En el extranjero

Musulmanes de Egipto se ofrecen como “escudos humanos”

Por Yasmine El-Rashidi, 7 de enero, 2011.
Publicado originalmente en Ahram Online.
Traducido por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl.

La mayoría musulmana de Egipto cumplió su palabra la noche del jueves. Lo que había sido una promesa de solidaridad hacia la agobiada comunidad copta se hizo realidad cuando miles de musulmanes concurrieron a las misas coptas de víspera de Navidad en distintas localidades del país, así como a las vigilias a la luz de las velas que se realizaron afuera de las iglesias.

Desde los más conocidos hasta los anónimos, los musulmanes habían ofrecido sus cuerpos como “escudos humanos” para la misa de anoche, comprometiéndose a luchar colectivamente en contra de la amenaza hecha por militantes islámicos y a favor de un Egipto libre de luchas sectarias.

“O vivimos juntos o morimos juntos” fue el lema ideado por el musulmán Mohamed El-Sawy, un poderoso promotor de las artes cuyo centro cultural distribuyó volantes en las iglesias del Cairo la noche del jueves y a quien se le atribuye haber planteado por primera vez la idea de los “escudos humanos”.

Entre dichos escudos estuvieron las estrellas de cine Adel Imam y Yousra, el popular predicador Amr Khaled, los dos hijos del presidente Hosni Mubarak y miles de ciudadanos que han dicho que consideran que el ataque fue contra todo Egipto.

“No se trata de nosotros y ellos”, dijo Dalia Mustafa, una estudiante que asistió a la Iglesia de la Virgen María en Maraashly. “Somos uno. Éste fue un ataque contra todo Egipto y estoy apoyando a los coptos porque la única forma de que las cosas cambien en este país es que estemos unidos”.

En los días posteriores al brutal ataque de la Iglesia de los Santos en Alejandría, que dejó 21 muertos en la víspera de Año Nuevo, la solidaridad entre musulmanes y coptos ha alcanzado un nivel sin precedentes. Millones de egipcios cambiaron sus fotos de perfil de Facebook por la imagen de una cruz rodeada por una medialuna: el símbolo de un “Egipto para todos”. Por toda la ciudad se izaron lienzos llamando a la unidad y representando a las mezquitas y las iglesias, las cruces y las medialunas, juntas como una sola.

"Un hogar, un dolor"

El ataque ha remecido a una nación que no es ajena a los actos de terrorismo dirigidos contra musulmanes, judíos y coptos. En enero del año pasado, en la víspera de la Navidad copta, disparos efectuados desde un vehículo en marcha causaron la muerte de ocho coptos que salían de la iglesia tras la misa en el pueblo sureño de Nag Hammadi. En 2004 y 2005, ataques explosivos en los balnearios del Mar Rojo, Taba y Sharm El-Sheikh cobraron más de un centenar de vidas y, a fines de los años 90, militantes islámicos ejecutaron una serie de atentados explosivos y masacres que dejaron docenas de muertos.

Este ataque, no obstante, sigue a una serie de incidentes más recientes que han hecho que los egipcios se sientan abandonados por un gobierno que supuestamente debiera protegerlos.

El verano pasado, también en Alejandría, el ejecutivo de 28 años Khaled Said fue asesinado a golpes por la policía, desatando la indignación local e internacional. En torno a esta muerte han surgido muchos otros informes de brutalidad policíaca, arrestos al azar y tortura.

El año pasado fue también testigo de un brutal proceso de elección parlamentaria en el cual el aparato de seguridad del gobierno y los violentistas quedaron fuera de control. El resultado, aparte de los muertos y heridos, fue un arrollador triunfo del partido gobernante gracias a su propia campaña, cuidadosamente orquestada, la que incluía adulteración de votos, corrupción y brutalidad generalizada. La oposición fue esencialmente aniquilada. Y sólo días antes de las elecciones, los coptos –que constituyen un 10 por ciento de la población- una vez más fueron objeto de persecución, cuando una moratoria gubernamental a la construcción de un centro comunitario cristiano desencadenó choques entre la policía y manifestantes. Dos personas murieron y más de cien fueron detenidas, siendo condenadas incluso a presidio perpetuo.

Las dificultades económicas de un país que favorece a los ricos sólo han exacerbado la frustración de sus 80 millones de habitantes, quienes en su mayoría luchan cada día por su subsistencia. Las estadísticas de robos, drogas y violencia se han disparado en los últimos años, y el coro de voces de descontento ha ido creciendo.

El ataque terrorista que sacudió al país la víspera de Año Nuevo es, en muchos sentidos, la gota que rebasó el vaso, un punto de quiebre, no sólo para la comunidad copta, sino también para los musulmanes, quienes también se sienten marginados, perseguidos e ignorados por un gobierno que no atiende sus necesidades. Esta víspera de Navidad copta, la solidaridad no involucró sólo a las religiones: fue también una súplica desesperada y colectiva por una vida mejor y un gobierno que asuma sus responsabilidades.-

Informe de Al-Jazeera (en inglés)

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