Exégesis Marcos ofrece su versión del bautismo y la tentación de Jesús con toda la brevedad que caracteriza a su evangelio, pero con todo el simbolismo que llena su propósito teológico. El texto está dividido en dos perícopas –el bautismo en 1:9-11 y la tentación en 1:12-13–, por una separación de tiempo que aparece con la palabra "luego"; pero ambas están estrechamente vinculadas bajo el tema de la preparación para el Reino. La primera perícopa empieza refiriéndose al testimonio de Juan que introduce el evangelio, amarrando así las promesas y expectativas, no solamente de Juan, sino de toda la tradición del pueblo de Israel, que Marcos usa en los versículos 3 y 4. En medio de esta escena de esperanzas, Marcos presenta a Jesús como uno más entre muchas personas. El relato ocurre en el río Jordán, que es un lugar de mucho simbolismo para el pueblo de Israel. El río representa el cumplimiento de las promesas de Yavé en la entrada a la tierra prometida. Jesús vino desde Nazaret a Juan en el desierto (el símbolo del desierto será discutido en la siguiente perícopa). Jesús vino a Juan con el propósito de ser bautizado por Juan, al igual que muchos otros de la región e incluso de Jerusalén. Marcos no explica su razón. En el momento de subir del agua, Jesús –y solamente Jesús– ve y escucha una confirmación por medio de tres señales diferentes. Marcos mantiene en secreto estas señales para mostrar la importancia del momento para Jesús pero, al mismo tiempo, para revelar al lector la identidad de Jesús (2). Desde el comienzo del evangelio, Marcos impone su secreto mesiánico para presentar a Jesús el hombre. Las tres señales le dan el sentido histórico y apocalíptico (3) a este mensaje dirigido a Jesús y forman una revelación progresiva que es el centro del relato. Los cielos abiertos representan el nuevo actuar de Dios en medio de su pueblo y el cumplimiento del tiempo de espera. La frase amarra imágenes del Antiguo Testamento de un momento de revelación (4) pero también una imagen escatológica. Jesús es confirmado en un rol de Mesías, de Salvador de su pueblo. La segunda señal, del Espíritu descendiendo como paloma, es para capacitar a Jesús y transformarle en el portador único de este nuevo actuar de Dios (5). La voz, finalmente, confirma una relación especial de Jesús con el Padre, utilizando el título de "Hijo" para designar a Aquél que cumple la obra del Padre. El texto no menciona ninguna acción o reacción de Jesús en su bautismo ni en esta confirmación sino solamente haber acudido a Juan o, en otras palabras, participar en este movimiento de búsqueda de la voluntad de Dios. En la segunda perícopa, Jesús es igualmente pasivo y obediente. Es el Espíritu el que lo impulsa al desierto; no es iniciativa de Jesús. El desierto en el evangelio de Marcos representa un lugar de acercamiento con Dios, de revelación y, lo que es central para este texto, de enseñanza. Marcos combina el desierto con el símbolo del numero cuarenta, formando un paralelo con el pueblo de Israel en el éxodo. Para el pueblo, los cuarenta años en el desierto fueron un período de prueba y de confianza en Dios para todas sus necesidades, pero también de aprender el sentido de las promesas que se estaban preparando a recibir. Las promesas y las posibilidades abiertas a Jesús en su bautismo necesitaban una dirección acerca de la naturaleza de este proyecto de Dios. La figura de Satanás aquí representa al oponente al proyecto, especialmente al camino hacia la cruz. Esta oposición es más clara todavía en la reacción a Pedro después de su confesión (8:33). Marcos no ofrece detalles de las tentaciones; pero no cabe duda de que están en relación con su mesianidad y los poderes involucrados. Finalmente, Marcos incluye dos símbolos curiosos y poco reconocidos en los ángeles y las fieras. Una interpretación posible está en las dos naturalezas de Jesús (6). Las fieras apuntan a la naturaleza humana de Jesús, en una armonía que muestra el propósito del proyecto de Jesús de restaurar la creación. Quizás el evangelista quiere referirse a una imagen como Isaías 11:6-9. Por otro lado, el servicio de los ángeles representa la divinidad de Jesús y el aspecto de su proyecto relacionado con ser agente del Padre. La presencia de los ángeles agrega un aspecto escatológico a la imagen, refiriéndose a la visión que recibió Jesús de los cielos abiertos. Estas dos perícopas, aunque son independientes, forman una unidad de propósito. Marcos ha mostrado ya la preparación para la llegada del Mesías desde el punto de vista del cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento en el testimonio de Juan. Estas dos perícopas terminan la etapa de preparación con la preparación específica de Jesús. El bautismo de Jesús ha sido, desde siempre, un texto de difícil interpretación, tanto por los motivos de Jesús para acudir a Juan para ser bautizado como por los efectos en la humanidad de Jesús. Una interpretación clásica ha encontrado en su bautismo un intento de Jesús, sin pecado, de identificarse como si fuese pecador (7). La consecuencia de esta interpretación es crear un bautismo verdaderamente carente de sentido e incongruente con algún propósito teológico del evangelista. Jesús, al acudir a Juan, está participando en un movimiento popular de profundo sentido espiritual. El movimiento de Juan era de arrepentimiento