Citar como: http://www.puertachile.cl/anabaptismo/2004_dyck_memorial.htm

 

Elfrieda Dyck, la mujer menonita que
ayudó a miles de refugiados de posguerra

Extraído de Mennonite Weekly Review y Charlotte Observer, 28-30 de agosto de 2004

Traducido y compilado por Felipe Elgueta Frontier

 


Elfrieda y Peter Dyck en 1948 a bordo de
un barco en Bremerhaven, Alemania,
Foto: Mennonite Weekly Review

Elfrieda Klassen Dyck, obrera permanente del Comité Central Menonita (CCM) que ayudó a reubicar a miles de refugiados europeos después de la Segunda Guerra Mundial, falleció el 20 de agosto de 2004 en Scottdale a los 87 años de edad.

Elfrieda nació en Donskaja, actual Samara, Rusia, en 1917, siendo la menor de 14 hijos. En 1925, cuando tenía 7 años de edad, su familia huyó de Rusia y se estableció en Winnipeg, Canadá. Allí se graduó en el Hospital Saint Boniface como enfermera certificada en 1939.

Su capacitación como enfermera fue lo que llevó a Elfrieda a involucrarse en el trabajo del CCM. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, inició un período de un año de servicio en un hogar para recién nacidos en Gales del Norte, y posteriormente en un hogar de niños convalecientes en el norte de Inglaterra.

Mientras servía en Inglaterra, conoció a su esposo Peter, otro obrero del CCM. Él también era un inmigrante en Canadá, adonde había llegado proveniente de Lysanderhoh, Am Trakt, Rusia. Se casaron en 1944 y siguieron trabajando para el CCM después del fin de la guerra. Junto a Peter y otros obreros del CCM, reunió a los refugiados menonitas que se encontraban dispersos y ayudó a reubicarlos en países más seguros.

A comienzos de la guerra, Rusia era el hogar de unos 100.000 menonitas, y muchos otros vivían en países vecinos. Los primeros refugiados que recibieron ayuda de los Dyck fueron los Neufeld. Ellos habían escapado de Rusia, luego de la desaparición de su padre tras ser detenido por la KGB. Para cuando Justina, su hermano mayor Gerhard y la esposa de éste llegaron a Francia, también habían sido separados de su madre en Polonia, y otros seis hermanos habían desaparecido.

“Al perder a mi padre y a mi madre en la guerra, [Elfrieda] se convirtió en una madre sustituta”, dijo Justina, quien entonces tenía 15 años y vive actualmente en North Newton, Kansas.

En 1947 y 1948, Elfrieda, quien había estado a cargo de un campamento con 1.200 refugiados en Berlín, guió cuatro barcos con más de 5.500 menonitas en total a Sudamérica. La gran mayoría fue a Paraguay, pero otros se establecieron en Brasil y Uruguay. Otros refugiados lograron llegar a Canadá y los Estados Unidos y otros permanecieron en Europa Occidental.

Un episodio muy recordado fue el acaecido en mayo de 1948, cuando el barco Charlton Monarch, que transportaba a 860 refugiados menonitas, sucumbió víctima de problemas con sus máquinas y su tripulación y quedó abandonado a su suerte frente a la costa de Brasil. Pese a ello, Elfrieda Dyck logró guiar a estos refugiados a la seguridad de una nueva vida en Paraguay.

Los Dyck relataron la historia de su trabajo con los refugiados europeos en el libro Up from the Rubble (Herald Press, 1991).

“El sufrimiento los ha hecho pacientes y bondadosos”, escribió Elfrieda. “Aprendimos tanto de ellos. Cuando nos desanimábamos, todo lo que necesitábamos hacer era caminar a través del campamento y escuchar a los refugiados. Volvíamos agradecidos, listos para continuar”.

“Elfrieda y Peter Dyck han dedicado toda una vida de servicio ministrando a los refugiados hambrientos y sin hogar y a la comunidad de fe en todo el mundo”, dijo el director ejecutivo del CCM, Ronald J. R. Mathies, cuya esposa estaba entre los refugiados ayudados por los Dyck. “Hay generaciones en todo el mundo que están agradecidas de ella, de Peter y del CCM por darles una nueva vida”.

Según el historiador menonita Robert S. Kreider de North Newton, Kansas, su historia de vida le había ayudado a Elfrieda a comprender la difícil situación que atravesaban los refugiados a quienes ayudó. “Ella conoció el sufrimiento y la tragedia a comienzos del siglo veinte”, cuando era una emigrante que huía de una guerra, dijo Kreider. “A su vez, ella fue una persona que se preocupó por otros, que fue competente en cada crisis que enfrentó y siempre tuvo un espíritu humilde como el de Cristo”.

Ella evitaba la atención pública que sus experiencias podrían haberle granjeado. “Aún puedo escucharla diciendo: ‘Pero no hagan todo este alboroto’ ”, dijo su amiga cercana Kathy Hostetler, de Akron. “Al sentarnos juntas durante el café, empezábamos a rememorar”, dijo Hostetler, recordando la época en que los Dyck vivían en Akron, durante los años '60, '70 y '80. Hostetler también huyó de Rusia cuando era niña, y ella y Elfrieda intercambiaban historias acerca de sus vidas.

A Elfrieda le sobreviven, además de su esposo, dos hijas, Rebecca Dyck, de Montreal, y Ruth Scott y su esposo Jack, de Scottdale, Pensilvania, además de cinco nietos y un bisnieto. Ella fue precedida en la muerte por 10 hermanos y tres hermanas.

El 28 de agosto se realizó un culto conmemorativo en la Iglesia Menonita de Scottdale. La familia ha pedido que se realicen donaciones en memoria de Elfrieda Dyck a un fondo del CCM destinado a ayudar a refugiados.-

 

Más sobre la labor de los Dyck:

Up from the Rubble en Mennolink