| Vigilia: Un testimonio de paz por Nancy A, editora cuáquera canadiense Traducción de Felipe Elgueta Frontier 7 de diciembre de 2005
Los Christian Peacemaker Teams (Equipos de Pacificadores Cristianos) iniciaron su trabajo en Irak en octubre de 2002 oponiéndose a la invasión liderada por EEUU y ofreciendo su apoyo al pueblo iraquí. El 26 de noviembre de 2005, cuatro miembros de los CPT (Harmeet Sooden, Jim Loney, Norman Kember y Tom Fox) fueron secuestrados en Bagdad.
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Es difícil hacerse el tiempo para escribir en el blog en estos días. No hacemos más que esperar y esperar noticias de Irak. Es tan poco lo que se puede hacer aparte de esperar. La cobertura noticiosa del secuestro ha sido muy completa aquí en Canadá, y eso me alegra. No creo que la gente haya logrado entender la no violencia, pero ahora están viendo una imagen muy fuerte y desgarradora de ella. Creo que ahora sí la entienden, talvez un poco: que las personas puedan morir por la paz así como mueren por la guerra. ada uno de los cuatro pacificadores había efectuado declaraciones acerca de no pagar rescates y no demonizar a los captores en caso de que los secuestraran. Aunque ellos no aceptaban la violencia ni participaban en ella, comprendían que la tensión y la opresión tienen un punto de quiebre. Aún así, querían que todos estuvieran en la Luz y querían hablarles de Dios, sin importar la situación. Ellos querían que sus esfuerzos pacificadores se sustentaran en su propia fortaleza, no apuntalados por armas, instituciones o discusiones sobre dólares y céntimos. Y su mensaje ha sido muy poderoso. Una de las cosas más positivas de esta angustiosa situación es la enorme respuesta global que ha despertado. Líderes y clérigos musulmanes de todo el mundo, incluidos los que lideran Hamas en Palestina, han pedido su liberación, tomando como argumento el poderoso testimonio de paz que han dado al mundo. Los líderes de los concilios musulmanes canadiense y británico han ido a Bagdad a hacer todo lo que esté su alcance. En medio de una terrible guerra, en el lugar que más se asemeja al infierno sobre este planeta, el mundo está concentrado en los sencillos esfuerzos de cuatro hombres por ser paz para ciertos seres olvidados.
Esto me recuerda cuando Mary Dyer regresaba una y otra vez al fundamentalista Massachusetts a pesar de las advertencias de que sería ejecutada por ser cuáquera. Ella no portaba armas y no había cometido crimen alguno. Simplemente daba testimonio con su presencia –y eventualmente con su vida– a favor de la libertad religiosa. Al final, aun cuando fue ejecutada, la Luz que trajo a esa colonia sobrevivió y permaneció en el tiempo, tal como ella quería. Fue su disposición a morir por la Luz la que logró que mucha gente la viera. Y así, cualquiera sea el desenlace de este secuestro en Irak, los esfuerzos de los cuatro pacificadores por llevar la Luz a una tierra devastada por la violencia tendrán éxito. La paz que han vivido a lo largo de toda su vida, incluso en lo que podrían ser sus últimos días, ha sido conocida en todo el mundo. Y debemos aceptar eso. Aun si mueren. Hay una canción cuáquera que me ha estado dando vueltas por la cabeza durante toda la semana: “That Cause Can Neither Be Lost nor Stayed” (“Esa causa no puede perder ni detenerse”):
"There by itself like a tree it shows; /
He ahí, se muestra como un árbol Be then no more by a storm dismayed, / Por
tanto, no desfallezcáis nunca más ante una tormenta,
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