En el extranjero

¿Cuál es el plan de Dios para Israel?

Por Palmer Becker, marzo de 2015
Traducción: Milka Rindzinski1

El experimentado pastor y educador Palmer Becker ha realizado numerosos viajes a países de Asia y Latinoamérica durante los últimos años, como obrero de la Iglesia Menonita de Canadá, principalmente con la misión de enseñar liderazgo y consejería pastoral y promover la reflexión acerca de la identidad anabautista en iglesias menonitas y de otras tradiciones. El presente artículo fue escrito tras una estadía en Palestina y la devastada franja de Gaza.

¿Cuál es el plan de Dios para Israel? Sería presuntuoso si dijera que tengo una respuesta definitiva a esa pregunta. Si la tuviera, ¡tal vez me designarían embajador en Israel o consultor especial de las Naciones Unidas! Sin embargo, permítanme compartir algunos pensamientos basados en la experiencia de haber estudiado y enseñado en cinco oportunidades en la Tierra Santa.

Crecí en una familia que opinaba que Dios tenía un plan especial para Israel. Creíamos que Israel era teológicamente más importante que otras naciones. De niño, disfrutaba los relatos del Antiguo Testamento sobre cómo Dios ayudó a Israel a conquistar la tierra de Canaán, cómo las murallas de Jericó se derrumbaron, cómo Gedeón, con solamente 300 soldados, sacó corriendo a los madianitas, y cómo David derribó a Goliat con una honda y una sola piedra. Para mí, ¡Dios realmente estaba del lado de los israelitas!

Cuando yo tenía 11 años, el establecimiento del estado de Israel pareció el acontecimiento más importante desde la ascensión de Jesús. Estábamos emocionados y creíamos que Dios estaba devolviendo la tierra de Israel a Su pueblo.

Muchos, igual que nuestra familia, han creído que la Biblia entera debería ser interpretada a través de los ojos de Israel. Esta interpretación dispensacional y sionista fue popular en el siglo veinte gracias a la Biblia de Referencia Scofield (1909), a la fundación del Dallas Theological Seminary (1924) y al lanzamiento de la Biblia de Estudio Ryrie (1978). Autores populares de ficción como Hal Lindsey (La agonía del gran planeta tierra) y Tim LaHaye (la serie Dejados atrás) también han tenido influencia en el pensamiento de millones de personas que llamaron a los judíos el pueblo escogido de Dios e interpretaron el futuro del mundo a la luz del Israel del presente.

¿Quiénes son los israelitas y los palestinos?

Aun cuando los antiguos israelitas vivieron en Egipto, eran un pueblo muy mezclado. Judá se había casado con una cananea, José con una egipcia, y Moisés con una madianita. Más tarde, Salomón tuvo muchas esposas de países extranjeros. También hay registradas en la Biblia mujeres como Rahab, Ruth, y 32.000 vírgenes madianitas (ver Números 31:35) que fueron madres en Israel. (Hay que tener en cuenta que un judío es identificado como tal si tiene madre judía o adopta la religión judía.)

A medida que el pueblo judío se dispersaba por las naciones del mundo, los matrimonios mixtos continuaron. Como resultado, los israelíes de hoy son un grupo de gente muy mezclada. En gran parte son de trasfondo europeo. Los palestinos preguntan: “¿Por qué tenemos que renunciar a nuestra tierra y a nuestros derechos para entregárselos a estos europeos? ¡Nosotros no fuimos responsables del holocausto!”. Por otro lado, los israelíes dicen: “Si estuviéramos rodeados de europeos demócratas en lugar de árabes, no tendríamos todos estos problemas.”

Los palestinos son también un grupo de gente mezclada. Su ascendencia se remonta a los hebreos, cananeos, los moabitas y filisteos de la Biblia y también a los asirios, los persas, los cruzados y los romanos de la historia posterior que de tiempo en tiempo invadieron su tierra, y allí se quedaron. Algunos sugieren que si hoy se hicieran pruebas de ADN en la región, habría más similitudes entre el rey David y los palestinos semitas que entre el rey David y los israelíes en gran medida europeos. ¡Tanto judíos como palestinos son descendientes de Abraham y por lo tanto son primos!

¿Qué tierra le dio Dios a Israel?

Los autores sionistas creen que Dios dio a Israel un territorio y que Israel debe recuperar esa tierra en preparación para el retorno de Cristo. Según este modelo, aquellos que ayuden a Israel en este esfuerzo serán bendecidos, mientras que los que se opongan serán malditos.

