En el extranjero

Un humilde obituario para Osama Bin Laden

por John Harris*, PCPJ, 3 de mayo de 2011
Traducido por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl

Osama Bin Laden, organizador, cruzado, defensor, soldado, terrorista, hijo, esposo y padre ha muerto anoche a la temprana edad de 54 años. Fue asesinado por militares de EEUU en un complejo ubicado en Pakistán, tras haber figurado en la lista de los más buscados durante unos 12 años. Será recordado principalmente por su ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre de 2011.

Hijo de un multimillonario empresario, nació en 1957 y, poco después, se convirtió en el hijo de una madre divorciada y vuelta a casar. Ella había sido una de las 22 esposas del padre de Osama. El padre de Osama no sólo tuvo muchas esposas, sino que tenía varias a la vez. Se iba divorciando de las mayores para casarse con otras más jóvenes. Este hombre falleció en un accidente de aviación cuando Osama tenía 10 años.

Habiendo nacido en la riqueza de su familia, Osama se encontró convertido en multimillonario a temprana edad. Pero se sentía más atraído por la religión y la poesía. En los años 80, viajó a Afganistán, donde se convirtió en uno de los líderes de la lucha contra la invasión de la Unión Soviética. Gracias a sus conexiones con el dinero de Arabia Saudita, se convirtió en líder y organizador de la rebelión contra la invasión soviética. Posteriormente trabajó con el gobierno de EEUU, recibiendo asistencia económica y militar para defender al pueblo afgano de los soviéticos.

Osama Bin Laden creía firmemente que su religión, el Islam, no exigía simplemente una religión personal, sino toda una forma de vida. Esto incluía la ley político-religiosa, conocida comúnmente como Sharia. Él perseveró en sus esfuerzos por extender la influencia de la Sharia hacia grupos y naciones musulmanas. Él creía, al igual que muchos millones de personas de su entorno, que el mundo musulmán debía ser capaz de practicar la autodeterminación y no dejarse someter por una visión comunista del mundo ni una visión capitalista occidental. El sistema islámico, pensaba él, era un sistema dado por Dios que resguardaba contra el secularismo, el comunismo y un sistema de libre competencia que incorporaba la usura y la explotación económica de los pobres. Al tiempo que promovía lo que podría denominarse “valores familiares tradicionales”, la Sharia suprimía el alcohol, las drogas, la pornografía, el aborto y cosas semejantes. Para Osama, la Sharia ofrecía un mundo de esperanza en Dios, un mundo donde Dios es exaltado y alabado, donde los bancos y las empresas no harían dinero a costa de los pobres y donde las familias podrían vivir seguras con un empleo y salario honestos, pudiendo alabar y seguir a Dios de acuerdo con las Sagradas Escrituras.

En línea con su énfasis en la autodeterminación musulmana, él también hizo campaña contra la influencia occidental en el mundo musulmán. Esto lo llevaría a crear Al-Qaeda, un grupo cuyo propósito era establecer gobiernos islámicos en el mundo musulmán y, de este modo, extirpar la influencia de EEUU y otras fuerzas occidentales que habían logrado establecer exitosamente su presencia allí. De una manera similar al supuesto asumido por las naciones occidentales, Al-Qaeda creía en el uso de la fuerza para conseguir sus objetivos.

Con una ambición comparable a la de héroes norteamericanos como Samuel Adams, John Brown y Robert McNamara, Bin Laden y Al-Qaeda propagaron la creencia y la práctica de que el terrorismo era justificado, aun cuando afectara a mujeres y niños. Éste es su legado. Entre las acciones de Al-Qaeda para lograr esta autodeterminación estuvieron los ataques de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono, un día sobre el cual el lector no necesitará mayores explicaciones.

Más de 3 mil personas murieron violentamente ese día. Esta cifra incluye a mujeres, niños, obreros de la limpieza, carteros, etc., personas a las que Jesucristo se refería como “los más pequeños de éstos”. Diez años después encontraría su propia muerte, perpetrada por aquellos que, en la práctica, adhieren a sus métodos, excepto cuando alguien más los usa en su contra.

