En el extranjero

Muerte de Bin Laden: ¿Justicia o venganza?

Por Philly Bennis*, Institute for Policy Studies, 2 de mayo de 2011
Traducido por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl

En medio de la Primavera Árabe, que rechaza directamente la violencia de pequeños grupos al estilo de al-Qaeda y prefiere involucrar a toda la sociedad en masivas movilizaciones y protestas no violentas contra las dictaduras y la corrupción, ¿el asesinato de Osama Bin Laden representa una justicia definitiva o incluso un cierre de las “cuentas pendientes” del 11 de septiembre?

[Amán, Jordania] – Agentes de EEUU asesinaron a Osama Bin Laden en Pakistán, al parecer sin la colaboración del gobierno de Islamabad. El líder de al-Qaeda fue el responsable de grandes sufrimientos; no lamento su muerte. Pero toda acción tiene causas y consecuencias y, en el momento actual, todas ellas son peligrosas. Es improbable que el asesinato de Bin Laden tenga mucho impacto sobre la ya debilitada capacidad de al-Qaeda –la que según muchos estaría constituida por apenas un par de cientos de combatientes repartidos entre Afganistán y Pakistán–, aunque su efecto sobre otras fuerzas terroristas es incierto. El propio Pakistán podría pagar un precio particularmente elevado.

Según lo describió el presidente Barack Obama, “después de un tiroteo, mataron a Osama Bin Laden”. Suponiendo que así haya sido, esta incursión refleja la brutal realidad de las mortíferas guerras en Afganistán e Irak que lo precedieron y que continúan hoy, tras 10 años: el propósito no era llevar a alguien ante la justicia, sino cometer un acto de venganza.

Y dado el enorme costo humano que aún están pagando los afganos, iraquíes, paquistaníes y gente de otras naciones en las guerras libradas por EEUU con el declarado propósito de capturar a Bin Laden, es especialmente irónico que al final no fueran los bombardeos de “conmoción y pavor” ni las invasiones de tropas terrestres, sino un esforzado trabajo policial (investigación concienzuda y cultivo de fuentes de inteligencia) lo que hizo posible la realización de dicho objetivo.

El presidente Obama reconoció que la unidad del pueblo de los Estados Unidos tras el 11 de septiembre “a veces se ha desgastado”. Pero no mencionó que dicha unidad en realidad se había derrumbado completamente 24 horas después de los horrorosos ataques a las Torres Gemelas. El 11 de septiembre de 2001 no “cambió el mundo”; el mundo cambió el 12 de septiembre, cuando George W. Bush anunció su intención de responder poniendo al mundo en guerra. Ése fue el momento en que los eventos reales del 11 de septiembre, un crimen contra la humanidad que mató a casi 3.000 personas, quedaron atrás y se dio inicio a la “guerra global contra el terrorismo”. Esa guerra ha acarreado años de devastación y destrucción para cientos de miles de personas en el mundo, en Irak, Afganistán, Pakistán y más allá.

Hubo una oleada sin precedentes de unidad, de solidaridad humana, en respuesta al crimen del 11 de septiembre. En los Estados Unidos, gran parte de esa respuesta inmediatamente adoptó un carácter patriotero y xenofóbico (algo de lo cual volvió a emerger anoche en los agresivos cánticos de “¡¡¡USA, USA!!!” de las multitudes que vitorearon y ondearon sus banderas afuera de la Casa Blanca tras el discurso del presidente Obama). Parte de esa respuesta era abiertamente militarista, racista e islamofóbica. Pero hubo algunos que realmente reflejaron un nivel de unidad humana inesperado e inusual en la historia de EEUU. Incluso a nivel internacional, la solidaridad con el pueblo de EEUU reemplazó por un breve instante a la bien merecida ira global contra la arrogancia, las guerras y la campaña imperialista de EEUU. En Francia, los titulares proclamaban: “Nous sommes tous Américaines maintenant” (“Ahora somos todos norteamericanos”).

Niños en Irak. Foto: Dialog International.

Niños en Irak. Foto: Dialog International.

