Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/2005_desarme_nuclear.htm

 

Un argumento para la abolición de las armas nucleares

por Joe Volk, Secretario Ejecutivo de la
organización cuáquera Friends Committe on National Legislation

Hiroshima luego de la explosión nuclear. Foto: US Navy

 

Ponencia realizada el 6 de marzo de 2004
en los Ecumenical Advocacy Days en Arlington, Virginia, EE.UU.

Publicada originalmente en inglés
por el Friends Committee on National Legislation

Traducción y subtítulos de Felipe Elgueta Frontier

 

La abolición de las armas nucleares es un imperativo moral y una medida de seguridad práctica. Los argumentos morales para la abolición de las armas nucleares pueden dividirse en argumentos de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial –los que aún son válidos– y argumentos posteriores a la Guerra Fría –los que aún están por elaborarse.

 

La disuasión legitima la matanza de civiles

La Segunda Guerra Mundial nos aportó dos epifanías del mal: el Holocausto y el bombardeo atómico de Hiroshima. En los términos del presidente Bush: el mal cometido por los “chicos malos” y el mal cometido por los “chicos buenos”. El mensaje del Holocausto es “¡nunca más!” El mensaje de Hiroshima es “¡nunca más” Hemos crecido con los sobrevivientes del Holocausto y con los hibakusha (sobrevivientes del bombardeo atómico). No les podemos dar la espalda. Sabemos que somos responsables de hacer políticas públicas para prevenir que tales atrocidades se repitan.

Pocas cosas son imperativos morales, y muchos de los llamados “imperativos morales” son armas peligrosas en las manos de líderes religiosos y políticos. Por ejemplo, ningún imperativo moral puede jamás justificar el exterminio masivo de un pueblo debido a su raza. Y ningún imperativo moral puede jamás justificar el uso de armas nucleares contra ciudades para ganar una guerra y así salvar las vidas de otros. Deberíamos ser muy escépticos cuando nos dicen que algo es un imperativo moral; pero la abolición de las armas nucleares es una excepción. La abolición de las armas nucleares sí es un imperativo moral.

Las armas nucleares están diseñadas para exterminar masas de gente; no ejércitos, sino civiles. Las armas nucleares, por el propósito para el cual están diseñadas, son inmorales y deberían ser abolidas. Para que este “¡nunca más!” cobre sentido y nos salve de los actos malignos que todos nosotros somos capaces de cometer en nombre del bien, entonces “nunca más” significa no a la disuasión nuclear y no más armas nucleares.

Los ataques del 11 de septiembre de 2001 en contra de las torres gemelas, el Pentágono y el avión de pasajeros en Pensilvania, han sido justamente condenados por todos los líderes responsables aquí y en el extranjero. La matanza de civiles inocentes perpetrada el 11 de septiembre por un “propósito superior” fue asesinato y un crimen contra la humanidad. Al condenar estos actos de maldad, el presidente Bush, miembros del Congreso y líderes de otras naciones también han condenado sus propias políticas de disuasión nuclear. Una disuasión funciona sólo si es una amenaza creíble. Una amenaza es creíble sólo si uno está dispuesto a cumplirla. La disuasión nuclear es una afirmación de que a veces la matanza masiva de civiles puede ser justificable, esto es, puede ser moral. El 11 de septiembre nos dice: “no, jamás”.

Desgraciadamente, el mismo Senado que condenó justamente los ataques a civiles del 11 de septiembre se reservó equivocadamente el derecho a atacar y matar civiles –en caso de que sea por el interés nacional– cuando rechazó el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas. Si el Senado y el presidente de los EE.UU. detentan un derecho a matar civiles por razones de estado, entonces no pueden negarle ese derecho a otros que tengan objetivos diferentes, pero que son igualmente supremos para ellos. Desgraciadamente, nuestro gobierno le ha dado a los terroristas el sustento moral que necesitan. Las políticas de EE.UU. que dan sustento moral a los terroristas son políticas inmorales y deben ser abolidas.

