En Chile

Declaración ecuménica por la eliminación de la violencia contra las mujeres

Acto Ecuménico

Acto Ecuménico (Foto: Chillán Noticias Online)

DECLARACIÓN PÚBLICA A LA COMUNIDAD

“Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”.
(Génesis 2:23)

La obra creadora de Dios no estuvo completa hasta que creó a la mujer. Pudo haberla hecho del polvo de la tierra, como hizo al hombre, sin embargo decidió hacerla del hueso y de la carne del hombre. Esto nos ilustra la unidad de naturaleza y afinidad entre hombre y mujer, pero sobre todo la igualdad esencial de dignidad y derechos, no solo en el ámbito del matrimonio sino de toda la sociedad.

No obstante hoy nos encontramos con una realidad muy diferente. Por eso se hace necesario develar y denunciar que lo que para Dios desde el principio era un buen proyecto de vida en pareja, se transformó en pesadilla para muchas mujeres, debido a que a lo largo de la historia han tenido que soportar malos tratos de sus maridos, además de abusos de la sociedad y todo tipo de agresiones en contra de ellas, llegando incluso hasta la muerte.

En el ámbito nacional y hasta el segundo trimestre de 2014, el número de denuncias por violencia intrafamiliar hacia mujeres es de 41. 929, de las cuales un 29% resulta en aprehensión del agresor. La región del Biobío es la segunda después de la Metropolitana con mayor cantidad de denuncias por violencia intrafamiliar, con 6.869 denuncias al 2do trimestre 2014, de las cuales el 80% son específicamente contra mujeres, observándose apenas un 7% de disminución respecto a igual periodo del 2013 en la región.

La violencia hacia las mujeres se ha convertido en el delito de connotación pública más denunciado que no solo afecta a mujeres en relación matrimonial, sino de convivencia y también pololeo, sin distinción de estrato social.

Existe además un alto número de femicidios (asesinatos de mujeres) al año. Durante el 2010 se cometieron 49 femicidios, el 2011 se contabilizaron 40, en 2012 un total de 34 y el 2013 fueron 40 las mujeres asesinadas en el país y 20 en la región. En síntesis, desde la existencia del delito de femicidio, entre 2010 y 2014, han sido asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas 194 mujeres en el País.

Pese a los esfuerzos realizados desde organismos públicos como el SERNAM para combatir esta violencia, es de vital importancia hacer un llamado urgente a las iglesias a respaldar dicho esfuerzo y profundizar en su enseñanza cristiana para corregir posibles y peligrosas interpretaciones que deformen el mensaje del Evangelio de Jesucristo.

Como iglesia no podemos ignorar, ni callar, dejando en soledad a tantas mujeres que sufren de violencia día a día. Como seguidores de Cristo hemos de imitar su ejemplo y abogar por los oprimidos, hemos de destacar la dignidad de la mujer, dignidad que el mismo Cristo le dio defendiéndola y haciéndola parte activa de su ministerio como queda manifestado en los evangelios, cartas pastorales y otros pasajes del Nuevo Testamento.

Aún así muchos justifican la violencia hacia las mujeres en expresiones como “tal vez se lo merecía”, “algo habrá hecho” o frases parecidas. Pero si miramos el ejemplo de Cristo, él nunca justificó ningún tipo de violencia bajo ninguna circunstancia. En el evangelio de Juan 8:1-11 tenemos un claro ejemplo de la actitud de Jesús con la mujer adúltera que fue “sorprendida en el acto mismo de adulterio”, aunque por la ley de Moisés se daba por merecido el castigo, Jesús sabiamente defendió a la mujer, y aún más, ni él la juzgó. Jesús lejos de condenar, restauraba, sanaba, libertaba a los oprimidos, y les dignificaba dándoles así la salvación.

De modo que para los cristianos y cristianas no existe justificación alguna para la violencia, pues nuestra ley es ley de amor, nuestro criterio es de amor, nuestra doctrina de inclusión. En la carta a los Gálatas 3:28 se entiende claramente la unidad e igualdad de valor entre hombres y mujeres indicando que “ya no hay varón ni mujer”. En el evangelio de Juan 20:17 Jesús envía a María Magdalena como testigo de su resurrección en tiempos cuando el testimonio de una mujer no era válido, más Cristo sí la validó.

En 1°Pedro encontramos una mención respecto al matrimonio diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1° Pedro 3:7). Aquí el apóstol Pedro enseña responsabilidad tanto a la mujer como al hombre, encargándole al marido de manera especial el buen trato hacia ella, como algo tan importante que de ello depende su relación con Dios, pues dice “para que vuestras oraciones no tengan estorbo”. La mujer es creación de Dios, una persona humana, espiritual y no una “cosa”, va contra su dignidad hacerla objeto de placer, del capricho o adorno.

¿Cómo deberíamos actuar los cristianos y cristianas ante una situación de violencia hacia la mujer? En el Evangelio de Lucas 10:25-37, la conocida parábola del “Buen samaritano” nos enseña cómo debemos abrir nuestros ojos a la realidad que nos rodea para hacernos cargo de ella por incómoda que sea. Además esta realidad no está ausente de las iglesias. El samaritano es modelo de cómo debemos acercarnos con amor, extender nuestras manos para vendar esas heridas, ayudar a levantar y si es necesario “derivar” con especialistas que cooperen con la atención requerida por la víctima.

En la actualidad existen organizaciones dentro de las iglesias que trabajan en equipo con profesionales y programas de gobierno, haciendo una efectiva labor de acompañamiento pastoral, ayudando a mujeres a superar los problemas y encontrar esperanza para sus vidas de un presente y futuro mejor.

Como cristianos y cristianas también podemos prevenir la violencia educando desde la infancia, principalmente en el hogar y en las iglesias, que tienen entre sus miembros un mayor número de mujeres, las cuales tenemos mucho que decir y hacer al respecto. Quizá no nos hemos dado cuenta del peso que puede tener nuestra voz y sobre todo nuestra actitud ante el tema de la violencia contra la mujer, ya que con pequeños gestos se puede validar la violencia, o todo lo contrario. Por ese motivo es fundamental denunciar estos actos de violencia como contrarios al evangelio de Cristo, pues de esa forma podemos ser constructores de cambios a nuestro alrededor, en nuestra realidad.

Este es el llamado a la iglesia a ser la “sal de la tierra”, “la luz de este mundo” que tanto lo necesita.

Firman:
– Iglesia Metodista de Chile (IMECH)
– Primera Iglesia Bautista Concepción
– Iglesia Evangélica Luterana
– Iglesia Católica
– Iglesia Apostólica Trillo Nuevo
– Pastoral de Mujeres y Justicia de Género de CLAI
– Comunidad Teológica Evangélica de Chile
– SEPADE
– CIT – Centro de Intervención Terapéutica
– Asociación de Pastoras de la Región del Bio Bio – APREBIB
– Mujeres de Fe Chile

Concepción, Chile, 25 de noviembre de 2014

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