| ¿Política sin Cristo ni ley? por Juan Driver, teólogo menonita y profesor del Goshen College, EE.UU.
30 de agosto de 2005
Hace una semana, Pat Robertson, conocido telepredicador del “Club 700,” candidato republicano a la presidencia de los EE. UU. en el año 1988 y fundador de la Coalición Cristiana, opinó públicamente que asesinar al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sería una forma mucho más económica –que iniciar una guerra, por ejemplo– para eliminar a quien Robertson considera como enemigo de los EE.UU. y una amenaza frente al sistema económico de mercado libre que fomenta su gobierno. Hasta declaró que “tenemos la capacidad para eliminarle, y pienso que ha llegado el momento para ejercerla”. Según los informes periodísticos, identificó a Chávez como “enemigo sureño peligroso, con el control sobre inmensas reservas de petróleo que potencialmente podría hacernos daño”. Y mediante la eliminación de Chávez se podría evitar que Venezuela se convirtiera en “una base de lanzamiento de influencia comunista y extremismo musulmán”, añadió. Es difícil imaginar qué motivó al señor Robertson a hacer semejantes declaraciones. Seguramente no hablaba como ciudadano respetuoso de las leyes de ninguna de nuestras democracias occidentales, incluyendo a los EE.UU., a pesar de sus aparentes intereses de orden imperialista. Afortunadamente, el magnicidio, o sea el asesinato de gobernantes debido elegidos por su pueblo, no es aceptable entre las sociedades occidentales modernas. Por el contrario, sería totalmente ilegal. Aunque en relación con esto, habría que reconocer que los grandes poderes (occidentales) de nuestra época no siempre han tenido las manos limpias en relación con sus operaciones encubiertas. Por eso, los reclamos y las denuncias de voceros oficiales de parte del gobierno de los EE.UU. carecen de cierta credibilidad. Y menos aún estaría hablando nuestro telepredicador como discípulo de Jesucristo, quien expresamente animaba a sus seguidores de una manera totalmente diferente: “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:44,45). Y de esto se hacían eco los primeros seguidores de Jesús: “Bendecid a los que os persiguen. …No paguéis a nadie mal por mal. …No os venguéis vosotros mismos. …No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Rom. 12:14,17,19,21). Y, finalmente, si el señor Robertson hablaba como político sobre lo que consideraba los “intereses propios” de su país, solo él mismo lo sabrá. Pero, si fuera así, no parecería del todo consecuente (ni honrado) hacerlo en un programa religioso, preparado para videntes creyentes en todo el mundo, como si fuera una actitud o actuación “cristiana”.-
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