En el extranjero

Un Martin Luther King palestino

Por Ryan J. Bell, 17 enero de 2011.

Publicación original: The Huffington Post

Traducido por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl

 

Mis rodillas casi se tocaban con las del Dr. Izzeldin Abuelaish mientras conversábamos, sentados en el lobby de su hotel en el centro de Los Angeles. Hablamos de su nuevo libro, I Shall Not Hate (No odiaré), y del trabajo que está haciendo para crear una paz duradera entre palestinos e israelíes. Su energía era incontenible y contagiosa, y la sonrisa que permanentemente adorna su rostro cuando habla encubre una vida de dolor y angustia. En enero de 2009, durante la guerra de tres semanas en la Franja de Gaza y apenas cuatro meses después de perder a su esposa Nadia por un cáncer, un tanque israelí disparó dos obuses contra el hogar del Dr. Abuelaish, matando a tres de sus hijas, Bessan, Aya y Mayar, y a su sobrina Noor.

Su historia también nos habla de grandes oportunidades. Nacido en el campamento de refugiados de Jabalia, experimentó la pobreza absoluta. Sin embargo, gracias a una total determinación y al trabajo duro, el joven Izzeldin estudió medicina en El Cairo y luego se especializó en Arabia Saudita, convirtiéndose en el primer médico palestino en ocupar un puesto en un hospital israelí.

La noche de nuestra conversación, acabábamos de llegar del local de la Biblioteca Pública de Los Angeles en el centro de la ciudad, donde la periodista Laura Blumenfeld, del Washington Post, moderó una discusión sobre el libro de Abuelaish en una sala atiborrada de público, como parte de la serie ALOUD organizada por la Fundación de la Biblioteca de Los Angeles.

Basta con escucharlo unos pocos minutos para captar su decidido propósito de salvar vidas y notar la forma en que se sirve de la práctica de la medicina como metáfora para todo su quehacer. Comenta, con una sonrisa burlona, que un israelí y un palestino pueden compartir una habitación en el hospital, mientras que semejante situación nunca sucedería fuera de dicho establecimiento.

Pero tal vez lo más sobresaliente de Abuelaish sea su fe en la bondad inherente al ser humano. Parece no tener dudas de que se alcanzará la paz entre israelíes y palestinos. Cuando le pregunté si acaso alguna vez se ha encontrado descansando en su cama por la noche y ha pensado para sí “¡la gente nunca va a cambiar!”, respondió sin vacilar: “¡Aaaaah, no! ¡Jamás! Si creyera eso, que este paciente nunca se va a curar…”. Se le fue la voz. “No creo eso, porque no se va a curar hoy, pero Dios sabe lo que pasará mañana”.

Dios es un factor decisivo para Abuelaish. Su fe musulmana es la fuente de su pasión por salvar vidas; pero su aprecio y su respeto por el judaísmo y el cristianismo son también notables. Discutiendo el rol de la fe en su trabajo, comentó: “Si salvas una vida, salvas el mundo. Si matas una, matas el mundo”. Ésta es una paráfrasis de una sentencia tomada, no del Corán como cabría esperar, ¡sino del Talmud!

“Al igual que Martin Luther King Jr., yo también tengo un sueño”, escribe. “Mi sueno es que mis hijos, todos los palestinos y sus hijos, y nuestros primos, los israelíes y sus hijos, estén a salvo, seguros y bien alimentados; tendrán su propia ciudadanía e identidad”. Este médico quiere curar más que a los pacientes individuales. Quiere curar el odio entre palestinos e israelíes. Más que eso, quiere curar la pobreza y la injusticia que son el origen de ese odio.

En su libro, Abuelaish señala al auténtico culpable.

El odio es una enfermedad crónica, y necesitamos sanarnos de ella y trabajar por un mundo en el que erradiquemos la pobreza y el sufrimiento. Si una sociedad libre no puede ayudar a los muchos que son pobres, no puede salvar a los pocos que son ricos de odiarse unos a otros (230).

Esta sentencia me recuerda la famosa declaración del Dr. King:

Las tinieblas no pueden expulsar a las tinieblas; sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar el odio; sólo el amor puede hacerlo. El odio multiplica el odio, la violencia multiplica la violencia, y la brutalidad sólo multiplica la brutalidad en una espiral descendente de destrucción… La reacción en cadena del mal –odio que engendra odio, guerras que producen más guerras– debe cortarse o, de lo contrario, nos precipitaremos al oscuro abismo de la aniquilación.

Pese al increíble dolor e injusticia que ha experimentado durante más de 50 años, él se ha negado a entregarse al odio. Dice: “Nuestro enemigo es nuestra ignorancia”. La educación es el remedio. A la postre, dice, seremos juzgados por tres cosas:

Tu dinero: ¿De dónde lo obtuviste y qué hiciste con él? Tu educación: ¿Qué hiciste con ella? ¿La guardaste en tu mente y en tu corazón o la compartiste con otros? Y tu tiempo: ¿Lo usaste para ayudar a otros? ¿Invertiste tu tiempo o lo pasaste por aquí y por allá buscando diversiones? Eso es religión.

Muchos han comentado que los palestinos y los israelíes necesitan la aparición de un Gandhi, un Martin Luther King, Jr. Y parece que el momento ha llegado.

Extensa y detallada entrevista a Izzeldin Abuelaish en The Guardian (en inglés)

Daughters for Life: Fundación creada en memoria de sus hijas (en inglés)

Libro “I shall not hate” en Amazon.com

Abuelaish y su hijo

Abuelaish y su hijo Abdallah de seis años, horas después del ataque que cobró la vida de gran parte de su familia. Foto: Ben Curtis/AP Photo.

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