y de re-búsqueda de Dios en un medio y un tiempo en que Dios parecía muy lejano. Jesús fue, no porque necesitaba perdón de pecados, sino porque era miembro de un pueblo que necesitaba ser renovado por Dios. Marcos intencionalmente esconde el nivel de conciencia mesiánica que tenía Jesús previo a este momento y muestra a Jesús participando pasivamente en las expectativas mesiánicas del pueblo entero (8). En el momento del bautismo, Jesús experimenta una profunda conversión (9). Desde una participación pasiva en la esperanza mesiánica, Jesús se convierte en el actor principal. Jesús, como lo revelan los otros evangelios sinópticos, tuvo alguna conciencia de ser algo especial; pero es en el momento de esta confirmación por el Padre que las posibilidades se abren para Jesús. Jesús, y solamente Jesús, recibe un mensaje de tres aspectos. Primero, los cielos abiertos indican el momento de la llegada del Reino, el nuevo actuar de Dios. En segundo lugar, el Espíritu capacita a Jesús para la tarea, transformándole en el portador del Espíritu con el poder del Espíritu. Esta imagen amarra las tradiciones veterotestamentarias del ungimiento del rey, como símbolo del fortalecimiento del escogido de Dios para la tarea que tenía por delante de dar justicia a los pobres. Finalmente, la voz del Padre subraya una intimidad de relación y una confianza en las acciones de Jesús. Esta confirmación carga a Jesús con una tremenda responsabilidad pero, al mismo tiempo, con posibilidades ilimitadas. Hay un sentido en que estas posibilidades ilimitadas de poder escatológico se transforman en la tentación que Jesús enfrenta inmediatamente después (10). Sin embargo, la tentación de Jesús juega un rol mucho más importante en el evangelio que la mera tentación ante estas nuevas posibilidades. La tentación tampoco se limita a una simple identificación con nosotros en nuestras tentaciones, en las cuales Jesús no cae. Hay dos razones para descartar una interpretación así. Primero, que Marcos no menciona el resultado de la tentación. Es implicado, por supuesto; pero, si fuera central en el relato, tendría más importancia para el evangelista. En segundo lugar, esta interpretación quita la realidad de la tentación, escondiendo la seria naturaleza de las tentaciones y la humanidad de Jesús, quien tuvo que luchar contra ellas. Además, las mismas tentaciones de poder son repetidas varias veces en el resto del evangelio. La tentación de Jesús forma parte esencial de la preparación para el comienzo de su ministerio. Las posibilidades que habían sido reveladas acerca del actuar de Dios en el bautismo de Jesús, eran tan grandes y amplias que era necesario un período de enseñanza y definición acerca de la naturaleza del proyecto. Por esta razón, los símbolos del desierto y de los cuarenta días tienen un rol central. Las tentaciones –que Lucas menciona con detalles que Marcos no da– de un mesianismo fácil, de un poder político o militar y de una auto-dependencia, forman parte de la tentación ante estas nuevas posibilidades y que es rechazada por Jesús. Las decisiones tomadas aquí por Jesús muestran su fruto en el compromiso de seguir el camino hacia la cruz. En conclusión, podemos decir que el bautismo y tentación de Jesús representan la conversión de Jesús en el agente central del Reino mesiánico y portador del Espíritu, y la definición de esta acción en un proyecto de identificación con los desposeídos e indefensos que terminará en el camino hacia la cruz.
La tentación de las posibilidades hoy
La conversión de Jesús en el factor principal de la esperanza mesiánica y la tentación de las posibilidades que le sigue, es una tentación que la iglesia enfrenta cada día. Es en la iglesia donde la presencia del mismo Jesús resucitado, con la misma confirmación del Espíritu, continúa con el proyecto. Pero, al mismo tiempo, la iglesia es un conjunto de comunidades con estructuras de poder en su interior y con relaciones con el mundo exterior. Es aquí donde la tentación de las posibilidades se hace presente. La triste historia de la iglesia muestra que, una y otra vez, la iglesia ha escogido el camino del poder popular, político y militar que Jesús rechaza en este texto. El resultado de esta caída ha sido, y sigue siendo, una iglesia no marginada, que no trabaja para los necesitados como lo hacía Jesús, y no toma el camino de auto-entrega y discipulado hacia la cruz. La clara decisión de las comunidades cristianas hoy, enfrentadas con la tentación de las posibilidades, resultará en una mejor definición de iglesia en el futuro, una que verdaderamente trabaja con la humildad y el servicio a los necesitados que llevó a Jesús hasta la cruz.-
Notas (1) Este trabajo fue presentado al nivel de licenciatura para la asignatura “El Evangelio de Marcos”, Centro de Estudios Evangélicos Pentecostales, Concepción, Chile / Universidad Bíblica Latinoamericana, San José, Costa Rica, en mayo 2003. (2) Gnilka, Joachim (1999) El evangelio según San Marcos (4ª ed), tomo 1, Salamanca, Ediciones Sígueme (3) ibíd, p. 59 (4) English, Donald, (1992) The message of Mark, Leicester, Inter-Varsity Press (5) Gnilka, p. 61 (6) ibíd,
p. 69 (8) Bravo Gallardo, Carlos (1986). Jesús, hombre en conflicto, Santander, Editorial SAL TERRAE, p. 79 (9) ibíd, p. 79 (10) Gnilka, p. 69
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