Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/2004_weaver_atonement.htm

 

J. Denny Weaver: Teología Anabaptista y Expiación no violenta

Comentario de libros

por Malinda E. Berry, estudiante de doctorado del Union Theological Seminary, NY

Publicado originalmente por la Menno Life, 30 de marzo de 2004

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

J. Denny Weaver, Anabaptist Theology in Face of Postmodernity: A Proposal for the Third Millennium. Telford, Pa.: Pandora Press U.S./Cascadia Press, 2000, 223 pp.

 

J. Denny Weaver, The Nonviolent Atonement. Grand Rapids, Mich.: Wm B. Eerdmans Publishing Co., 2001, 246 pp.

 

 

Los dos recientes libros de J. Denny Weaver (profesor de religión del Bluffton College) van de la mano. El primer libro, Anabaptist Theology in Face of Postmodernity: A Proposal for the Third Millennium (“La Teología Anabaptista ante la Posmodernidad: Una propuesta para el Tercer Milenio”), es la respuesta de Weaver a una pregunta de dos partes que ha estado impulsando su trabajo durante algún tiempo.

La primera pregunta: ¿Las iglesias de paz, particularmente las anabaptistas y menonitas, tienen (o deben tener) una perspectiva particular acerca de la teología cristiana? La segunda: ¿Las premisas de las iglesias de paz conforman esta perspectiva de un modo tal que la teología anabaptista “pueda producir una visión acerca de las preguntas clásicas que sea diferente de la que tiene la mayor parte de la tradición cristiana”? (1). Weaver desarrolla su respuesta afirmativa a estas dos preguntas en Anabaptist Theology, mientras que en el segundo libro, The Nonviolent Atonement, nos proporciona una extensa relación acerca de cómo su perspectiva teológica menonita se interesa por ciertas preguntas que los acercamientos clásicos a la expiación de Jesucristo no muestran ningún interés particular en explorar. Así, al describir la premisa del primer libro, también se establece el cimiento para el segundo.

Los primeros dos párrafos del prólogo del autor a Anabaptist Theology son un importante trasfondo, puesto que en ellos Weaver describe su propia visión acerca de su agenda y relata dos conversaciones que contribuyeron a este proyecto. Primero, Weaver señala su incursión en la posmodernidad, que contó con el estímulo de dos de sus colegas. En segundo lugar, describe el punto central de una conversación que sostuvo con John Howard Yoder poco antes de la muerte de éste último. Yoder pensaba que existe una premisa no reconocida y que ha sido fundamental para el quehacer teológico menonita en el siglo veinte: la existencia de una teología-en-general que ha conducido “los esfuerzos menonitas por engendrar una teología que simultáneamente se basaba y se distinguía de la supuesta teología general de la ortodoxia protestante predominante” (2). No se puede subestimar la importancia que la observación de Yoder tiene para el trabajo de Weaver.

En el primer capítulo, Weaver se zambulle directamente en un análisis de la teología académica menonita, según se desarrolla en Canadá y los Estados Unidos. Esta maniobra es especialmente apropiada dada la fusión y separación de la Iglesia Menonita de la Conferencia General (GCMC) y la Iglesia Menonita (MC) en la Iglesia Menonita de Canadá y la Iglesia Menonita de los EEUU. Esta separación se basa en diferencias en nuestras identidades y contextos nacionales, las cuales, señala Weaver, tienen casi tanto que ver (si no más) con el rol de la religión civil en Canadá y los Estados Unidos como con las diferencias basadas en las herencias de antepasados rusos, holandeses, alemanes del norte y de sur y suizos. Sin embargo, Weaver advierte que “hacer de la forma de la cultura nacional una dimensión intrínseca de la ecuación teológica es, en realidad, una manera subrepticia de consagrar una autoridad nonCristiana (un ethos nacional) en un rol determinante” (3). La alternativa de Weaver a permitir que la identidad nacional tenga tanto poder sobre nuestra identidad como cristianos menonitas, es defender que es “la historia de Jesús y la ‘política de Jesús’ –no la forma de un ethos nacional o fórmulas credales de los siglos cuarto o quinto– lo que debe determinar el contorno de nuestra agenda teológica” (4).

