En el extranjero

Qué hacer respecto a John Howard Yoder

Por Barbra Graber, 17 de julio de 2013
Publicado originalmente en Our Stories Untold
Traducido por Felipe Elgueta Frontier, www.puertachile.cl

Nota del traductor: Recientemente nos hemos enterado del debate en Estados Unidos a propósito de los crímenes sexuales cometidos por el importantísimo teólogo menonita John H. Yoder. Dado que no hemos encontrado material en español acerca del tema, hemos decidido traducir esta reflexión de Barbra Graber que nació como una nota en Facebook en respuesta a una reseña de un libro de Yoder. Nos parece de la máxima importancia que nuestras iglesias reflexionen en torno a este tema debido a la impactante contradicción entre los actos de Yoder y la teología de paz que leemos en sus apreciados libros. Esperamos que sirva de advertencia para que todas nuestras comunidades trabajen por ser verdaderas iglesias de paz, excluyendo las prácticas y estructuras machistas y jerárquicas que podrían favorecer y ocultar este tipo de crímenes.

Recuerdo la mañana de domingo en que dos amigos de la Fraternidad de Jóvenes Menonitas (MYF) que tenían una relación de pareja se pararon ante la congregación a confesar públicamente sus pecados. Tenían un embarazo sin estar casados. Por su parte, John Howard Yoder (JHY), el más aclamado teólogo de paz menonita y símbolo del poder masculino en la iglesia, atacó y acosó sexualmente a innumerables mujeres de la iglesia durante décadas y nunca lo confesó públicamente. El Seminario Bíblico Menonita Asociado (AMBS) y las otras entidades de la iglesia menonita para las cuales trabajaba Yoder no tuvieron la capacidad o la voluntad para censurarlo públicamente. Así pasaron años de silencio institucional, mientras se acumulaban los archivos con cartas de denuncia. En 1984, el AMBS anunció que Yoder “había renunciado para enseñar a tiempo completo en Notre Dame”. Pero no se hizo mención del conocido y aberrante comportamiento sexual de JHY, y los estudiantes quedaron con la interrogante de por qué su brillante profesor había dejado súbitamente el nido. Desde entonces, la iglesia en su conjunto (ahora Iglesia Menonita de EE.UU., sucesora de las dos denominaciones que existían antes de la muerte de Yoder en 1997) no ha explicado ni reconocido sus décadas de aparente complicidad. Todo lo contrario.
Tras exponerse públicamente sus abusos en 1992, lo cual fue seguido de un proceso disciplinario conducido muy secretamente, se le declaró reconciliado con la iglesia y se le alentó a que continuara enseñando y escribiendo. La promesa de una declaración pública pidiendo perdón a las víctimas cuyas vidas él trastocó para siempre y a la más amplia comunidad ecuménica cuya confianza él traicionó, por alguna razón nunca se materializó. Y nadie parece saber por qué. Hoy, John Howard Yoder sigue siendo elogiado, sus libros se siguen imprimiendo y hay presiones desde todos lados para que las cosas retomen el curso habitual. Me pregunto si habría ocurrido lo mismo de haber sido acusado de asalto con arma mortal, arrestado por vender drogas o acusado de hurto mayor.

Barbra Graber.

Barbra Graber.