Cuando examino la Escritura encuentro tres diferentes conjuntos de límites de tierra que describen el territorio que Dios iba a dar a Israel. El primero se encuentra en Génesis 15:18, donde Dios dice a Abraham, “A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto [el Nilo] hasta el río grande, el Éufrates.” La segunda descripción de límites se halla en Números 34:1-12, donde Moisés dice que la tierra que Dios da al pueblo va desde el Mediterráneo y el Mar Muerto en el sur a partes de Siria y Líbano en el norte. La tercera descripción aparece en Josué 1, donde Josué divide la tierra de Canaán entre las 12 tribus. Esas tierras incluyen no solo al Israel del presente sino también partes de Jordania, Líbano y Siria.

En vista de esta variedad de descripciones de límites, es imposible dibujar un mapa del territorio específico que Dios habría prometido a Abraham y a sus descendientes.

En Génesis 15:18 Dios dice que da la tierra a los descendientes de Abraham, que incluían a los hijos de Ismael y a los hijos de Isaac. Dios bendijo tanto a Ismael como a Isaac y les prometió que llegarían a ser grandes naciones (Génesis 17:20). ¿Significa esto que a ambos, Israel y Palestina, les sería permitido formar naciones en las áreas así delimitadas?

Las promesas de Dios a Israel eran parte de un pacto condicionado. Una y otra vez, Moisés y los profetas advirtieron que para que les fuera permitido permanecer en la tierra, los israelitas debían vivir de acuerdo con su parte en el pacto, es decir, debían obedecer y honrar a Dios (véase Éxodo 19:5; Números 32:11; Ezequiel 33:21-29).

Debido a su infidelidad, históricamente Israel en realidad perdió la tierra por lo menos cinco veces: (1) en el 722 a.C. a manos de los asirios; (2) en 576 a.C. a manos de los babilonios; (3) en 332 a.C. a manos de Alejandro el Grande y los macedonios; (4) en el 64 a.C. a manos de los Romanos; y (5) en el 70 d.C. a manos del futuro emperador Tito, quien despiadadamente expulsó a todos los judíos de la Tierra Santa y vendió a muchos para ser esclavos. Como resultado, los judíos se quedaron sin patria por casi dos mil años.

El pueblo judío ha sido gravemente maltratado durante esos años. Durante la Edad Media, los cristianos europeos acusaron al pueblo judío de haber crucificado a Jesús, por lo cual fueron expulsados de muchas comunidades, y más de 200 mil fueron masacrados en España. Incluso el gran reformador protestante Martín Lutero2 una vez alentó a sus seguidores a quemar sinagogas y escuelas judías, a destruir sus libros de oraciones, prohibir a sus rabinos que predicaran y confiscar sus hogares y propiedades. Este maltrato llegó al clímax durante la Segunda Guerra Mundial y el holocausto, cuando más de seis millones de judíos fueron apresados y ejecutados de horribles maneras.

Judíos de Colonia quemados vivos luego de ser torturados. Se les acusaba de profanar los elementos de la Eucaristía. Grabado en madera del "Liber chronicarum mundi", 1493.

Judíos de Colonia quemados vivos luego de ser torturados. Se les acusaba de profanar los elementos de la Eucaristía. Grabado en madera del “Liber chronicarum mundi”, 1493.

En la década de 1890, un movimiento llamado Sionismo surgió en respuesta aeste maltrato. Igual que muchos otros pueblos, los judíos necesitaban un lugar seguro. Teodoro Herzl, un judío secular, propuso que se formara una nación para el pueblo judío. A él no le importaba dónde ubicar esa nación –podía ser en Uruguay o en Ucrania, para él era lo mismo– con tal que fuera un espacio donde los judíos estuvieran seguros. Más tarde, un pastor anglicano llamado William Hechler llegó a creer que Herzl había sido enviado por Dios a cumplir una profecía, según lo que él entendía. Lamentablemente, ahora muchos evangélicos y cristianos sionistas ponen más énfasis en esta interpretación de la profecía que en la justicia bíblica. Como resultado, están permitiendo y hasta alientan a los israelíes a actuar injustamente contra los palestinos, diciendo: “La tierra de Palestina pertenece a los judíos; qué lástima por los palestinos”.

Si la tierra pertenece a Israel, ¿cómo debería ser ocupada? Tal vez podemos aprender si tomamos en cuenta cómo actuó Abraham cuando entró en esa tierra.