 

Hiroshima en miniatura

La prefectura de Hiroshima, el edificio más cercano al centro
de la explosión, pero que providencialmente no se
destruyó del todo. Foto: Andrew Booker

En la era posterior a la Guerra Fría, los partidarios de las armas nucleares han aceptado de manera generalizada que la disuasión es inmoral. Pero argumentan que se puede recurrir a armas nucleares nuevas y prácticas con el propósito de lograr el desarme nuclear, esto es, para contra-proliferación, no para disuasión. Ellos señalan que podría usarse un “penetrador nuclear terrestre” para alcanzar zonas subterráneas y destruir ahí armas químicas, biológicas o nucleares o un centro de mando. Una de estas armas “mininucleares” –armas nucleares tácticas– puede usarse selectivamente para aniquilar a una banda de terroristas que esté oculta. ¿Cómo podría alguien objetar estos usos morales de las armas nucleares, cuando somos amenazados por terroristas y malvados dictadores?

Estas pequeñas armas nucleares llevan en sí el catastrófico poder destructivo de las bombas primitivas, como la que se usó en Hiroshima. Los físicos nos dicen que, cuando se usen, no llegarán muy profundo e irradiarán el cielo, matando a personas que no eran parte del objetivo. Sabemos que las argumentaciones acerca de daños colaterales no son más que falacias. Cuando aún era general, Colin Powell hizo su mejor esfuerzo para que el Ejército de los EE.UU. se deshiciera de las armas nucleares tácticas. ¿Por qué? Porque controlarlas era una pesadilla y podían caer fácilmente en manos de un enemigo potencial, particularmente actores no estatales. El costo de controlarlas era exorbitante.

Ya sean del período posterior a la Segunda Guerra Mundial o a la Guerra Fría, las armas nucleares son moralmente inaceptables, y su abolición es un imperativo.

 

Un enfoque práctico

Algunas de las principales religiones han emitido declaraciones sobre el tema del desarme nuclear. Uno no tiene que ser de una iglesia histórica de paz –cuáquero, menonita o hermano en Cristo– para abogar por la abolición de las armas nucleares. Por el contrario, incluso las llamadas “religiones de la guerra justa” han hecho claros llamados a un desarme nuclear.

La amenaza de las armas nucleares ha llevado a la humanidad a una nueva epifanía: esto es, que cada persona es un lugar santo y que toda la creación de Dios –la tierra y su plenitud– es un sitio sagrado. Los seres humanos que se arriesgan a destruir la tierra con armas nucleares profanan la creación de Dios. Pero estos argumentos morales y religiosos, que pueden inspirar el debate público, no serán –y probablemente no deberían ser– establecidos por el estado.

Si quienes promovemos la abolición de las armas nucleares queremos influir sobre las políticas que se implementen, entonces necesitamos abordar los asuntos de seguridad práctica en términos que sean comprensibles y útiles para aquellos que elaboran las políticas. No creo que debamos esperar que nuestros gobernantes adopten nuestros preceptos morales o religiosos y los conviertan en edictos gubernamentales. En lugar de ello, deberíamos plantear argumentos persuasivos desde un punto de vista político.

Memorial de las víctimas de Hiroshima. Foto: Carol Douglas

Cuando era secretario de defensa, Les Aspin planteó el siguiente argumento para el desarme nuclear. Durante la Guerra Fría, Occidente usó armas nucleares para alcanzar el equilibrio militar con la Unión Soviética, cuando se creía que los soviéticos tenían una supremacía aplastante en fuerzas convencionales. Las armas nucleares son las armas del bando débil en conflicto. Hoy en día, los EE.UU. tienen una supremacía aplastante en fuerzas convencionales, las que pueden enfrentar y matar a cualquier otra fuerza o combinación de fuerzas convencionales. Las otras fuerzas son el bando débil, y ellas pueden recurrir a las armas nucleares para alcanzar un equilibrio militar. Por lo tanto, la seguridad nacional de los EE.UU. depende de implementar el Tratado de No Proliferación, ratificar el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas y hacer que las armas nucleares sean inaceptables en cualquier arsenal.

Eso, creo yo, sigue siendo válido. Como cuáquero, pacifista y partidario de la no violencia activa, no apoyo la idea de tener una fuerza convencional aplastante ni apoyo la idea de un dominio de alcance total en el mundo. Pero los presidentes de los EE.UU. y el Congreso sí lo hacen, y lo que estamos discutiendo ahora no es por qué desearía yo la abolición, sino por qué la desearían ellos.-

 

Más sobre la postura de paz menonita:

Visiones de Hiroshima (2002)

Pacificadores en todas las situaciones: Una meditación sobre el amor y la no resistencia

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La Paz de Cristo: Revisando la tradición pacifista menonita