresa de este modo: “Prácticamente todo lo que sé sobre anabaptismo lo aprendí, no de los misioneros, sino de estudios realizados por japoneses. Si los misioneros conocen algo bueno, no deberían esconderlo”. (2)

¿Pueden los menonitas de Norteamérica compartir hoy su invaluable herencia de la postura de paz menonita con la gente de otras naciones? ¿Su confesión de fe refleja adecuada y fielmente sus pensamientos y conducta? La Confesión declara que “[buscamos] ser pacificadores en todas las situaciones” (artículo 13). ¿Están realmente determinados a ser pacificadores “en todas las situaciones” y dispuestos a sufrir, si es necesario, por hacer el bien? Creo que esta pregunta necesita ser respondida no sólo por aquellos que están en Norteamérica, sino también por los menonitas de todo el mundo. Creo también que dicha convicción constituye un profundo testimonio para un mundo tan lleno de violencia y atrocidades.

 

Los norteamericanos son insensibles a la posibilidad de sufrir

Aguafuerte "Dirk Willens rescatando a su
perseguidor", aparecido en el siglo XVII en
el libro "El Espejo de los Mártires"

Desafortunadamente, la Confesión de los Hermanos Menonitas ha colocado la postura de paz (artículo 13) y la Misión de la Iglesia (artículo 7) de manera separada, como si no estuvieran relacionados. En el Artículo 7, no incluye la presentación del testimonio a riesgo de sufrimiento. Por el contrario, otro grupo menonita incorpora el tema del sufrimiento en su confesión cuando se refiere a la iglesia y su misión. “Aun a riesgo de sufrimiento y muerte, el amor de Cristo motiva al creyente a testificar de su Salvador” (Artículo 10: “La Iglesia en Misión” en Confesión de fe en una perspectiva Menonita (Scottdale, PA: Herald, 1995), 49).

Parece justo decir que los cristianos de Norteamérica experimentan poco o ningún riesgo de persecución. En consecuencia, el testimonio cristiano en Norteamérica no parece acarrear ningún sufrimiento. Tal como está, la Confesión de los Hermanos Menonitas parece reflejar una sociedad norteamericana que es políticamente estable y económicamente próspera. Si estamos interesados por nuestra seguridad y un buen pasar, bien podemos mantenernos ajenos a los problemas de otras personas. Pero ¿qué es el testimonio cristiano sin un concepto de la justicia y la paz? Tal como señalé anteriormente, promover la justicia puede causar sufrimiento incluso en Norteamérica, y es necesario tomar bien en serio esa noción.

Concluyo este ensayo con una invitación para los Hermanos Menonitas de Norteamérica a que lean juntos los artículos 7 y 13. Creo que el legado del anabaptismo se verá socavado si la justicia, la paz y el riesgo de sufrir son quitados de la misión de la iglesia. Espero que los menonitas norteamericanos lleguen a desarrollar un enfoque holístico, de modo que la gente de todo el mundo pueda oír su mensaje de paz y llegar a conocer a Cristo el Salvador, quien es llamado “Príncipe de Paz”. Las sociedades japonesa y norteamericana necesitan pacificadores cristianos que tengan una clara conciencia de la historia y de los problemas contemporáneos y estén dispuesto a promover la paz y la justicia aun a riesgo de sufrimiento.-

 

Notas:

(1) Abe Dueck, “North American Mennonite Brethren and Issues of War, Peace and Nonresistance” en Bridging Troubled Waters: Mennonite Brethren at Mid-Century, ed. Paul Toews (Winnipeg, MB: Kindred, 1995), 17.

(2) James C. Juhnke, A People of Mission: A History of General Conference Mennonite Overseas Missions (Newton, KS: Faith and Life, 1979), 121.

 

Más sobre la postura de paz menonita:

Visiones de Hiroshima (2002)

Un argumento para la abolición de las armas nucleares

Cosas simples del pasado

La Paz de Cristo: Revisando la tradición pacifista menonita