En Génesis 15:19-21, leemos que la tierra ya estaba ocupada por “ceneos, cenezeos, admoneos, heteos, ferezeos, refaítas, amorreos, cananeos, gergeseos y jebuseos”. ¿Debían estas 10 naciones o grupos de pueblos ser echados fuera de esa tierra? ¿Debían ser asesinados? No. Abraham entró en esa tierra y vivió en paz con ellos. Cuando su esposa Sara falleció, él compró un sepulcro a los habitantes (ver Génesis 23). La presencia de Abraham y sus recursos fueron de bendición para aquellos que ya vivían allí. En lugar de quitarles, él agregó valor a sus vidas.

En retrospectiva podemos decir que si los judíos hubieran entrado en esa tierra pacíficamente en 1948 como Abraham entró 4 mil años antes, las cosas serían hoy muy diferentes. El pueblo judío, con todo el conocimiento que había adquirido en Europa, podía haber sido una gran bendición para los palestinos que ya estaban en esa tierra. ¡Juntos, ellos podrían haber vivido pacíficamente y haber hecho que de ese país fluyera leche y miel!

Rutas seguidas por los más de 700 mil refugiados palestinos durante la Nabka en 1948.

Rutas seguidas por los más de 700 mil refugiados palestinos durante la Nabka en 1948.

Lamentablemente esto no ocurrió. Cuando las fuerzas israelíes entraron en la región que había sido concedida a ellos por las Naciones Unidas, destruyeron más de 400 aldeas y obligaron a más de 700 mil hombres, mujeres y niños a huir en busca de refugio. Los palestinos fueron despojados de su tierra y de sus medios de sustento. A esto, ellos lo denominan la Nakba, o sea, “el Desastre” y algunas veces lo comparan con el holocausto.

¿Qué significa ser el pueblo elegido de Dios?

En Deuteronomio 14:2, Dios dice a los israelitas: “Eres pueblo santo a Jehová tu Dios; es a ti a quien el Señor ha escogido de entre todos los pueblos de la tierra para ser su pueblo, su tesoro”. ¿Por qué seleccionó Dios a este pueblo en particular?

Dios no eligió a los hijos de Israel porque fueran mejores o más especiales que otros pueblos. ¡No, ellos fueron elegidos para una misión! En Génesis 12:2-3. Dios describió esa misión a Abraham cuando dijo: “Haré de ti una gran nación y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre… y en ti serán benditas todas las familias de la tierra”. Más tarde, en Éxodo 19:6, dijo al pueblo: “Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y nación santa”.

Estos versículos me hacen pensar que, ya dos mil años antes de Cristo, Dios dio la Gran Comisión a Abraham y al pueblo israelita. Ellos tenían que llegar a ser una nación de sacerdotes. Los sacerdotes son personas que hablan y actúan en nombre de Dios. ¡Esto es lo que los israelitas debían hacer! Desde el mismo comienzo, Dios quería que todos los pueblos de la tierra lo conocieran y fueran parte de Su familia. Por esa razón, llamó a Abraham a la tierra de Canaán y los comisionó a él y a su pueblo para llevar a cabo una misión mundial.

Canaán (Israel) está ubicado estratégicamente para tal misión. Está donde los continentes de Europa, Asia y África se encuentran. En el paso de los años, Israel ha servido como puente para viajar, comerciar y comunicarse desde y hacia el mundo conocido. Da la impresión de que la tierra hacia donde Dios estaba llamando a Abraham iba a servir más como base de operaciones que como lugar para establecerse para siempre.

Es emocionante advertir que cuando Dios decidió venir a la tierra en la forma de Jesucristo, ¡eligió exactamente la misma ubicación! Puesto que su pueblo elegido, los hijos de Abraham, habían fracasado en cumplir su misión, Dios empezó de nuevo eligiendo doce apóstoles, no porque ellos fueran mejores o especiales, sino porque tenía una misión para ellos. La iglesia continúa haciendo la obra que Dios había pedido a Abraham y a sus seguidores. Pedro dijo a la iglesia: “Ustedes son linaje escogido (para una misión), real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para anunciar los poderosos hechos (la Gran Comisión) de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

¿Dios tiene ahora dos pueblos elegidos? ¿Tiene un grupo de individuos (los judíos) que son elegidos porque pueden rastrear su ascendencia hasta Abraham, y otro grupo (los cristianos) que son elegidos por causa de su fe en Jesucristo? ¡No! El Apóstol Pablo dijo a ambos, judíos y gentiles, “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:28-29). Desde el principio, Dios ha elegido pueblos en base a su fe (ver Hebreos 11). Eso sigue ocurriendo hoy. El plan de Dios para el pueblo de Israel es que sea parte de Su familia en la fe y no por obras ni por ascendencia.

¿Qué pasa con el conflicto?

