Cuando Mimzy partió de su hogar en Lakewood, Colorado, el año pasado, ella pensaba que iba a trabajar en el programa “5&2, Multiplicando para Todos”, el primer albergue en atender a mujeres y niños que buscan refugio de la violencia doméstica en Santiago, Chile. Sin embargo, para cuando Mimzy llegó a esta ciudad latinoamericana de más de 5 millones de habitantes, el programa 5&2 estaba “temporalmente cerrado”. Mimzy luchó por descubrir la verdadera razón por la cual Dios la había llevado a Chile. Luego de cuatro meses, Wellberg supo de la Residencia Familiar Cepal, un albergue que acogía a 26 niñas víctimas de abuso, y empezó a trabajar como voluntaria. Recurriendo a sus más de 30 años de experiencia en consejería, Mimzy ayuda a estas niñas a encontrar medios no violentos de manejar sus desacuerdos. Ella también ha abierto la puerta para la participación de las congregaciones de Chile y Estados Unidos con las cuales se relaciona, incluida su congregación de origen, la Iglesia Menonita Glennon Heights en Lakewood. Mimzy se ha relacionado con cuatro iglesias chilenas diferentes: la Cuarta Iglesia Bautista, la Santiago Community Church, una congregación anabaptista independiente llamada “Puerta del Rebaño” en Concepción (a ocho horas de viaje en bus de Santiago) y la Iglesia Evangélica Menonita de Chile. Mimzy ha alentado a estas congregaciones a compartirse a sí mismas en lugar de concentrarse en la entrega de bienes materiales. “Enfatizo la idea de compartir un don personal de tiempo o talento con las niñas”, dice Mimzy. “Por ejemplo, cuando vienen visitantes norteamericanos, ellos leen para las niñas, juegan con ellas o reparan bicicletas. Se ha reclutado a un grupo de voluntarios chilenos para que desarrollen lazos de amistad y de apoyo emocional con las niñas. Entre los voluntarios se cuentan miembros del grupo de jóvenes de la Cuarta Iglesia Bautista, quienes vienen a jugar con las niñas dos veces al mes los días domingo, y una profesora chilena que ha ofrecido apoyo educacional”. Linda Shelly, directora de la Red de Misión para Latinoamérica, visitó a Mimzy en un reciente viaje administrativo. “Está claro que el personal y las niñas de la Residencia aprecian la forma en que Mimzy se relaciona. Juega con ellas, hace proyectos de manualidades, las escucha y, en general, manifiesta el amor de Cristo al tratar a las niñas y a sus cuidadoras con respeto, compasión y humana dignidad”, dice Shelly. Mimzy señaló que el crecimiento espiritual personal fue en parte la razón por la cual Dios la llamó a Chile. Mimzy ha aprendido a tener una mayor humildad y gratitud y una capacidad para estar presente en todo momento, ya sea para hacer empanadas con las mujeres de la iglesia, compartir una sencilla comida con una familia de agricultores indígenas o pasear en bicicleta por un parque con una adolescente que ha sufrido abuso sexual.
La bendición de dar y recibir
Las primeras experiencias de Mimzy con el aprendizaje del idioma y la vida cotidiana en un nuevo entorno, le enseñaron paciencia y la importancia de la interdependencia. “Un amigo chileno siempre me recuerda que vivo en comunidad y que está muy bien que pida ayuda”, dice Mimzy. Tratar de entrar y salir de su departamento el primer día resultó ser toda una experiencia. Cuando Mimzy llegó a su departamento, y mientras la gente encargada del traslado de los muebles esperaba para entrar su carga, ella tuvo serias dificultades con las llaves y la cerradura. En la frustración, le pasó las llaves al personal a cargo del traslado, y ellos finalmente dilucidaron el misterio de la cerradura. Cuando Mimzy intentó salir de su departamento, la puerta nuevamente no quiso abrirse. Salir por una de las ventanas no era una opción, puesto que todas estaban protegidas por barras de acero. Mimzy llamó a otros residentes del edificio. Cuatro vecinos trabajaron una hora y media para liberar a Mimzy de su nuevo hogar. “Con la ayuda de otras tres personas, conseguí una cerradura nueva, de modo que la cifra total de personas que me ayudaron en esto ascendió a 13”, dice Mimzy. Samuel Huerta, un joven menonita que quería mejorar su inglés, negoció un intercambio semanal con Mimzy. Él le ayudaba con su español, y ella le ayudaba con su inglés. En este proceso, Mimzy se enteró del deseo de Samuel de servir a Dios internacionalmente, y le ayudó a ingresar al Servicio Aventura de la Red Menonita de Misión participando en la Iglesia Menonita Prince of Peace en Anchorage, Alaska. En noviembre, Samuel regresó del Servicio Aventura, que ubica a adultos jóvenes en una congregación menonita que los guía en un ministerio basado en la comunidad durante casi 11 meses. Mimzy espera construir sobre el aprendizaje que ya ha ocurrido en la vida de Samuel para ayudarle a discernir cómo puede usar sus dones en la Iglesia Evangélica Menonita de Chile. Un año y medio después de la llegada de Mimzy, el programa 5&2, donde ella tenía planeado trabajar, sigue suspendido; pero ya ha aportado el terreno fértil sobre el cual están creciendo otros ministerios. Uno de ellos, el Centro de Violencia Intrafamiliar, asesora a mujeres que sufren de abuso doméstico y promueve la educación para la prevención de la violencia. Más de 2.000 personas han participado en talleres de prevención de la violencia en el último año. En los Estados Unidos, Wellberg tuvo una larga carrera en consejería en escuelas y en la práctica privada. Ella también es dueña de una pastelería sueca. En Chile, Mimzy se está acercando a la realización de uno de los sueños que tiene para su retiro. “[Quiero] prestar servicio voluntario en relación con una comunidad de fe en un contexto internacional, en el que recurra a mis habilidades profesionales, interpersonales y culinarias”, dijo. “El testimonio cristiano tiene el potencial de ser transformador para el que da y para el que recibe. Puede ser doloroso e incómodo en el proceso. El amor de Cristo me está transformando, al estar yo en relación con otros en su nombre”.-
Más sobre Mimzy Wellberg: Obrera
menonita visitó Concepción, junio
2004
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