Esta línea de argumentación es probablemente el aspecto más polémico del trabajo de Weaver. No obstante, este punto de vista describe un fracaso de la teología menonita a lo largo de los siglos diecinueve y veinte: haber convertido el rechazo de Jesús a la espada en un “agregado” de las fórmulas teológicas tradicionales que no abordan el tema de la violencia. Es más, este tipo de agregado hace que “el statu quo o la visión dominante [sean] normativos y [nos] lleven a la torpe postura de defender la misma teología que ostentaban los opresores de anabaptismo” (5). Nuevamente, existe una alternativa. Weaver dice: “busco el desarrollo de una nueva teología de las iglesias de paz, y no el mero agregado de un par de componentes ni el intento de salvar, de alguna otra manera, fórmulas de la Cristiandad que son complacientes con la violencia” (6). Ésta es la razón por la cual la observación de Yoder es tan importante para el proyecto de Weaver.

En el capítulo final de Anabaptist Theology, Weaver intenta modelar el diálogo teológico que él considera como el futuro de la teología menonita. Sus interlocutores en la conversación inicial son teólogos que trabajan en las tradiciones teológicas negra y feminista negra: James Cone, Karen y Garth Kasimu Baker-Fletcher, y Delores Williams (7). En The Nonviolent Atonement se suman a la conversación las feministas Rita Nakashima Brock, Joann Carlson Brown, Carter Heyward, Julie Hopkins, Rebecca Parker y Rosemary Radford Ruether, y las feministas negras Katie Canon, Kelly Brown Douglas, Jacquelyn Grant, JoAnne Terrell y Emilie Townes.

En la introducción de The Nonviolent Atonement, Weaver describe una prolongada conversación sobre cristología y expiación. Las personas que participan en esta conversación están interesadas en “la persona y obra de Cristo”. Para Weaver, la reflexión teológica menonita debe asumir la responsabilidad de hacer frente a imágenes y premisas de violencia que son básicas y dominantes en esta conversación. Dicha confrontación es una meta importante de su libro. Para alcanzar esta meta, trabaja de dos maneras. Primero, las preocupaciones teológicas, éticas y bíblicas del propio Weaver como cristiano pacifista comprometido con la no-violencia, entran en conversación directa con las voces contextuales de las teologías feministas y negras y con las voces de la Cristiandad; para ello, Weaver usa su propio modelo de expiación: el Christus Victor narrativo. En segundo lugar, Weaver considera las preguntas y críticas de los modelos tradicionales de la expiación que las teologías negras y feministas han planteado en años recientes. Estas voces ofrecen lo que él llama críticas contextualizadas y son importantes porque exponen los problemas de la “teología recibida de la Cristiandad”. Y es la Cristiandad la que da a la violencia un lugar central en la historia de vida de Jesucristo. Los lectores para quienes el aspecto académico de la conversación sobre la expiación resulte algo nuevo (o no tanto), encontrarán útil la revisión que hace Weaver de los aspectos tradicionales de la expiación mientras establece su propio modelo.

Es en los capítulos 2 y 3 donde se detallan las dimensiones del Christus Victor narrativo en términos bíblicos y cristológicos. ¿Qué es exactamente el Christus Victor narrativo? En breves palabras, es una visión de la expiación en donde lo que le da significado a la obra de Jesús no es una descripción cósmica de la batalla entre el bien y el mal sino “el evento de Jesús y la iglesia alrededor de Jesús que se despliegan en el ámbito de la historia tal como se les describe en el relato bíblico”. Weaver está interesado en las realidades concretas del bien y el mal que se simbolizan en el motivo del Christus Victor. Por ejemplo, en el libro de Apocalipsis “está claro que el simbolismo del conflicto y la victoria del reino de Dios sobre el reinado de Satanás es una manera de atribuir importancia cósmica a la confrontación entre la iglesia y el imperio romano durante el primer siglo” (8). Esta realidad histórica que se corresponde con la imaginería cósmica, argumenta Weaver, le aporta una narrativa a la comunidad cristiana.

El desarrollo del Christus Victor narrativo es una innovadora aproximación hacia temas difíciles. Por un lado, están los temas de la violencia real y personal experimentada por Jesús a través de su muerte tan violenta en la cruz. ¿Cómo hemos de hablar sobre esta violencia como cristianos que consideramos sagrada la muerte de Jesús porque creemos que nos salva? Por otro lado, están los temas de la violencia sistémica que las críticas contextuales describen como problemas teológicos. ¿Cómo es que la persona y obra de Jesús afrontan las injusticias sociales y nos salvan de realidades como los privilegios de los blancos, el machismo, la discriminación racial, el militarismo y tantas otras?