Soy superviviente de abusos sexuales cometidos por hombres de la Iglesia Menonita, aunque no por JHY. Y he recorrido todo el camino hacia y desde el infierno junto con muchas de las mujeres y hombres de la iglesia que cargan cicatrices en el alma, entre ellas víctimas de JHY. Durante la década de 1982 a 1992, me encontré con tres mujeres de tres estados distintos que no se conocían entre sí, y cada una de ellas me contó una historia infame de encuentro traumático con John Howard Yoder que cambió su vida. Al día de hoy, muchas historias más han sido documentadas. Revisen The Elephant in God’s Living Room, volumen 3, de Ruth Krall en ruthkrall.com y los artículos de 1992 en The Elkhart Truth escritos por Tom Price.
Un viejo amigo, tras leer mi reciente despotrique acerca de las reseñas tan positivas de libros de JHY en el periódico de nuestra iglesia –The Mennonite–, me preguntó: “Entonces, ¿qué hay que hacer? Parece que estamos estancados… ¿es posible avanzar?”. A mí también me gustaría vernos avanzar. Pero no podemos gritar “paz, paz cuando no hay paz”. No hay paz para muchas mujeres que perdieron, al igual que sus familias, años de vida normal, sana y feliz por haber sido abusadas sexualmente por líderes masculinos de la Iglesia Menonita. Y JHY sigue siendo un símbolo de aquellas heridas tan diseminadas, más que cualquier otro miembro de la iglesia.
En ningún caso pretendo que mi limitada perspectiva dé cuenta del todo, pero, con el fin de estimular una mayor reflexión y discusión, ofrezco las siguientes sugerencias prácticas para avanzar hacia la justicia, la paz y la sanación:
1. Seamos todos claros y honestos respecto a lo que realmente sucedió en el caso de JHY. Todavía hay gente que me pregunta qué pudo haber hecho que fuera tan malo. Usar términos como “conductas impropias”, “coqueteos”, “límites transgredidos”, “actos indebidos” e “insinuaciones sexuales” para describir los actos de Yoder es sumamente engañoso porque son expresiones demasiado suaves, carecen de especificidad y dan pie a que todos se pregunten: “¿y qué hicieron las mujeres para alentarlo?” y “¿por qué no protestaron?”. Los actos de JHY que me han sido informados y que ya han sido documentados por otros, fueron ataques sexualmente abusivos, actos repentinos de agresión. Fueron acosos sexuales obscenos y persistentes. Los actos de Yoder fueron claras perpetraciones de violencia sexualizada, algunas de ellas de carácter criminal. Las mujeres no escriben cartas de denuncia a instituciones poderosas sobre aventuras sexuales con hombres poderosos. Ellas generalmente no se toman la molestia de escribir cartas de denuncia sobre actos indebidos. Un chiste machista es un acto indebido. Pongámonos todos de acuerdo para poner fin a este encubrimiento.
2. A los líderes de las iglesias menonitas: Comprométanse con hacer del fin de los abusos sexuales de poder cometidos por nuestros líderes de iglesia una prioridad articulada de manera clara y abarcadora. Creen por lo menos una instancia para el reconocimiento y la confesión públicos por los años de silenciosa complicidad y daño continuado. Esto podría realizarse por medio de una carta abierta publicada en The Mennonite, firmada por los involucrados o sus representantes; y se podría hacer a través de una ceremonia pública de confesión en una conferencia nacional (e internacional) de las iglesias. Esta llaga supurante no podrá cerrarse y el Espíritu no soplará libremente a través de nuestra iglesia mientras este sucio asunto no sea reconocido de manera sencilla y honesta y sin excusas. Si esto acaba en acciones legales, lo cual es muy improbable, que así sea. Que se pague la deuda. Vean aquí la historia de cómo una iglesia de Virginia enfrentó este dilema (el resultado bien puede sorprenderles).
3. A los periodistas y comentaristas de libros: Cuando discutan la obra de JHY, tengan la valentía de reconocer la controversia, al menos de vez en cuando. Podría ser la declaración más simple del mundo: “En inquietante contraste con su obra, ahora sabemos que la vida de John Howard Yoder tenía graves defectos debido a actos de violencia sexual cometidos contra mujeres. Aunque dejó un doloroso legado, irónicamente sus escritos siguen inspirando y atrayendo nuevos lectores”. Si esto ha ocurrido alguna vez en una reseña de un libro de JHY, por favor envíenmela.
yoder-collection4. A los estudiosos de las obras de JHY: Acojan, impulsen y realicen iniciativas para incluir el análisis de la desconexión tan increíblemente irónica entre la ortodoxia (el correcto pensar) de Yoder y su grave falta de ortopraxis (el correcto actuar) en los discursos que inicien. Dejen de censurar, marginar y rechazar a cualquiera que sugiera que ésta puede ser una iniciativa académicamente valiosa y beneficiosa. Visiten ruthkrall.com [en inglés].