Pero esa solidaridad humana resultó ser efímera. Fue destruida por las guerras ilegales que conformaron la respuesta de EEUU al crimen del 11 de septiembre. Rápidamente aquellas guerras causaron víctimas en cantidades que superaron con mucho a los 3.000 muertos del 11 de septiembre. Las vidas de millones más en el mundo fueron transformadas por la agresión norteamericana. Sólo en Pakistán, donde un equipo militar de EEUU asesinó a Bin Laden, miles de personas han resultado muertas y mutiladas debido a los ataques de aviones no tripulados de EEUU y a los atentados suicidas que son parte del persistente legado de la guerra estadounidense.

Estas guerras han causado demasiada muerte y destrucción. Demasiadas personas han muerto y demasiados niños han quedado huérfanos como para que los Estados Unidos proclamen, como triunfalmente lo hiciera el presidente Obama, que “se ha hecho justicia” porque un hombre, sea cual sea su importancia simbólica, ha sido asesinado. Como sea que se calcule cuándo y cómo efectivamente empezó “esta lucha”, el gobierno de los EEUU eligió cómo responder al 11 de septiembre. Y dicha respuesta, desde el principio, fue de guerra y venganza, no de justicia.

El discurso presidencial de anoche podría haber tenido el propósito de poner fin al triunfalismo de la “guerra global contra el terrorismo” que George W. Bush inició y Barack Obama asumió como propia. Podría haber anunciado una nueva política exterior basada en la justicia, la igualdad y el respeto hacia las demás naciones. Pero no lo hizo. En lugar de ello, declaró que la guerra de EEUU en Afganistán, Pakistán, Irak y más allá continuará.

En esa reafirmación de la guerra, el presidente Obama reafirmó también el excepcionalismo norteamericano que ha sido un sello distintivo de sus discursos recientes, declarando que “Estados Unidos puede hacer cualquier cosa que se proponga”. Equiparó la capacidad y voluntad de EEUU de continuar librando feroces guerras con logros anteriores de los EEUU, entre ellos –y sin una pizca de ironía–, la “lucha por la igualdad de todos nuestros ciudadanos”. En esta declaración del presidente Obama, la guerra global contra el terrorismo parece equipararse con los movimientos contra la esclavitud y por los derechos civiles.

Hoy en día, la Primavera Árabe está en auge en todo el Medio Oriente y el norte de África. Es de una tristeza indescriptible que el presidente Obama, en su afirmación de que la muerte de Bin Laden implica justicia, no aprovechara la oportunidad para anunciar el fin de las mortíferas guerras con que EEUU respondió a los ataques del 11 de septiembre. Éste podría haber sido el momento de reemplazar la venganza por cooperación, de reemplazar la guerra por justicia.

Pero no fue así. Independientemente de la muerte de Bin Laden, mientras aquellas mortíferas guerras continúen en Afganistán, Pakistán, Irak y más allá, no se habrá hecho justicia.

Bush en el "USS Abraham Lincoln", mayo de 2003. Foto: AP/Der Spiegel

Fiasco: Bush en su criticado discurso a bordo del "USS Abraham Lincoln", cuando declaró prematuramente el fin de las principales operaciones de combate en Irak; 1° de mayo de 2003. Foto: AP/Der Spiegel

(*) Philly Bennis dirige el proyecto de Nuevo Internacionalismo del Instituto de Estudios Políticos (IPS) de Washington DC. Durante muchos años ha sido escritora, analista y activista en asuntos del Medio Oriente y Naciones Unidas.
El IPS fue fundado en 1963 como un centro independiente orientado a educar a los políticos y al público en general y diseñar estrategias prácticas en favor de la paz, la justicia y el medioambiente. El ex-canciller chileno y férreo opositor al régimen de Pinochet, Orlando Letelier, y su secretaria Ronni Moffitt trabajaban con el IPS cuando fueron asesinados en un atentado explosivo en 1976. En su memoria, el IPS instauró los premios Letelier-Moffitt que anualmente se entregan a nuevos héroes de la causa de los derechos humanos.

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