En último término, The Nonviolent Atonement es una crítica al tema de la Satisfacción. Ésta es una teoría de la expiación que procede de la Edad Media y se origina en Anselmo de Canterbury, quien sostiene que el pecado humano ofende el honor de Dios Padre, por lo que se requirió que Dios Hijo entrara al mundo a pagar nuestra deuda ante Dios a través de su perfecta obediencia que culminó con su muerte en la cruz. Weaver afirma que “la expiación por Satisfacción depende de la premisa de que hacer justicia significa castigar; que una mala obra se compensa con violencia” (9).

Al mismo tiempo, la comprensión no-violenta de la expiación que plantea Weaver es un iniciador de conversaciones para las teologías menonitas, negras y feministas. Al considerar la vida y muerte de Jesús como un enfrentamiento en contra de la violencia, Weaver está abordando directamente temas que también están en el corazón de estas otras perspectivas teológicas. Él también es claro al subrayar algo que la teología-en-general minimiza: “a pesar de sus nombres específicos, cada una de estas teologías [negra, feminista, feminista negra] habla a todo cristiano desde una perspectiva particular” (10).

Los dos libros de Weaver exponen una teología académica menonita con una clara dirección hacia la cual avanzar. Siendo yo misma una teóloga académica, rutinariamente me enfrento a la premisa de que, puesto que estoy haciendo una teología que aborda la violencia sancionada por la teología dominante en contra de las mujeres, así como sus valores asociados con lo que a menudo se llama “supremacía blanca”, mi trabajo no es teológico sino meramente de “estudios culturales”. Aprecio el trabajo de Weaver porque desafía este tipo de supuestos y se alza como una contribución importante a una conversación en curso, debido a su tenaz negativa a permitir que la violencia de nuestra imaginación cristiana siga sin ser examinada.

Al mismo tiempo, me parece que el trabajo de Weaver no logra desenmascarar los problemas del racismo y el machismo dentro de la teología menonita. Por ejemplo, en sus esfuerzos por poner en conversación la teología menonita con las teologías negras, me extraña su opción por preguntar si la inclinación de los menonitas por adherir a la teología-en-general tiene algo que ver con el racismo blanco. ¿O qué hay de nuestro sistemático silenciamiento del abuso doméstico y sexual, problemas de gran preocupación para las teólogas feministas blancas y negras –entre ellas, mujeres menonitas- y bien documentados en Peace Theology and Violence against Women? (11) En otras palabras, animo a Weaver a hacer una conexión más fuerte entre los problemas de interés para las teologías contextuales y la forma en que dichas preocupaciones pueden modelar la teología menonita; después de todo, estas teologías también nos están dirigiendo la palabra.-

 

Más sobre expiación:

Primer Foro de Teología Anabaptista reúne a académicos europeos

¿Por qué murió Jesús?

 

Notas
(1) J. Denny Weaver, Anabaptist Theology in Face of Postmodernity: A Proposal for the Third Millennium, vol. 2, The C. Henry Smith Series (Telford, Pa.: Pandora Press U.S./Cascadia Press, 2000),13.

(2) Ibíd., 14.

(3) Ibíd., 46. Al respecto, Weaver cita específicamente la acción realizada por los delegados de las GCMC y MC para separarse en cuerpos eclesiásticos nacionales.

(4) Ibíd., 47.

(5) Ibíd., 112.

(6) Ibíd., 69.

(7) La “womanist theology” (traducida aquí como “teología feminista negra”) es un método particular de la teología cristiana que se asemeja a la teología feminista pero que, en vez de basarse en la experiencia de las mujeres en general, toma como punto de partida la experiencia de las mujeres negras en particular.

(8) J. Denny Weaver, The Nonviolent Atonement (Grand Rapids, Mich.: Wm B. Eerdmans Publishing Co., 2001), 27.

(9) Ibíd., 225.

(10) Ibíd., 228.

(11) Elizabeth G. Yoder, ed., Peace Theology and Violence against Women, vol. 16, Occasional Papers (Elkhart, Ind.: Institute of Mennonite Studies, 1992).