5. A los hombres menonitas: La violencia sexualizada es un tema de hombres. Creen invitaciones seguras y apropiadas para mujeres de su iglesia y de su círculo de amistades para conversar sobre sus experiencias de violación sexual cometidas por hombres y el impacto que han tenido sobre sus vidas. Practiquen la escucha profunda. Tal vez este tipo de evento ha ocurrido en algunas congregaciones menonitas. Si es así, me encantaría saber de ello. Cuestionen a sus amigos que no entiendan esto y hablen con la policía o los servicios sociales acerca de los amigos que ustedes sepan o sospechen que están cometiendo abusos. No esperen que ellos sean honestos con ustedes. Si alguno de ustedes está o ha estado involucrado en la perpetración de violencia sexualizada, busque ayuda en serio y sométase a estrictos sistemas de control.
6. A los educadores menonitas. La violencia sexualizada es un tema de paz y justicia. Que el abuso sexual infantil, el incesto intergeneracional, el abuso sexual de poder y la violencia sexualizada contra las mujeres sean tópicos centrales de sus currículos y conferencias. Fomenten la discusión de las contradicciones y ponderen las razones del silencio que históricamente ha guardado la iglesia. Inviten a los líderes involucrados en el proceso disciplinario de Yoder para que discutan qué podrían haber hecho de manera distinta en la actualidad. Creen espacios seguros para conversar sobre las violaciones sexuales y el impacto que éstas han tenido.
7. A los pastores y obispos menonitas: Basta de secretos y silencio. Si creen que esto no podría pasar en su iglesia, denle una mirada a este video en que la Dra. Anna C. Salter entrevista a un pastor de jóvenes. Que el abuso sexual sea tema de sus sermones. Piensen que cada domingo, en los bancos de su iglesia, se sientan tanto depredadores como víctimas. Creen espacios seguros para que las personas denuncien y den nombres. Si tienen sospechas, actúen. Si se equivocan, que sea por proteger demasiado a sus jóvenes, mujeres y niños. Créanles a las víctimas y sean sus representantes, confrontando a quienes ellas denuncien. A quienes quebranten la ley, entréguenlos a la policía. Dejen de encubrir crímenes creyendo ingenuamente que la iglesia está equipada para manejar estas cosas por sí sola. Seleccionen cuidadosamente a los abogados. Creen oportunidades para pedir y, si no hay respuesta, exigir confesiones a la congregación. Al hacer esto, estarán ayudando a que el perpetrador empiece su proceso de sanación. El silencio de ustedes no es un acto de amor, sino de colusión. No rechacen a los perpetradores. Inclúyanlos, pero bajo medidas de control y creen estrictos límites. Y si se rehúsan a cooperar e intentan regresar a la propiedad de la iglesia, no duden en conseguir una orden de restricción. Hagan que sus iglesias sean seguras estableciendo políticas con la instrucción y los recursos de organizaciones como el Centro Nacional de Instrucción para Protección de Menores, el programa de instrucción “Iglesia Segura” del Samaritan Counseling Center, el Faith Trust Institute y Dove’s Nest. Haga que profesionales locales de protección a menores y de la policía revisen sus políticas regularmente.
8. A las y los sobrevivientes de abusos sexuales: Rompan el silencio y cuenten su historia en www.OurStoriesUntold.com (anónimamente, si lo desean). O atrévanse a contarles su secreto directamente a personas dignas de confianza. Cualquiera de estas dos cosas requerirá valentía, pero verán cómo la vergüenza y el miedo empiezan a disiparse.
9. Para quienquiera que lea esto: Oren. Eso tiende a cambiar las cosas. Cada jueves a las 3:00, únanse a nuestro Llamado a Orar por la Sanación Sexual en la Iglesia Menonita.

Llámenme ingenua. Digan que estas cosas nunca sucederán. Yo me aferraré a la esperanza, por la buena gente de la Iglesia Menonita y por el poder de la sanación y la reconciliación guiadas por el Espíritu, hasta el día de mi muerte.

Un pensamiento en “Qué hacer respecto a John Howard Yoder

  1. Saludos Hermano Felipe Elgueta Frontier, fue triste conocer lo de Yoder. Yo hasta le había puesto su apellido como nombre, a un personaje de una novela inédita mía, incluía la referencia que el padre de la joven, había quedado fascinado por la lectura de su obra.
    Por otra parte, relacionado a lo que comenta sobre los peligros del machismo, sexismo y patriarcalismo; dado que es usted traductor le pido encarecidamente que se disponga, cuando le sobre tiempo libre para ello, a traducir los videos y artículos de enseñanza de la organización Cristianos por la Igualdad Bíblica.
    http://www.cbeinternational.org
    http://www.youtube.com/watch?v=OD8ECu-rbpI

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