No es cierto que judíos y árabes hayan sido eternos enemigos. Judíos y árabes vivieron juntos en Palestina en relativa paz por cientos de años. El conflicto actual no es entre dos razas ni es principalmente entre judíos, cristianos y musulmanes por causa de su fe. La razón principal del conflicto es que dos etnias que tienen los mismos antepasados están reclamando el mismo territorio como su patria.

En 1946 los palestinos eran propietarios del 88% del territorio; los judíos tenían el 6%. En 1947, funcionarios de las Naciones Unidas planearon dividir el territorio por la mitad y, sin embargo, Israel entró en la tierra por la fuerza y reclamó el 78%. Más tarde, en una guerra de seis días, Israel ocupó, sin anexar, el restante 22% de Palestina. Desde aquel momento, unos 260 asentamientos ilegales se establecieron en este territorio ocupado3.

¿Dónde empezamos?

Se han propuesto varias maneras de solucionar el conflicto, incluyendo la solución de un solo estado, la solución de dos estados y ninguna solución. Como pueblos de fe, es necesario ofrecer una solución espiritual.

¿Podría el proceso comenzar con oración? ¡Reí de alegría cuando el Papa Francisco invitó al presidente Abbas de Palestina y al presidente Shimon Peres de Israel a que fueran a orar con él! ¿Podría expandirse esta invitación? Hoy hay aproximadamente 150 mil cristianos palestinos que viven en el territorio que fue asignado a Israel por las Naciones Unidas y otros 63 mil que viven en áreas de Cisjordania. Además hay 10 mil judíos que son de la fe mesiánica. La fe israelita apoya firmemente la oración. ¿Qué podría pasar si ellos y nosotros nos uniéramos en oración? Hace 25 años, fue una reunión de oración que se expandió lo que unió a la gente de Alemania para lograr que se derribara el muro de Berlín. Así como aquel muro cayó, es necesario que sea desmantelado el actual muro de 700 kilómetros que separa Israel de Palestina.

¿Cuál sería nuestra oración? ¡El arrepentimiento es siempre un buen punto para empezar! Tal vez el primer paso es que nosotros, los cristianos, digamos todavía más claramente a los judíos: “¡Lo lamentamos! Lamentamos la manera en que los hemos tratado durante siglos, y especialmente durante los años del holocausto”. Luego, nosotros y los israelíes tenemos que decirles a los palestinos: “¡Lo lamentamos! Lamentamos que no nos hayamos unido para reclamar justicia y que nos hayamos negado a defender sus derechos humanos y su derecho a la autodeterminación”.

Después de arrepentirnos por nuestros pecados, debemos trabajar por la justicia. Trabajar por la justicia quiere decir eliminar las causas del conflicto. Lo que produjo el conflicto entre Palestina e Israel es la ocupación de territorio palestino. Tenemos que hacer algo para terminar la ocupación.

Las consecuencias de una continua injusticia son graves, tanto para Israel como para los palestinos. Si Israel pudiera recibir ayuda para “hacer justicia, amar misericordia y humillarse ante su Dios”, las tensiones con Palestina se verían aliviadas e Israel ganaría respeto ante los ojos del mundo. Puede ser necesario que haya una confrontación en un diálogo honesto y atento a las necesidades de los otros. Si Israel no actúa con más justicia, enfrentará situaciones aún más difíciles en el futuro.

No perdamos la esperanza. Por cierto, Dios quiere que esos dos primos, los judíos y los palestinos, vivan juntos en paz ¡e incluso que se amen unos a otros! Si cuidamos de ambos pueblos, podemos confiar en que Dios los sanará, un paso a la vez.

Una niña palestina camina sobre los restos de lo que fue su hogar en Shejaiya, uno de los barrios más castigados por el bombardeo israelí a Gaza en 2014.

Una niña palestina camina sobre los restos de lo que fue su hogar en Shejaiya, uno de los barrios más castigados por el bombardeo israelí a Gaza en 2014.

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1 Parcialmente revisada por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl
2 Martin Luther, On the Jews and Their Lies, citado en Robert Michael, “Luther, Luther Scholars, and the Jews,” Encounter 46 (otoño de 1985), n° 4, pp. 343-344.
3 Véase http://www.ifamericansknew.org/history/maps.html

Un pensamiento en “¿Cuál es el plan de Dios para Israel?

  1. Muchas gracias por una publicación Cristocéntrica y al mismo tiempo valorando al pueblo palestino. No podemos como cristianos sostener teologías que fomenten el apartheid como la Dispensacionalista-Sionista. Debemos ser pacificadores como Jesús lo dice en las Bienaventuranzas.
    Bendiciones.

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