Tengo sentimientos encontrados con respecto a la muerte de Bin Laden. Él fue mi enemigo a quien amé. Lloré al ver el anuncio del presidente y el posterior baile en las calles. No era un llanto de alegría, sino de tristeza y confusión. Hoy temprano recordé un versículo de la Biblia: “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón” (Proverbios 24:17).

He pasado gran parte de mi vida lidiando contra mucho de lo que Bin Laden hacía y representaba.

Niños de Hebrón/Al-Khalil

Niños de Al-Khalil. Foto: Jill Granberg (CPT) / Flickr

Cada verano, durante los últimos 5 años, he vivido en Al-Khalil (o Hebrón en hebreo), una importante ciudad árabe y musulmana de Palestina. Las camisetas con la imagen de Bin Laden o Saddam Hussein, sin ser populares, podían comprarse a la vuelta de la esquina, en el mercado de ropa que está cerca de mi departamento. La última vez que hubo elecciones en esa ciudad, el partido político Hamas obtuvo la mayoría de los votos.

Hamas y Al-Qaeda comparten un origen común en el avivamiento islámico de los años 70, un movimiento que promovía la idea de que el Islam era la respuesta en todos los ámbitos de la vida, desde el vestuario hasta la Sharia, pasando por la alimentación. La Hermandad Musulmana, un movimiento egipcio, aportó la filosofía fundacional para Al-Qaeda y Hamas. Los resultados de estos movimientos incluyen el cuidado de los pobres, proporcionar una educación de calidad para todos, un mayor conservadurismo en el estilo de vida, el vestir y el matrimonio, un sistema político basado en las Sagradas Escrituras y la Jihad militante, o guerra santa, contra los infieles.

Al-Khalil es un lugar de guerra y gran desesperación. Hay una enorme pobreza. A menudo veo cómo los niños pequeños acuden a la beneficencia musulmana local a conseguir sopa para sus familias. Como trabajador por los derechos humanos de los Equipos Cristianos de Acción por la Paz, a menudo intervengo cuando los colonos judíos locales saquean sus casas, cuando los militares israelíes arrestan a sus padres y cuando hombres envueltos en sábanas los atacan en su camino a la escuela. Y mi barbero Jamal siempre me está invitando cariñosamente a asistir a la mezquita local.

Un día, un niño pequeño, de 6 años quizás, me siguió mientras atravesaba el mercado en mi camino a casa. Me dijo: “¿Tienes padre? ¿Cómo se llama tu padre?”. Respondí: “Mi padre se llama Paul”. Luego de conversar sobre nuestras familias, dijo: “Los dos tenemos familia. Los dos tenemos padre, hermanos y hermanas. ¿Eres musulmán?”. Él sabía que no lo era. “Me gustaría que vinieras a la mezquita conmigo y aprendieras de Dios. Dios es un Dios bueno que cuida de nosotros. ¿No querrías hacerte musulmán?”.

Si la familia de este dulce niño es una típica familia local, ellos habrán dado su voto a Hamas en la última elección. Y si este niño es del barrio en el cual yo vivo, hay una alta probabilidad de que él y su familia reciban asistencia de las entidades musulmanas de beneficencia. Hay una alta probabilidad de que sus parientes hayan sido asesinados como resultado de la actual guerra con los israelíes.

Debido a sus circunstancias sociales, económicas y políticas, Al-Khalil es un lugar que produce atacantes suicidas. Esto no lo apoyo, pero lo comprendo. Es el resultado del clamor de los pobres y oprimidos. Las influencias de la Hermandad Musulmana y Hamas, aunque aportan un gran comienzo para la libertad, la autodeterminación y la dignidad, también llevan equivocadamente a “los más pequeños de éstos” a tomar la espada.

A menudo pienso en este niño. Oro por su familia y su comunidad. Oro pidiendo que su pueblo, al igual que los israelíes del otro lado de la línea verde, puedan tener autodeterminación. Sueño con el día en que los hijos de Dios puedan vivir en paz y prosperidad. Creo que éste es el plan de Dios desde los albores de la creación.

También oro pidiendo que él pueda vivir en una sociedad democrática donde sus derechos y libertades civiles estén garantizados. Aunque gente como Osama Bin Laden ha aportado una gran valentía y respeto a muchos musulmanes que buscan la autodeterminación, junto con ello ha fomentado el sometimiento de las mujeres, la negación de derechos básicos a los disidentes políticos y religiosos y una visión muy estrecha de lo que significa ser una sociedad musulmana. Y para peor, fomenta la idea de que está justificado matar mujeres y niños para poner en acción el plan de Dios.

Suena como Herodes el Grande, quien mató a todos los niños tras el nacimiento de Jesús. Suena como las bombas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Celebración de la muerte de Bin Laden.

Celebración de la muerte de Bin Laden. AP Photo/Manuel Balce Ceneta

El 11 de septiembre, los medios occidentales mostraron imágenes de celebraciones callejeras en Palestina. Eso nos disgustó. (Es asombroso que hayamos repetido sus actos anoche.)

El día siguiente al 11 de septiembre, Hillary Clinton apareció en CNN y le dijo a Estados Unidos que ellos nos odiaban debido a nuestras libertades. Pregúntenle a cualquier árabe por qué tanta gente nos odia. Ellos dirán que somos odiados debido a nuestra política exterior en el mundo islámico.

Hasta el día de hoy, he deseado traer a Hillary a Al-Khalil para presentarle el niño que tan amorosamente intentó convertirme al Islam, para que vea lo que la guerra del imperialismo israelí le ha acarreado a su familia y comunidad, y para que ella le diga que los Estados Unidos, bajo la dirección de su esposo y de su actual jefe, le dona dos mil millones de dólares al año, principalmente en armamento, al gobierno israelí. Hillary perdió para siempre mi voto aquel día, cuando se convirtió en líder autodesignada de la campaña de desinformación, tal como lo hicieran Osama Bin Laden y Al-Qaeda. ¿Por qué personas como Ron Paul y Ralph Nader comprenden esto, mientras que Rudolf Giuliani y el resto de nosotros permanece, junto con Hillary, ignorante y negándose a aceptar los hechos?

Así es que hoy recordamos a Osama Bin Laden, nacido en un hogar desecho y disfuncional. Nacido en una riqueza creada como resultado de una economía de libre mercado. Nacido en una región que clama por la autodeterminación y la decencia común. Nacido en una época en la que gente de su propia religión estaba dando respuestas simples a situaciones complejas, soluciones que incluían el antisemitismo y otras formas de intolerancia. Nacido en un mundo que, en muchos sentidos, niega el rostro de Dios en los pobres, los desposeídos y los abusados. Oramos por sus esposas y sus hijos.

Recordamos también a las víctimas de los bombardeos del 11 de septiembre y a sus esposos y esposas, hijos e hijas.

Recordamos a todos los que han nacido en riquezas corrompidas y hogares desechos.

Oramos por aquellos de nosotros que se regocijan cuando nuestros enemigos caen.

Y oramos por un mundo donde haya auténtica autodeterminación, donde todos vivan en paz y prosperidad, según el anhelo de Dios nuestro Creador. Oramos por un milagro de Dios que enderece todas las cosas.-

(*) John Harris es cristiano evangélico, educador y activista internacional. Ofrece tures de cristianismo carismático en Palestina junto al grupo Pentecostales y Carismáticos por la Paz y la Justicia, y trabaja cada verano en Palestina con los Equipos Cristianos de Acción por la Paz.

Nota del Traductor: Adams fue líder de los Hijos de la Libertad, un grupo de patriotas formado alrededor de 1765 para proteger los derechos de los colonos de los abusos del gobierno británico. Brown fue un abolicionista que lideró del asalto a la armería del poblado de Harper’s Ferry en 1859, un evento que catalizó el inicio de la Guerra Civil. McNamara trabajó en mejorar la eficiencia de los bombarderos que mataron a cientos de miles de civiles en las “tormentas de fuego” de Japón hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, y después fue uno de los arquitectos de la Guerra de Vietnam.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *